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LA LUZ CON EL TIEMPO DENTRO
(ENTREVISTA AL POETA ELOY SÁNCHEZ ROSILLO)
JOSÉ CENIZO JIMÉNEZ
Toqué entonces el mundo: lo hice mío, fue mío.
Han pasado los años.
Ahora ya solo soy
el que recuerda, el que vivió, el que escribe.
Esto dice en el poema “Hoy”, de La vida, Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948), que, además de poeta, fue profesor de Literatura española en la Universidad de Murcia desde el principio hasta el fin de su vida profesional. Poeta de carácter clásico y estoico, según definición de Andrés Trapiello, que destaca por la serenidad de su dicción y la naturalidad de sus poemas. Ha publicado doce libros de poesía. Los diez primeros, revisados, fueron reunidos por Tusquets Editores en Las cosas como fueron. Poesía completa, 1974-20017 (Barcelona, 2018). Con posterioridad han aparecido en la misma editorial La rama verde (2020) y Venir desde tan lejos (2025). Ha publicado también El sueño cumplido (2023, Tusquets), volumen en el que se recogen los escritos del autor sobre poesía y una selección de entrevistas sobre el mismo tema. Hay antologías de su obra en Renacimiento (Sevilla, 2006) y Cátedra (Madrid, 2014). Ha traducido a Leopardi (Pre-Textos, Valencia, 1998).
Sánchez Rosillo reflexiona en su obra sobre la inefabilidad de la belleza y de los sentimientos, la atención poética a detalles concretos del vivir cotidiano y sencillo (los tenues rayos del sol, un gorrión cercano, el aire de la tarde…), el proceso de creación, la inspiración del artista, la función de la poesía, etc. Pensamientos que se anudan al curso elegíaco o celebrativo por el que transcurre su verso acompasado y auténtico.
Le solicitamos una entrevista, accedió con gusto y aquí están sus respuestas. Todo un lujo. Quedamos agradecidos.
-Gracias, Eloy, por esta entrevista para Luz Cultural. Y enhorabuena por toda tu obra y por lo más actual de ella, la publicación hace tres meses del libro Venir desde tan lejos, publicado por Tusquets, como casi todos los tuyos anteriores. ¿Cómo se ha gestado esta obra y por qué el título?
-Pues, como todos mis libros, se ha ido haciendo poco a poco y, en lo esencial, casi sin que yo me diera cuenta. Puedo decir sin exageración que en tal momento no tenía ni un solo verso de este libro (y que por supuesto no sabía ni que lo iba a escribir), y que en tal otro, distante del primero unos cuatro años, el libro ya estaba terminado, para mi asombro. Eso no quiere decir que yo no haya colaborado con toda mi ilusión para que el libro llegara a ser como finalmente es. Pero, visto desde aquí, a posteriori, todo parece algo mágico o soñado. No tengo la sensación de haberlo escrito. El título queda claro cuando uno conoce un poco mi trayectoria: nací hace “bastantes” años (por no decir “muchos”) y publiqué mi primer libro hace casi cincuenta. El llegar hasta aquí, indemne, con tantos avatares dichosos y adversos entremezclados como la vida me ha ido deparando, es algo increíble, inexplicable. El título del libro se refiere a esto, y los poemas que contiene celebran que todo haya sido así, cantan y reflexionan sobre ello.
-¿Qué papel le darías dentro de tu trayectoria poética?
-Es la prolongación natural (aunque para mí siempre sorprendente, por inesperada) de lo que he venido haciendo toda mi vida. Yo, de un libro a otro, no doy “saltos jabonados de marfil”, como Antoñito el Camborio, aquel personaje de un romance de Lorca. Conforme va evolucionando mi vida, va evolucionando mi poesía, acompasadamente. Vida y poesía no son cosas distintas, por eso caminan juntas. Cada libro mío refleja, de manera objetivada (ya que debe reflejar también a todos aquellos que lo lean), los años de mi vida en los que se escribió. Este también. Si uno lee sus poemas se da cuenta enseguida de que no está escrito por un joven, ni por un hombre maduro, sino por alguien que “viene de muy lejos”. Ese es el papel de este libro dentro de mi obra: un paso más.
-¿Podríamos decir que, como es habitual en anteriores libros, prevalece la celebración sobre la elegía o la melancolía?
