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La Roma que vestía de rosa: el poder oculto tras la moda de los emperadores
Una gran exposición en Copenhague revela cómo la ropa, los colores, las joyas y los perfumes servían para expresar autoridad y distinguir las jerarquías sociales en el Imperio romano. Una escultura de Tiberio, cuyo manto fue originalmente rosado, invita a revisar nuestra imagen de la Antigüedad.
Durante siglos, las esculturas romanas han llegado hasta nosotros envueltas en una apariencia de mármol blanco. Esa imagen, convertida casi en sinónimo de la estética clásica, ha condicionado nuestra forma de imaginar a los emperadores, sus palacios y el mundo que habitaron. Sin embargo, detrás de aquellas superficies hoy descoloridas existió una cultura visual mucho más rica, en la que los tejidos, los pigmentos, las joyas y los perfumes transmitían mensajes sobre la posición social, la identidad y el poder.
Una exposición inaugurada el 1 de octubre en el museo Ny Carlsberg Glyptotek de Copenhague propone adentrarse en ese universo. Bajo el título The Power of Fashion in the Roman Empire —El poder de la moda en el Imperio romano—, la muestra reúne 171 objetos y convierte la indumentaria antigua en una vía para comprender cómo se construía y se representaba la autoridad hace aproximadamente dos mil años. Puede visitarse hasta el 29 de marzo de 2027.
La exposición es la mayor muestra temporal dedicada a la Antigüedad organizada hasta ahora por esta institución danesa. A través de esculturas, prendas conservadas, calzado, joyas, peinados y experiencias olfativas, propone una idea fundamental: en Roma, la apariencia no era un asunto superficial. Vestirse también significaba comunicar quién se era, a qué grupo se pertenecía y qué lugar se ocupaba en la sociedad.
Tiberio y el color que desapareció de la historia
La imagen más llamativa de la exposición es una escultura del emperador Tiberio, cuya vestimenta fue originalmente de un delicado tono rosado, según las investigaciones sobre la policromía de la pieza. El mármol que hoy percibimos como blanco conserva huellas de una apariencia antigua muy distinta, reconstruida por el museo mediante una visualización digital.
El hallazgo permite cuestionar una de las asociaciones más arraigadas en la mirada moderna: la identificación de la escultura clásica con la blancura. Muchas esculturas antiguas estuvieron pintadas, aunque la acción del tiempo, la exposición ambiental y los procesos de conservación hayan borrado buena parte de sus colores.
En el caso de Tiberio, el tono reconstruido no es un simple recurso decorativo. Ayuda a entender que los colores tenían significados sociales y políticos que no siempre coinciden con los actuales. Lo que hoy puede interpretarse desde categorías contemporáneas de género o gusto personal respondía entonces a códigos culturales diferentes.
El color de la vestimenta imperial podía evocar riqueza, prestigio y autoridad. Por eso, la reconstrucción de la escultura no pretende afirmar que los romanos entendieran el rosa exactamente como lo hacemos hoy, sino mostrar que nuestros propios prejuicios pueden distorsionar la interpretación del pasado.
Vestirse para mostrar el poder
En la sociedad romana, la indumentaria contribuía a hacer visible la jerarquía. Los tejidos, los adornos, el calzado y la forma de llevar una prenda podían revelar la posición de una persona, sus aspiraciones y su relación con los círculos de influencia.
La moda no funcionaba como una sucesión de tendencias aisladas, sino como parte de un lenguaje compartido. El cuerpo vestido se convertía en una representación pública de la identidad. En el caso de los gobernantes, esa imagen adquiría una dimensión política: la forma de aparecer ante los demás podía reforzar la dignidad imperial o alimentar las críticas de sus adversarios.
Los colores más prestigiosos dependían también de los materiales necesarios para producirlos. Algunos tintes, especialmente los relacionados con la púrpura obtenida de moluscos marinos, requerían procesos laboriosos y materias primas costosas. Su uso podía convertirse en una señal de riqueza y distinción.
El valor de un color no residía únicamente en su apariencia. Importaban su origen, la dificultad de obtenerlo, quién podía permitirse vestirlo y las asociaciones culturales que despertaba. La ropa era, en ese sentido, una forma de comunicar poder sin necesidad de pronunciar una palabra.
Tres túnicas excepcionales y un emperador con botas de león
La muestra no se limita a reconstruir el aspecto de las esculturas. También reúne objetos que permiten aproximarse a los materiales y las formas de vestir de la época.
Entre sus préstamos destacan tres túnicas romanas procedentes del British Museum que, según las instituciones participantes, se exhiben fuera de ese museo por primera vez. La conservación de prendas antiguas es especialmente valiosa porque los tejidos ofrecen información que las representaciones escultóricas, por sí solas, no pueden proporcionar.
