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EL PELLIZCO SEGÚN EL CRÍTICO DE FLAMENCO MANUEL BOHÓRQUEZ
José Cenizo Jiménez
La joven y, sin embargo, muy preparada y original editorial Colibrí Ediciones, con Manuel Ramos al mando, edita el último libro del conocido crítico de flamenco Manuel Bohórquez Casado, con el sugestivo título, que a nadie dejará indiferente, Memorias del pellizco. Los aficionados al flamenco, los cabales, sabrán a qué se refiere, claro, al duende, a la emoción ante el arte flamenco.
El autor es un letrista excelente, tiene un carácter muy marcado en la crítica flamenca y su trayectoria es amplia y rica, cincuenta años, como indica el título, toda una vida. Periodista y escritor de formación autodidacta, Manuel Bohórquez Casado (Arahal -Sevilla-, 1958), ha trabajado en prensa, radio y televisión como crítico de flamenco y columnista, con artículos muy seguidos, en medios como El Correo de Andalucía, Antena 3 Radio, Radio Aljarafe, TVE, Diario de Sevilla, etc.
Ha publicado desde 1992 varios libros sobre flamenco, biográficos esencialmente, como La Sonanta -sobre la vida y obra del cantaor y escritor Fernando el de Triana-, El Carbonerillo (1996), Manuel Escacena. Viaje a la memoria de un cantaor sevillano (1997), La Niña de los Peines en la Casa de los Pavón (2000) -Premio Mejor Libro Flamenco del Año-, A palo seco (2005) -recopilación de más de cien artículos-, La Voz Prohibida (2007) -sobre Manuel Gerena-, Tomás Pavón, el Príncipe de la Alameda (2007), o El Cartel maldito (2010) -sobre El Canario-. Como letrista, en 2014 publica El Esquimo. Alguna letra de las muchas muy logradas:
A los ojitos de mi mare
los está secando el tiempo.
Cuando dejen de mirarme
nadie me verá perfecto.
En Cuatrovientos. El niño que hablaba con los olivos (2015) nos entregó una novela
autobiográfica sobre su infancia. Ha dirigido el portal ExpoFlamenco. Su blog La Gazapera ha sido muy leído. Entre otros, es Premio Nacional de Flamenco de la Cátedra de Flamencología de Jerez, así como I Premio Internacional del Flamenco otorgado por la EFA, Escuela de Flamenco de Andalucía, recibido junto a Manolo Sanlúcar. Como pueden ver, variada, intensa y reconocida trayectoria.
Memorias del pellizco. Medio siglo en la vida de un crítico de flamenco, está prologado por la periodista Carmen Arjona, que destaca cómo el autor ha sabido contar sus vivencias como persona y como crítico en esta “recopilación de recuerdos entretejidos con el fino hilo del flamenco, donde todas las personas se van asomando como si surgieran de un crisol lleno de experiencias, anécdotas y momentos vividos o aprendidos”. Asimismo, advierte que no es, como pudiera parecer, una historia del flamenco, sino su particular historia vivida, su visión, siempre incardinada en unas circunstancias históricas.

En efecto, esta obra no olvida cada contexto histórico, al alimón entre los personajes y hechos flamencos desde los años setenta del siglo pasado hasta ahora, varias décadas de evolución del flamenco y del propio autor, huérfano de padre y de familia humilde, pues nadie es ajeno a cambios y a influencias a lo largo del tiempo. Así, reconoce que al principio era más mairenista, en la línea de
Antonio Mairena, para posteriormente ser más fiel al arte y al legado de Enrique Morente, a quien, dice, reivindicó en Sevilla cuando apenas lo estimaban.
