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CONVERSANDO CON 4 POETAS Y ESCRITORAS RELEVANTES DEL SIGLO XXI: ADRIANA HOYOS, LAUREN MENDINUETA, CORINA OPROAE Y MARÍA GÓMEZ LARA
POR ANA PATRICIA SANTAELLA
Conversamos hoy con cuatro mujeres excepcionales, que merecen ser conocidas por sus distintas trayectorias poéticas y literarias, por su obstinación en dejar huellas indelebles en el camino que las conduce a una creación sin tregua, y por poseer un apasionamiento reconocible en cada una de ellas. Pasemos a conocerlas, con el detenimiento, con el cariño que cada una de ellas merece:
Corina Oproae ha obtenido hace unos meses el Premio de Novela Tusquets por su obra La casa limón, es filóloga, escritora, poeta y traductora de origen rumano, afincada en Cataluña. Lauren Mendinueta es poeta, ensayista y traductora, nacida en Colombia. Dirige Encuentros iberoamericanos en torno a la poesía y la música, y también la “Noche de la Literatura Iberoamericana en Lisboa” por citar algo de su incansable actividad promotora. Adriana Hoyos, también colombiana, reside en España, es escritora, cineasta y gestora cultural, ha participado en encuentros internacionales de poesía en Colombia, Dinamarca, Ecuador, Egipto, España, Italia, Macedonia, Marruecos, Portugal, Serbia, Suecia y Turquía. Poemas suyos se han traducido a una decena de idiomas. Y por último, María Gómez Lara, es poeta y escritora, obtuvo el XXVII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe a la Creación Joven. Es profesora de literatura y creación literaria en distintas universidades y doctora en poesía latinoamericana en Harvard.

A.P.- Adriana, ¿por qué considera relevante este encuentro en Madrid producido entre vosotras?
4 poetas del siglo XXI surge de la idea de reunir en Madrid a 4 voces de la poesía escrita en español en este siglo. Cuatro poetas que hemos vivido fuera de nuestros lugares de origen, y que hemos explorado y habitado diferentes países y continentes. Lo que nos lleva a transitar experiencias intensas, únicas, adaptándonos e insertándonos en otras culturas.
El punto de unión quizás es una honda vocación y la reflexión sobre la propia escritura. Siento que estamos hermanadas por poéticas como el amor, el tiempo o la muerte y la transformación del dolor físico o emocional a través de la palabra. Cultivamos una poesía donde el yo poético se interroga, se fragmenta, se desdobla o se reconstruye. Escribimos desde el borde del sentido, desde la intemperie. Hay una escritura depurada y meditativa, una búsqueda y un interés por cuestionar el lenguaje y la exploración de los límites del decir.
A.P- Os enmarcáis en el siglo XXI, subrayando eso especialmente, ¿a qué os referís?
La ausencia, el duelo, la memoria y la pérdida aparecen como hilos subterráneos que atraviesan nuestros versos con un tono contenido, cercano a lo filosófico.
4 poetas del siglo XXI nace como un encuentro en Madrid, capital literaria de la poesía escrita en castellano. Un encuentro para celebrar la vocación, la lengua, y una toma de conciencia de que las voces de mujeres tienen en el siglo XXI una potencia y una alta calidad, y es necesario que ocupen por fin el lugar que les corresponde dentro de la poesía contemporánea.
A.P- Es notable la amistad que os une, algo no del todo frecuente en el ámbito literario. Sin embargo, la trasciende…
Creo que este encuentro nos une en lo literario y en lo más íntimo y personal como mujeres que a partir de una experiencia particular hemos consolidado nuestra poesía a través de varias publicaciones y traducciones a otros idiomas.
La búsqueda de cada una de nosotras va más allá de lo establecido en el canon universal, nos ha llevado a indagar nuestros referentes femeninos, encontrando una genealogía propia y relevante.
Compartimos ideas, reflexiones y mucha complicidad en lo literario y también en lo cotidiano. Reconociéndonos en primer lugar entre nosotras y valorando nuestro quehacer literario, y también el de las escritoras y los escritores que nos anteceden y por supuesto el de nuestros coetáneos.
Haber salido de nuestros países de origen y abrir la mente a otras experiencias es algo que también repercute en la escritura.
A.P- Lauren, usted ha confesado, que cuando era más joven, en Colombia, no tuvo referentes literarios femeninos. ¿Dónde los acabó encontrando, Lo propició algo? ¿Tanto pesa el canon masculino universal?
