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Por la Libertad
En noches con luna negra, luces tiemblan en las
fachadas Por sombras que pasan, envueltas en sábanas
blancas.
Cientos de almas errantes, víctimas de terrorismo, guerra y barbarie.
Ojos entre sombras vigilando, Paredes,
y hasta un vaso de vino escuchando.
Procesado fui por pensamiento, de mi cuerpo fueron carceleros, ofendidos verdugos de sentidos, esclavos sin sentimientos.
Así me dejaron,
con la piel olor a hiel
sin oír, hablar, sin querer ver.
Creyéndome convertido en cordero,
hoy en libertad estoy por documento.
Hoy mi pluma escribe al mundo con la sangre como tinta
de tantos que están sufriendo.
Tengo la vista apagada
por lágrimas amargas.
Tengo la boca cerrada,
no sale aire, ni vocalizo palabra.
Y los oídos, los oídos tapados tengo
ya no quieren oír nada.
No quiero dejar mi mente dormida,
mi mente condenada.
Y en las noches calladas, lleno de confianza.
Sueño en limpiar los ojos de lágrimas atormentadas.
De poder hablar sin voz de miedo,
sin temor a represalias
Carlos J. Rascón
Extraído de La Casa de los Dobles Sueños
Este poema se construye como un monólogo de conciencia herida, donde la voz poética habita un espacio de vigilancia constante y deshumanización. Desde los primeros versos —“Ojos entre sombras vigilando”— se instaura un clima opresivo en el que incluso los objetos cotidianos adquieren una cualidad inquisidora, logrando una atmósfera kafkiana eficaz y perturbadora.
Uno de los mayores aciertos del texto es la metáfora del cuerpo como prisión. Los sentidos aparecen anulados uno a uno —vista, voz, oído— convirtiéndose en símbolos de censura, miedo y trauma. Esta progresión sensorial dota al poema de coherencia interna y refuerza su carácter de denuncia íntima y social. La imagen de la pluma escribiendo con sangre como tinta es directa, cruda y deliberadamente incómoda, subrayando el precio de la palabra libre.
El lenguaje es áspero, poco ornamental, lo cual juega a favor del contenido: no busca belleza clásica, sino verdad emocional. Sin embargo, en algunos pasajes la intensidad se apoya más en la acumulación de conceptos que en la depuración del verso, lo que podría pulirse para ganar mayor contundencia rítmica sin perder fuerza expresiva.
El cierre del poema introduce un giro esperanzador, aunque frágil: el sueño de limpiar los ojos y hablar sin miedo. Este contraste final no redime del todo el dolor, pero sí humaniza la voz poética, dejando al lector en un estado de inquietud reflexiva más que de consuelo.
En conjunto, se trata de un poema valiente, incómodo y honesto, que renuncia al lirismo complaciente para situarse en un territorio de resistencia y memoria. Su mayor valor reside en su capacidad de convertir la experiencia del silenciamiento en palabra, y la palabra en acto de supervivencia.
Por la Libertad
