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Dioses, monstruos y pesadillas: el universo fantástico que revela otra Asia
De los espíritus de las antiguas leyendas a Godzilla, del surrealismo al anime: las criaturas imaginarias cuentan mucho más que historias de miedo. Revelan los temores, los deseos y las contradicciones de las sociedades que las inventan.
Hay monstruos que viven en bosques oscuros, otros que acechan en las profundidades del mar y algunos que pueden destruir una ciudad entera con una sola pisada. También existen dioses capaces de proteger a los seres humanos, espíritus que castigan las malas acciones y criaturas cuya apariencia resulta tan inquietante como fascinante.
Durante siglos, estas figuras han habitado las historias, las pinturas y los objetos rituales de Asia. Más tarde, algunas saltaron a las pantallas de cine, conquistaron el manga y el anime y terminaron convirtiéndose en iconos reconocidos en todo el mundo.
Pero ¿qué nos cuentan realmente esas criaturas? ¿Por qué imaginamos seres que nos persiguen, nos protegen o amenazan con destruirlo todo? ¿Y qué ocurre cuando los monstruos de las antiguas leyendas se encuentran con los personajes de la cultura popular contemporánea?
Una exposición que abre sus puertas el 17 de octubre de 2026 en el museo M+ de Hong Kong propone explorar estas preguntas a través de más de 400 obras. Bajo el título Myths and Monsters: The Art of Fantasy in Asia, reúne tradiciones mitológicas, arte moderno, surrealismo, animación, diseño y cultura digital para mostrar cómo la fantasía ha acompañado las transformaciones de las sociedades asiáticas durante más de dos siglos.
No se trata únicamente de una colección de criaturas extraordinarias. Es también un recorrido por la imaginación humana y por su capacidad para convertir los miedos en imágenes.
Cuando los monstruos tenían algo que enseñarnos
Mucho antes de que el cine inventara sus grandes criaturas, las culturas asiáticas ya estaban pobladas de seres sobrenaturales. Aparecían en relatos transmitidos de generación en generación, en pinturas, en representaciones teatrales y en objetos vinculados a creencias religiosas o populares.
En Japón, los yōkai reúnen una enorme variedad de seres extraños: espíritus, apariciones, animales transformados y criaturas que desafían las fronteras entre lo cotidiano y lo inexplicable. Algunos resultan terroríficos; otros son traviesos, absurdos o incluso entrañables. Su diversidad refleja una visión del mundo en la que lo sobrenatural puede esconderse en lugares aparentemente corrientes.
En China, las figuras mitológicas han desempeñado funciones muy diferentes. Algunas representan fuerzas de protección y prosperidad; otras encarnan el desorden, el peligro o la necesidad de restablecer un equilibrio. Entre ellas destaca Zhong Kui, una figura tradicional asociada a la expulsión de los espíritus malignos, que continúa inspirando a artistas contemporáneos.
Estas criaturas no surgieron simplemente para entretener. Sus historias permitían explicar aquello que escapaba al conocimiento, representar conflictos morales y expresar inquietudes colectivas. El monstruo podía ser una advertencia, una prueba que superar o una forma de dar rostro a un miedo difícil de nombrar.
La exposición de Hong Kong recupera parte de esa riqueza a través de estampas japonesas, títeres de sombras chinos y rollos budistas tibetanos, entre otros objetos. Medios y tradiciones distintos que comparten una misma capacidad: hacer visible lo invisible.
El miedo también puede tener forma de arte
A comienzos del siglo XX, el surrealismo convirtió los sueños, las asociaciones inesperadas y las imágenes inquietantes en herramientas para cuestionar la realidad. Su influencia llegó a artistas asiáticos que adaptaron ese lenguaje a sus propias experiencias históricas y culturales.
Las imágenes surrealistas pueden parecer irracionales, pero a menudo revelan tensiones muy concretas: el desconcierto ante un mundo cambiante, la fragilidad de la identidad o la sensación de vivir en una realidad que ha perdido sus antiguas certezas.
En Asia, estas búsquedas adquirieron matices propios. Los artistas no se limitaron a reproducir un movimiento nacido en Europa; lo transformaron y lo pusieron en diálogo con sus sociedades, sus tradiciones y sus experiencias de modernización.
Así, la fantasía dejó de ser únicamente un territorio de dioses y espíritus. Se convirtió también en un lenguaje para hablar de la guerra, la inestabilidad y las contradicciones del mundo moderno.
Una criatura imposible podía representar una amenaza real. Un paisaje onírico podía expresar una experiencia histórica. Una figura monstruosa podía obligar al espectador a preguntarse si aquello que le inquietaba estaba realmente fuera de él.
Godzilla: cuando el monstruo refleja el miedo de una época
Pocas criaturas ilustran tan bien esta transformación como Godzilla.
Su primera aparición cinematográfica tuvo lugar en Japón en 1954, en una sociedad marcada por la memoria de la guerra y por el trauma de las bombas atómicas. El monstruo que emerge del mar y arrasa la ciudad no era únicamente una amenaza espectacular. Su historia estaba profundamente relacionada con el miedo a la destrucción nuclear y con la capacidad de la tecnología para escapar al control humano.
