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“No quiero que mi cuerpo sea consumido”: Chloe María Valdivieso, poesía en clave abolicionista
Entrevista
Por Isidoro Urrutia
La poetisa Chloe María Valdivieso irrumpe en el panorama literario con una obra donde el cuerpo, la violencia y el deseo se cruzan en un territorio incómodo y radical. Tras La puta del diablo (2020) y Muerte al patriarcado (2024), su escritura se mueve entre lo visceral y lo espiritual, combinando feminismo, abolicionismo y una estética punk que rehúye cualquier complacencia. Conversamos con ella sobre trauma, supervivencia y el poder político de la poesía.
“Puedo entrar en zonas íntimas porque sé que el poema va a trabajar la experiencia”
– En La puta del diablo hay un cruce muy fuerte entre cuerpo, violencia y deseo. ¿Cómo encontraste la voz poética capaz de narrar experiencias tan íntimas sin caer en la exposición gratuita?
Para mí, la poesía es una forma de venganza y de autocuidado. Puedo entrar en zonas íntimas porque sé que el poema va a trabajar la experiencia, no a reproducirla. La voz apareció cuando dejé de preguntarme “¿qué me pasó?” y empecé a preguntarme “¿qué significa lo que me pasó?”.
“Escribo desde lo que sobrevivió en mí, no desde el morbo ni desde la culpa”
– Has contado que tu paso por la prostitución marcó tu vida. ¿Cómo dialoga hoy tu escritura con esa experiencia?
Esa experiencia marcó mi forma de mirar el mundo, pero no quiero que sea la única llave para leerme. La poesía me permitió decir lo indecible sin tener que volver a exponerme en primera persona.
Escribo desde lo que sobrevivió en mí, no desde el morbo ni desde la culpa. La poesía me dio un lenguaje que no encontré en ningún otro lugar: Donde puedo pensar el poder, la violencia, el deseo y la dignidad desde adentro, pero sin quedar atrapada ahí.
“Intento construir un cuerpo femenino que no esté disponible para el consumo”
– Te defines como feminista y abolicionista. ¿Cómo se entrelazan estas posturas con tu obra poética?
Para mí, el feminismo es una ética de cuidado y una forma de mirar el poder. El abolicionismo, en cambio, es una posición política sobre la prostitución y cualquier tipo de consumo de violencia hacia nuestros cuerpos y también hacia los demás animales como institución patriarcal propia de la cultura de la violación.
Ambas cosas se unen en mi escritura porque intento construir un cuerpo femenino que no esté disponible para el consumo, ni del mercado ni del lector. Escribo contra la idea de que las mujeres, los demás animales y nuestros cuerpos deben ser explicables, utilizables o interpretables por otros.
“Mi estética nace de una incomodidad: deseo, furia y búsqueda de sentido”
– Tu estética combina lo sensual con lo punk y lo espiritual. ¿Cómo construiste ese estilo propio?
Mi estilo nace desde mi cuerpo, deseo y juego visual, de la incomodidad y la necesidad de resistir. El deseo se vuelve afirmación, la furia motor y lo sagrado búsqueda de sentido.
Mis referentes son diversos: el manifiesto SCUM de Valerie Solanas, Los Destructores de Graham Greene o La palabra como arma de Emma Goldman,
bandas feministas de rock alternativo de los 90, rituales paganos y cine como Monster, Alice sweet Alice, MS 45, Yo Cristina F o Gummo. Todo eso se mezcla en un vómito de identidad que es solo mío.
“Quise alejarme de la romantización, la culpabilización y la banalización”
– ¿Qué desafíos encontraste al escribir sobre la prostitución desde una perspectiva abolicionista?
Casi todo lo que se escribe sobre prostitución está atravesado por la romantización, la culpabilización o la banalización.
Yo quería alejarme de esos tres lugares. Mi desafío fue escribir desde la complejidad: la violencia y el sufrimiento existe, pero también el deseo, la contradicción y la resistencia. La poesía me permitió no dar respuestas cerradas, sino abrir preguntas.
“El veganismo y el feminismo son formas de decir: no quiero ser parte de un mundo que normaliza el sufrimiento”
– Como mujer vegana, feminista y crítica del sistema, ¿cómo atraviesan tus decisiones éticas tu obra?
Mi poesía nace de la incomodidad con el consumo, con la explotación y con cualquier forma de dominación. El veganismo y el feminismo son formas de decir: no quiero ser parte de un mundo que normaliza el sufrimiento.
Esa ética se filtra en mi obra como rebeldía, compasión y desobediencia.
“Escribo para entender cómo sobrevivimos las mujeres en ese borde”
– En tu poesía aparece una tensión entre deseo y violencia, placer y herida. ¿Qué te interesa explorar ahí?
Me interesa ese lugar donde el cuerpo no sabe si está siendo tocado para ser amada o para ser destruida. Esa frontera es política, no solo emocional.
El deseo puede ser un arma o un refugio; la violencia puede disfrazarse de pasión. Yo escribo para entender cómo sobrevivimos las mujeres en ese borde y qué emerge de esa tensión. ¿Estoy rota? ¿Soy fuerte? ¿Nos disociamos para sobrevivir? ¿Quiero morir?
“La poesía no es testimonio: tomo la experiencia y la escupo en palabras”
– ¿Cómo ha sido transformar experiencias traumáticas en arte?
El límite entre memoria y poesía lo pone mi cuerpo. Cuando una memoria todavía me hiere, no la fuerzo. La dejo trabajar en silencio hasta que pueda entrar al poema sin lastimarme.
La poesía no es un testimonio: Tomo la experiencia y la escupo en palabras. Es una forma más honesta de verdad que la mera autobiografía.
“Si mis textos incendian algo, ojalá sea la parte del lector que se beneficia del silencio”
– Tu voz suele ser libre, desafiante, incluso incendiaria. ¿Qué te gustaría que el lector se cuestione?
¿Qué normalizamos? ¿Qué cuerpos damos por sentados? ¿Qué violencias aceptamos como paisaje?
Si mis textos incendian algo, ojalá sea la parte del lector que se beneficia del silencio.
“Mientras haya precariedad, violencia estructural y desigualdad, no hay una representación, solo ricos parodiando la desgracia.”
- ¿Crees que la clase política española está conectando con las preocupaciones reales de la ciudadanía? ¿Qué debería cambiar?
La clase política habla mucho de igualdad, pero seguimos sosteniendo el sistema con nuestro trabajo precarizado y nuestros cuidados invisibles.
Si de verdad quisieran conectar, empezarían por escuchar a las mujeres, a las personas migrantes, al colectivo LGTBIQ y diversas, a quienes están fuera del foco.
Necesitamos una política que redistribuya poder, no solo discursos.
Mientras haya precariedad, violencia estructural y desigualdad, no hay una representación, solo ricos parodiando la desgracia.
Lo que debería cambiar no es solo el tono: es la estructura
“Escribo sobre la ternura como forma de resistencia”
– ¿En qué estás trabajando ahora?
Estoy en un momento de cambio. Después de La puta del diablo, sentí la necesidad de moverme hacia un lenguaje más luminoso, sin dejar atrás la oscuridad que me formó.
Escribo sobre la ternura como forma de resistencia, sobre lo sagrado en lo cotidiano y sobre el cuerpo después del trauma. Siento que mi escritura se está volviendo más amplia, menos reactiva, más conectada con el deseo de construir un mundo y no solo de denunciarlo.
“No quiero que mi cuerpo sea consumido”: Chloe María Valdivieso, poesía en clave abolicionista
