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Orson Welles y la falsa invasión marciana: ¿realmente entró América en pánico?

Orson Welles y la falsa invasión marciana: ¿realmente entró América en pánico?
Sofia Lovelace
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Orson Welles y la falsa invasión marciana: ¿realmente entró América en pánico?

La noche del 30 de octubre de 1938, víspera de Halloween, millones de estadounidenses encendieron sus radios como cualquier otra noche. En aquel momento la radio no era un simple aparato colocado en un mueble del salón: era una de las principales ventanas al mundo. Desde ella llegaban las noticias, la música, los discursos políticos, las retransmisiones deportivas y, de vez en cuando, alguna ficción.

Aquella noche, sin embargo, una ficción adoptó la forma de una noticia.

Y los marcianos llegaron.

O eso creyó, según la historia que ha llegado hasta nosotros, una buena parte de Estados Unidos.

El responsable tenía solo 23 años y se llamaba Orson Welles.

Una emisión que parecía una noticia

Welles y su compañía, el Mercury Theatre on the Air, habían preparado una adaptación radiofónica de La guerra de los mundos, la novela que H. G. Wells había publicado en 1898.

Pero decidieron hacer algo particularmente ingenioso.

En lugar de contar la invasión marciana como una narración convencional, la representación adoptó el aspecto de una retransmisión informativa. Música de baile. Interrupciones. Boletines extraordinarios. Un meteorito que cae en Nueva Jersey. Un periodista desplazado al lugar. Testimonios. Explosiones. Máquinas extraterrestres.

La ficción empezó a hablar con el lenguaje de la realidad.

Y ese fue el verdadero experimento.

Los oyentes no recibían simplemente una historia sobre marcianos. Recibían algo que sonaba exactamente como las noticias que estaban acostumbrados a escuchar.

Un locutor podía decir que se había producido una explosión.

Después aparecía un supuesto reportero describiendo lo que estaba viendo.

Después llegaba otro boletín.

Después otro.

Y la imaginación hacía el resto.

El problema de llegar tarde

Existe además una circunstancia que ayudó a alimentar la leyenda.

El programa comenzaba anunciando claramente que se trataba de una adaptación de la novela de H. G. Wells. Pero algunos oyentes no escucharon el principio.

Muchos estaban sintonizando otro programa especialmente popular, The Chase and Sanborn Hour, presentado por Edgar Bergen. Algunos cambiaron de emisora durante una pausa y se encontraron directamente con aquellos inquietantes boletines.

Para ellos, la historia comenzaba prácticamente en mitad de la invasión.

No habían escuchado la presentación.

No sabían que era ficción.

Y la radio, a diferencia de un periódico, no permitía retroceder unas páginas para comprobar qué estaba sucediendo.

¿De verdad salió todo Estados Unidos corriendo?

Aquí comienza la parte más interesante.

Durante décadas se contó que la emisión había provocado una gigantesca ola de pánico en todo Estados Unidos.

Se habló de carreteras colapsadas, familias huyendo de sus casas, personas escondidas en sótanos, ciudadanos llamando desesperadamente a la policía y hasta gente preparándose para enfrentarse a los invasores.

Al día siguiente, los periódicos publicaron historias espectaculares sobre aquella noche.

El mito había nacido.

Pero cuando los historiadores comenzaron a investigar lo ocurrido con mayor detenimiento, descubrieron que la realidad era bastante más compleja.

Sí hubo personas que creyeron que la invasión era real.

Sí hubo llamadas a emisoras, periódicos y cuerpos policiales.

Sí hubo personas aterrorizadas.

Pero no parece que Estados Unidos entero hubiera caído presa de una histeria colectiva.

Una encuesta realizada aquella misma noche entre 5.000 hogares encontró que solamente alrededor del 2 % estaba escuchando La guerra de los mundos. Además, la mayoría de quienes la escuchaban sabía que se trataba de una ficción.

