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Art Zoo, el museo de las maravillas inquietantes

Art Zoo, el museo de las maravillas inquietantes
Sofia Lovelace
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Art Zoo, el museo de las maravillas inquietantes

En una casa señorial del siglo XVII, en uno de los canales históricos de Ámsterdam, un cocodrilo cuelga del techo, un guepardo parece descansar en una hornacina y un cangrejo gigante extiende sus patas sobre una puerta. No es un museo de historia natural convencional. Es una obra artística que recupera el espíritu de los antiguos gabinetes de curiosidades y convierte la naturaleza en un espectáculo inquietante.

Por Sofía Lovelace

Un cocodrilo suspendido sobre la entrada recibe al visitante con las fauces abiertas. Más adelante, un guepardo parece haberse acomodado en un rincón, un enorme cangrejo araña japonés extiende sus patas sobre una puerta y los huesos de un mastodonte se elevan casi hasta el techo. En otras salas, aves de colores intensos, serpientes, esqueletos y criaturas de aspecto improbable componen una colección que parece detenida entre la ciencia, el arte y la fantasía.

Estamos en Ámsterdam, en el número 368 de Herengracht, uno de los canales más representativos de la ciudad. Allí se encuentra Art Zoo Museum, un espacio que propone una manera diferente de contemplar el mundo animal.

La primera impresión es la de haber entrado en un gabinete de curiosidades de otra época. Sin embargo, detrás de esta acumulación de criaturas existe un proyecto artístico contemporáneo, creado por los artistas neerlandeses Jaap Sinke y Ferry van Tongeren, conocidos junto a su equipo como Darwin, Sinke & Van Tongeren.

Su propósito no consiste en reproducir animales tal como los encontraríamos en la naturaleza. Pretenden otorgarles presencia, carácter y una dimensión casi escenográfica. En sus composiciones, los animales parecen protagonistas de una representación silenciosa.

El resultado es un museo donde la belleza puede resultar incómoda y donde la naturaleza, incluso después de la muerte, parece conservar una extraña capacidad para sorprendernos.

El regreso de los gabinetes de maravillas

Para comprender Art Zoo hay que retroceder varios siglos, hasta los llamados Wunderkammer, expresión alemana que significa literalmente cámaras de maravillas.

Entre los siglos XVI y XVII, algunos aristócratas, comerciantes, científicos y coleccionistas europeos reunían en habitaciones privadas objetos procedentes de lugares lejanos. Allí podían convivir minerales, fósiles, conchas, animales disecados, instrumentos científicos, piezas arqueológicas y objetos cuya procedencia resultaba difícil de explicar.

No existía todavía una separación tan estricta entre arte, ciencia, historia natural y curiosidad. Aquellas colecciones pretendían reunir fragmentos del mundo conocido y desconocido en un mismo espacio. Eran una forma de observar, clasificar y, al mismo tiempo, maravillarse ante la diversidad de la naturaleza.

En ocasiones, los objetos eran extraordinariamente valiosos. En otras, su atractivo residía precisamente en su rareza. Una concha de dimensiones insólitas, un ave de plumaje desconocido o un fósil podían convertirse en el centro de atención de toda una colección.

Los gabinetes de maravillas fueron, en cierto modo, los antepasados de los museos modernos de historia natural. Pero conservaban algo que muchas instituciones posteriores fueron perdiendo: la sorpresa ante lo extraordinario.

Art Zoo recupera ese espíritu y lo traslada a una instalación artística contemporánea. No intenta reconstruir un gabinete histórico de manera arqueológica. Utiliza su lenguaje para crear un universo propio, donde cada sala parece formar parte de una narración visual.

Dos artistas y una naturaleza teatral

Jaap Sinke y Ferry van Tongeren han desarrollado una trayectoria en la que la taxidermia se convierte en un medio de expresión artística.

Su trabajo alcanzó una notable proyección internacional después de que Damien Hirst adquiriera en 2016 una de sus colecciones presentadas en Londres. Desde entonces, sus composiciones han llamado la atención por la manera en que combinan animales preservados, escultura, diseño y referencias históricas.

La diferencia con la taxidermia tradicional es evidente.

En muchos museos de ciencias naturales, los animales aparecen representados en posiciones destinadas a reproducir su comportamiento: un ave sobre una rama, un mamífero en actitud de caminar o un depredador preparado para mostrar sus características anatómicas.

En Art Zoo, en cambio, la intención es provocar una reacción estética. Los animales adoptan posturas inesperadas, ocupan espacios arquitectónicos y establecen relaciones visuales entre ellos. Un cocodrilo puede convertirse en una presencia monumental; un felino parece adquirir una actitud casi humana; un conjunto de huesos puede funcionar como una escultura.

