- John Baer, el fotógrafo que guardó durante décadas la memoria visual de la posguerra - 23 de octubre de 2026
- Cómo reconstruir un pueblo de hace mil años: la arqueología detrás del Archeodromo de Poggibonsi - 23 de octubre de 2026
- Hokusai y el monte Fuji: el artista que convirtió una montaña en un universo - 23 de octubre de 2026
Hokusai y el monte Fuji: el artista que convirtió una montaña en un universo
Una montaña puede ser un accidente geográfico, un símbolo espiritual o una presencia constante en la vida de un pueblo. Para Katsushika Hokusai, el monte Fuji fue todo eso y mucho más: un universo visual que podía transformarse con cada cambio de luz, cada estación y cada lugar desde el que se contemplaba.
A casi dos siglos de su creación, sus Treinta y seis vistas del monte Fuji siguen fascinando por su capacidad para convertir un mismo paisaje en una sucesión de experiencias radicalmente distintas. En unas estampas, la montaña domina el horizonte; en otras, aparece diminuta, casi escondida detrás de las olas, los tejados o las figuras de quienes trabajan y viajan.
Esa extraordinaria diversidad vuelve a ocupar el centro de la atención cultural internacional con una exposición en la Dulwich Picture Gallery de Londres, inaugurada el 20 de octubre de 2026. La muestra reúne la serie completa por primera vez en el Reino Unido, ofreciendo la oportunidad de contemplar las 46 estampas que terminaron componiendo este célebre ciclo. La exposición permanecerá abierta hasta el 17 de enero de 2027.
Más que una colección de paisajes, la obra de Hokusai constituye una lección sobre la mirada: el mundo cambia cuando cambia nuestra posición ante él.
Hokusai, un creador que nunca dejó de buscar
Katsushika Hokusai nació en Edo, la actual Tokio, en 1760. Su trayectoria artística se prolongó durante más de siete décadas, en las que exploró diferentes estilos, técnicas y formas de representación.
Fue pintor, dibujante y maestro de la estampa japonesa, una disciplina que permitía reproducir imágenes mediante planchas de madera talladas e impresas sobre papel. Este procedimiento hizo posible que determinadas imágenes circularan entre públicos mucho más amplios que los que podían acceder a las pinturas originales.
Hokusai trabajó en un Japón que atravesaba importantes transformaciones culturales y comerciales. Las ciudades crecían, los viajes adquirían una presencia creciente en la cultura popular y las imágenes de paisajes, lugares célebres y escenas cotidianas despertaban un interés cada vez mayor.
Cuando comenzó a desarrollar las Treinta y seis vistas del monte Fuji, hacia 1830, el artista rondaba ya los setenta años. Lejos de representar el final de su creatividad, aquella etapa fue una de las más fértiles de su carrera.
Su ambición no consistía simplemente en reproducir una montaña reconocible. Quería demostrar que un mismo elemento del paisaje podía ofrecer posibilidades visuales casi inagotables.
Treinta y seis vistas que terminaron siendo 46
El título de la serie parece anunciar un proyecto limitado: treinta y seis representaciones de una misma montaña. Sin embargo, la popularidad de las estampas llevó a ampliar la colección con diez imágenes adicionales.
El resultado fue un conjunto de 46 obras que exploran el monte Fuji desde diferentes perspectivas, estaciones y condiciones atmosféricas.
En algunas estampas, la montaña aparece como una presencia monumental. En otras, se integra discretamente en escenas dominadas por el trabajo, el transporte, la actividad comercial o las fuerzas de la naturaleza.
La variedad es esencial para comprender el proyecto. Hokusai no buscaba repetir una fórmula que ya había funcionado, sino descubrir qué podía suceder cuando cambiaba el punto de vista.
El Fuji puede contemplarse desde una llanura, desde un camino transitado o desde una embarcación. Puede aparecer bajo un cielo despejado, entre nubes, cubierto de nieve o casi oculto por una tormenta. Cada circunstancia modifica su presencia y, con ella, el sentido de la imagen.
La montaña permanece, pero todo lo que la rodea cambia.
Esta tensión entre permanencia y transformación constituye una de las claves de la serie. Hokusai convierte el paisaje en una experiencia que depende tanto de lo observado como de la posición desde la que se observa.
La gran ola: cuando la naturaleza parece cobrar vida
Entre las estampas de la colección, pocas han alcanzado la fama de Bajo la ola de Kanagawa, conocida internacionalmente como La gran ola.
La composición muestra una enorme ola que se curva sobre varias embarcaciones, mientras el monte Fuji aparece al fondo, pequeño y aparentemente distante. Las crestas blancas de la espuma recuerdan formas afiladas que parecen abalanzarse sobre los navegantes.
El contraste entre la violencia del agua y la quietud de la montaña produce una tensión extraordinaria. La naturaleza no aparece como un escenario tranquilo al servicio del ser humano, sino como una fuerza capaz de reducirlo a una presencia frágil.
