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Entrevista al autor de DETECTIVES NO HUMANOS

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Carlos J. Rascón
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Entrevista al autor de DETECTIVES NO HUMANOS

(Animales, objetos y lugares que resuelven crímenes)

Por Carlos J. Rascón

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En esta entrevista quiero dejar explícita la arquitectura profunda del nuevo libro de Ahmed Oubali y legitima plenamente la dimensión insólita y metafísica (aunque secundaria) de los 18 relatos.

Después de leer el libro, pude destacar 4 componentes que conectan perfectamente con la lógica de la obra: el literario (el propio proceso de esta escritura ha modificado al autor), el poético (la poética entera del libro ha sido desplazar la verdad fuera del monopolio humano), el filosófico (la verdad no como posesión del sujeto, sino como fenómeno distribuido) y el metafísico (se deja abierta la sospecha de que el mundo mismo —animales, objetos, lugares— participa de algún modo en la conservación de lo real).

Entrevista al autor de DETECTIVES NO HUMANOSEsta deconstrucción del relato policial que realiza el autor (detectives NO humanos) instala un desplazamiento original en la literatura negra. El libro deja de ser policíaco para convertirse en algo más raro: en un proyecto singular y con una identidad definida. No es fácil sostener a la vez arquitectura narrativa, extrañeza conceptual y legibilidad; aquí estas tres capas han encontrado un equilibrio sorprendente. Y lo más valioso, en definitiva, es que la originalidad del libro no depende de una simple ocurrencia (“animales u objetos que investigan”), sino de una idea estructural fuerte: desplazar el lugar de la verdad, antes monopolio del Hombre.

DLC. —Su nuevo libro supone un giro notable en su trayectoria. Hasta ahora sus protagonistas eran humanos. ¿Qué significa este cambio?

AUTOR. —Sin duda es una empresa nueva para mí. En mis relatos anteriores, el centro de gravedad recaía siempre sobre personajes humanos, sus conflictos, sus pasiones y sus crímenes. En este libro quise desplazar ese centro. Me interesaba explorar qué ocurre cuando la función detectivesca se delega en inteligencias o sistemas no humanos. Eso genera una trama inhabitual, extraña, y abre una dimensión casi fantástica y metafísica que puede sorprender a un lector acostumbrado al relato policial clásico.

DLC. —¿Cómo nació esta idea de Detectives no humanos?

AUTOR. —Nació de una sospecha muy concreta: que la verdad no siempre aparece donde creemos buscarla. Pensé que quizá un animal, un objeto o un lugar podían contener o revelar una verdad que los humanos no logran percibir.

DLC. —El título es muy directo. ¿Qué quiso condensar en él?

AUTOR. —Quise que el título funcionara como una declaración de principios. El lector sabe desde el inicio que aquí el detective tradicional ha sido desplazado. Pero no eliminado: solo transformado. Aquí, abro la investigación a otras formas de inteligencia o de inscripción.

DLC. —En el prólogo habla de “inteligencia marginal”. ¿Qué significa exactamente?

AUTOR. —Es todo aquello que percibe o conserva sentido fuera de la lógica humana central. Un perro que insiste en un trayecto, un manuscrito que altera una versión de los hechos, una casa que acumula huellas, pareciendo conservar capas de un crimen antiguo. Son formas de conocimiento periféricas, pero decisivas.  Por eso la narración y el ritmo que toma pueden apartarse de la norma habitual y resultar insólitos al lector. Lo marginal aquí no es secundario: es el lugar donde la verdad persiste.

DLC. —¿Se trata de relatos policiales insólitos?

AUTOR. —Son relatos policiales, sí, pero desplazados. Mantienen el crimen, la investigación y la búsqueda de verdad, pero alteran radicalmente el modo de acceder a ella. Y esta es una experiencia literaria nueva para mí.

DLC. —Usted afirma que la verdad es un “sistema inestable”. ¿Por qué?

AUTOR. —Porque la verdad nunca se presenta completa. Lo que llamamos ‘verdad’ suele ser un equilibrio provisional entre versiones, silencios y huellas.

Porque solo los hombres tienen la facultad de mentir (la lengua), los animales, no. Por esta razón he titulado mi Blog literario: escribir es mentir.

DLC. —¿Por qué dividir el libro en animales, objetos y lugares?

AUTOR. —Porque esa división no es temática: es estructural. El libro sigue un itinerario muy preciso. Primero la percepción inmediata de lo vivo; después la memoria fragmentada de los objetos; finalmente el espacio como depósito ontológico de lo ocurrido. Es un movimiento progresivo de descentramiento. Cada parte profundiza más en la pregunta por la verdad.

DLC. —¿Qué aportan los animales al relato detectivesco?

 AUTOR. —Aportan una percepción no mediada por el lenguaje. No interpretan ni racionalizan: detectan y… delatan. Y en esa pureza perceptiva hay una forma de verdad que revela lo que la conciencia humana suele deformar.

DLC. —¿Y los objetos?

AUTOR. —Los objetos son archivos inestables. No conservan el pasado: lo fragmentan al introducir otra dimensión: la memoria material. Un manuscrito, una llave o un reloj pueden ser zonas de conflicto narrativo.

DLC. —Algunos lectores podrían pensar que varios títulos del libro remiten a tradiciones ya conocidas. ¿Le preocupa esa posible asociación?

