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Mavis Pusey: la artista que convirtió las heridas de la ciudad en geometría

Mavis Pusey: la artista que convirtió las heridas de la ciudad en geometría
Sofia Lovelace
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Mavis Pusey: la artista que convirtió las heridas de la ciudad en geometría

Por Sofía Lovelace | Diario Digital Luz Cultural

Hay ciudades que parecen construirse sobre sus propias ruinas. Edificios que desaparecen, fachadas que se desmoronan, calles que cambian de rostro y estructuras que dejan tras de sí una huella difícil de borrar. Para Mavis Pusey, aquella transformación urbana no era únicamente una realidad material: también podía convertirse en una forma de expresión artística.

La artista jamaicana, nacida en 1928 y fallecida en 2019, desarrolló durante más de cinco décadas un lenguaje abstracto en el que las líneas, los planos y las formas geométricas dialogan con el movimiento de las ciudades, la arquitectura y la experiencia cotidiana. Su obra vuelve a ocupar un lugar destacado con Mavis Pusey: Mobile Images, una exposición que el Hammer Museum de Los Ángeles presenta desde el 11 de octubre de 2026 hasta el 28 de febrero de 2027.

La muestra reúne más de sesenta obras y propone una revisión de la trayectoria de una creadora cuya aportación a la abstracción geométrica ha recibido menos atención de la que merece. No se trata solamente de recuperar un nombre: la exposición invita a observar cómo una artista puede transformar la experiencia de vivir en distintas ciudades en un vocabulario visual propio.

De Jamaica a las ciudades del arte

Mavis Pusey nació en Jamaica en 1928. Su trayectoria la llevó a vivir y trabajar en diferentes lugares, entre ellos Londres, París, Nueva York y Filadelfia. Esos desplazamientos no fueron un simple telón de fondo biográfico. Las ciudades y sus transformaciones se convirtieron en una fuente constante de observación y experimentación.

En Londres trabajó como patronista y estudió grabado con Birgit Skiöld. La experiencia del diseño textil y de la construcción de patrones ayuda a comprender la importancia que adquieren en sus obras las estructuras, las repeticiones y las relaciones entre las partes. Sus composiciones no parecen surgir de una abstracción desligada del mundo, sino de una mirada capaz de descubrir ritmos visuales en los objetos y espacios cotidianos.

París le proporcionó otra experiencia decisiva. Durante las protestas de mayo de 1968, Pusey se encontró en medio de un escenario de agitación callejera. Aquella vivencia se relacionaría con una serie de litografías en las que aparecen formas entrecruzadas, signos musicales y líneas que parecen competir por el espacio. La tensión no se representa necesariamente mediante figuras reconocibles: se convierte en ritmo, contraste y movimiento.

Cuando regresó a Nueva York, en 1969, continuó observando la transformación de la ciudad. Fotografió edificios en demolición y nuevas construcciones, y estudió la historia urbana. En ese paisaje de desapariciones y comienzos encontró una materia artística que iba mucho más allá de la representación arquitectónica.

La ciudad como una construcción inestable

Uno de los aspectos más interesantes de la obra de Pusey es su capacidad para hacer que la abstracción parezca física. Sus líneas no son únicamente líneas; evocan vigas, andamios, muros, ventanas, tabiques y estructuras que se sostienen unas a otras, a veces con una estabilidad que parece provisional.

En obras como Within Manhattan, de 1977, los elementos arquitectónicos se acumulan y se enfrentan. Las formas recuerdan fragmentos de edificios, superficies superpuestas y materiales que han quedado expuestos tras una demolición. La composición transmite una sensación de presión: cada parte parece reclamar su lugar sin que exista un equilibrio definitivo.

La ciudad aparece así como un organismo en permanente reconstrucción. Lo que desaparece deja espacio para algo nuevo, pero la renovación no borra necesariamente las huellas anteriores. Bajo las superficies permanecen rastros de vidas, usos y experiencias.

Esta dimensión resulta especialmente significativa en su serie Broken Construction, desarrollada entre las décadas de 1960 y 1990. La destrucción y la renovación funcionan en ella como metáforas de los cambios sociales. La artista no necesita contar una historia de forma literal: la tensión entre las formas y su aparente desequilibrio permite intuirla.

Una abstracción que no necesita representar el mundo

La trayectoria de Pusey también cuestiona una idea persistente sobre la abstracción: que alejarse de la figuración significa alejarse de la realidad.

Su trabajo demuestra lo contrario. Las formas geométricas pueden contener referencias al trabajo, la arquitectura, el desplazamiento, la memoria y los cambios de una sociedad. La experiencia se transforma en estructura visual, y la estructura adquiere una energía que el espectador puede percibir incluso sin conocer los acontecimientos que la inspiraron.

Su interés por el color, el diseño y la composición la sitúa en una tradición moderna que buscó nuevas formas de ordenar la experiencia visual. Sin embargo, su condición de mujer negra que trabajaba en un campo dominado durante buena parte del siglo XX por hombres blancos añadió dificultades a su reconocimiento.

En 1971, una de sus obras monumentales, Dejygea, fue seleccionada para la exposición Contemporary Black Artists in America, organizada por el Whitney Museum of American Art. La presencia de artistas negros en las instituciones culturales estadounidenses estaba entonces atravesada por intensos debates sobre representación, reconocimiento y poder institucional.

Pusey mantuvo su compromiso con la abstracción. Su obra no puede reducirse a una respuesta a las expectativas políticas o sociales de su tiempo: su lenguaje posee una identidad propia, construida mediante la experimentación con las formas, los materiales y el espacio.

Recuperar una trayectoria olvidada

La exposición del Hammer Museum es el resultado de más de una década de investigación y colaboración. Organizada junto con el Institute of Contemporary Art de la Universidad de Pensilvania y el Studio Museum in Harlem, reúne pinturas, grabados, dibujos y materiales de archivo para ofrecer una visión amplia de su producción.

El recorrido permite relacionar sus decisiones formales con las circunstancias que acompañaron su vida. También abre una pregunta sobre la historia del arte: ¿cuántas trayectorias importantes han quedado en segundo plano porque no encajaban en los relatos más difundidos de la modernidad?

Recuperar a Mavis Pusey no exige convertirla en una figura marginal por definición ni atribuirle una influencia que las fuentes no han demostrado. Exige, más sencillamente, mirar su obra con atención y reconocer la singularidad de una investigación artística prolongada, coherente y abierta al mundo.

Sus composiciones nos recuerdan que una ciudad no está hecha únicamente de edificios terminados. También la forman las demoliciones, las estructuras provisionales, los espacios vacíos y las marcas que deja el tiempo. En esas fracturas, Pusey encontró una geometría capaz de hablar de la transformación.

Quizá por eso sus pinturas siguen resultando sugerentes: porque no ofrecen un mundo inmóvil, sino uno que se construye y se deshace continuamente. Un mundo en el que incluso las ruinas pueden convertirse en el comienzo de una forma nueva.

 

Por Sofía

Pintura

Imagen portada: openai

Mavis Pusey, artista jamaicana de la abstracción geométrica, protagoniza una retrospectiva en Los Ángeles que recupera cinco décadas de creación

Mavis Pusey: la artista que convirtió las heridas de la ciudad en geometría

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