-Sin duda. En mi poesía, si la leemos bien, siempre ha prevalecido la celebración, el canto agradecido, incluso en sus tramos más elegíacos. La elegía y la melancolía también son formas —atenuadas y retardadas— de la alegría, de la satisfacción por el don de estar vivo. “Se canta lo que se pierde”, decía Machado, y eso es la elegía; también podríamos decir: “Se canta lo que se tiene”, y eso sería la celebración. Pero todo es canto. El poeta sólo puede escribir para celebrar la vida, no para denigrarla. Canta a veces el dolor, pero ese dolor se convierte de algún modo en alegría y hermosura. Así ocurre en la Ilíada, obra en la que muere hasta el apuntador. Así sucede también, por ejemplo, en el cante jondo (que tú conoces bien): las coplas más desgarradas producen en quienes las oyen una emoción y una fruición que de algún modo tienen que ver con la alegría, como todo lo que nos lleva a la plenitud. Al final, toda manifestación artística auténtica expresa amor por la vida, que es siempre alegría, canto puro y bello, gratitud.
-Como señalan los críticos y estudiosos que se han acercado a tu obra, tu poesía puede situarse dentro de la tendencia o corriente de la experiencia. ¿Te reconoces en esta u otra posible adscripción? ¿Haces vida literaria, tienes amistades literarias?
-Toda poesía, en mayor o menor grado, es poesía de la experiencia (puesto que uno no puede escribir desde fuera de sí mismo), sin excluir, por supuesto, la tendencia a la que se le llamó entre nosotros “poesía de la experiencia”, que cuando se convirtió en una fórmula estaba llena de patochadas y retrataba a la perfección a quienes de manera convencional y mecánica la utilizaban. Yo he sido siempre como poeta muy independiente. No tengo nada que ver con ninguna corriente, escuela o grupo, ya que no hay fórmulas para hacer poesía verdadera. Cada poeta es de su padre y de su madre y nada más. Hay ciertos rasgos comunes en los poetas de un momento, pero son los más superficiales. Los coetáneos de un poeta son compañeros, pero no pueden cantar todos con la misma o parecida voz ni hacer sus poemas en grupo o con las fórmulas y maneras de una tendencia determinada. De lo contrario no habría aventura personal, sino mimetismo. Para seguir contestando a tu pregunta, te diré que nunca he hecho vida literaria. He tratado de hacer vida poética, que es cosa bien distinta. Esto no quiere decir que no tenga amistades dentro del mundo literario. Trato de llevarme bien con todo el mundo, y más con los que dedican su vida con autenticidad a hacer lo que yo mismo pretendo. Con estos hay una mayor afinidad, podríamos decir que una fraternidad.
-¿Cómo fueron tus inicios como escritor? ¿Qué te llevó a escribir, qué dificultades encontraste para escribir y, en su caso, para publicar?
-Empecé a escribir en serio cuando cristalizó de súbito y de manera firmísima mi vocación, a los diecisiete años, como he dicho otras veces. El escribir poemas y pensar que esa era la única ocupación que merecía la pena fue a la vez una maravilla (porque sentía en mí «la luz con el tiempo dentro») y una tortura (ya que no era capaz de plasmar esa luz en el papel y los poemas de los primeros tiempos eran muy flojos). Pero una vocación verdadera es invulnerable y, a pesar de todo, seguía trabajando con ilusión y constancia. Para publicar no tuve dificultades, pues me acompañó la suerte y, cuando después de una larga etapa de aprendizaje, me vi con un primer libro en las manos hice lo único que en mi caso podía hacer: enviarlo a un premio literario. Otro camino no había. Es la única vez en mi vida que he concursado. Sonó la flauta y gané el premio Adonáis. Después todo fue siendo un poco más fácil, aunque en modo alguno un camino de rosas.
-¿Cuál es tu rutina de trabajo como escritor (métodos, horarios, posibles manías, uso de ordenador…)?
-La poesía no admite rutinas. El poeta, como cada hijo de vecino, podrá tenerlas, pero la poesía no hace caso de ellas y surge cuando quiere, de forma inesperada, y arranca al poeta de sus hábitos y costumbres, lo transforma en otro. Hay que tener cierta disciplina, pero la disciplina en poesía sólo es atención y entrega, deseo vehemente de que la poesía acuda. Por eso hay que recogerse en el silencio y el apartamiento, estar dispuesto y disponible. Si uno está distraído, la poesía no llega nunca. Y aun estando atento, viene sólo de vez en cuando. Escribir poesía no es como escribir novela o ensayo. En realidad no hay en ella labor de oficina, sino momentos de revelación, y en un tiempo breve (unas horas, unos días) te ves con el poema en el papel. Y luego, a esperar de nuevo sin romper la atención, a ver si llegara otro. Antes escribía mis poemas a mano, como todo el mundo. Después, poco a poco, me he ido pasando al ordenador portátil, en el que escribo desde la primera palabra hasta la última de cada poema. Se me ha olvidado ya casi escribir a mano. Me cuesta trabajo hacerlo y hasta se me ha deformado la letra. Con frecuencia, las primeras anotaciones cuando surge el chispazo de un poema las escribo en el móvil.
