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Los símbolos que cruzaron el océano hace 4.000 años

Los símbolos que cruzaron el océano hace 4.000 años
Sofia Lovelace
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Los símbolos que cruzaron el océano hace 4.000 años

Una pequeña placa de piedra pintada, descubierta en una isla de Indonesia, conserva uno de los testimonios más antiguos del arte simbólico austronesio. Sus círculos concéntricos y sus líneas radiantes abren una ventana a las ideas, las creencias y las conexiones culturales de los antiguos navegantes del sudeste asiático.

Por Sofía Lovelace

Hace cuatro mil años, mucho antes de que las grandes rutas marítimas quedaran reflejadas en los mapas, comunidades humanas atravesaban los mares del sudeste asiático y del Pacífico transportando herramientas, conocimientos y formas de vida. Pero quizá llevaban consigo algo menos visible y no menos importante: sus símbolos.

Una pequeña placa de piedra encontrada en la isla de Wetar, en el archipiélago indonesio de las Molucas, ha proporcionado una nueva pista sobre ese mundo. Pintada con círculos concéntricos de color rojo y líneas que irradian desde el centro como los rayos del sol, la pieza tiene entre 3.900 y 4.090 años de antigüedad, según la datación del depósito arqueológico en el que fue recuperada.

El hallazgo fue realizado durante las excavaciones del abrigo rocoso de Huknaur por un equipo internacional dirigido por investigadores de la Universidad Nacional Australiana y de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Indonesia.

El estudio, publicado en agosto de 2026 en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), aporta algo especialmente valioso: el primer ejemplo arqueológico conocido de arte portátil perteneciente a la denominada Tradición Pictórica Austronesia.

No es solamente una pieza antigua. Es una prueba de que determinados motivos visuales podían abandonar las paredes de las cuevas y acompañar a las personas en sus desplazamientos.

Un símbolo que llevaba siglos esperando una fecha

La Tradición Pictórica Austronesia, conocida por sus siglas inglesas APT, comprende un conjunto de manifestaciones rupestres localizadas en el este de Indonesia, Nueva Guinea y otras islas del Pacífico occidental.

Sus representaciones incluyen pequeñas figuras humanas, embarcaciones y composiciones geométricas. Entre sus motivos más reconocibles aparecen los círculos concéntricos y las líneas radiales que recuerdan a una figura solar.

Hasta ahora, una de las principales dificultades para estudiar esta tradición era establecer su antigüedad. Buena parte de las pinturas conocidas se encuentra en paredes de cuevas, acantilados y abrigos rocosos expuestos a la erosión y a las condiciones ambientales. Determinar cuándo fueron realizadas resulta complicado.

La placa de Wetar ofrece una oportunidad distinta. Fue recuperada durante una excavación arqueológica y apareció en un estrato situado entre las ocupaciones paleolíticas y neolíticas del lugar.

La datación por radiocarbono de los depósitos sitúa ese contexto entre aproximadamente 4.090 y 3.900 años antes del presente. La pieza, por tanto, proporciona una referencia cronológica excepcional para este repertorio artístico.

Su importancia aumenta al compararla con otro dato del yacimiento: las primeras cerámicas austronesias identificadas en Huknaur corresponden a unos 3.500 años atrás. El motivo pintado sobre la piedra es, por tanto, aproximadamente cinco siglos anterior a esas primeras evidencias cerámicas locales.

La secuencia obliga a reconsiderar algunas ideas sobre la expansión cultural de las comunidades austronesias.

Arte que podía viajar

La diferencia entre una pintura fijada a una pared y una imagen realizada sobre un objeto transportable puede parecer pequeña. Sin embargo, desde el punto de vista arqueológico, abre posibilidades muy distintas.

Una representación rupestre permanece vinculada a un lugar concreto. Un objeto portátil puede desplazarse, cambiar de manos y acompañar a sus propietarios a otros territorios.