Sin embargo, la obra no transmite únicamente peligro. También existe en ella un equilibrio cuidadosamente construido entre las líneas curvas de la ola, la disposición de las embarcaciones y la forma geométrica del Fuji.
La mirada se desplaza entre esos elementos y descubre una composición en la que movimiento y estabilidad parecen enfrentarse.
La fama de La gran ola ha terminado convirtiéndola en una imagen casi independiente de la serie a la que pertenece. Pero contemplarla dentro del conjunto permite comprender mejor el proyecto de Hokusai: la montaña no es un simple fondo, sino una presencia que adquiere un significado diferente en cada escena.
La ola impresiona por su fuerza, pero el Fuji permanece como el eje silencioso alrededor del cual gira la composición.
El monte Fuji bajo la luz y el clima
Otra de las imágenes más conocidas del ciclo es Viento suave, mañana despejada, también denominada Fuji rojo. En ella, la montaña aparece teñida por los tonos rojizos del amanecer, mientras una franja de nubes y un cielo más claro completan la composición.
La escena transmite una sensación muy distinta a la de La gran ola. Aquí no domina el movimiento violento, sino una quietud casi monumental. El color convierte al Fuji en una presencia que parece surgir de la propia luz.
La comparación entre ambas estampas revela la amplitud de la mirada de Hokusai. La misma montaña puede ser testigo de una lucha entre el ser humano y el mar o convertirse en el centro de una escena serena, definida por las variaciones del cielo.
El artista también exploró la lluvia, la nieve, las tormentas y los cambios repentinos del viento. El clima no funciona como un adorno añadido al paisaje: determina su carácter y transforma la relación entre los personajes y el entorno.
Los árboles se inclinan, las personas protegen sus pertenencias y los viajeros continúan su camino bajo condiciones cambiantes. En esas escenas, el paisaje se convierte en una fuerza activa que condiciona la vida cotidiana.
La naturaleza de Hokusai no está separada de la experiencia humana. Ambas forman parte de un mismo mundo.
Una montaña sagrada en la vida cotidiana
Para comprender la importancia del monte Fuji en la obra de Hokusai, es necesario tener presente su lugar en la cultura japonesa.
La montaña, la más alta de Japón, ha sido durante siglos una presencia fundamental en las tradiciones religiosas, literarias y artísticas del país. Su silueta reconocible y su asociación con prácticas de peregrinación contribuyeron a convertirla en un símbolo de gran significado espiritual y cultural.
Hokusai supo trabajar con esa dimensión simbólica sin reducir sus imágenes a una representación solemne o distante.
En sus estampas aparecen trabajadores, viajeros, pescadores y habitantes de distintas localidades. El Fuji comparte el espacio visual con las actividades ordinarias de una sociedad en movimiento.
Esta convivencia resulta esencial. La montaña puede representar una presencia duradera, pero la vida que transcurre a su alrededor está llena de cambios, esfuerzos y accidentes cotidianos.
El artista no necesita mostrar a sus personajes contemplando el paisaje para establecer una relación con él. A veces, las figuras están ocupadas en sus tareas y ni siquiera parecen reparar en la montaña que aparece a lo lejos.
Es el espectador quien descubre esa presencia y comprende que, aunque los personajes no la miren, forma parte de su mundo.
La serie ofrece así una reflexión visual sobre el lugar que ocupan las personas en un entorno mucho más amplio que sus preocupaciones inmediatas.
El secreto de una imagen que parece sencilla
La fuerza de las estampas de Hokusai reside también en su extraordinaria capacidad para organizar la imagen.
El artista utilizó encuadres atrevidos, contrastes de escala y formas geométricas que permiten comprender la escena sin necesidad de acumular detalles innecesarios. En ocasiones, el primer plano domina la composición y obliga a descubrir la montaña en una zona secundaria.
Esta inversión de las jerarquías visuales hace que el espectador tenga que buscar aquello que el título promete mostrar.
El color desempeña igualmente un papel fundamental. En la serie destaca el uso del azul de Prusia, un pigmento sintético que había llegado a Japón desde Europa y que ofrecía una intensidad y una estabilidad apreciadas por los artistas de la estampa.
Su presencia contribuye a la profundidad de los paisajes y al contraste entre el agua, el cielo y las formas del entorno.
La técnica de la estampa japonesa también exigía una estrecha colaboración entre el artista, los talladores de las planchas y los impresores. La imagen final dependía de la precisión con la que se trasladaban los dibujos a la madera y se aplicaban los colores sobre el papel.
Por ello, las estampas de Hokusai no deben entenderse únicamente como el resultado de una inspiración individual. Son también el fruto de un proceso artesanal complejo que permitió alcanzar una gran riqueza visual mediante la reproducción.
