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La sombra del viento: recorrer la Barcelona literaria

La sombra del viento: recorrer la Barcelona literaria
Sofia Lovelace
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La sombra del viento: recorrer la Barcelona literaria

Hay ciudades que se visitan.

Y hay ciudades que se leen.

Barcelona pertenece a las dos categorías, pero después de leer La sombra del viento, de La sombra del viento, resulta imposible volver a caminar por determinadas calles sin buscar en ellas una puerta escondida, una librería que quizá ya no existe o la sombra de alguien que acaba de doblar una esquina.

Carlos Ruiz Zafón convirtió Barcelona en mucho más que el escenario de su novela.

La convirtió en uno de sus personajes.

Una Barcelona de niebla, secretos, librerías, edificios modernistas, callejones y recuerdos. Una ciudad herida por la guerra y la posguerra en la que Daniel Sempere comienza a descubrir la historia de Julián Carax y, al mismo tiempo, empieza a construir la suya.

Hoy podemos recorrer buena parte de esa Barcelona.

No exactamente la de la novela —porque algunos de sus lugares pertenecen a la imaginación—, pero sí la ciudad real que Zafón transformó en literatura.

Y quizá esa sea la mejor manera de viajar con un libro.

El viaje comienza entre libros

La primera parada tiene que ser, naturalmente, el Cementerio de los Libros Olvidados.

En la novela es un lugar secreto, casi mágico, escondido en el corazón de Barcelona. Allí Daniel llega acompañado por su padre y recibe una misión que cambiará su vida: escoger un libro y protegerlo para siempre.

El Cementerio no existe como tal.

Pero Zafón lo situó en el entorno del Arc del Teatre, muy cerca de la Rambla de Santa Mònica. El recorrido literario oficial de Barcelona parte precisamente de este entorno y continúa por algunos de los principales escenarios de la novela.

Y hay algo hermoso en esta elección.

Porque para entrar en el mundo de Zafón no necesitamos encontrar realmente el Cementerio.

Solo necesitamos caminar despacio.

Las calles estrechas del Raval, los edificios antiguos y los pasajes que se abren y desaparecen entre las fachadas permiten imaginar que, detrás de alguna puerta, todavía existe ese laberinto de libros que nadie recuerda.

Quizá un lector no necesite más.

La Rambla de Santa Mònica

Desde allí podemos continuar hacia la Rambla.

Pero no hacia la Barcelona de las fotografías turísticas.

Conviene imaginar otra.

La Barcelona de los años cuarenta.

Una ciudad todavía marcada por la guerra, por la pobreza y por los silencios. Una ciudad en la que Daniel y su padre recorren las calles y en la que cada librería parece esconder una historia.

La Rambla de Santa Mònica funciona como una especie de frontera entre la Barcelona real y la Barcelona literaria.

Aquí comienza el viaje.

Y aquí empieza también el misterio.

La plaza Reial

Caminando hacia el interior del Barrio Gótico llegamos a la plaza Reial.

Sus soportales, sus fachadas y sus farolas modernistas ofrecen uno de esos escenarios en los que resulta fácil imaginar a los personajes de Zafón.

La plaza aparece vinculada a la historia de Gustavo Barceló y su sobrina Clara, y algunas rutas literarias utilizan este espacio para reconstruir la Barcelona que Daniel va descubriendo.

Pero quizá lo más interesante sea detenerse un momento y mirar alrededor.

Porque la literatura tiene esa capacidad extraña de modificar los lugares.

La plaza sigue siendo la misma.

Y, sin embargo, después de leer la novela, ya no la vemos exactamente igual.

El Barrio Gótico: una ciudad dentro de otra

Después comienza el verdadero laberinto.

Calles del Gòtic.

Calle del Call.

Plazas pequeñas.

Pasadizos.

Escaleras.

Fachadas que parecen guardar secretos.

La Barcelona de Zafón necesita precisamente estos lugares.

No es casualidad que buena parte de la novela transcurra entre calles estrechas. Daniel está buscando respuestas y la ciudad parece construida para esconderlas.

Entre las paradas de las rutas literarias aparecen también la plaza de Sant Jaume, la calle Santa Anna, la plaza del Pi y otros rincones del casco antiguo.

Aquí conviene caminar sin prisa.

Porque esta no es una ruta para hacer fotografías y marcharse.

Es una ruta para mirar.

Santa Anna y la librería Sempere

Uno de los lugares más especiales es la calle Santa Anna.

Allí se encuentra la librería de los Sempere en el universo de la novela.

La librería es ficticia, pero el lugar que la inspira es real.

La antigua Guantería Alonso, situada en el número 27 de Santa Anna, ocupa un espacio que Zafón utilizó como referencia para situar el establecimiento familiar. La elección tenía además una razón personal: el escritor conocía aquel comercio desde su infancia y acompañaba allí a su abuela.

Y este detalle cambia la manera de mirar la novela.

Porque entonces comprendemos que Zafón no estaba simplemente inventando una Barcelona.