-Maneras de estar solo, premio Adonáis, es tu primer libro. ¿Qué significó este prestigioso premio para ti y qué sientes hacia tu primer libro después de su publicación en 1978, casi cincuenta años después? ¿En qué ha cambiado la poesía española y en qué ha cambiado como persona y como poeta Eloy Sánchez Rosillo desde entonces hasta 2025?
-El premio significó mucho para mí entonces. De la noche a la mañana pasé de ser un poeta por completo inédito a tener mi primer libro publicado en una colección histórica y prestigiosa. No se puede pedir más. A ese libro le tengo mucha gratitud, aunque hoy vea en sus páginas cosas que me gustan poco. Fue el comienzo de una larga trayectoria (como ahora podemos ver). Si no hay arranque, no habrá continuación, pasos siguientes. La poesía viva y verdadera es siempre la misma. Cambian las modas, lo que se lleva, pero lo vivo no cambia y en cada época la verdadera poesía es la misma voz con distintos acentos y matices. Como persona y como poeta, naturalmente, he ido evolucionando en los últimos cincuenta años. Eso espero, porque de lo contrario hubiera estado muerto desde el principio. Creo que he ido aprendiendo a saber cuáles son las cosas importantes de la vida y dónde están, y como poeta pienso que he ido afinando y aprendiendo a mirar, escuchar y decir. Bueno, eso creo yo. Vaya usted a saber. Otros son los que tienen que decirlo, yo estoy sin duda demasiado cerca de mí para afirmarlo.
-En esa y en otras obras tuyas vemos símbolos, recurrencias, motivos diversos, pero hay uno clave, constante: la luz. He de confesarte que gracias a ti, a tus versos, disfruto más de la luz, de su, como dices, gracia consoladora, balsámica. ¿Qué representa la luz en tu vida y en tu obra?
-Es lo mejor que tenemos, tanto si hablamos de la luz física como de una luz simbólica. Vivir en las tinieblas, sin poder ver a las personas que quieres, a las muchachas que pasan, sin ver los árboles, las montañas, el mar, sería terrible. Un mundo de zombis por el que iríamos dando tumbos y tropezando con todo.
-¿Cómo has compaginado tu trabajo como profesor en la Universidad de Murcia con tu vocación literaria? ¿Tus alumnos estaban al tanto de tu valía poética?
-Pues como uno iba pudiendo. Hay que ganarse la vida de alguna forma, si uno no es rico por casa. El trabajo universitario era grato por lo que al trato con los alumnos se refiere, pero muy ingrato por todo lo demás. El ámbito universitario, cerrado sobre sí mismo y mucho más ajeno de lo que se creería a todo aquello que no sean sus propios intereses, crea pestilencias y corrupciones difíciles de respirar. Esto, me dirán algunos, ocurre en todos los ámbitos, y es cierto, pero en la vida universitaria, llena de estúpida presunción pueblerina, de soberbia y de pedantería, sucede a buen seguro más que en otros sitios. Nunca he dicho en mis clases que yo fuera poeta (yo mismo no sé en el fondo si en verdad lo soy). Al principio, ningún alumno sabía que yo escribiera poesía, pero con el paso de los años, y no por mí, muchos se fueron enterando. A los que se me acercaban sabiéndolo, los atendía, claro, pero al margen de las clases, privadamente.
-De todas tus obras, ¿hacia cuál sientes predilección?
-En realidad, yo no he escrito obras, sino poemas. No proyecto libros ni voy rellenando los casilleros del proyecto con poemas también predeterminados. El proceso es al revés. Recibo los poemas que van llegando por sí mismos cuando ellos dicen de llegar. Y cuando hay un número suficiente de ellos, los ordeno como voy pudiendo y entendiendo, cosa que resulta siempre más complicada de lo que parece. Por último, limo y ajusto y el libro surge. En realidad, lo más fácil de un libro es hacer los poemas, que se hacen solos. Pero limarles ciertas aristas, hilvanarles ciertos descosidos y ordenarlos sin que se estorben unos a otros, hasta conseguir un conjunto natural y armónico, es complicadísimo. Nadie ajeno a este trabajo podrá imaginar la cantidad de horas y de energía que emplea un poeta hasta que al final puede decir: esto ya está. No tengo libros míos preferidos, sino poemas que al releerlos por azar alguna vez —no suelo hacerlo— me gustan más que otros.