El libro se divide en capítulos dedicados a diversos enfoques: A palo seco, La importancia de nacer en Sevilla, La Peña El Chozas. El principio de todo, El sueño de ser crítico de flamenco, Siete años viviendo en Triana, El Carbonerillo llegó a mi vida, Enamorado del coleccionismo, Relación con artistas de mi vida, Galería fotográfica, Maestros y compañeros, Reconocimientos, Anecdotario desenfadado y Ronda por tonás. Algunos más personales, de pura biografía de infancia o juventud, otros en torno a la relación con artistas flamencos, muchos muy conocidos, otros menos -lo que puede invitar, como nos ha pasado, a su descubrimiento o revisita-. Veremos su relación con Antonio Mairena, Mario Maya, Miguel Vargas, El Pele, Enrique Orozco, Enrique Morente, El Farruco, Aurora Vargas, Juan Valderrama, Manolo Sanlúcar, Camarón, Fernanda de Utrera y tantos otros. Un buen repaso con opiniones a veces atrevidas, contundentes, que, por ello, cuando fueron emitidas y ahora de nuevo recordadas aquí, han hecho mella, por negativas o por la forma más que por el contenido, en algunos artistas, como en el caso de una crítica a la Premio Princesa de Asturias Carmen Linares.
El anecdotario es sabroso, brillante, muy divertido y entretenido. Bohórquez sabe contar las anécdotas y, por ello, podría pensar en un libro solo de ellas. O dos.
En el haber del trabajo creemos que podría ponerse el cúmulo de vivencias con artistas del género, bien comentadas y contadas, el anecdotario, la contextualización histórica, la hábil interrelación con su propia trayectoria personal o las fotos que forman un álbum magnífico. En el debe, quizá, el hecho de que esa crítica valiente, sincera, que defiende desde su visión, a veces parece hecha sin filtro alguno, lo que, como el mismo autor cuenta, le ha traído problemas, con mayor o menor razón, pues una crítica debe y puede ser dura y explícita, pero no necesariamente desagradable, descalificadora o maleducada en su formalización.

Este niño, como tantos nacidos a mediados del siglo pasado, de orígenes humildes, este niño que hablaba a los olivos, ha sabido poco a poco, iluminado, constante, hacerse un nombre entre la crítica y la investigación de flamenco. Esto partiendo con apenas estudios básicos y llegando a vivir de escribir críticas y artículos, de libros y conferencias, de la escritura en definitiva, a la que se entrega cada día. Algo digno de elogio y de admiración, al margen de que algunos artistas o aficionados puedan estar en desacuerdo con sus opiniones o con la forma de expresarlas, dos cosas bien distintas. Pero ofrece su verdad, dice, y así es, describiendo su labor como crítico como la del que no debe familiarizar demasiado con los artistas, lo que no significa que no tenga artistas amigos, y mantener su independencia, así como no utilizar nunca “su pluma como un poder, sino como un medio para describir la belleza del arte, en este caso el flamenco” (p. 168).
Reconoce que los críticos también tienen sus debilidades, que hay artistas a los que se les ha subido el éxito a la cabeza (como Miguel Poveda, al que califica como un gran profesional, pero no un gran artista, y lo explica) y otros a los que no se les ha reconocido lo suficiente (como a Vicente Soto), o que el arte flamenco debe transmitir para ser verdaderamente tal. Nos ofrece excelentes descripciones de los artistas hasta hacerlos algo vivo, cercano.
Por todo ello, enhorabuena al autor, así como al editor, pues la obra está muy bien editada y resulta atractiva por todo. Nos la hemos leído, bebido, con entusiasmo, a pesar de que, como ocurrirá a muchos, ya nos sonaban muchos comentarios de anteriores artículos, entrevistas o críticas suyas.
Fotos: Manuel Bohórquez con el cantaor Llave de Oro del Cante Antonio Fernández Díaz, Fosforito. Asimismo, de joven a la izquierda con el letrista José Prada -en el centro- y la cantaora Fernanda de Utrera. Archivo del autor.
Manuel Bohórquez Casado, Memorias del pellizco. Medio siglo en la vida de un crítico de flamenco, Sevilla, Colibrí Ediciones, 2025, 407 páginas.
EL PELLIZCO SEGÚN EL CRÍTICO DE FLAMENCO MANUEL BOHÓRQUEZ