La colección no se limita a mostrar ejemplares. Construye escenas.

En una de las instalaciones, un cangrejo araña japonés despliega sus enormes extremidades sobre una entrada, transformando un elemento cotidiano de la arquitectura en una composición casi fantástica. En otra, un guepardo aparece recostado en una hornacina, como si estuviera descansando después de una larga jornada.

La mirada del visitante deja de buscar información zoológica y empieza a recorrer las salas como si estuviera contemplando una exposición de arte.

Una casa del siglo XVII convertida en obra de arte

La elección del edificio resulta fundamental para comprender el proyecto.

Art Zoo ocupa una casa histórica del siglo XVII situada en Herengracht, uno de los canales del anillo monumental de Ámsterdam. Sus techos decorados, sus estancias y sus elementos arquitectónicos proporcionan un escenario muy distinto al de una galería contemporánea de paredes blancas.

La colección dialoga con la arquitectura. Las vitrinas, las estructuras metálicas, los animales suspendidos y los objetos de distintas épocas convierten cada habitación en una escena independiente.

Los artistas han explicado que les interesa especialmente la relación entre las personas y los animales. En lugar de colocar al visitante frente a ejemplares encerrados en vitrinas convencionales, han creado espacios delimitados por estructuras metálicas negras. La paradoja es deliberada: los seres humanos recorren las salas dentro de recintos, mientras los animales parecen ocupar libremente el edificio.

La inversión de papeles transforma la experiencia. El visitante deja de sentirse dueño de la mirada y pasa a formar parte de una instalación en la que los animales parecen dominar el espacio.

En palabras de Ferry van Tongeren, la intención era que el edificio entero se convirtiera en una obra de arte.

La inquietante belleza de lo que permanece

La taxidermia plantea una cuestión inevitable: ¿por qué seguimos sintiendo fascinación ante los animales muertos?

En Art Zoo, esa pregunta adquiere una dimensión estética. Las criaturas conservan su apariencia exterior, pero ya no pertenecen al mundo vivo. Sus cuerpos han sido preservados y transformados en objetos de contemplación.

La sensación es ambigua. Por una parte, admiramos la belleza de sus formas, los colores del plumaje, la anatomía de los cuerpos y la extraordinaria diversidad del reino animal. Por otra, somos conscientes de que contemplamos restos de seres que ya no existen.

Los artistas aseguran que ninguno de los animales de su colección fue capturado en libertad ni criado para el museo. Según las normas de procedencia que publica la institución, los ejemplares proceden de animales que murieron por causas naturales, principalmente en zoológicos. Es una información relevante en un ámbito donde la procedencia de los especímenes resulta fundamental.

La preservación no devuelve la vida, pero permite contemplar detalles que normalmente pasarían inadvertidos. La textura de una pluma, la estructura de una mandíbula o la complejidad de un esqueleto adquieren una presencia distinta cuando se convierten en el centro de una composición.

La colección no elimina la muerte de la experiencia. La incorpora a ella.

Darwin entra en el gabinete de las maravillas

El nombre del naturalista Charles Darwin ocupa un lugar especial en el pensamiento de los artistas. Sinke y van Tongeren lo consideran una tercera influencia dentro de su proyecto creativo.

La referencia no es casual. Darwin cambió nuestra manera de comprender la diversidad de los seres vivos y la relación entre las especies. Su teoría de la evolución transformó profundamente la historia de la ciencia y la percepción del mundo natural.

En Art Zoo, esa presencia aparece también a través de una instalación de bustos de Darwin colocados de lado. La imagen introduce un elemento irónico en el edificio, que anteriormente albergó el Museo Bíblico.

El contraste resulta sugerente: un espacio asociado durante años a una determinada tradición religiosa acoge ahora una colección inspirada, entre otras cosas, en el pensamiento de quien transformó la explicación científica de la vida.

La naturaleza deja de ser únicamente un objeto de contemplación para convertirse en una pregunta sobre el origen, la diversidad y el paso del tiempo.

Las criaturas que nunca existieron

No todo lo que aparece en Art Zoo pertenece al mundo animal tal como lo conocemos.

Entre las piezas más llamativas se encuentran los llamados Jenny Hanivers, cuerpos de rayas modificados durante siglos por marineros para hacerlos pasar por criaturas fantásticas. Aquellos objetos se presentaban en ocasiones como pequeños monstruos marinos, dragones o seres desconocidos procedentes de tierras lejanas.

