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Shakespeare and Company: el templo de los libros que convirtió París en literatura
Hay librerías donde se compran libros.
Hay librerías donde se encuentran libros.
Y después están aquellas en las que uno tiene la sensación de que los libros llevan allí mucho más tiempo que nosotros.
En París, a orillas del Sena y frente a Notre-Dame, existe una de ellas.
Se llama Shakespeare and Company.
Entrar en ella es como abrir un libro cuyo argumento todavía no conocemos.
Sus estrechas habitaciones, sus escaleras, sus estanterías repletas, los pequeños rincones de lectura y ese aparente desorden que parece formar parte de su propia arquitectura hacen que resulte difícil distinguir dónde termina una librería y dónde comienza una casa.
Quizá porque, en cierto modo, Shakespeare and Company siempre quiso ser ambas cosas.
Una librería.
Y un hogar.
Antes de Shakespeare and Company estuvo Sylvia Beach
La historia comienza antes del local que hoy conocemos.
En 1919, la estadounidense Sylvia Beach abrió una librería y biblioteca de préstamo en el número 12 de la rue de l’Odéon. La llamó Shakespeare and Company.
Aquel pequeño establecimiento se convirtió rápidamente en uno de los centros de la vida literaria de París.
Por allí pasaron escritores como Ernest Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Ezra Pound, T. S. Eliot, Gertrude Stein y James Joyce. Pero Sylvia Beach no se limitó a vender libros.
Su librería funcionaba como refugio, punto de encuentro, dirección postal y lugar de conversación para escritores extranjeros que habían convertido París en su hogar.
Y hubo algo todavía más importante.
En 1922, cuando muchos editores no se atrevían a hacerlo, Beach publicó Ulysses, de James Joyce.
La librera había apostado por una obra que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes libros de la literatura del siglo XX.
Shakespeare and Company había dejado de ser una librería.
Ya era parte de la historia de la literatura.
La guerra terminó con una librería
La historia de Sylvia Beach tuvo, sin embargo, un final mucho menos romántico.
En 1941, durante la ocupación alemana de París, un oficial nazi entró en la librería y quiso llevarse el último ejemplar que Beach conservaba de Finnegans Wake, de Joyce.
Beach se negó.
El oficial amenazó con regresar para confiscar la librería y cerrar el establecimiento.
Ella tuvo tiempo de trasladar los libros y pertenencias a otro lugar, pero Shakespeare and Company no volvería a abrir.
La librería había sobrevivido durante más de dos décadas.
No sobrevivió a la guerra.
Sylvia Beach continuó viviendo en París y publicó sus memorias en 1959.
Murió en la ciudad en 1962.
Pero la historia de Shakespeare and Company todavía no había terminado.
Un nuevo comienzo en la otra orilla del Sena
En 1951, un estadounidense llamado George Whitman abrió una nueva librería en el número 37 de la rue de la Bûcherie.
El edificio tenía una historia anterior a los libros.
Había sido construido en el siglo XVII y originalmente formaba parte de un monasterio.
Whitman lo convirtió en librería, biblioteca, refugio y lugar de encuentro.
Al principio la llamó Le Mistral.
Pero George Whitman admiraba profundamente a Sylvia Beach y quería continuar el espíritu de su establecimiento.
En abril de 1964, coincidiendo con el cuarto centenario del nacimiento de William Shakespeare, cambió el nombre de su librería.
Volvió a llamarse Shakespeare and Company.
La segunda vida de la librería había comenzado.
Una librería que también era una casa
Y aquí empieza quizá la parte más extraordinaria de esta historia.
George Whitman permitía que escritores, artistas y viajeros se quedaran a dormir gratuitamente entre los libros.
No era una metáfora.
Dormían realmente en la librería.
Los llamó Tumbleweeds, una palabra inglesa que designa esas plantas secas que ruedan impulsadas por el viento.
La imagen era perfecta.
Personas que llegaban desde diferentes lugares.
Personas que todavía no sabían dónde terminarían.
Personas que necesitaban un lugar donde quedarse.
George les ofrecía una cama entre libros.
A cambio, había tres condiciones: leer un libro al día, ayudar unas horas en la librería y escribir una autobiografía de una página para el archivo de la casa.
Con el tiempo, miles de personas pasaron por allí.
La propia Shakespeare and Company calcula que más de 30.000 Tumbleweeds han dormido en el establecimiento desde sus comienzos.
Y cada uno dejó algo.
Una historia.
Un nombre.
Una página.
Una pequeña huella de su paso.
El archivo de quienes pasaron por allí
Quizá uno de los tesoros menos conocidos de Shakespeare and Company sea precisamente ese archivo.
