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Las escultoras que la historia del arte olvidó: las mujeres que tuvieron que abrirse camino a golpes de cincel

Las escultoras que la historia del arte olvidó
Sofia Lovelace
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Las escultoras que la historia del arte olvidó: las mujeres que tuvieron que abrirse camino a golpes de cincel

Durante décadas, muchas mujeres crearon, expusieron y lucharon por vivir de la escultura mientras las instituciones artísticas les cerraban las puertas. Hoy, sus nombres vuelven a salir a la luz.

En los museos, las mujeres han ocupado durante siglos un lugar privilegiado. Aparecen representadas en mármol, bronce y piedra: diosas, musas, heroínas, madres y figuras alegóricas. Sus cuerpos han inspirado algunas de las obras más célebres de la historia del arte.

Sin embargo, existe una paradoja detrás de esas salas llenas de figuras femeninas: durante mucho tiempo, las mujeres tuvieron muchas más posibilidades de convertirse en modelos que de ser reconocidas como creadoras.

La diferencia no era una cuestión de talento. Tenía que ver con el acceso a la formación, las oportunidades profesionales, los encargos y la capacidad de entrar en las instituciones que decidían qué artistas merecían pasar a la historia.

Una exposición que abrirá sus puertas el 20 de octubre de 2026 en el Petit Palais de París recupera precisamente esa memoria. Bajo el título Visionnaires, la artista francesa Prune Nourry devuelve visibilidad a dieciocho escultoras de finales del siglo XIX y comienzos del XX cuyas trayectorias quedaron relegadas, en distintos grados, a los márgenes del relato artístico.

La exposición parte de una paradoja que atraviesa la historia del arte: durante siglos, las mujeres han ocupado un lugar central en las esculturas como diosas, musas y heroínas, pero muchas de las artistas que dieron forma a esas figuras quedaron relegadas al olvido. El propio Petit Palais reconoce el desequilibrio: las mujeres representan solo el 4 % de los artistas de su colección. Una cifra que invita a mirar sus salas de otra manera y a preguntarse cuántas creadoras quedaron fuera de la historia que hemos aprendido.

Hélène Bertaux: la mujer que quiso abrir las puertas de las academias

Hélène Bertaux (1825-1909), escultora francesa y activista por la liberación de las mujeres.
Hélène Bertaux (1825-1909), escultora francesa y activista por la liberación de las mujeres. Dominio público ommons.wikimedia.org

Entre las escultoras cuya trayectoria permite comprender esta desigualdad destaca Hélène Bertaux (1825-1909), una figura que entendió que el reconocimiento individual no bastaba para cambiar las condiciones en las que trabajaban las artistas.

Bertaux desarrolló su carrera en una época en la que las mujeres encontraban importantes obstáculos para acceder a la formación artística oficial. Las restricciones educativas dificultaban su preparación técnica y reducían sus posibilidades de competir por encargos y premios en igualdad de condiciones.

Su propia trayectoria demuestra, sin embargo, que aquellas barreras no impidieron que alcanzara un notable reconocimiento profesional. En la Exposición Universal de París de 1889 obtuvo una medalla de oro, un logro que acredita que su trabajo escultórico fue valorado en vida. No fue una creadora sin méritos reconocidos, sino una artista que, aun habiendo alcanzado prestigio, comprendió que otras mujeres seguían encontrando las puertas cerradas.

Su respuesta fue trabajar también para transformar el sistema.

En 1873 abrió un taller de modelado y, en 1881, fundó la Unión de Mujeres Pintoras y Escultoras, organización de la que fue presidenta. La asociación defendía el reconocimiento profesional de las artistas y su acceso a una formación artística equiparable a la de sus compañeros.

La lucha contribuyó a abrir las puertas de la École des Beaux-Arts de París a las mujeres en 1897. El acceso femenino al Premio de Roma de escultura llegaría en 1903.

Las fechas muestran que el cambio no fue inmediato. Entre las primeras reivindicaciones y la apertura de las instituciones transcurrieron años de presión y resistencia.

