M3

Xavier Pardell Peña: tecnología médica, ciencia y literatura, dos formas de mirar el mundo.

Xavier Pardell Peña: tecnología médica, ciencia y literatura, dos formas de mirar el mundo.
Carlos J. Rascón
🎧 Audioguía Cultural (Beta)


♿ Accesibilidad y otras formas de escuchar este artículo

Xavier Pardell Peña: tecnología médica, ciencia y literatura, dos formas de mirar el mundo.

Luz Cultural

Xavier Pardell Peña (Barcelona, 1959) ha desarrollado una trayectoria profesional vinculada a la electromedicina y la tecnología médica, participando en el desarrollo, análisis e integración de equipos sanitarios. Su actividad profesional se ha complementado con una importante labor como autor y creador de contenidos literarios.

Es miembro de la Asociación de Autores Científico-Técnicos y Académicos, del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO) y de la Asociación Colegial de Escritores de España.

En esta conversación hablamos con Xavier Pardell sobre tecnología médica, ciencia, literatura, inteligencia artificial y, sobre todo, sobre la curiosidad que puede llevar a una persona a transitar entre dos mundos aparentemente diferentes.

El profesional y la tecnología médica

 

Luz Cultural: Xavier, has dedicado buena parte de tu trayectoria a la electromedicina y la tecnología médica. ¿Cómo llegaste a un campo tan especializado y qué fue lo que te atrajo de él?

Xavier Pardell:

Llegué a la electromedicina de forma bastante natural, casi como una evolución de toda mi trayectoria técnica. Empecé en el mundo electromecánico, pasé por la electrónica y las radiocomunicaciones, y más tarde di el salto al sector sanitario, donde vi que podía aplicar todo ese bagaje a un campo con un efecto directo en la vida de las personas. Lo que me atrajo fue esa combinación de tecnología y responsabilidad. En electromedicina no basta con reparar o ajustar un equipo: cada decisión técnica puede influir en la seguridad del paciente, y eso hace el trabajo más humano y más exigente. Hubo un momento que me lo confirmó del todo: ver cómo un fallo en un respirador, en plena urgencia, podía cambiar el sentido de todo el oficio. Desde entonces entendí que mi trabajo no era «arreglar máquinas», sino garantizar que funcionaran con seguridad para quien dependía de ellas.

Luz Cultural: Cuando hablamos de electromedicina, muchas personas piensan simplemente en aparatos hospitalarios. ¿Qué hay realmente detrás de esta disciplina y qué importancia tiene para el funcionamiento de un sistema sanitario?

Xavier Pardell:

Detrás de la electromedicina hay mucho más que aparatos: hay planificación, instalación, mantenimiento, calibración, seguridad eléctrica y gestión de todo el ciclo de vida del equipo. Es una pieza clave del sistema sanitario, porque garantiza que la tecnología funcione cuando más se necesita y que lo haga con seguridad para pacientes y profesionales. Es una especialidad que mira la salud desde la tecnología, y abarca desde el diseño y la compra hasta la reparación y la retirada del equipo. Sostiene la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y el soporte vital. Sin esa base técnica, la medicina moderna se vuelve insegura. Yo la veo como la parte invisible que permite que el hospital funcione de verdad: no solo los aparatos, también todo lo que hace posible usarlos bien. No es «arreglar máquinas». Es cuidar una infraestructura de la que dependen vidas.

Luz Cultural: Has trabajado en el desarrollo, análisis e integración de equipos sanitarios. ¿Qué resulta más complejo: desarrollar una tecnología nueva o conseguir que diferentes tecnologías funcionen correctamente dentro de un sistema de salud?

Xavier Pardell:

Innovar es difícil, pero integrar bien lo es más, porque el éxito no depende solo de lo buena que sea una tecnología, sino de si encaja sin fricción en el sistema. Una buena idea que no se integra con seguridad se queda en promesa; una integración bien hecha es lo que convierte el aparato en valor clínico real.

Por eso el papel del especialista en electromedicina ha cambiado tanto: hoy no consiste solo en mantener equipos, sino en evaluar riesgos, asegurar compatibilidades y acompañar a los profesionales para que la tecnología ayude en vez de estorbar. Es lo que hace que un hospital funcione como un sistema y no como un montón de aparatos sueltos.

Luz Cultural: La tecnología médica avanza a una velocidad extraordinaria. ¿Crees que los profesionales y los propios sistemas sanitarios consiguen adaptarse a ese ritmo?

