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‘Sé lo que hicisteis el último verano’: la hermana tonta
Como en toda secuela heredada, se reincorporan al ruedo dos de sus protagonistas: Jennifer Love Hewitt y Freddie Prinze Jr., algo desaprovechados (especialmente ella), pero haciendo un flaco favor al nuevo elenco.
Aleix Sales
Aprovechando el tremendo éxito que supuso la resurrección del slasher en clave autoconsciente de Scream. Vigila quién llama (Wes Craven, 1996), su guionista, Kevin Williamson, pudo sacar adelante un guion previo sacando partido al prestigio granjeado. Ese libreto era el de Sé lo que hicisteis el último verano, que supuso una decepción crítica al ofrecer otro grupo de jóvenes perseguidos por un asesino en serie, pero sin la riqueza metalingüística de la obra que le llevó a la fama. Su simpleza en forma y fondo la han hecho siempre palidecer al lado de Scream, instalándose en ella esa percepción de “hermana tonta”, pero igualmente rentable gracias al taquillazo que también supuso y las magníficas cifras de alquiler que hizo en los videoclubs de la época, evidentemente instigado por olas de jóvenes con las hormonas disparadas. Con un par de secuelas mucho más discretas que las de la saga con la que se la compara, Sé lo que hicisteis el último verano ha tenido un camino parecido a ella, e incluso su relanzamiento como secuela heredada nace a rebufo de la fructífera recuperación de la saga Scream en su quinto capítulo. Y, como si fuera un ejercicio de nostalgia 28 años después (sin querer hacer una cita a Danny Boyle), todo apunta a que el recibimiento será análogo al de entonces, es decir, con mucho menos entusiasmo crítico que el reboot de la saga de Ghostface. Veremos si el público compensa la balanza.
Julie James sentencia en un diálogo que “la nostalgia está sobrevalorada”, y esta entrega confirma que no hace falta jugar siempre con ella
Este reinicio copia la misma trama –tampoco hay que buscarle tres pies al gato- que la original de 1997 trasladando la acción al presente, tomando como personajes a una juventud más fluida, un poco más deconstruida, e intoxicada por la superficialidad de la cultura digital. Deliberadamente agarrando como referente los hechos acaecidos en la primera entrega, esta nueva versión añade ese componente autoconsciente y metareferencial presente en las franquicias intertextuales de hoy en día, con la que incluir un elemento paródico más acentuado que en la original estaba mucho más soterrado. Porque la parodia estaba en Scream, mientras que Sé lo que hicisteis el último verano la tenía mucho más disimulada, jugando únicamente con ciertos arquetipos, pero tomándose más en serio a sí misma. Aquí se embadurna de la sorna de Ghostface, pero sentándole peor porque el material de partida es mucho más endeble y, por tanto, dejando al descubierto sus debilidades y todo lo que tiene por pulir a todos los niveles.
Como en toda secuela heredada, se reincorporan al ruedo dos de sus protagonistas: Jennifer Love Hewitt y Freddie Prinze Jr., algo desaprovechados (especialmente ella), pero haciendo un flaco favor al nuevo elenco ya que, si una virtud tenía la película de 1997, era un acertado y carismático reparto. Aquí son Madelyn Cline y Chase Sui Wonders las que se lideran el reparto y, aunque correctas, les pesa demasiado el aura de Sarah Michelle Gellar y les daña el aspecto más problemático: el guion. La original también tenía un libreto flojo, sobre todo en la dimensión psicológica, pero era reforzado gracias a sus intérpretes. Pero aquí -como si fuera un síntoma apático de la generación Z-, no logran compensar un texto que no le va a favor ni les ofrece momentos de lucimiento, por esquemático y básico. Siguiendo con el espíritu de 1997, la historia sigue siendo forzada y con giros más pronunciados que la curva de la muerte de los acantilados de Southport, pero aquí ya llegan al delirio y a la incongruencia. Lamentablemente, en su voluntad desmitificadora y paródica, emulando a Scream, no va tan a fondo como aquella y, donde podría tener una baza como es en la configuración de las muertes, se queda corta, rutinaria, y no brinda nada especialmente memorable.
Julie James sentencia en un diálogo que “la nostalgia está sobrevalorada”, y esta entrega confirma que no hace falta jugar siempre con ella. El título original ya era flojo, pero por lo menos tenía ese envoltorio noventero cochambroso, pero con cierto encanto, y un elenco suficientemente atractivo como para sostener el circo. En el que nos ocupa, se gana un ejercicio de fanservice que puede satisfacer a los apelados y algunos golpes de autoconsciencia simpáticos, pero las costuras se ven, el acabado es más anodino y, pese a su entretenido y prometedor viaje, el desarrollo se descafeína y el destino al que se llega es olvidable. Por esto, a lo mejor sería conveniente hacer caso al personaje de Jennifer Love Hewitt y no rescatar cualquier reducto del pasado ya que, como es el caso, no lo mejora y saca a la luz todavía más sus defectos. Y, al lado de la solvente y relativamente estimulante resurrección de Scream, este regreso a Sé lo que hicisteis el último verano la sigue posicionando como la hermana tonta de la familia Williamson.
Sé lo que hicisteis el último verano