Estaba recuperando la suya.

La ciudad de sus recuerdos.

La ciudad que había perdido físicamente y que podía reconstruir mediante las palabras.

La plaza de Sant Felip Neri

Hay lugares que parecen hechos para una novela.

La plaza de Sant Felip Neri es uno de ellos.

Escondida entre las calles del Barrio Gótico, tiene una atmósfera silenciosa y casi irreal.

Zafón la incorpora a ese universo de sombras y recuerdos.

Y cuando uno llega hasta ella después de haber leído La sombra del viento, comprende por qué.

Aquí Barcelona parece detenerse.

El ruido desaparece.

Las paredes antiguas rodean la pequeña plaza.

Y durante unos minutos es fácil imaginar que Daniel podría aparecer por una de aquellas calles.

O que Nuria Monfort podría estar esperando en algún lugar.

La literatura vuelve a ocupar el espacio.

Els Quatre Gats

El recorrido nos lleva después a uno de los lugares más fascinantes de la Barcelona cultural: Els Quatre Gats.

El restaurante abrió sus puertas en 1897 y se convirtió en punto de encuentro de artistas e intelectuales. Por allí pasaron figuras fundamentales del modernismo catalán y también un joven Pablo Picasso.

Zafón lo incorpora a la novela y lo convierte en uno de esos lugares donde realidad y ficción se mezclan.

Y aquí aparece otra de las características de La sombra del viento.

La novela no inventa una ciudad completamente nueva.

Toma la ciudad que existe y le añade otra dimensión.

Una ciudad invisible que solo pueden ver quienes conocen la historia.

Santa Maria del Mar

Desde el Gòtic podemos continuar hacia Santa Maria del Mar.

La basílica aparece también dentro del recorrido literario y constituye uno de los espacios más reconocibles de la Barcelona de la novela.

Su presencia resulta especialmente poderosa porque Barcelona está llena de iglesias, pero esta tiene algo diferente.

Sus enormes espacios interiores, sus columnas y su piedra crean una sensación de solemnidad que encaja perfectamente con el universo de Zafón.

Después de caminar por callejones oscuros, entrar aquí produce la sensación de haber salido momentáneamente del laberinto.

Pero solo momentáneamente.

Porque en el mundo de Daniel Sempere los secretos nunca están demasiado lejos.

Una ciudad de libros y fantasmas

Lo extraordinario de La sombra del viento es que no necesitamos reconstruir exactamente todos los escenarios.

La Barcelona real ya contiene suficientes elementos para que la imaginación haga el resto.

Una puerta antigua puede convertirse en la entrada de una casa abandonada.

Una librería puede parecer la de los Sempere.

Una calle estrecha puede convertirse en el lugar donde alguien desapareció décadas atrás.

Y una ventana iluminada en mitad de la noche puede ser suficiente para inventar una historia.

Ese es el verdadero viaje literario.

No desplazarse de un lugar a otro.

Sino mirar un lugar conocido y descubrir que puede contener otra historia.

La Barcelona de Zafón

Carlos Ruiz Zafón escribió gran parte de La sombra del viento desde Los Ángeles, pero regresó a la Barcelona de su infancia para construir la ciudad de la novela. Esa distancia quizá contribuyó a convertir los recuerdos en algo todavía más poderoso: una ciudad reconstruida desde la memoria.

Por eso su Barcelona tiene algo que no pertenece completamente a ninguna época.

Es la Barcelona de la posguerra.

Pero también es la Barcelona de la infancia del escritor.

Y, finalmente, es la Barcelona que cada lector imagina.

Una ciudad real transformada por la literatura.

Seguir caminando

Podríamos terminar el recorrido aquí.

Pero sería hacerle una injusticia a la novela.

Porque La sombra del viento no es únicamente una historia sobre Barcelona.

Es una historia sobre los libros, la memoria, el amor, la pérdida y el miedo a desaparecer.

Quizá por eso el Cementerio de los Libros Olvidados sea una imagen tan poderosa.

Los libros pueden desaparecer.

Las personas también.

Los lugares cambian.

Las ciudades derriban edificios y construyen otros.

Las generaciones pasan.

Pero una historia puede permanecer.

Y eso es precisamente lo que ocurre cuando caminamos hoy por Barcelona siguiendo los pasos de Daniel Sempere.

La ciudad que encontramos no es exactamente la que describió Zafón.

Pero tampoco es completamente nuestra.

Durante unas horas pertenece a él.

Pertenece a Daniel.

A Julián Carax.

A Fermín.

A Nuria.

Y a todos aquellos lectores que alguna vez imaginaron que, en algún lugar de Barcelona, detrás de una puerta que nadie mira demasiado, todavía puede existir un cementerio lleno de libros esperando que alguien los recuerde.

Porque quizá esa sea la verdadera magia de los viajes literarios:

llegar a un lugar que ya conocíamos y descubrir que nunca lo habíamos visto realmente.

 

 

 

Por Sofía

Literatura

Imagen portada: openai

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