Bertaux no fue solamente una escultora que necesitaba reconocimiento. Fue una artista que consiguió abrirse camino y que, además, dedicó parte de su esfuerzo a modificar las condiciones en las que trabajarían las generaciones posteriores.

Su historia plantea una pregunta incómoda: ¿cuántas carreras artísticas habrían sido diferentes si las puertas de las academias se hubieran abierto antes?

 

Jane Poupelet: cuando el nombre no debía eclipsar la obra

Jane Poupelet aparece aquí fotografiada en su taller, en el número 30 de la calle Dutot, en el distrito 15.
Jane Poupelet aparece aquí fotografiada en su taller, en el número 30 de la calle Dutot, en el distrito 15. 1925- Autor Thérèse Bonney (1894–1978)

La trayectoria de Jane Poupelet (1874-1932) permite observar otra dimensión del problema: el peso de las convenciones sociales en la valoración del trabajo artístico.

Formada en Burdeos, Poupelet se especializó en la figura humana y en la escultura animal. Sus representaciones de animales domésticos, entre ellos conejos, cabras y gallos, revelan una atención particular a la estructura del cuerpo y a la simplificación de las formas.

Pero uno de los episodios más llamativos de su trayectoria ocurrió al comienzo de su carrera. Entre 1899 y 1901 presentó obras en el Salón bajo el seudónimo masculino de Simon de la Vergne. En 1900, una fuente decorativa presentada con ese nombre recibió una medalla de bronce.

El episodio está documentado en la información biográfica del Ministerio de Cultura francés. No permite demostrar por sí solo qué habría decidido el jurado si hubiera conocido la identidad de la artista, pero sí invita a reflexionar sobre las expectativas que rodeaban a las mujeres creadoras.

Poupelet acabaría desarrollando una trayectoria propia. Durante la Primera Guerra Mundial colaboró en la elaboración de máscaras y prótesis destinadas a soldados que habían sufrido graves heridas faciales. Sus conocimientos de modelado y de representación del rostro adquirieron así una aplicación directa en la atención a aquellos hombres.

Su historia desborda la imagen de una artista injustamente olvidada. Habla también de la versatilidad de la escultura y de su capacidad para intervenir en la vida real.

Nancy Elizabeth Prophet: abrirse camino entre dos barreras

La historia de Nancy Elizabeth Prophet (1890-1960) amplía la perspectiva. Escultora afroamericana de ascendencia Narragansett, desarrolló su carrera en una época marcada tanto por la discriminación racial como por las barreras que afectaban a las mujeres artistas.

Se graduó en la Rhode Island School of Design en 1918 y se trasladó a París en 1922. Allí estudió en la École des Beaux-Arts y encontró nuevas oportunidades para desarrollar su trabajo. Sin embargo, su trayectoria continuó marcada por las dificultades para sostener una carrera artística y obtener un reconocimiento duradero.

Prophet trabajó con materiales como la madera y la piedra y realizó retratos de gran intensidad expresiva. Entre sus obras figura Congolais, una escultura en madera de cerezo que refleja su interés por la representación de personas africanas y afroamericanas.

Su trayectoria obliga a mirar más allá de una explicación única del olvido artístico. No todas las creadoras afrontaron los mismos obstáculos. El género, el origen racial, la posición económica y el acceso a las instituciones podían combinarse y agravar las dificultades.

En estos casos, la exclusión no siempre adoptaba la forma de una prohibición explícita. También podía manifestarse en la falta de encargos, la escasa visibilidad pública o la dificultad de conseguir que las obras fueran adquiridas, conservadas y estudiadas.

La historia de Prophet recuerda que recuperar a las artistas exige atender a sus circunstancias particulares, no reunirlas bajo una etiqueta que borre sus diferencias.

Sarah Bernhardt: la actriz que también esculpía

Sarah Bernhardt en su estudio de escultura en París, hacia 1878
Sarah Bernhardt en su estudio de escultura en París, hacia 1878. Obra está en dominio público commons.wikimedia.org

Entre las figuras que permiten cuestionar las categorías tradicionales del mundo artístico aparece Sarah Bernhardt (1844-1923), conocida internacionalmente por su carrera teatral. Mucho menos presente en la memoria popular está su faceta como escultora.