Xavier Pardell:

Avanzamos, pero no siempre al mismo paso que la tecnología. Los profesionales se adaptan bien, pero necesitan recursos, formación y una estrategia clara; sin eso, el sistema acaba acumulando herramientas muy potentes que luego se aprovechan a medias. La adaptación funciona cuando hay formación continua, apoyo técnico y tiempo para asimilar los nuevos procedimientos. El problema aparece cuando la innovación llega más rápido que la capacidad del sistema para evaluarla, integrarla y mantenerla con seguridad. Lo importante no es incorporar novedades, sino hacerlo con criterio y utilidad clínica real. Un sistema sanitario no se mide por lo rápido que compra tecnología, sino por cómo la integra y la sostiene después.

Cuando la tecnología se encuentra con el ser humano

 

Xavier Pardell Peña: tecnología médica, ciencia y literatura, dos formas de mirar el mundo.Luz Cultural: La tecnología puede salvar vidas y mejorar enormemente la atención sanitaria, pero también puede introducir una cierta distancia entre el paciente y quien lo atiende. ¿Dónde crees que está el equilibrio entre tecnología y humanidad?

Xavier Pardell:

El equilibrio está en que la tecnología siga siendo un medio y no un fin. Cuando ayuda a diagnosticar mejor, a tratar con más seguridad y a aliviar el sufrimiento, suma humanidad; cuando desplaza la escucha y la presencia, la resta.

La clave está en usar la tecnología para liberar tiempo al profesional, no para alejarlo del paciente. Si un equipo permite decidir más rápido y con más seguridad, bien; pero ese tiempo ganado debería servir para mirar más, explicar mejor y acompañar con calma.

La medicina no debería ser una conversación entre pantallas, sino entre personas que se apoyan en herramientas muy avanzadas. La parte técnica puede ser extraordinaria, pero lo que da sentido al acto sanitario sigue siendo el vínculo humano.

La tecnología bien elegida no enfría la atención: la hace más segura, más precisa y, bien utilizada, también más cercana.

Luz Cultural: Además de tu actividad profesional, eres escritor y creador de contenido literario. ¿Cuándo apareció esa otra faceta de Xavier Pardell?

Xavier Pardell:

La escritura me permitió mirar la realidad desde otro ángulo. En la electromedicina trabajas con precisión, método y responsabilidad; escribiendo puedes dar voz a la experiencia, a la memoria y a lo que imaginas. Las dos facetas no se contradicen: se complementan muy bien.

En 2023 experimenté un giro decisivo, a raíz de un problema de salud que me dejó más tiempo libre. Me di cuenta de que, además de los temas científicos, también podía entrar en otros territorios literarios. Escribir se convirtió en una terapia muy poderosa, un sitio donde levanto situaciones, personajes e historias que salen del fondo de la imaginación. Empezó como una afición íntima, una manera de expresarme y de explorar ideas, y con el tiempo fue tomando forma hasta convertirse en una parte importante de mi vida.

Luz Cultural: La ciencia busca respuestas y la literatura muchas veces busca preguntas. ¿Cómo conviven esas dos formas de mirar la realidad en una misma persona?

Xavier Pardell:

Conviven mejor de lo que parece, porque las dos nacen de la misma necesidad de entender el mundo. La ciencia me enseña a observar con rigor, a buscar causas y a ordenar la realidad; la literatura me deja ir más allá de lo comprobable y meterme en lo humano, lo ambiguo, lo que no se mide. La ciencia me aporta estructura y la literatura, libertad. Una me sujeta al suelo; la otra me deja mirar lo que no se puede demostrar. Juntas dan una imagen más completa de la experiencia humana, porque no todo lo verdadero cabe en un informe ni todo lo importante se explica con datos. Esa convivencia enriquece mucho. La mirada científica evita la dispersión; la literaria evita la rigidez. Cuando se equilibran, escribes con más fondo y entiendes mejor la realidad y a las personas.

Luz Cultural: ¿Existe alguna relación entre tu manera de enfrentarte a un problema técnico y tu manera de enfrentarte a una página en blanco?