-¿En el libro El sueño cumplido, de 2023, aparecen textos tuyos de reflexiones sobre tu poética, entrevistas que te han hecho y algunos poemas sobre la poesía. El título responde, supongo, a una realidad, un sueño cumplido. Quizá el de ver tus versos reconocidos por lectores como yo mismo, entregados. ¿Es así?
-No. La atención de los lectores es desde luego muy importante y acompaña mucho, pero no me refiero en ese título a ellos, es decir, a algo externo y ajeno a mí. El título hace referencia al asombro y a la satisfacción que hay en mi interior al darme cuenta a estas alturas de mi vida de que mi sueño de adolescente —el estar en el mundo como poeta desde entonces hasta ahora mismo—, se ha ido cumpliendo. Esto es una maravilla. Ha sucedido lo que yo soñé. No se vea en esto vanidad, sino legítimo orgullo.
-Estoy de acuerdo contigo en que todo estaba y está ya en Homero, como has dicho en el libro que acabamos de mencionar, ¿por qué lo crees así, qué libros te iniciaron en la lectura y la escritura, tus referentes?
-Sí, en Homero, el primer poeta por escrito de nuestra tradición, están ya en su grado más alto todas las posibilidades de la poesía. Esto es increíble. Tanto en la Ilíada como en la Odisea hay, de principio a fin, emoción y verdad. Ningún primitivismo, ninguna tosquedad. Hondura suma y asombrosa naturalidad. Nada ha sucedido más alto en poesía después. Hay algunas obras que rayan a la altura de las de Homero, pero muy pocas. Eso sí, hay que leer a este poeta en una buena traducción, que respete la forma y no sólo el contenido del original. En español hemos tenido suerte: existe desde hace muchos años una maravillosa traducción de ambas obras, debida a Fernando Gutiérrez. Gracias a ella podemos decir que Homero es un poeta español, puesto que nos fascina y emociona como los más grandes poetas españoles. Y para terminar de responderte, te diré que yo he sido y soy un gran lector. En ninguna época de mi existencia me recuerdo sin un libro en las manos, lo cual no quiere decir que sea un ratón de biblioteca. He leído mucho, sí, pero procurando siempre, por instinto, no apartarme de la vida, o procurando que los libros no fueran algo exclusivo o distinto de tantas otras cosas vivas. Mis referentes: todos los libros que he leído con emoción. No podría citarlos en un santiamén.
-¿Algunos nombres de escritores jóvenes o muy jóvenes, poetas especialmente, que debamos tener en cuenta?
-Con los escritores jóvenes (y más con los muy jóvenes) lo mejor es esperar y prestar atención grande a su desarrollo. La mayor parte de ellos se irán alejando de su sueño inicial con el paso de los años y se quedarán en nada. Algunos fructificarán y alcanzarán una mayor o menor altura, y dos o tres, muy de tarde en tarde (a veces uno o dos o ninguno en todo un siglo), llegarán a lo más alto y permanente. Un escritor verdadero tarda en hacerse del todo, igual que un árbol. El que llegue a ser supone una larga prehistoria (es decir paciencia), talento, ilusión, perseverancia y suerte. Los grandes poetas precoces son rarísimos. Yo sólo conozco dos o tres. No me atrevo a darte ningún nombre de los poetas que ahora se inician, aunque haya jóvenes que muestran la gracia de lo que despunta. Tiempo habrá más adelante para hablar de ellos, si perseveran.
-De todos los lugares que conoces, ¿cuál te ha llegado más y por qué? ¿Ha tenido reflejo en tu poesía?