AUTOR. —No especialmente. En literatura, los títulos suelen formar parte de un repertorio simbólico compartido: gatos, cuervos, llaves, casas, pozos o relojes pertenecen al imaginario universal. La coincidencia nominal no implica coincidencia estructural. Lo que distingue una obra no es el nombre de sus elementos, sino la función narrativa que estos adquieren. En mi caso, esos elementos no son decorativos: son dispositivos de conocimiento. Los títulos pueden recordar otras obras, pero el contenido de la trama es totalmente autónomo y original.

DLC. —Entonces, ¿dónde situaría la originalidad de Detectives no humanos?

AUTOR. —En una inversión fundamental de la lógica policial. Tradicionalmente, el detective humano interpreta el mundo para reconstruir la verdad. Aquí ocurre lo contrario: es el mundo —animal, objeto o lugar— el que interpreta el crimen. Esa inversión desplaza la inteligencia detectivesca hacia formas periféricas de percepción y convierte la realidad misma en agente de revelación.

DLC. —La tercera parte del libro, dedicada a los lugares como detectives, parece especialmente singular, original y quizá la parte más extraña del libro. ¿Qué buscaba ahí?

AUTOR. —Quería explorar la idea de que el espacio no es un escenario pasivo, sino una memoria activa. Me interesaba pensar que un espacio también puede investigar y ser ‘protagonista’. No porque piense, sino porque conserva. En él la investigación ya no gira tanto en torno a “quién hizo qué”, sino a cómo permanece lo ocurrido cuando ya no queda nadie para recordarlo. Una casa, un pozo, una posada o una gruta no solo contienen acontecimientos: los sedimentan, los deforman y a veces los devuelven bajo nuevas formas. En estos relatos, el lugar produce verdad. La impone. El espacio puede también delatar, acorralar, incluso ‘asfixiar’ al villano. Ese es, quizá, el punto más abstracto y filosófico del libro.

DLC. —¿Diría entonces que su libro dialoga con la tradición sin repetirla?

AUTOR. —Exactamente. Toda literatura dialoga con una tradición; lo importante es qué hace con ella. Mi propósito no ha sido repetir arquetipos, sino redistribuir la función detectivesca y mostrar que la verdad puede emerger desde márgenes no humanos. Si hay una apuesta en este libro, es esa: demostrar que la inteligencia narrativa no pertenece exclusivamente al hombre.

DLC. —Marruecos ocupa un lugar central en estos relatos. ¿Por qué?

AUTOR. —Porque Marruecos ofrece una geografía narrativa excepcional: montañas, medinas, desiertos, corredores, oasis. Son espacios cargados de historia y resonancia simbólica. Atlas, Fez, Ouarzazate o el desierto son espacios donde la historia y la memoria parecen superponerse. Tengo ubicado solo un relato en Málaga. Pero, en mis anteriores relatos, España ocupa también un lugar primordial.

DLC. —¿Hay influencia de la tradición oral marroquí?

AUTOR. —Muchísima. En Marruecos, la memoria colectiva no siempre está escrita. Se transmite en gestos, rumores, leyendas y silencios.

DLC. —Algunos relatos tienen un tono casi fantástico. ¿Fue deliberado?

AUTOR. —Sí, porque cuando se desplaza la investigación hacia lo no humano, inevitablemente aparece una zona de extrañeza. Y debo confesar que encontré bastantes dificultades al enfocar hechos desde la perspectiva no humana.

Lo fantástico aquí no rompe la lógica: la expande.

DLC. —¿Diría que este libro cuestiona al detective clásico?

AUTOR. —Más que cuestionarlo, lo descentra y deconstruye. El detective clásico organiza el caos y cierra el sentido desde una perspectiva estandarizada y con clichés y estereotipos sistematizados. En cambio, en mi libro la investigación muestra que no toda verdad necesita un centro único y parcial de interpretación. Porque el mundo conserva más de lo que un detective puede ordenar y comprender. Lo razonable es sostener la apertura, reconocer lo incertidumbre. Mantener el malestar. Observar lo inquietante y ominoso.

DLC. —El lector parece ocupar un papel muy activo.

AUTOR. —Es esencial. El lector es el último investigador. Debe reconstruir fragmentos y aceptar que a veces no encajan del todo, como en la vida misma. La realidad, por ser discontinua, ofrece versiones incompatibles. Por eso el mundo nos parece absurdo.

DLC. —Precisamente ¿hay una dimensión filosófica en el libro?

AUTOR. —Absolutamente. Me interesa pensar la verdad, la memoria y la percepción desde la ficción. El libro dialoga con cuestiones ontológicas y fenomenológicas: cómo percibimos, cómo recordamos y qué ocurre con los acontecimientos cuando dejan de pertenecer a una conciencia individual.

DLC. —¿Qué relación hay entre crimen y memoria en estos relatos?

AUTOR. —El crimen reorganiza la memoria. Después de él, nada permanece igual. Incluso los objetos y los lugares quedan alterados. Y esto se perpetúa desde que Caín asesinó a Abel.

DLC. —¿Qué relato considera más representativo del libro?

AUTOR. —Probablemente algunos de la tercera parte, porque allí se concentra la culminación filosófica del proyecto. Si la primera parte introduce al lector y la segunda lo desestabiliza, la tercera lo obliga a modificar su forma de atención.

DLC. —¿Qué espera provocar en el lector?

AUTOR. —Precisamente eso: una transformación de la atención. Que aprenda a leer huellas donde antes veía decorado, y que comprenda que la verdad no siempre adopta la forma de una resolución.

DLC. —Después de este libro, ¿volverá al detective humano?

AUTOR. —Es posible. Pero ya no será el mismo. Después de escribir Detectives no humanos, me resulta difícil pensar la verdad como una propiedad exclusivamente humana.

 

 

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