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Un museo para volver a mirar
Art Zoo Museum, en Ámsterdam, recupera el espíritu de los antiguos gabinetes de curiosidades y propone una mirada distinta sobre la naturaleza. Entre la ciencia, la imaginación y la creación artística, sus colecciones reúnen animales preservados, criaturas fantásticas y restos de especies desaparecidas hace millones de años.
Por Sofía Lovelace
Hay museos que nos enseñan a mirar y otros que consiguen que volvamos a hacerlo. Art Zoo Museum, instalado en una antigua casa del siglo XVII de Ámsterdam, pertenece a esta segunda categoría. Sus salas no se limitan a exhibir animales preservados o piezas extraordinarias: construyen un universo visual en el que la naturaleza, la historia y la imaginación se encuentran.
Detrás de sus composiciones están los artistas neerlandeses Jaap Sinke y Ferry van Tongeren, cuyo trabajo transforma la taxidermia en un lenguaje artístico. Su proyecto recupera la tradición de los antiguos gabinetes de maravillas, aquellos espacios donde los coleccionistas reunían objetos insólitos para explorar los límites del conocimiento.
Pero Art Zoo no mira únicamente hacia el pasado. También plantea preguntas sobre nuestra relación con el mundo natural, la evolución de las especies y la fascinación que sentimos ante aquello que desconocemos.
Darwin entra en el gabinete de las maravillas
El nombre del naturalista Charles Darwin ocupa un lugar especial en el pensamiento de los artistas. Sinke y van Tongeren lo consideran una tercera influencia dentro de su proyecto creativo.
La referencia no es casual. Darwin cambió nuestra manera de comprender la diversidad de los seres vivos y la relación entre las especies. Su teoría de la evolución transformó profundamente la historia de la ciencia y la percepción del mundo natural.
En Art Zoo, esa presencia aparece también a través de una instalación de bustos de Darwin colocados de lado. La imagen introduce un elemento irónico en el edificio, que anteriormente albergó el Museo Bíblico.
El contraste resulta sugerente: un espacio asociado durante años a una determinada tradición religiosa acoge ahora una colección inspirada, entre otras cosas, en el pensamiento de quien transformó la explicación científica de la vida.
La naturaleza deja de ser únicamente un objeto de contemplación para convertirse en una pregunta sobre el origen, la diversidad y el paso del tiempo.
Las criaturas que nunca existieron
No todo lo que aparece en Art Zoo pertenece al mundo animal tal como lo conocemos.
Entre las piezas más llamativas se encuentran los llamados Jenny Hanivers, cuerpos de rayas modificados durante siglos por marineros para hacerlos pasar por criaturas fantásticas. Aquellos objetos se presentaban en ocasiones como pequeños monstruos marinos, dragones o seres desconocidos procedentes de tierras lejanas.
Su aspecto grotesco alimentaba la imaginación de coleccionistas y curiosos. En una época en la que los conocimientos sobre la fauna marina eran limitados, estas falsificaciones encontraban un público dispuesto a creer en la existencia de animales extraordinarios.
La presencia de estas piezas introduce una dimensión histórica especialmente interesante. Los antiguos gabinetes de curiosidades no siempre reunían objetos auténticos. En ocasiones, la frontera entre conocimiento, engaño y espectáculo era muy tenue.
Art Zoo recupera esa tradición sin ocultar su carácter artificioso. Las criaturas fantásticas forman parte de una historia cultural en la que la humanidad ha intentado completar los espacios desconocidos de la naturaleza mediante la imaginación.
Aquellos objetos nos recuerdan que el deseo de descubrir no siempre estuvo acompañado de certezas. Durante siglos, lo desconocido se interpretó, se exageró y, en ocasiones, se inventó. El resultado fue una colección de seres imposibles que alimentaron la imaginación de generaciones de viajeros y coleccionistas.
RELICS: cuando los fósiles se convierten en esculturas
La actividad del museo no se limita a su colección permanente. En abril de 2026 presentó RELICS, una exposición temporal dedicada a transformar restos fósiles en composiciones escultóricas contemporáneas.
La muestra reúne piezas creadas a partir de restos de animales prehistóricos, entre ellos un basilosaurio de aproximadamente quince metros, un mosasaurio y un cráneo de triceratops.
Los fósiles, que normalmente asociamos a vitrinas científicas y reconstrucciones paleontológicas, aparecen aquí integrados en estructuras de acero, coral y terciopelo. La intención no es reconstruir cómo eran los animales ni ofrecer una explicación científica de su anatomía, sino explorar su potencia visual y la relación entre materia, tiempo y memoria.
La exposición establece un diálogo entre la historia natural y el lenguaje barroco. Los restos de criaturas desaparecidas hace millones de años adquieren una nueva presencia mediante composiciones que parecen oscilar entre la escultura y la instalación.
La propuesta amplía el universo de Art Zoo: no solo contempla la belleza de los animales que han habitado nuestro planeta, sino también la huella material que dejaron quienes desaparecieron mucho antes de la aparición de los seres humanos.
Un fósil es, en sí mismo, una forma de memoria. Conserva una huella de un mundo que ya no existe y nos permite acercarnos a formas de vida que precedieron nuestra propia historia. Al convertir esos restos en composiciones artísticas, RELICS propone contemplarlos desde una perspectiva diferente, sin borrar su dimensión científica.
Un museo para volver a mirar
Art Zoo abrió sus puertas el 26 de junio de 2025. Desde entonces ha llamado la atención por su propuesta artística y por la singularidad del edificio que la alberga. En marzo de 2026, la revista TIME incluyó el museo en su selección World’s Greatest Places, un reconocimiento que contribuyó a aumentar su proyección internacional.
La atención informativa que ha recibido ahora, a finales de octubre, ha vuelto a poner en circulación sus imágenes más sorprendentes: el cocodrilo suspendido, las criaturas preservadas y las salas donde los visitantes parecen caminar dentro de una enorme jaula.
Pero reducir Art Zoo a un museo de animales disecados sería quedarse en la superficie.
Su interés reside en la manera en que cuestiona nuestras costumbres visuales. Estamos acostumbrados a contemplar la naturaleza a través de fotografías, documentales, zoológicos o museos científicos. Aquí, sin embargo, los animales aparecen liberados de sus representaciones habituales y convertidos en protagonistas de una puesta en escena.
El resultado puede fascinar, incomodar o incluso provocar rechazo. Y quizá esa diversidad de reacciones forme parte de su sentido artístico.
En una época en la que casi cualquier rincón del planeta puede recorrerse mediante una pantalla, Art Zoo recupera una experiencia antigua: la de entrar en una habitación y encontrarse frente a algo que no sabemos muy bien cómo interpretar.
Un cocodrilo suspendido sobre nuestras cabezas. Un guepardo que parece observarnos desde su descanso. Un esqueleto que recuerda la fragilidad de todas las formas de vida.
En Ámsterdam, las maravillas no están encerradas en un libro de leyendas. Ocupan una casa del siglo XVII y esperan al visitante al otro lado de una puerta.
Sofía
Art Zoo, el museo de las maravillas inquietantes
Imagen portada: openai
Art Zoo Museum explora la relación entre arte y naturaleza a través de Darwin, criaturas fantásticas, fósiles prehistóricos y antiguos gabinetes de curiosidades.
Un museo para volver a mirar
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