En 1998, cuando comencé a escribir, trabajaba en una biblioteca pública en una zona muy azotada por la violencia en mi país. En esa biblioteca contábamos con una pequeña colección de poesía, debían ser a lo sumo unos doscientos libros, que devoré en pocos meses por pura necesidad de sobrevivencia. Mi historia personal me enseñó muy joven que las mujeres somos extremadamente vulnerables a las diferentes violencias de la sociedad, y yo era sólo una más en esa lógica absurda. La biblioteca no era mi trabajo, era mi refugio. Yo estaba fascinada con todo lo que leía, pero me sorprendió constatar, libro tras libro, que todo lo que yo leía había sido escrito por hombres y todos esos hombres estaban muertos.
Al principio ni siquiera me sorprendió, lo asumí como la normalidad. Pero poco tiempo después dejé ese trabajo, que era en un pueblo pequeño, y me mudé a una ciudad. En Barranquilla me puse a buscar a las mujeres escritoras. No te digo que fue fácil encontrarlas. Lo primero que descubrí fue que las escritoras no gozaban de buena reputación. Por lo general los colegas hombres me decían que las mujeres solo escribían poesía amorosa y erótica, pero que mi poesía tenía más calidad porque yo escribía como un hombre. Lo que para ellos era un gran elogio, a mí no me convenció. Seguí buscando en las bibliotecas públicas y en las librerías, especialmente en las de libros de segunda mano, y fui poco a poco descubriendo una larga y fascinante tradición de poesía escrita por mujeres. Primero las colombianas, después las latinoamericanas, las rusas, las norteamericanas, las españolas, las portuguesas, y otras. Así descubrí a mis maestras, e incluso a varias escritoras contemporáneas que admiro y que hoy son mis amigas como María Gómez Lara, Adriana Hoyos o Corina Oproae.
A.P- Ejerce una labor infatigable, difundiendo el talento de creadores de su país de procedencia, Colombia, además de organizar encuentros iberoamericanos en Portugal y promueve infinidad de actividades de interés. ¿Qué le empuja a hacerlo y qué le satisface más?
Para ser honesta, lo que me mueve es mi deseo de que la poesía llegue a nuevos públicos porque estoy convencida de que hay en ella un gran poder. Y yo soy la prueba de ello, porque de hecho, la poesía salvó mi vida. Lo más cómodo sería quedarme en casa escribiendo y leyendo, pero he elegido incomodarme, obligarme de cierta manera, para crear espacios en los que la literatura pueda ir al encuentro de quienes la necesitan.

A.P- Cuando afirma: “Escribo para acostumbrarme a vivir”. Desconcierta un poco oír eso. ¿Puede comentarlo?
Me resulta difícil imaginarme viva sin la poesía. Mi historia personal está marcada por la violencia. Me refiero a muertes violentas, y otras barbaridades, que ha vivido mi familia, pero también a las violencias estructurales que sufrimos las mujeres en sociedades conservadoras y machistas como la colombiana. Fui madre soltera dos veces en la adolescencia, es algo que pocas personas saben. Muy joven, y com mucho pesar, forzada por mis circunstancias personales, tuve que abandonar mis estudios de derecho. Fue entonces, porque necesitaba un sustento económico para mí y para mis hijos, cuando empecé a trabajar en la biblioteca de la que te hablé al principio. A mis 21 años la vida, a veces, me parecía insoportable. Salvo el amor que sentía por mi hijo y por mi hija, nada me aferraba a ella. Entonces, cuando pensaba que la vida no tenía sentido y que tenía que resignarme a sobrevivir viviendo una existencia anodina e injusta, encontré la poesía. Cuando digo que la poesía me salvó no es metafórico. Mi fascinación por el lenguaje poético infundió en mí una nueva manera de estar en el mundo y la certeza de que las palabras podían construir la realidad. Cuando le dije a mis padre que era poeta me dijeron que me iba a morir de hambre, pero fíjate, no sólo mo me morí de hambre, he vivido una vida digna de ser llamada vida a pesar de los grandes golpes.
A.P- Puede auto preguntarse algo que jamás le hayan preguntado y le encantaría usted misma responder?
Dame un momento para pensarlo… Se me ocurre una: ¿Si volviera a nacer cambiaría algo de su vida? La respuesta es sí, pero no te voy a decir qué.
A.P- Corina, voy con usted ahora, recientemente ha ganado el Premio Tusquets de novela por su obra La casa limón. ¿Qué ha supuesto esta experiencia, qué ejes argumentales tiene la novela, y por qué elige como protagonista principal para narrar a una niña?