Otro de los préstamos destacados procede del museo arqueológico de Burdur, en Turquía. Se trata de una escultura monumental del emperador Septimio Severo, representado con botas asociadas a una piel de león. La obra se presenta fuera de Turquía por primera vez, según el museo organizador.
El calzado, a menudo relegado a un segundo plano en las imágenes históricas, también podía formar parte de la puesta en escena del poder. Los materiales, las formas y los motivos representados contribuían a definir el carácter de una figura y la impresión que debía producir.
En conjunto, las piezas muestran que la indumentaria antigua no puede reducirse a una cuestión práctica. Vestir era una actividad cotidiana, pero también una forma de construir una imagen pública y establecer diferencias entre individuos y grupos.
El perfume también hablaba de posición social
La exposición incorpora una dimensión menos habitual en las muestras arqueológicas: el olfato. El museo ha colaborado con la empresa danesa Karmameju para crear fragancias inspiradas en recetas antiguas. Cuatro estaciones olfativas permiten explorar el papel de los perfumes y su relación con el estatus y las costumbres sociales.
El perfume añadía otra capa a la presentación personal. Junto con la ropa, los peinados y los adornos, contribuía a la manera en que una persona se mostraba ante los demás. Los aromas podían estar asociados a determinados hábitos, ocasiones y posiciones sociales.
La experiencia invita a imaginar la Antigüedad no solo como un mundo de monumentos y esculturas, sino también como un entorno de sensaciones. Los espacios públicos y privados estaban habitados por sonidos, olores, tejidos y colores que rara vez sobreviven de forma directa en el registro arqueológico.
Recuperar esas dimensiones permite acercarse a la vida antigua desde una perspectiva más completa, sin confundir las ruinas que contemplamos hoy con la experiencia que tuvieron quienes las habitaron.
Los emperadores también eran objeto de burlas
El poder no controlaba por completo el significado de su propia imagen. La exposición incluye doce estaciones de escucha con fragmentos de textos de autores romanos que comentaban, ridiculizaban o cuestionaban la apariencia de quienes gobernaban.
La moda podía servir para reforzar una posición, pero también se convertía en motivo de sátira. La forma de vestir de un dirigente podía utilizarse para poner en duda su carácter, sus costumbres o su capacidad para ejercer el poder.
Ese detalle acerca la exposición al presente. La apariencia de los gobernantes continúa siendo objeto de análisis público: un traje, un accesorio o una elección estética pueden convertirse en símbolos que sus defensores y detractores interpretan de maneras opuestas.
La diferencia entre la Roma antigua y el mundo contemporáneo no elimina esa continuidad. En ambos casos, la imagen pública se construye mediante códigos que cambian con el tiempo y que no siempre dependen de la intención de quien los utiliza.
Mirar de nuevo la Antigüedad
El poder de la moda en el Imperio romano plantea una revisión de nuestra propia mirada. Las esculturas blancas que dominan tantos museos son testimonios extraordinarios del pasado, pero su apariencia actual no reproduce necesariamente la original. Los colores reconstruidos, los tejidos conservados y las referencias escritas permiten recuperar aspectos de una cultura que la pérdida de materiales ha vuelto menos visibles.
La exposición también recuerda que la moda no pertenece exclusivamente al mundo moderno. Las sociedades antiguas utilizaron la apariencia para expresar identidad, marcar diferencias y representar autoridad. La ropa podía comunicar tanto como una inscripción o un monumento, aunque su lenguaje dependiera de códigos sociales que debemos aprender a interpretar.
El manto rosado de Tiberio resume esa idea. No es solo una curiosidad cromática ni una anécdota sobre los gustos de un emperador. Es una invitación a preguntarnos cuánto de lo que creemos saber sobre el pasado procede de las pruebas conservadas y cuánto de las ideas que proyectamos sobre ellas.
En Copenhague, la moda romana deja de ser un detalle secundario de la historia para ocupar el centro de la escena. Y el mármol, aparentemente silencioso, vuelve a hablar a través de los colores que un día tuvo.
Información de la exposición
The Power of Fashion in the Roman Empire
Ny Carlsberg Glyptotek, Copenhague (Dinamarca).
Del 1 de octubre de 2026 al 29 de marzo de 2027.
Fuentes de contraste
- Ny Carlsberg Glyptotek: información oficial de la exposición y de las piezas presentadas.
- Smithsonian Magazine: información sobre la reconstrucción cromática de la escultura de Tiberio y el contenido de la muestra.
- The Art Newspaper: contexto sobre la exposición, los préstamos internacionales y la policromía de la escultura romana.
-
Euronews: información complementaria sobre la exposición y sus experiencias sensoriales.
Por Sofía
Vestir para mandar: los símbolos del poder en la antigua Roma
Imagen portada: openai
Una exposición en Copenhague revela cómo la moda, los colores, las joyas y los perfumes expresaban el poder en la antigua Roma.
La Roma que vestía de rosa: el poder oculto tras la moda de los emperadores
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