Bernhardt realizó obras escultóricas y participó en exposiciones artísticas, incluido el Salón de París desde 1874. Su actividad como escultora se prolongó durante años, mientras mantenía una carrera escénica de enorme repercusión.

Su caso plantea una cuestión diferente. No estamos ante una creadora completamente desconocida, sino ante una figura cuya fama ha quedado asociada principalmente a una disciplina, dejando en segundo plano otra parte de su producción.

La memoria cultural funciona a menudo mediante simplificaciones. Un nombre termina vinculado a una sola obra, una profesión o una imagen pública, y las demás facetas desaparecen de los relatos más difundidos.

La presencia de Bernhardt en una exposición dedicada a escultoras invita a preguntarnos cuántas trayectorias conocemos realmente y cuántas hemos reducido a una etiqueta.

Dieciocho retratos para devolverles un lugar

Para preparar Visionnaires, Prune Nourry trabajó durante un año con tres investigadoras e historiadoras del arte. El equipo estudió las biografías, los escritos y las fotografías de época de alrededor de sesenta escultoras antes de seleccionar a dieciocho para el proyecto.

Nourry creó bustos inspirados en sus rostros y sus trayectorias. Las esculturas se distribuirán por diferentes espacios del Petit Palais, en diálogo con las colecciones permanentes. En el exterior, una instalación monumental titulada Mothership introduce el recorrido.

El proyecto no pretende sustituir las obras originales de estas artistas por una reconstrucción de sus carreras. Propone algo distinto: devolverles un rostro y hacer visible la ausencia que dejaron en el relato del museo.

El gesto importa porque el olvido cultural no siempre se produce mediante una decisión explícita. También puede consolidarse a través de pequeñas omisiones repetidas: una obra que no se adquiere, una exposición que no se organiza, una biografía que no se publica, un nombre que desaparece de los manuales.

Con el tiempo, esas ausencias pueden parecer naturales. Y precisamente por eso resulta necesario investigarlas.

¿Quién decide qué artistas merecen ser recordados?

Recuperar a estas escultoras no significa afirmar que todas fueran ignoradas por completo ni que sus circunstancias fueran idénticas. Algunas alcanzaron reconocimiento en vida; otras encontraron oportunidades fuera de sus países; muchas tuvieron que luchar por acceder a una educación, conseguir encargos o mantener sus talleres.

Lo que comparten es una pregunta histórica: ¿hasta qué punto la imagen que tenemos del arte depende de las obras que sobrevivieron y hasta qué punto depende de las instituciones que decidieron conservarlas, exponerlas y estudiarlas?

Los museos no son simples depósitos neutrales de belleza. Sus colecciones también reflejan decisiones, prioridades y desigualdades acumuladas. Revisarlas no resta valor a las obras consagradas; permite comprender mejor el mundo que las produjo y descubrir a quienes quedaron fuera.

La recuperación de estas escultoras importa, por tanto, más allá de una exposición parisina. No se trata solamente de añadir nombres femeninos a una lista, sino de examinar cómo se construye una memoria colectiva y qué criterios utilizamos para decidir quién merece permanecer en ella.

Durante siglos, muchas mujeres fueron inmortalizadas en piedra por manos ajenas. Otras trabajaron con sus propias manos para dar forma a un mundo que no siempre estaba dispuesto a reconocerlas.

Ahora, sus nombres vuelven a ocupar espacio.

Y la pregunta que dejan no es únicamente por qué las olvidamos, sino cuántas otras siguen esperando que alguien vuelva a mirar sus obras.

Porque una historia del arte que no cuenta a quienes la hicieron posible nunca está completa.

 

Por Sofía

Fuentes y documentación

Artes Visuales

Imagen portada: openai

Las escultoras que la historia del arte olvidó: las mujeres que tuvieron que abrirse camino a golpes de cincel

 Hélène Bertaux, Jane Poupelet y Nancy Elizabeth Prophet: las escultoras que desafiaron prejuicios y lucharon por dejar su huella en la historia del arte.

 

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