Recibir el Premio Tusquets de novela ha sido una alegría y un honor, pero también el singo de una clara aceptación en un sistema literario que no me pertenece por nacimiento. Por diversas razones, algunas prosaicas y otras más elevadas, no fui yo quien eligió deliberadamente escribir en una lengua diferente a la materna, sino que fue la lengua la que me eligió a mí. Por lo tanto, entiendo este premio, que tienen en su haber escritoras y escritores que admiro, como una compensación acorde con alguna ley no escrita del universo. Y lo digo, porque el cambio de lengua de vida y de escritura, aunque pueda parecer algo natural en los tiempos que vivimos, no es una aventura de la que una pueda salir del todo indemne.
La casa limón nos sitúa en la Rumanía comunista de Nicolae Ceauşescu y narra en primera persona la vida de una niña que se abre paso hacia la madurez en el seno de una familia de clase media, reconstituyendo como si de un rompecabezas se tratase, las dos últimas décadas de una época histórica nefasta para una parte de Europa. Podemos vislumbrar unas relaciones de familia marcadas por los silencios y el tabú, donde cabe la enfermedad, la locura, la ausencia y la muerte, por la falta de comunicación, por la imposibilidad de decir las cosas con libertad, siendo todo evidentemente un reflejo de lo que sucede alrededor, pero también por los pequeños gestos, por los actos de amor y de ternura que nos salvan. Uno de ellos es la relación con los libros. De hecho, la novela comienza con la imagen de la niña protagonista encerrada en su castillo de libros, debajo de la mesa del comedor familiar como metáfora de la supervivencia.
La elección de una niña como narradora tiene que ver con la cita de Louise Glück que encabeza el libro. ”Miramos el mundo una vez, en la infancia. / El resto es memoria.” Creo que mi infancia es la fuente que siempre ha alimentado mi creatividad y mi imaginación. Lo he dicho en algún otro momento. Toda la verdad que tengo sobre mí misma, tanto la que me gusta como la que no me gusta, viene de allí. Es una verdad que conservo intacta y es ese mismo hecho el que me alienta el deseo y me brinda la posibilidad de transformarla. Quería regresar a la infancia, a la adolescencia a través de la indagación en un pasado doloroso, definido desde la mirada adulta por el absurdo, la locura, la represión, la censura y la falta de libertad. Elegí mirarlo a través de los ojos de una niña, tal vez de la niña que fui, que descubre el mundo, con su dureza y crueldad, pero también con sus olores, sus colores, sus sonidos y sensaciones y es capaz de ver la belleza en ese mundo confuso, convulso, misterioso e incomprensible. La nostalgia hacia esa infancia, hacia ese país junto con la poesía que se esparce por todo el libro a través de los sueños y el pensamiento mágico de la protagonista misma son para mí los motores que transforman literariamente lo vivido, a veces terrible, para dar luminosidad a una vida pequeña, pero también a toda una época. A través de esta mirada nítida, primigenia de la niña que narra la historia, me interesaba volver a hacerme preguntas sobre las mismas obsesiones que muestra mi poesía. La vida y la muerte, la enfermedad, la ausencia, el amor y el miedo, que son de hecho aquello que siempre nos ha interpelado a los seres humanos.
A.P- Ha traducido para Visor, La Estafeta del Viento, una magnífica antología de poesía rumana del siglo XX. ¿Se va introduciendo en España el conocimiento de la lírica rumana, o todavía nos queda por conocer a poetas realmente maravillosos? ¿Qué autores le han acabado deslumbrado?
Hace años era complicado convencer a un editor para publicar autores rumanos. Las cosas han cambiado y creo que es un buen momento para la literatura rumana en general y también para la poesía. A través de la antología bilingüe La poesía del siglo XX en Rumanía (2022) quise proponer una incursión en el espacio poético rumano comprendido entre los primeros años del siglo pasado y las dos primeras décadas de nuestro siglo, un período que cubre diversas generaciones líricas bien perfiladas. Se trata de una selección no tan extensa como me hubiera gustado, a pesar de que la antología tiene más de 800 páginas, pero contiene ventanas abiertas hacia mundos contundentes y particulares.