-De los lugares pequeños o privados, la finca familiar en la que pasé todos los veranos de mi infancia, adolescencia y primera juventud (hasta los dieciocho años) es el que más espacio ocupa en mi corazón. Era una casa de labor llamada Casa del Teniente, porque mi abuelo materno era militar y empezó a construir un enorme caserón en el centro de las tierras de la finca cuando aún era joven y tenía ese grado castrense. Allí respiré el mundo y aprendí casi todo lo fundamental que hay que saber. Y si hablamos de lugares más grandes, me gusta mi ciudad, y en general España, por más difícil que sea como país. Y siguiendo con los lugares grandes, Italia, sin dudarlo. También le debo mucho a otro lugar de la costa de Murcia: Puerto de Mazarrón. En una urbanización de allí, en la zona de Bahía, adquirí un apartamento hace treinta y cinco años, cuando mi hijo era pequeño. Lo compré pensando en él sobre todo. Pero al final ha sido además mano de santo para mí. Todos mis libros, a partir de La certeza, han sido escritos casi íntegramente allí. Los lugares que te he mencionado han dejado en mi poesía huella muy honda, cada uno a su manera y en mayor o menor medida.
-Aparte de la lectura y de la escritura, la música y la pintura, ¿qué otras aficiones tienes?
-Caminar varios kilómetros todos los días y ver qué pasa por ahí, en mi entorno. Estar con las personas a las que quiero y que me quieren y tomarme con ellas un buen vino o una buena comida mientras conversamos de lo divino y de lo humano. Ver de tarde en tarde una buena película, un buen partido de tenis. Informarme a diario de lo que ocurre en el mundo y tratar de entender algo, de discernir por mí mismo y no comulgar con las ruedas de molino que quieren hacernos tragar. Resulta muy difícil entrever en la sociedad global algún sentido, percibir alguna hebra de luz, entre tanta locura, tanta rapacidad y tanta sangre.
-Eloy, para ti, ¿cuál es el secreto de la vida?
-La vida, más que secretos, tiene misterios, y todos sus misterios son el Misterio. Éste se puede percibir y sentir, y podemos tratar de expresarlo mediante símbolos y acercamientos instintivos de lo más hondo que en nosotros hay. Pero el misterio no se puede desentrañar ni explicar, así que esta pregunta es incontestable.
-La metaliteratura, la reflexión sobre el hecho de escribir, aparece en tus obras. ¿Por qué escribimos y qué cualidades debe cumplir la literatura de calidad, la poesía especialmente, como la tuya?
-La poesía tiene que bullirte por dentro y que resulte para ti imprescindible e inaplazable decirla, que no uno no tenga más remedio que dejarla ahí, sobre el papel. No puede ser un entretenimiento, un juego, una afición, sino una pasión, una conmoción. Es un instinto primigenio, que está en todos los hombres, pero que sólo algunos consiguen expresar por escrito de forma memorable. En los poetas verdaderos se reconocen quienes se acercan a lo que en los libros necesarios se dice. Y encuentran allí todo lo que ellos ya habían sentido y pensado, pero que no habían acertado a decir, a decirse. La poesía, que no sólo es la poesía escrita y que está por todas partes en el mundo (ojo: en el mundo, no en la sociedad), es un instinto del hombre, de todos los hombres. No se puede vivir sin ella. Igual que tenemos necesidades físicas (comer o dormir), tenemos necesidades metafísicas o espirituales (imaginar, soñar, volar a lo más alto).
-¿Algo que añadir? ¿Con qué poema de Venir desde tan lejos nos podemos despedir?
-Tengo siempre la sensación de que en las entrevistas sobre poesía se queda todo por decir, o apenas balbuceado. La poesía se dice a sí misma en el poema de manera definitiva y completa y poco puede añadirse al margen que no sea hablar por hablar. Pero bueno, por intentarlo que no quede. Y me pides un poema de Venir desde tan lejos, mi último libro, para cerrar esta entrevista. Pues nos despediremos con uno corto, para no cansar más a quienes hayan leído hasta aquí. Lo copio a continuación y terminamos.
BAJO EL ARCE
Fue testigo de todo el arce aquel,
hace ya tanto tiempo, una mañana
de mediados de junio.
Curvó sus altas ramas hasta tocar la tierra
y creó en torno al tronco un circular espacio,
gruta de intimidad, dosel de hechizo y sueño.
Entramos confiados
y allí tú y yo pudimos guarecernos
de las cosas del mundo. El árbol no era
presencia indiferente, sino discreto cómplice,
silencio verde, comprensiva sombra.
Vio cómo te estrechaba entre mis brazos.
Ocurrió mucha vida.
Y alcanzamos nosotros tal vez a oír la savia
recorriendo su ser como un agua encendida.
Muchas gracias por tus palabras, Eloy. Te deseamos lo mejor en lo literario y en lo personal. Gracias de veras por tu obra y tu afabilidad, cosas distintas, pero que, si se dan a la vez en alguien con altura, miel sobre hojuelas.
LA LUZ CON EL TIEMPO DENTRO
