- Sabine Marcelis: cuando la luz deja de iluminar y se convierte en arte - 3 de noviembre de 2026
- Los emperadores que regresan a casa: el largo viaje de los bronces de Boubon - 3 de noviembre de 2026
- Los símbolos que cruzaron el océano hace 4.000 años - 3 de noviembre de 2026
Sabine Marcelis: cuando la luz deja de iluminar y se convierte en arte
En Zúrich, la diseñadora neerlandesa transforma lámparas, espejos, materiales translúcidos y reflejos en espacios que parecen escapar de sus propios límites. Su primera exposición individual en un museo propone una experiencia en la que la luz deja de ser un recurso para convertirse en materia, volumen y arquitectura.
Por Sofía
Hay objetos que cambian por completo cuando la luz los atraviesa. Una superficie de vidrio puede adquirir profundidad; una pieza de resina parece guardar un color en su interior; un reflejo transforma una habitación y altera nuestra percepción de sus dimensiones. En la obra de Sabine Marcelis, esas transformaciones no son efectos secundarios: constituyen el centro mismo de la creación.
La diseñadora neerlandesa presenta en el Museum für Gestaltung de Zúrich Light and Color, su primera exposición individual en un museo. Abierta desde el 30 de octubre de 2026 y visitable hasta el 4 de abril de 2027, la muestra reúne trabajos de los últimos años y nuevas instalaciones concebidas específicamente para el espacio expositivo.
El recorrido permite acercarse a una práctica que se mueve entre el diseño, el arte y la arquitectura. Marcelis trabaja con vidrio, resina, piedra natural, luz y superficies reflectantes para investigar cómo los materiales pueden modificar un espacio y la manera en que lo habitamos.
No se trata únicamente de contemplar objetos bellos. La exposición invita a experimentar con la percepción: caminar entre luces, observar cómo se multiplican los reflejos y descubrir que aquello que parecía una superficie sencilla puede convertirse en una experiencia espacial.
Un túnel de luz que parece no terminar
Una de las instalaciones más llamativas de la exposición nace de la colaboración de Marcelis con IKEA para la colección VARMBLIXT.
La diseñadora ha utilizado 125 lámparas anulares para construir un túnel transitable de once metros de longitud. Una pared de espejos con un degradado cromático multiplica las luminarias y produce la impresión de un espacio que continúa mucho más allá de sus dimensiones reales.
El círculo, una forma recurrente en el lenguaje visual de Marcelis, adquiere aquí una nueva escala. La lámpara deja de funcionar como un objeto aislado y pasa a formar parte de una composición arquitectónica. La repetición, la luz y el reflejo modifican la percepción de la profundidad y convierten un producto diseñado para el hogar en una instalación inmersiva.
La operación resulta especialmente interesante porque no depende de una tecnología espectacular ni de una estructura compleja. Parte de un objeto cotidiano y altera su significado mediante la disposición espacial y la reflexión.
El visitante no contempla el túnel desde fuera: puede atravesarlo. Su propio movimiento forma parte de la experiencia.
Ocho columnas de luz en movimiento
Otra de las propuestas destacadas es Mathmos Lava Columns, desarrollada en colaboración con el fabricante británico Mathmos.
Marcelis retoma la lámpara de lava, un objeto cuyo origen se remonta a 1963, y la transforma en una instalación de grandes dimensiones. Ocho columnas luminosas, de casi tres metros de altura, se disponen junto a superficies reflectantes que multiplican sus formas y amplían visualmente el espacio.
La materia parece estar en permanente transformación. Las formas coloreadas se desplazan lentamente en el interior de las columnas, mientras la luz modifica su apariencia y convierte el movimiento en parte esencial de la obra.
La referencia a un objeto popular de la cultura doméstica introduce otra dimensión en la propuesta. La lámpara de lava, asociada durante décadas a la decoración y al imaginario visual de los años sesenta y setenta, adquiere aquí una escala monumental.
Marcelis no renuncia a su carácter lúdico. Lo amplía, lo lleva a otra dimensión y demuestra que un objeto conocido puede adquirir una presencia completamente distinta cuando cambia su relación con el espacio.
Capturar un rayo de sol
La instalación Sunbeam Captured, realizada junto al artista Boris Acket, propone una experiencia diferente.