Existen otras muchas traducciones de poesía que me gustaría mencionar. Prácticamente toda la obra de Ana Blandiana, una de las poetas más internacionales de Rumanía, en traducción de Viorica Patea y con publicaciones en distintas editoriales (Pre-textos, Galaxia Gutenberg, Visor); La poesía completa de Mircea Cărtărescu publicada por Impedimenta y firmada por Marian Ochoa de Eribe y Eta Hrubaru. Pero evidentemente faltan muchísimas voces por descubrir.
En cuanto a las voces que me fascinan o me deslumbran solamente mencionaré dos. Un poeta que pertenece a la modernidad, Lucian Blaga, con una antología que publiqué en 2022 en Pre-textos con el título La luz que siento y una poeta de la generación del neo-modernismo rumano, Angela Marinescu publicada por la editorial Godall en 2023 en la antología Me como los versos y muy recientemente por Visor con uno de sus libros más emblemáticos, El parque (2025).
A.P- Para vosotras, Corina, es importante la unión entre mujeres, pese a que cada una tiene una voz distinta y personal, el viaje literario y vital se intuye que lo vivís con independencia, pero el encuentro una vez producido, parece no se puede desgajar ya de vuestra propia existencia. Parece tan enriquecedor que tal vez no se puede acotar con palabras. ¿Es así, o el tiempo, cree, que impondrá su rumbo y su destino?
La unión entre mujeres creadoras es fundamental en el camino literario y vital que recorremos. Aunque cada una de nosotras aporta una voz única y personal, el entrelazamiento de nuestras experiencias y perspectivas enriquece nuestro viaje de maneras que a menudo trascienden las palabras. Este apoyo mutuo y la colaboración se convierten en un refugio y en una fuente de inspiración, recordándonos que compartimos un propósito común: el de poder elevar nuestras historias y contribuir al tejido de la literatura. En este sentido, la conexión que forjamos no solo es vital, sino que se convierte en una parte ineludible de nuestra identidad, un legado que yo pienso que va a perdurar incluso ante los retos que el tiempo pueda presentar.

A.P- María es su turno: Su madre fue decisiva en el inicio suyo de la escritura. ¿Nos lo comenta?
Sí, yo le agradezco muchísimo a mi mamá, porque mi primer encuentro con la poesía es ella la que lo recuerda y gracias a su sensibilidad y atención al lenguaje yo supe muy pronto cuál era mi camino, antes incluso de tener palabras para nombrarlo. Yo tenía unos cuatro años y todavía no sabía escribir. Mi mamá me estaba enseñando a garabatear las primeras letras en la arena, en una playa del Caribe. En algún momento me quedé mirando los colores del atardecer y dije unos versitos que rimaban. Mi mamá me cuenta que pensó en ese momento: mi hija va a ser poeta. Ella es escritora, y tuve la suerte de que a partir de ese día me metiera en clases de poesía con Mario Ochoa, un poeta y músico amigo suyo. En esas clases con Mario yo aprendí a jugar con la música de las palabras, a dejarme arrastrar por ellas. Recuerdo que cuando empezamos las clases Mario se sacaba de los bolsillos una servilletas garabateadas de versos y me decía: no puedes salir de la casa sin un cuaderno, la poesía te llega en cualquier parte. Desde entonces no salgo de la casa sin un cuaderno en la cartera. Estaba en esa edad en que a las niñas les enseñan a escribir en el colegio de manera muy rígida: los títulos en rojo, lo demás en azul. Como siempre he sido tan buena estudiante (por eso acabé haciendo un doctorado y ahora me dedico a ser profesora universitaria) le pregunté a Mario como tenía que ser ese cuaderno. Y él me contestó: como tú quieras, la poesía es un cuaderno que es tuyo. Esas palabras de Mario me cambiaron la vida. Gracias a él entendí que la poesía es un espacio de libertad, es el lugar en donde me siento en casa (sobre todo ahora que soy extranjera en el lugar en el que vivo). Yo en ese momento era una niña moncromática, tenía todo morado, la ropa, los cuadernos, la bicicleta. Así que decidí que si era un cuaderno que era mío, iba a escribir con tinta morada. Y todavía escribo mis poemas a mano, en un cuaderno y en tinta morada. Gracias a ese momento en la playa que yo no recuerdo mi mamá me mostró este camino de la poesía que ahora no distingo de mi identidad, de quién soy yo. No sé quién sería sin las palabras, no sé cómo tocaría el mundo sin ellas.
A.P- Me ha interesado mucho la profunda reflexión en torno al cuerpo que recibimos sin cesar las mujeres, los mensajes contradictorios de nuestra identidad corporal y la aceptación de nuestro físico desde el patriarcado y la mirada ajena que sueles hacer, María. Es una dicotomía desquiciante, ¿cómo se puede combatir, ¿cómo podrían defenderse las niñas y adolescentes de ahora?
