M3

Paco Jurado y su urgencia vital con el arte

Paco Jurado y su urgencia vital con el arte
Antonio Abad
Últimas entradas de Antonio Abad (ver todo)
🎧 Audioguía Cultural (Beta)


♿ Accesibilidad y otras formas de escuchar este artículo

Paco Jurado y su urgencia vital con el arte

por Antonio Abad

Toda vida es un entramado de vivencias inseparables que rige nuestro devenir en el tiempo y en el espacio, dentro de los cuales vamos siendo  y nos vamos haciendo a nosotros mismos. Somos voluntad, somos memoria, somos esfuerzo, somos trabajo, somos sufrimiento y regocijo, pero, sobre todo, somos mirada: la mirada que hace que la realidad no sea lo que vemos sino lo que descubrimos.

Descubrir es encontrar (Picasso),  poner luz en las sombras, adentrarse en lo desconocido, y aunque el mundo siga con sus mismas intemperancias, sus conflictos sociales, sus guerras, sus crisis… todo continúa envuelto en su inefable misterio. Ese misterio es lo que todo artista intenta desvelar, de ahí que la creación sea un proceso permanente de materializar lo inexplicable de las cosas.

El proceso no es fácil porque la misión de todo creador no es juzgar al mundo, sino revelarlo y a veces transfigurarlo (Octavio Paz).

Un día, pues, Paco Jurado no tenía entonces ese aspecto de gurú, de brahmán que ahora tiene, con su luenga barba casi conventual, sus camisetas floreadas y los ampulosos medallones de alpaca colgados a su cuello que él mismo se fabrica. Venía de la Escuela del Ave María situada en el barrio obrero de Huelin (Málaga) con su título de soldador y chapista-forjador bajo el brazo. Había acabado su formación profesional. Desde entonces, dos serán las rutas que marcarán para siempre su vida:

La primera, el contacto con el mundo del metal, el hierro, la soldadura, con todas las posibilidades que dichos elementos ofrecen para desarrollar un lenguaje representativo del mundo mecanicista e industrializado. Ese mundo  le abrió el camino hacia la escultura.

La segunda fue un compromiso ético con la situación laboral de aquellos años.

Tal circunstancia le llevó a abandonar buriles, sopletes y pinceles para dedicarse desde sus planteamientos ideológicos a la defensa de los derechos de los trabajadores y todas sus reivindicaciones hasta entonces injustamente cercenadas por la Dictadura.

Eran tiempos difíciles. Nuestra incipiente democracia titubeaba. Se empezaba a escribir los primeros renglones de la llamada Transición. Había que arrimar el hombro. Aunar voluntades. Comprometerse. El compromiso implicaba riesgos y sacrificios. Había que concebir una sociedad nueva, más libre, más justa y más solidaria. Una sociedad en la que los personajes no fueran los sistemas ni las ideologías, sino los hombres, solo los hombres y las mujeres para que cada hombre y cada mujer dejaran de ser un ente abstracto que pertenece a una categoría social y pudiera convertirse únicamente en una persona única e irrepetible.

El hombre nuevo, abierto, responsable, sin ataduras, empeñado en hacer de este país otro país mejor. Un hombre sobre todo solidario. Ese espíritu de solidaridad, de entrega y colaboración siempre lo encarnó la figura de Paco Jurado aun después de abandonar su representación de sindicalista destacado de la UGT.

Pero volvamos al encuentro que Paco Jurado tuvo con el metal y sus posibilidades artísticas cuando entró a trabajar en los talleres de Automóviles Portillo.

El venía de una familia muy vinculada al mundo de las artes y sus primeros escarceos escultóricos fueron con la arcilla. El encuentro con el hierro y su utilización como material no le resultaba baladí, como ya lo descubrieran artistas de la talla de Julio González, Pablo Gargallo,  Chillida, y más tarde Martín Chirino.

Sabemos que la madera o el mármol, por ejemplo, encierran en su interior algo de proceso biológico, contienen formas orgánicas, son sustancias transitables de un estado a otro que permiten “humanizar”, en un sentido alegórico, el contenido de las mismas. El hierro no.

El hierro es un material al que había que darle alguna equivalencia de vida como se le venía dando al bronce. Se trataba de descargarlo de sus tareas tradicionales, de sus obligaciones utilitarias.

Durante siglos el hierro no había servido más que para la fabricación de armamentos. En el presente su utilización es amplísima en las diversos sectores de la industria. Había, por lo tanto, que abandonar su sentido mortífero y que dejara de ser un mero instrumento de una ciencia demasiado mecanicista: El hierro para el arte y no para la guerra. En definitiva, el mito de Vulcano. El martillo, el ensamblaje, el fuego redentor moldeando la materia, construyendo formas con métodos artesanales y voluntad creadora.

Paco Jurado sabe que una obra de arte es, a su manera, una totalidad y el artista debería ser un hombre total, que significa poder abarcar la diversidad infinita de la vida.

Esto le lleva a volcar, en las diversas propuestas que ira realizando, una visión necesariamente expresionista en orden a la denuncia y a su interés por configurar una iconografía con un fuerte contenido de reivindicación social (un buen ejemplo es su obra «Emigrante 75» que se conserva en el Museo de Málaga).

Más adelante, su escultura se desliza hacia una cierta abstracción, con el empleo de planos esenciales, de líneas de fuerza y de elementos significativos, intentando unir la materia y el espacio, conciliando lo pesado con lo etéreo, lo indomable con la docilidad, a través de una intuición azarosa y de objetivar otra realidad.

De algún modo lo que pretende con su escultura es dibujar en el espacio, dibujar mediante líneas y planos sólidos en colaboración con el aire, que utiliza al mismo tiempo como un material del mismo rango que el hierro dentro de una concepción constructivista.

Todos los ensamblajes dispares que utiliza pretenden adquirir congruencia en sus conjuntos escultóricos. Sus formas abstractas devienen paralelamente cierta figuración. Son formas invisibles, confundidas como el cuerpo y el alma, que desembocan como consecuencia en un acusado sintetismo escultórico.

Pero la escultura además de volumen, también es color. El color es solo un medio de diferenciar un plano de otro, la luz de las sombras, las formas entre sí.

Los escultores lo saben y por eso también pintan. Toda la pintura de Paco Jurado esta dirigida a investigar ese mecanismo oculto que rige la unión de la materia y el espacio, de sus significaciones y estructuras formales, de adentrarse en la otra realidad con una expresividad propia a partir de un determinado expresionismo abstracto convergente con su obra volumétrica.

Artes visuales

Imagen portada: openai

Paco Jurado y su urgencia vital con el arte

Has leído 0 artículos de Luz Cultural durante tu periodo de 12 meses. Gracias por formar parte de nuestra comunidad de lectores.

Luz Cultural es un proyecto cultural independiente. Si quieres ayudarnos a seguir creciendo, puedes apoyar el proyecto.

APOYAR LUZ CULTURAL
Compartir