La aparente sencillez de muchas composiciones esconde un conocimiento profundo de la línea, el espacio, el ritmo y el color.
La influencia de Hokusai en el arte occidental
Durante el siglo XIX, las estampas japonesas llegaron a Europa y despertaron un enorme interés entre artistas, coleccionistas y diseñadores. Este fenómeno, conocido como japonismo, contribuyó a transformar la manera en que numerosos creadores occidentales concebían la composición, el color y la representación del paisaje.
La obra de Hokusai se convirtió en una referencia fundamental de ese intercambio cultural.
Artistas como Vincent van Gogh y Claude Monet mostraron interés por las estampas japonesas y por las posibilidades expresivas de sus encuadres, sus colores y su relación con la naturaleza.
Las composiciones que prescindían de la perspectiva tradicional, los contornos definidos y las grandes áreas de color ofrecían alternativas a las convenciones académicas europeas.
La influencia no consistió simplemente en copiar motivos japoneses. También implicó descubrir otras maneras de organizar la superficie pictórica y de seleccionar aquello que debía aparecer dentro de una imagen.
En ese sentido, Hokusai contribuyó a ampliar el vocabulario visual de la modernidad. Su legado demuestra que la historia del arte no se desarrolla mediante tradiciones aisladas, sino a través de encuentros, intercambios y reinterpretaciones entre culturas.
Una exposición para descubrir lo que hay más allá de la gran ola
La muestra de la Dulwich Picture Gallery ofrece una oportunidad especialmente significativa porque reúne por primera vez en el Reino Unido la serie completa de Treinta y seis vistas del monte Fuji, incluidas las diez estampas añadidas posteriormente.
El visitante puede descubrir cómo evoluciona la mirada de Hokusai a lo largo del conjunto y comprobar que la célebre ola constituye solo una parte de un proyecto mucho más amplio.
La exposición, procedente de la colección Iuchi y organizada en colaboración con el Museo Nacional de Arte Occidental de Tokio, permite contemplar las diferentes maneras en que el artista representó la montaña y su relación con el paisaje y la vida cotidiana.
La experiencia de observar las estampas como conjunto modifica nuestra percepción de cada una de ellas. Las imágenes dejan de ser piezas aisladas y empiezan a establecer relaciones entre sí: una tormenta dialoga con una mañana despejada; una montaña monumental contrasta con otra apenas visible; el movimiento del agua encuentra su contrapunto en la estabilidad del horizonte.
La exposición permanecerá abierta hasta el 17 de enero de 2027 en Londres.
Más allá de su interés para los especialistas en arte japonés, la muestra invita a cualquier visitante a preguntarse qué significa mirar un paisaje y hasta qué punto nuestra percepción depende de las circunstancias.
El arte de volver a mirar
Hokusai dedicó una parte fundamental de su madurez a observar una misma montaña desde perspectivas distintas. No necesitó cambiar constantemente de tema para descubrir nuevas posibilidades; le bastó con modificar el punto de vista, prestar atención a la luz o incorporar la presencia de quienes habitaban el paisaje.
Su obra recuerda que la repetición no tiene por qué conducir a la monotonía. Cuando cambia nuestra forma de mirar, también cambia aquello que creemos conocer.
El monte Fuji permanece en las 46 estampas, pero nunca aparece exactamente igual. A veces domina la escena; otras, parece desaparecer. Puede ser una presencia serena o quedar rodeado por la violencia de las olas. Está en el horizonte de quienes viajan, trabajan y atraviesan el paisaje sin detenerse necesariamente a contemplarlo.
Quizá ahí resida la extraordinaria vigencia de Hokusai. Sus imágenes nos enseñan que observar no consiste en acumular vistas, sino en descubrir relaciones que antes no habíamos percibido.
Casi dos siglos después de su creación, las Treinta y seis vistas del monte Fuji siguen ofreciendo una lección de atención. La montaña no necesita moverse para convertirse en otra cosa: basta con que cambien la luz, el clima, el entorno o nuestra posición ante ella.
Y es entonces cuando comprendemos que, en manos de un gran artista, un solo paisaje puede contener un mundo entero.
Por Sofía
Fuente principal: Dulwich Picture Gallery — exposición oficial
Imagen portada: openai
Hokusai transformó el monte Fuji en una obra de arte infinita. Descubre las 36 vistas, sus estampas más célebres y su influencia mundial.
Hokusai y el monte Fuji: el artista que convirtió una montaña en un universo
Sobre el contador
El contador registra los artículos que lees en este navegador durante un periodo de 12 meses. No utilizamos tu dirección IP ni identificamos quién eres. Si quieres desactivar el contador, activa Funcionales.
Puedes gestionar esta funcionalidad desde Configurar cookies.
Luz Cultural es un proyecto cultural independiente. Si quieres ayudarnos a seguir creciendo, puedes apoyar el proyecto.
APOYAR LUZ CULTURAL

Más leídos