Desde que somos niñas las mujeres recibimos unos mensajes muy contradictorios sobre nuestro cuerpo que nos ponen en una situación imposible. Por un lado, nos dicen que el cuerpo es lo más importante del mundo, que sólo nos van a querer por el cuerpo y que si nuestro cuerpo no es perfecto no somos dignas de amor. Y, al mismo tiempo, nos dicen que hay algo que está mal en nuestro cuerpo, algo que hay que cambiar, algo que es insuficiente. A algunas les dicen que son muy gordas, a otras que muy flacas, unas muy bajitas, otras muy altas. Y si a eso le agregas que los estándares de belleza son racistas hay otra capa de opresión para las mujeres no blancas y las que no encajan en los patrones normativos. Creo que lo revolucionario es reencontrarnos con nuestro cuerpo, quererlo como es, querernos nosotras, hablarnos con las palabras amorosas que el patriarcado nos negó. Somos nuestro cuerpo, el cuerpo es la casa de cada una. Y sí es perfecto, pero de otra manera. Porque con él vemos el mundo, con esta piel tocamos, con esta voz hablamos. Porque ocupamos espacio. A las mujeres nos han dicho que no tenemos derecho a ocupar espacio, ni con el cuerpo ni con la voz. Por eso creo que la poesía es muy poderosa, para usar la voz, para que resuene, para decir que estamos aquí y que no nos vamos a dejar tratar como cosas. Para decir que somos sujetos de deseo, de pensamiento, de emoción. Yo quiero creer que esto está cambiando, es decir, que el mundo que le tocó a mi sobrina es distinto que el que me tocó a mí, y ojalá sea cada vez mejor. También es verdad que las niñas y adolescentes hoy tienen una realidad muy distinta, que les pueden llegar presiones en plataformas que ni existían antes. Pero también creo que ellas son fuertes, que vienen con un torrente de voz y seguramente ellas sabrán mejor que yo cómo pueden resistir a esas presiones con el cuerpo. Al menos tenemos las palabras para nombrarnos a nosotras mismas, para contarnos nuestra propia historia. Y espero que cada vez las usemos más, que cada vez se oiga más nítida nuestra voz, que no dejemos que nos quiebren el cuerpo ni siquiera con palabras.

A.P- De su trayectoria literaria, ¿valora algo en especial, cuesta llegar adonde ha llegado?
He tenido la suerte enorme de dedicarme a leer, a escribir, a enseñar. Mi vida han sido los libros y eso es lo mejor que una escritora podría pedir. Claro, falta tiempo para escribir, hay muchos impedimentos, sobre todo el tiempo. Hay que trabajar en muchas cosas a la vez y muchas veces lo urgente se traga a lo importante. Hay dificultades, hay puertas cerradas. Pero hay otras muchas abiertas. Y, también, sobre todo, está el amor por la poesía. El amor que le tengo a la poesía es lo que me mueve en la vida, lo que le da sentido a todo lo que hago, a cada charla con mis estudiantes, a cada verso que escribo, a cada palabra que leo, a cada libro que publico. Tener algo que te apasione tanto como a mí la poesía y tener la posibilidad de dedicarle mi tiempo a eso es un privilegio que no dejo de agradecer. Uno de mis poetas preferidos, el venezolano Eugenio Montejo, escribió que sólo trajimos el tiempo de estar vivos entre el relámpago y el viento, que somos la luz llenándote los ojos, no los ojos, que eso es lo nuestro. Lo nuestro es el tiempo. Y yo tengo la fortuna infinita de que lo mío sea la poesía.
CONVERSANDO CON 4 POETAS Y ESCRITORAS RELEVANTES DEL SIGLO XXI

Leo y escribo poesía desde siempre. Ya tengo setenta y siete años y no puedo dejar de hacerlo, sólo lo saben mi familia y el círculo cercano en mi ciudad. La poesía es para mi una manera de vivir, sin ella no tengo ya muchas otras cosas de que disfrutar, salvo mis hijos, mi nieta y mi familia para seguir encendiendo el tiempo que me queda. Las admiro por su fortaleza y sabiduría. La poesía, como alguien ha dicho por ahí, salva, y es la única que puede salvar el mundo de tanta violencia. Como docente primaria lo he experimentado haciendo poesía con mis alumnos de bajos recursos. Gran abrazo a todas.