Xavier Pardell:

Sí, y bastante clara. Ante un problema técnico y ante una página en blanco, lo primero es no dejarse paralizar: observar, analizar y empezar por una primera aproximación sencilla. En un problema técnico buscas síntomas, causas y soluciones; al escribir haces algo parecido, solo que en lugar de medir señales o revisar un circuito buscas una voz, una escena, una emoción o una idea que te permita arrancar. En los dos casos, el método ayuda a vencer el bloqueo. Comparten otra cosa importante: la paciencia. Ni una avería se resuelve con precipitación ni un texto sale bien si se fuerza demasiado; a veces hay que dejar que la solución, o la frase correcta, aparezca después de pensar, probar y corregir. La diferencia es que la técnica exige precisión y la literatura admite más intuición, pero el fondo es el mismo: mirar con atención, no rendirse y confiar en que, poco a poco, la forma correcta acaba encontrándose.

Luz Cultural: ¿Qué te proporciona la escritura que no encuentras en tu actividad profesional? Y, al contrario, ¿qué ha aportado tu experiencia científica y técnica a tu manera de escribir?

Xavier Pardell:

La escritura me da algo que el trabajo profesional no siempre permite: libertad total. En el trabajo técnico hay normas, protocolos, responsabilidades y límites muy claros; al escribir puedo explorar emociones, recuerdos, personajes y situaciones sin más frontera que la coherencia interna del texto. También me sirve para canalizar lo vivido, para convertir experiencias, inquietudes e incluso dificultades personales en algo que construyo.

A la vez, mi experiencia científica y técnica ha influido mucho en cómo escribo. Me ha dado orden, capacidad de observación, rigor y la tendencia a construir con solidez, sin perder de vista la lógica interna de lo que cuento. Incluso cuando escribo ficción, eso me ayuda a sostener las escenas, a dar credibilidad a los personajes y a evitar que la historia se descontrole. Las dos facetas se enriquecen. La técnica me aporta disciplina y precisión; la literatura me devuelve intuición, emoción y vuelo imaginativo. Entre las dos he encontrado una forma más completa de expresarme.

 

Escribir en la era de la inteligencia artificial

 

Luz Cultural: Hoy cualquiera puede publicar un texto en cuestión de segundos. ¿Qué significa para ti ser escritor en una época en la que la publicación se ha vuelto tan sencilla?

Xavier Pardell:

Ser escritor hoy no significa solo publicar, sino saber qué quieres decir y por qué merece ser dicho. Que publicar sea más fácil no hace menos valioso el oficio; al contrario, exige más criterio y más capacidad para distinguir entre escribir por impulso y construir un texto que tenga sentido, voz y densidad. Para mí, ser escritor en esta época significa defender la calidad frente a la inmediatez. La facilidad para difundir un texto no sustituye el trabajo de fondo: observar, corregir, reescribir, elegir las palabras con intención y darle a cada pieza una identidad propia. La publicación puede ser rápida, pero la literatura necesita una elaboración honesta. También creo que esta época ofrece una oportunidad enorme. Nunca había sido tan fácil llegar a los lectores, compartir una idea o probar una voz nueva. Y por eso mismo el reto es mayor: destacar no depende de hacer ruido, sino de ofrecer algo auténtico, bien construido y con verdad humana. En mi caso, sigo entendiendo la escritura como una forma de búsqueda. La herramienta ha cambiado mucho, pero la responsabilidad sigue siendo la misma: escribir con conciencia, con estilo y con una mirada propia.

Luz Cultural: La inteligencia artificial está transformando tanto la medicina como la creación literaria. Desde tu doble perspectiva, ¿la ves principalmente como una herramienta, como una revolución o también como un riesgo?

Xavier Pardell:

La veo, sobre todo, como una herramienta muy potente, pero también como una revolución en marcha y, al mismo tiempo, como un riesgo si se usa sin criterio. En medicina puede ayudar a analizar, organizar y acelerar procesos, pero nunca debería sustituir el juicio humano ni la responsabilidad profesional.

En el ámbito literario ocurre algo parecido. Puede ser útil para generar ideas, ordenar material o explorar caminos, pero no debería reemplazar la voz propia, la experiencia y la sensibilidad del autor. La escritura, para mí, sigue naciendo de una mirada personal que ninguna máquina imita de verdad.

El riesgo aparece cuando se confunde facilidad con calidad, o velocidad con profundidad. Usada sin reflexión, la inteligencia artificial uniforma el pensamiento, empobrece la creatividad y crea una falsa sensación de competencia. Su valor depende menos de la tecnología en sí que del uso ético e inteligente que hagamos de ella. La considero una aliada extraordinaria, siempre que se mantenga en su lugar: como apoyo, no como sustituto. Bien empleada, amplía capacidades; mal empleada, nos vuelve más dependientes y menos críticos.