El gran pánico nacional que conocemos probablemente nunca existió en la dimensión que posteriormente se contó.

Entonces, ¿quién inventó el pánico?

Aquí aparece un personaje que suele quedar fuera de la historia: la prensa.

En 1938 la radio era todavía un medio relativamente joven y estaba conquistando rápidamente el territorio que hasta entonces habían dominado los periódicos.

La noticia de que una emisión radiofónica había conseguido engañar a miles de personas era demasiado buena para dejarla escapar.

Y los periódicos hicieron algo extraordinariamente moderno: convirtieron un acontecimiento en un acontecimiento todavía mayor.

Las historias sobre personas aterrorizadas se multiplicaron.

Los titulares hablaban de histeria.

La anécdota comenzó a adquirir dimensiones nacionales.

Y cuanto más se repetía que América había sido víctima del pánico, más verdadera parecía la historia.

La ironía es extraordinaria.

Una historia sobre un medio de comunicación engañando a sus espectadores terminó siendo amplificada por otro medio de comunicación que exageró las dimensiones del engaño.

Orson Welles se convirtió en leyenda

Para Welles, aquello fue una bendición y una maldición.

De repente, aquel joven actor y director teatral se convirtió en uno de los hombres más famosos de Estados Unidos.

La emisión había demostrado algo extraordinario: la voz humana podía conseguir que una ficción pareciera realidad.

No necesitaba imágenes.

No necesitaba efectos especiales.

No necesitaba un ejército de marcianos caminando por las calles.

Bastaban una voz, unos efectos sonoros, unos silencios bien colocados y el lenguaje adecuado.

Welles había descubierto, quizá sin pretenderlo completamente, una de las armas más poderosas de los medios de comunicación: la capacidad de construir una sensación de realidad.

La radio no inventó las noticias falsas

Hoy tendemos a mirar aquella noche desde la perspectiva de las redes sociales, los vídeos manipulados, los bulos y las noticias falsas.

Pero la historia de Welles demuestra que el problema es mucho más antiguo.

No necesitamos internet para confundir ficción y realidad.

Tampoco necesitamos inteligencia artificial.

En 1938 bastaba una radio.

La diferencia estaba en la velocidad.

Hoy un vídeo puede recorrer el planeta en minutos. En 1938 una voz podía recorrer millones de hogares al mismo tiempo.

El mecanismo psicológico, sin embargo, no ha cambiado demasiado.

Cuando una información adopta el aspecto de una noticia, nuestra primera reacción no siempre es preguntarnos si es verdadera.

A menudo es preguntarnos qué debemos hacer con ella.

La verdadera invasión

Quizá por eso La guerra de los mundos sigue siendo tan fascinante casi noventa años después.

No porque Orson Welles consiguiera convencer a toda América de que los marcianos habían aterrizado.

No lo consiguió.

Lo verdaderamente extraordinario fue demostrar que la forma de contar una historia puede modificar nuestra percepción de aquello que creemos real.

Y ahí está la verdadera invasión.

No llegaron naves desde Marte.

No hubo rayos de calor destruyendo Nueva York.

No hubo ejércitos extraterrestres tomando Estados Unidos.

Lo que llegó aquella noche fue algo mucho más terrestre: la certeza de que una voz al otro lado de una radio podía fabricar realidad durante unos minutos.

Y quizá por eso la historia sigue siendo tan actual.

Porque hemos cambiado la radio por la televisión, la televisión por internet y los periódicos por las redes sociales.

Pero seguimos teniendo el mismo problema.

Seguimos escuchando voces.

Y seguimos teniendo que decidir cuáles merecen ser creídas.

 

 

Imagen portada: openai

Historia y Cultura

Orson Welles y la falsa invasión marciana: ¿realmente entró América en pánico?

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La historia de Orson Welles y La guerra de los mundos: ¿realmente provocó una ola de pánico en Estados Unidos o el mito fue mucho mayor que la realidad?

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