Su aspecto grotesco alimentaba la imaginación de coleccionistas y curiosos. En una época en la que los conocimientos sobre la fauna marina eran limitados, estas falsificaciones encontraban un público dispuesto a creer en la existencia de animales extraordinarios.

La presencia de estas piezas introduce una dimensión histórica especialmente interesante. Los antiguos gabinetes de curiosidades no siempre reunían objetos auténticos. En ocasiones, la frontera entre conocimiento, engaño y espectáculo era muy tenue.

Art Zoo recupera esa tradición sin ocultar su carácter artificioso. Las criaturas fantásticas forman parte de una historia cultural en la que la humanidad ha intentado completar los espacios desconocidos de la naturaleza mediante la imaginación.

RELICS: cuando los fósiles se convierten en esculturas

La actividad del museo no se limita a su colección permanente. En abril de 2026 presentó RELICS, una exposición temporal dedicada a transformar restos fósiles en composiciones escultóricas contemporáneas.

La muestra reúne piezas creadas a partir de restos de animales prehistóricos, entre ellos un basilosaurio de aproximadamente quince metros, un mosasaurio y un cráneo de triceratops.

Los fósiles, que normalmente asociamos a vitrinas científicas y reconstrucciones paleontológicas, aparecen aquí integrados en estructuras de acero, coral y terciopelo. La intención no es reconstruir cómo eran los animales ni ofrecer una explicación científica de su anatomía, sino explorar su potencia visual y la relación entre materia, tiempo y memoria.

La exposición establece un diálogo entre la historia natural y el lenguaje barroco. Los restos de criaturas desaparecidas hace millones de años adquieren una nueva presencia mediante composiciones que parecen oscilar entre la escultura y la instalación.

La propuesta amplía el universo de Art Zoo: no solo contempla la belleza de los animales que han habitado nuestro planeta, sino también la huella material que dejaron quienes desaparecieron mucho antes de la aparición de los seres humanos.

Un museo para volver a mirar

Art Zoo abrió sus puertas el 26 de junio de 2025. Desde entonces ha llamado la atención por su propuesta artística y por la singularidad del edificio que la alberga. En marzo de 2026, la revista TIME incluyó el museo en su selección World’s Greatest Places, un reconocimiento que contribuyó a aumentar su proyección internacional.

La atención informativa que ha recibido ahora, a finales de octubre, ha vuelto a poner en circulación sus imágenes más sorprendentes: el cocodrilo suspendido, las criaturas preservadas y las salas donde los visitantes parecen caminar dentro de una enorme jaula.

Pero reducir Art Zoo a un museo de animales disecados sería quedarse en la superficie.

Su interés reside en la manera en que cuestiona nuestras costumbres visuales. Estamos acostumbrados a contemplar la naturaleza a través de fotografías, documentales, zoológicos o museos científicos. Aquí, sin embargo, los animales aparecen liberados de sus representaciones habituales y convertidos en protagonistas de una puesta en escena.

El resultado puede fascinar, incomodar o incluso provocar rechazo. Y quizá esa diversidad de reacciones forme parte de su sentido artístico.

En una época en la que casi cualquier rincón del planeta puede recorrerse mediante una pantalla, Art Zoo recupera una experiencia antigua: la de entrar en una habitación y encontrarse frente a algo que no sabemos muy bien cómo interpretar.

Un cocodrilo suspendido sobre nuestras cabezas. Un guepardo que parece observarnos desde su descanso. Un esqueleto que recuerda la fragilidad de todas las formas de vida.

En Ámsterdam, las maravillas no están encerradas en un libro de leyendas. Ocupan una casa del siglo XVII y esperan al visitante al otro lado de una puerta.

Sofía  

 

Fuentes documentales

  1. Art Zoo Museum – página oficial: https://artzoo.com/
  2. Associated Press – reportaje publicado el 30 de octubre de 2026: https://apnews.com/article/638811cd9b79e6ab9ab21a4d68d70ed6
  3. The Art Newspaper – información sobre los artistas y el museo.
  4. Art Zoo – información sobre la exposición RELICS.
  5. I amsterdam – presentación institucional del museo.

Nota editorial: Art Zoo abrió sus puertas el 26 de junio de 2025. La actualidad del artículo procede del reportaje internacional publicado el 30 de octubre de 2026; no debe presentarse como una inauguración reciente

Artes visuales

Imagen portada: openai

 

Descubre Art Zoo Museum, el extraordinario museo de Ámsterdam que transforma animales preservados, fósiles y criaturas insólitas en obras de arte inspiradas en los antiguos gabinetes de curiosidades.

Art Zoo, el museo de las maravillas inquietantes

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