Luz Cultural: Hablas de mantener la voz propia y de que la inteligencia artificial no debe sustituir la experiencia y la sensibilidad del autor. Pero hay una cuestión especialmente delicada para quienes escriben: ¿dónde termina la ayuda y empieza la sustitución? ¿Cómo puede saber un escritor que una herramienta le está ayudando a mejorar su texto y no, poco a poco, a escribir por él?

Xavier Pardell:

Creo que la frontera está en quién lleva realmente las riendas del texto. Si la idea, la intención, los personajes y la forma de contar la historia parten del autor, la inteligencia artificial puede ser una ayuda muy útil. Puede señalar una repetición, advertir de una incoherencia o sugerir otra manera de expresar algo, pero la decisión final debe seguir siendo nuestra.

También creo que hay una prueba sencilla: preguntarnos qué ocurriría si mañana ya no pudiéramos utilizar la herramienta. Probablemente escribiríamos más despacio y tendríamos que revisar más, pero deberíamos seguir siendo capaces de imaginar, elegir y dar forma a nuestras propias historias. Si conservamos esa capacidad, la tecnología nos está ayudando; si empezamos a depender de ella para tomar las decisiones esenciales, entonces poco a poco está escribiendo por nosotros.

Luz Cultural: Y si muchos escritores utilizan las mismas herramientas para corregir, ordenar y mejorar sus textos, ¿crees que llegará un momento en que reconoceremos más la huella de la herramienta que la del propio autor?

Xavier Pardell:

Es un riesgo que no podemos ignorar. Si muchos escritores utilizan las mismas herramientas y aceptan sin cuestionarlas las mismas sugerencias, los textos pueden empezar a compartir estructuras, ritmos y formas de expresión. En ese caso, quizá acabemos reconociendo más la huella de la herramienta que la del propio autor. Pero no creo que sea un destino inevitable. Una herramienta puede proponer, pero no tiene por qué decidir. La personalidad del escritor se encuentra en su mirada, en los temas que elige, en su manera de comprender a los personajes y también en esas pequeñas imperfecciones que hacen que una voz resulte reconocible.

Luz Cultural: ¿Crees que la inteligencia artificial puede ayudarnos a escribir mejor o existe el peligro de que terminemos escribiendo todos de una manera demasiado parecida?

Xavier Pardell:

Sí, puede ayudarnos a escribir mejor, pero el riesgo de que todo suene demasiado parecido es real. Si la usamos solo para pulir, resumir o «hacer más correcto» un texto, perdemos matices y nos acercamos a un estilo uniforme y predecible, sobre todo cuando muchos autores parten de las mismas sugerencias, los mismos modelos y las mismas fórmulas. Varios estudios recientes apuntan en esa dirección: la IA puede aumentar la creatividad individual, pero reduce la novedad colectiva y hace que los textos se parezcan más entre sí. Es útil mientras la usemos para ampliar nuestra voz y no para reemplazarla; si no, el riesgo es acabar escribiendo con una corrección tan homogénea que nos haga perder la identidad.

 

Una última mirada

 

Luz Cultural: Naciste en 1959 y has vivido una transformación tecnológica extraordinaria: de un mundo fundamentalmente analógico a otro dominado por la digitalización y ahora por la inteligencia artificial. ¿Qué cambio tecnológico te ha impresionado más a lo largo de tu vida?

Xavier Pardell:

El que más me ha impresionado es la digitalización, porque transformó no solo los dispositivos, sino la manera de trabajar, de comunicarnos, de documentarnos y de entender la información. Pasamos de un mundo lento, físico y limitado a otro en el que todo empezó a acelerarse y a conectarse de una forma que, al principio, parecía casi increíble.

La inteligencia artificial también me parece un salto enorme, pero todavía la vivo como una etapa en desarrollo. La digitalización, en cambio, ya cambió de forma irreversible a mi generación: alteró la medicina, la escritura, la edición y la vida cotidiana. Fue el antes y el después más visible de mi trayectoria.

Y al final lo que más me impresiona no es una máquina concreta, sino que la tecnología sea capaz de cambiar nuestra forma de pensar y de relacionarnos con el mundo. Ahí está la verdadera magnitud del cambio.

Luz Cultural: Después de tantos años trabajando con tecnología y escribiendo, ¿qué es lo que todavía despierta tu curiosidad?