Los investigadores consideran que estos símbolos pudieron contribuir a expresar identidades compartidas, vínculos entre comunidades y creencias. Motivos solares semejantes aparecen documentados históricamente en embarcaciones y otros objetos de la región, donde podían desempeñar funciones protectoras o actuar como marcas de pertenencia a un grupo.

No obstante, es importante distinguir entre lo que demuestra el hallazgo y lo que los investigadores proponen como interpretación. No conocemos con certeza el significado de los círculos de la placa ni podemos afirmar que fueran un amuleto, una representación religiosa o un emblema de una comunidad determinada.

Lo que sí sabemos es que el motivo pertenece a una tradición visual reconocible y que, hace aproximadamente cuatro milenios, ya se encontraba sobre un soporte que podía ser trasladado.

Esa posibilidad transforma la manera de imaginar la circulación de las imágenes en las sociedades prehistóricas.

Los navegantes que transportaban ideas

La expansión austronesia constituye uno de los grandes movimientos humanos de la prehistoria. Los descendientes de poblaciones procedentes de Taiwán llegaron a establecerse en territorios insulares extraordinariamente alejados, desde Madagascar hasta Rapa Nui, en el Pacífico.

El mar no fue únicamente una barrera que debían superar. También fue un espacio de comunicación, intercambio y desplazamiento.

La placa de Wetar aporta información sobre una dimensión menos tangible de ese proceso. Las migraciones no implicaban solamente la llegada de nuevas técnicas, herramientas o formas de producción. También podían transportar sistemas de representación, tradiciones visuales y maneras compartidas de interpretar el mundo.

El hecho de que el motivo aparezca antes de las primeras cerámicas austronesias documentadas en el yacimiento resulta especialmente significativo. Sugiere que ciertos elementos culturales y simbólicos pudieron acompañar a las primeras fases de expansión sin depender de la presencia de todos los objetos materiales que tradicionalmente se utilizan para identificar esas migraciones.

Los investigadores plantean que una ideología simbólica compartida pudo desempeñar un papel en la conexión entre comunidades insulares. No se trata de una conclusión definitiva sobre las creencias de aquellas poblaciones, sino de una hipótesis respaldada por la cronología y la distribución de los motivos.

La memoria de un mundo anterior a la escritura

La piedra de Wetar no conserva palabras. Tampoco permite escuchar las historias que pudieron acompañar a sus dibujos. Sin embargo, su superficie pintada ofrece algo que la arqueología valora especialmente: una huella material de la imaginación humana.

Los círculos concéntricos parecen organizarse alrededor de un centro. Las líneas que se extienden hacia el exterior producen una sensación de expansión, como si la imagen quisiera representar un movimiento que no termina en sus propios límites.

Podemos contemplarla e intentar interpretar su apariencia, pero debemos resistir la tentación de asignarle un significado que no conocemos. Su valor no depende de que podamos traducirla a nuestro lenguaje actual.

Quizá lo más revelador sea pensar que alguien decidió pintar esos signos sobre una piedra, conservarla o utilizarla y llevarla consigo en un mundo en el que las distancias marítimas exigían conocimientos y capacidades extraordinarias.

Cuatro mil años después, el objeto ha sobrevivido a sus autores, a sus viajes y a las comunidades que pudieron reconocerlo. No sabemos quién lo sostuvo ni qué historia le atribuía. Pero sabemos que aquellos seres humanos no se limitaban a desplazarse por el océano: también construían símbolos para expresar aquello que compartían.

La placa de Wetar nos recuerda que la historia de las grandes migraciones humanas no está hecha únicamente de rutas y asentamientos. También está formada por imágenes, creencias y formas de identidad que viajaron con las personas mucho antes de que existieran los libros para contarlas.

A veces, una pequeña piedra puede conservar la memoria de un mundo entero.

 

Por Sofía

 Especiales

Imagen portada: openai

Fuentes documentales

Estudio científico original – Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Australian National University – Ancient maritime voyagers carried symbolic art 4,000 years ago.

ABC Australia – 4,000-year-old rock painting in Indonesia.

Los símbolos que cruzaron el océano hace 4.000 años

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