Con el paso del tiempo, Godzilla adoptó otros significados. En distintas películas ha representado la catástrofe, la contaminación, la arrogancia humana y la fuerza de una naturaleza que no siempre puede dominarse.
El personaje también se transformó en un icono de la cultura popular. Su silueta, su rugido y su tamaño descomunal son reconocibles incluso para quienes nunca han visto sus primeras películas.
La exposición de M+ sitúa a Godzilla junto a otros personajes emblemáticos, como Astro Boy y Ultraman, dentro de una historia visual que conecta la fantasía con las inquietudes de distintas generaciones.
El contraste resulta revelador. Mientras algunos monstruos nacen de leyendas antiguas, otros son producto de la ciencia ficción y de los temores de la era industrial. Sin embargo, ambos pueden desempeñar una función semejante: dar forma a aquello que una sociedad teme, desea o todavía no comprende.

Del manga al universo digital
Después de la Segunda Guerra Mundial, el manga y la animación japonesa desarrollaron lenguajes visuales que acabarían ejerciendo una influencia internacional. Sus personajes podían ser héroes, máquinas inteligentes, criaturas fantásticas o seres atrapados entre mundos.
Con el tiempo, esas imágenes dejaron de pertenecer exclusivamente al cómic o a la pantalla. Pasaron a influir en la ilustración, la moda, el diseño, los videojuegos y el arte contemporáneo.
La exposición muestra cómo esa estética fantástica continúa evolucionando. Artistas actuales utilizan recursos procedentes del anime y de la cultura digital para explorar cuestiones como la identidad cambiante, la relación entre el cuerpo y la tecnología o la incertidumbre ante un futuro cada vez más automatizado.
En este contexto, el monstruo ya no necesita tener colmillos ni garras. Puede adoptar la forma de un avatar, una figura artificial o un cuerpo que cambia constantemente. Lo inquietante no siempre es su apariencia, sino la pregunta que plantea: ¿qué significa ser humano cuando las fronteras entre lo natural, lo artificial y lo imaginado se vuelven cada vez menos claras?
La fantasía contemporánea conserva así una de las funciones más antiguas del mito: permitirnos contemplar nuestro propio mundo desde una distancia que hace visibles sus contradicciones.
Zhong Kui: enfrentarse a los monstruos que llevamos dentro
Uno de los proyectos destacados de la exposición es Fear Catcher (2026), un mural creado expresamente para la muestra por el artista hongkonés Oscar Chan Yik Long. La obra toma como inspiración a Zhong Kui, la figura mitológica china tradicionalmente vinculada a la expulsión de los espíritus malignos.
La reinterpretación contemporánea propone una lectura que va más allá de la lucha entre el bien y el mal. El encuentro con lo sobrenatural puede convertirse también en una oportunidad para reconocer los propios temores y aprender a desprenderse de ellos.
La idea resulta especialmente sugerente en una época saturada de imágenes espectaculares. Estamos acostumbrados a consumir monstruos en películas, videojuegos y series, pero rara vez nos preguntamos por qué determinadas figuras nos fascinan y otras nos producen rechazo.
Quizá el monstruo nos atraiga precisamente porque representa aquello que preferimos mantener a distancia: la pérdida de control, la fragilidad, la violencia o la posibilidad de transformarnos en algo desconocido.
Mirar de frente a una criatura imaginaria puede ser una forma indirecta de mirar hacia dentro.
¿Por qué seguimos necesitando monstruos?
La exposición Myths and Monsters: The Art of Fantasy in Asia puede visitarse en el museo M+ de Hong Kong del 17 de octubre de 2026 al 4 de abril de 2027. Su recorrido reúne tradiciones muy diferentes, desde imágenes mitológicas y arte histórico hasta personajes populares y creaciones digitales.
La amplitud de la propuesta permite observar cómo las criaturas imaginarias cambian con el tiempo sin perder su capacidad de interpelarnos. Los espíritus de las antiguas leyendas y los monstruos del cine pueden parecer mundos separados, pero ambos nacen de una necesidad humana persistente: convertir en imágenes aquello que nos inquieta, nos asombra o nos resulta imposible explicar.
Las sociedades cambian, las tecnologías se transforman y los relatos adoptan nuevos formatos. Sin embargo, seguimos inventando seres extraordinarios para hablar de nosotros mismos.
Tal vez por eso los monstruos nunca desaparecen. Cada época crea los suyos, les da un rostro y los coloca frente a nosotros. Algunos nos enseñan a desconfiar; otros nos protegen. Unos destruyen ciudades y otros habitan pequeños relatos que apenas recordamos.
Pero todos guardan una pista sobre el mundo que los imaginó.
Y quizá la pregunta más interesante no sea por qué existen los monstruos, sino qué parte de nosotros seguimos necesitando reconocer en ellos.
Por Sofía
Imagen poratada: openai
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