Xavier Pardell:

Todavía me despiertan curiosidad dos cosas que nunca se agotan: cómo evoluciona la tecnología aplicada a la salud y cómo seguir encontrando nuevas formas de contar la experiencia humana. De la primera me interesa hasta dónde pueden llegar la precisión, la automatización y la inteligencia aplicadas al diagnóstico y al tratamiento; de la segunda, descubrir voces, personajes y situaciones que aún no he explorado. También me llama mucho la atención la relación entre las dos: cómo una innovación técnica cambia la práctica clínica, lo que siente el paciente y hasta la manera de escribir sobre ello. Esa frontera entre lo técnico y lo humano no se agota, siempre trae preguntas nuevas. Y en el fondo la curiosidad no desaparece con los años; se vuelve más selectiva. Ahora me interesan más las cosas que de verdad aportan conocimiento, emoción o sentido.

Luz Cultural: Has hablado de una frontera entre lo técnico y lo humano que nunca se agota y de una curiosidad que con los años se vuelve más selectiva. ¿Qué ocurre cuando llegamos precisamente a aquello que no podemos medir, demostrar o explicar? ¿Es ahí donde empieza la literatura?

Xavier Pardell:

La literatura empieza precisamente ahí, en el límite de lo que no podemos medir ni explicar del todo. La ciencia intenta encontrar respuestas y demostrar cómo funcionan las cosas; la literatura, en cambio, puede acercarse a aquello que sentimos, intuimos o imaginamos, aunque no tengamos una explicación definitiva. Eso no significa que la literatura renuncie a la realidad. Al contrario: parte de lo que vivimos, de nuestras preguntas, de nuestros miedos y de aquello que nos desconcierta. En mi caso, esa frontera es especialmente interesante porque une mis dos mundos. La formación técnica me lleva a buscar causas y evidencias; la escritura me permite explorar las zonas más inciertas de la experiencia humana. Quizá la literatura empiece justo cuando la explicación ya no es suficiente y necesitamos otra manera de acercarnos a la verdad.

Luz Cultural: Quizá por eso dices que la literatura te permite mirar lo que no se puede demostrar. ¿Hay alguna pregunta sobre el ser humano que lleves años intentando responder y que sospeches que quizá nunca tendrá una respuesta definitiva?

 Xavier Pardell:

Sí. Hay una pregunta que me ha acompañado durante muchos años: por qué personas que viven situaciones parecidas pueden reaccionar de maneras tan diferentes ante el dolor, la pérdida, el miedo o la esperanza. La experiencia y la ciencia pueden ayudarnos a comprender algunos mecanismos, pero siempre queda una parte íntima de cada persona que no se deja explicar por completo.

Me pregunto, además, cómo nace en nosotros la capacidad de imaginar, recordar y transformar lo vivido en una historia. Sabemos que intervienen la memoria, las emociones y el entorno, pero sigue habiendo algo misterioso en ese instante en que una experiencia se convierte en un personaje, una escena o una pregunta.

Luz Cultural: Y, para terminar, una pregunta quizá más personal: después de una vida dedicada a la tecnología y a la escritura, ¿qué es aquello que todavía no has conseguido explicar y sigues intentando comprender?

Xavier Pardell:

Lo que todavía sigo intentando comprender es por qué algunas personas, en circunstancias muy parecidas, reaccionan de formas tan distintas ante el dolor, la pérdida o la esperanza. La técnica me ha enseñado a buscar causas y a explicar procesos, pero la vida humana conserva siempre un fondo de misterio que no se deja reducir del todo a lógica. También sigo intentando entender cómo nace exactamente una historia. Sé trabajarla, corregirla y darle forma, pero el momento en que una idea empieza a convertirse en algo vivo, con personajes que respiran y situaciones que laten, sigue teniendo algo de inexplicable para mí. Quizá ahí esté una de las razones por las que escribo: para acercarme a lo que no termino de comprender. Con los años he aprendido que no todo tiene respuesta inmediata, y que incluso esa incertidumbre puede ser fértil. A veces lo más valioso no es resolverlo todo, sino seguir mirando con atención.

 

Carlos J. Rascón

Entrevistas

Xavier Pardell Peña: tecnología médica, ciencia y literatura, dos formas de mirar el mundo.

Compartir

La cultura independiente necesita lectores que la sostengan.

45% del objetivo mensual alcanzado

Apoya este diario

Apóyanos aunque sea una sola vez. Dona desde 1€.