El punto de partida es un fenómeno natural: la interacción entre la luz solar y el agua. Una fina superficie de agua se mueve mediante ondas generadas mecánicamente, mientras una fuente luminosa móvil reproduce el recorrido del sol.
Los reflejos resultantes se proyectan en el espacio y adquieren distintos matices cromáticos. Un espejo con un degradado que transita del azul al naranja intensifica las variaciones y evoca los cambios de temperatura de la luz natural.
La obra intenta convertir en experiencia espacial algo que normalmente contemplamos de manera fugaz: el movimiento de la luz sobre una superficie líquida.
Aquí no hay una imagen fija que pueda resumir la instalación. Su apariencia cambia continuamente. El tiempo, el movimiento y la posición del espectador participan en la percepción de la obra.
El título parece expresar una aspiración imposible: atrapar un rayo de sol. Sin embargo, Marcelis y Acket no pretenden detener la naturaleza, sino recrear algunas de sus transformaciones mediante recursos mecánicos y materiales.
El color como materia
Nacida en 1985, Sabine Marcelis creció en Nueva Zelanda y estudió en la Design Academy Eindhoven, en los Países Bajos. En 2014 estableció su propio estudio en Róterdam.
Desde entonces ha desarrollado una trayectoria internacional en la que el diseño de producto y las instalaciones de gran formato conviven con la experimentación material. Sus trabajos se reconocen por la precisión formal, el uso de materiales translúcidos y una especial atención a la interacción entre luz, color y superficie.
El vidrio y la resina ocupan un lugar destacado en su práctica. No son simplemente soportes o componentes de una pieza: sus propiedades ópticas determinan buena parte de su apariencia. La transparencia, la reflexión y la refracción permiten que el color parezca contenido dentro de los objetos o que se proyecte sobre el entorno.
En sus composiciones, la forma suele ser sencilla. Sin embargo, esa simplicidad exige un control preciso de los materiales, de la iluminación y de las condiciones en las que cada pieza se presenta.
La exposición incluye también muestras y estudios de materiales que permiten acercarse al proceso de trabajo de la diseñadora. Es una oportunidad para comprender que detrás de la aparente ligereza de sus obras existe una investigación constante sobre las propiedades físicas y visuales de cada elemento.
Cuando el espacio también forma parte de la obra
Light and Color plantea una cuestión que va más allá del diseño de luminarias o de la creación de objetos singulares: ¿dónde termina una obra cuando su apariencia depende de todo lo que la rodea?
En las instalaciones de Marcelis, el entorno no funciona como un simple escenario. Los espejos amplían los espacios, la luz modifica las superficies y los materiales establecen relaciones con aquello que tienen alrededor. El resultado no puede entenderse únicamente observando una pieza aislada.
El visitante descubre que su percepción cambia al desplazarse. Una misma instalación puede ofrecer imágenes distintas según el punto desde el que se contemple, la intensidad de la luz o la relación entre los elementos que la componen.
Esa dimensión experiencial explica el interés de una exposición que se sitúa en un territorio compartido por el diseño, el arte contemporáneo y la arquitectura.
La luz suele estar presente en nuestra vida cotidiana sin que apenas reparemos en ella. Ilumina los objetos, define los espacios y nos permite distinguir las formas. Sabine Marcelis propone invertir esa relación: en lugar de utilizar la luz para mostrar algo, convierte la propia luz en aquello que merece ser observado.
Quizá ahí reside la singularidad de su trabajo. En recordarnos que no siempre necesitamos añadir más objetos para transformar un espacio. A veces basta con modificar la manera en que la luz lo atraviesa.
La exposición Sabine Marcelis – Light and Color puede visitarse en el Museum für Gestaltung de Zúrich, en la sede Toni-Areal, hasta el 4 de abril de 2027.
Fuentes y documentación
Artes visuales
Imagen portada: openai
Sabine Marcelis: cuando la luz deja de iluminar y se convierte en arte
Sobre el contador
El contador registra los artículos que lees en este navegador durante un periodo de 12 meses. No utilizamos tu dirección IP ni identificamos quién eres. Si quieres desactivar el contador, activa Funcionales.
Puedes gestionar esta funcionalidad desde Configurar cookies.
Luz Cultural es un proyecto cultural independiente. Si quieres ayudarnos a seguir creciendo, puedes apoyar el proyecto.
APOYAR LUZ CULTURAL

Más leídos