Las autobiografías escritas por los Tumbleweeds forman una colección que atraviesa generaciones de escritores, viajeros y soñadores.
Es una especie de memoria secreta de la librería.
No aparece necesariamente en las grandes historias de la literatura.
Pero allí están quienes llegaron con una mochila, durmieron entre estanterías, leyeron un libro y continuaron después su viaje.
La librería no solo conserva libros.
Conserva personas.
El lema de George Whitman
Sobre la puerta de la biblioteca existe una frase que resume perfectamente la filosofía de su fundador.
En esencia viene a decir que no debemos ser hostiles con los desconocidos, porque quizá sean ángeles disfrazados.
George Whitman hizo de aquella idea una forma de vida.
Él mismo había viajado mucho y conocía la sensación de depender de la generosidad de desconocidos.
Quiso devolver esa hospitalidad.
Y convirtió su librería en un lugar donde un escritor desconocido podía dormir junto a los mismos libros que habían leído algunos de los grandes nombres de la literatura.
Una librería llena de escritores
Durante las décadas siguientes, Shakespeare and Company continuó atrayendo a escritores y artistas.
Allen Ginsberg.
William Burroughs.
Anaïs Nin.
Henry Miller.
Julio Cortázar.
James Baldwin.
Lawrence Durrell.
Richard Wright.
La lista parece un pequeño índice de la literatura internacional del siglo XX.
Y después llegaron nuevas generaciones.
La librería organizó festivales, encuentros literarios y presentaciones.
Por sus espacios han pasado autores contemporáneos de distintas procedencias y generaciones.
Hoy continúa organizando actividades literarias gratuitas y mantiene una programación cultural que convierte el establecimiento en algo mucho más parecido a un centro cultural que a una simple tienda.
El relevo de Sylvia
George Whitman tuvo una hija.
La llamó Sylvia.
No fue casualidad.
Era un homenaje a Sylvia Beach, la mujer que había fundado la primera Shakespeare and Company.
En 2002, Sylvia Whitman regresó a la librería para trabajar junto a su padre.
En 2006, George le entregó oficialmente las riendas del negocio.
La historia había pasado de una generación a otra.
Y con ella, también el espíritu de la librería.
George Whitman murió en 2011, dos días después de cumplir 98 años.
Murió en el apartamento situado encima de su librería.
Es difícil imaginar un final más apropiado para alguien que había dedicado buena parte de su vida a convertir una librería en una casa.
Un lugar que también aparece en el cine
Shakespeare and Company tampoco ha escapado a la fascinación del cine.
Sus espacios han aparecido en películas como Before Sunset, de Richard Linklater, y Midnight in Paris, de Woody Allen.
No resulta extraño.
Una librería situada frente a Notre-Dame, junto al Sena y llena de libros, escritores, viajeros y rincones secretos parece haber sido construida expresamente para que el cine quiera entrar en ella.
Pero quizá las películas no necesiten hacer demasiado.
La librería ya parece una película.
Una librería donde todavía se puede dormir
Hoy Shakespeare and Company continúa en el mismo número 37 de la rue de la Bûcherie.
La librería mantiene el programa Tumbleweed, aunque adaptado a los tiempos actuales.
Los escritores seleccionados pueden alojarse durante un periodo limitado en un espacio dentro del edificio y dedicar ese tiempo a leer y trabajar en sus proyectos. A cambio, colaboran con las actividades de la librería y dejan una autobiografía para el archivo.
La tradición, por tanto, no ha desaparecido.
Simplemente ha cambiado.
La librería continúa ofreciendo algo que resulta extraordinariamente raro en nuestro tiempo:
un lugar para detenerse.
El templo del libro
Quizá por eso Shakespeare and Company sea mucho más que una de las librerías más famosas de París.
Es un monumento a una determinada manera de entender la literatura.
Una manera en la que un libro no es solamente un objeto que se compra.
Es una conversación.
Una amistad.
Un refugio.
Un viaje.
Una habitación.
Una posibilidad.
George Whitman imaginó su librería como si estuviera escribiendo una novela: cada habitación sería un capítulo y cada persona que cruzara la puerta podría entrar en un mundo distinto.
Y quizá esa sea la mejor definición de Shakespeare and Company.
Porque algunas librerías venden historias.
Otras las conservan.
Y hay unas pocas, muy pocas, que se convierten ellas mismas en una historia.
Shakespeare and Company es una de ellas.
Y cuando uno sale de allí y vuelve a caminar junto al Sena, quizá descubre algo extraño.
Que no ha salido simplemente de una librería.
Ha salido de un libro.
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Entrar a curiosearla. Shakespeare and Company — sitio oficial
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