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ANTONIO RIVERO TARAVILLO:
UN HOMBRE DE CULTURA Y DE LA CULTURA
(RECUERDO Y HOMENAJE)
JOSÉ CENIZO JIMÉNEZ
Antonio Rivero Taravillo nos dejó antes de tiempo. Nacido en 1963, tras una lucha contra una cruel enfermedad, nos dejó en 2025. DEP. Ahora que ha pasado un tiempo, vuelvo a recobrar su memoria. Lo haré con la ayuda de lo que publiqué sobre él, que nos unió, claro, aparte de que mantuve una afectuosa relación sin llegar a amistad profunda. Cordial su trato, grande su conocimiento, sensible su corazón de hombre y de poeta. Lo echamos de menos por la feria del libro de Sevilla, por las presentaciones de libros, por las calles. No hay muchos con la grandeza cultural de Antonio, con su experiencia, su buen hacer, su serenidad. Alguna vez me invitó a participar en la revista Estación Poesía, que dirigió, para reseñar un libro de mi admirado Eloy Sánchez Rosillo. Agradecido quedo por todo, desde luego. Y le devuelvo algo de mi afecto con estas sencillas palabras.
En diciembre de 2020 nuestro diario digital Luz Cultural resumía su trayectoria y mostraba varios de sus poemas. Ahí pueden consultarlo. Yo haré ahora un recuerdo personal, un homenaje a este grande la cultura sevillana, andaluza y universal. Como gestor cultural, como traductor, como novelista, como poeta, como persona, Antonio ha dejado huella en quienes lo han conocido personalmente y/o a través de su obra publicada, que es mucha.
https://diariodigital.org/antonio-rivero-taravillo/
Hace unos años reseñé su libro Lejos, Sevilla, Siltolá, 2011, el único de él que he reseñado. Decía lo siguiente:
LA RAMA Y EL GORRIÓN
Muy grato ha sido encontrarnos con este nuevo libro del poeta y traductor Antonio Rivero Taravillo, nacido en Melilla en 1963 pero cultísimo habitante de Sevilla desde hace muchos años. Antonio, desde que abandonó la dirección de La Casa del Libro de Sevilla hace pocos años, ha tenido mucha suerte. Está más libre, tiene más tiempo para la investigación y como resultado ha escrito, entre otras cosas, dos libros sobre la vida de Luis Cernuda, con premio incluido.
Ahora nos regala Lejos, para sentirnos cerca de su propia vida, pues creemos que hay mucho de autobiográfico en esta obra, en cierto modo una mirada atrás y alrededor sobre su mundo, sobre el eje central y universal del paso del tiempo, cuando se acercan los cincuenta (una edad, lo sabemos por experiencia). El “tempus fugit”, con hondo pesimismo a veces, es el tópico recurrente, se acerque a la visión familiar, a la amorosa o a la de la vida -su vida- en general. El padre ya necesita de nuestros cuidados -hemos crecido-, los antiguos amores sólo están ya en las líneas redentoras del verso y las sentencias se acumulan en los poemas, impregnados de un desengaño barroco actualizado: “Huyen los años, mudan los afectos / y todo se concilia con la muerte”; “Todo es separación, adioses, marcha. / Hasta este instante en que estoy a tu lado / brevemente tocado por la dicha”; “Envejecer es esto: / que muera el corazón sin que se pare”.
Un consuelo queda para el poeta: el poema. Al escribir se recupera del olvido lo que se pierde, que, como decía Machado, por eso se canta. Rivero Taravillo, en varios poemas, nos ofrece su poética, basada en estas máximas: el poeta finge (con Pessoa), los libros y lecturas tatúan nuestra alma y nuestra escritura, lo irrelevante cobra luz en los poemas, la poesía renace el mundo: “Las horas son inútiles y frías, / y un verso hace la luz. Renace el mundo”.
Sobrevive el amor en estos poemas, a menudo con la presencia de términos bélicos, como expresión de lucha y batalla. Y dos curiosidades: una, un poema a la suegra, algo inusual, hablando muy bien de ella nos referimos, una especie de segunda madre o sencillamente “Madre”, “(…) pues diste vida / a mi amada y su espíritu tan libre”. El final de este insólito poema es magistral, una verdadera declaración de amor: “Mi propia madre, que murió muy pronto, / no era más que mi madre, pero tú / eres la madre de quien yo más quiero, / y así eres más querida tú que aquélla, / igual que, infinitamente, a mi amada, / la quiere más mi alma que a sí misma”.
La otra sorpresa es “La rama solitaria de febrero”, poema en el que cumple aquello de que el poeta logra decir con bellas palabras lo que el lector ha podido alguna vez llegar a sentir, en este caso, la emoción estética ante un detalle aparentemente sin importancia: cómo se cimbrea una rama cuando la abandona un pájaro.
Así hemos vivido este libro lleno de sorpresas y belleza, con la emoción de un lector que se reconoce en cuanto lee, lo haya vivido o no.
Hasta aquí la reseña de este buen libro de poemas. En mi libro La sextina de Petrarca a la poesía contemporánea, Sevilla, Arcibel Editores, 2009, publiqué una sextina de Rivero Traravillo. Le solicité las que tenía en ese momento y me mandó tres, con la indicación “Las dos primeras, inéditas; la tercera de Farewell to Poesy, Pre-Textos, 2002”. Estas son las tres:
I
HE de encontrar un vado hasta tu orilla,
un camino que me lleve a tu belleza.
He de dejar atrás mi tierra triste,
trocar mi soledad por la alegría
tranquila de tu cuerpo junto al mío,
mi suelo de ceniza por tus rosas.
Me llaman con su brillo aquellas rosas
que veo crecer lozanas en tu orilla.
Mientras tanto este erial, este erial mío
lo agosta más el sol de tu belleza.
Se refleja en el agua tu alegría
y es el río también mi espejo triste.
El cielo de la tarde se hace triste:
va cayendo su sombra entre las rosas,
mas no empaña el ocaso tu alegría
tendida como luz sobre la orilla.
Alumbra todavía tu belleza
cuando ya la noche está en torno mío.
Qué diferentes tu vivir y el mío,
tu clara risa de mi ceño triste,
tu hermosa calma, mi ansia de belleza.
Quiero libar las mieles de las rosas
que viven en tus labios, a la orilla
de un río que descienda mi alegría.
Desnudo ya me arrojo a la alegría
que toma por asalto el pecho mío
y nado el agua fresca hacia la orilla
donde tiene su término lo triste,
donde muere lo oscuro entre las rosas,
donde todo renace en la belleza.
Qué vértigo acercarme a tu belleza,
qué eléctrica pasión esta alegría
de rozar con mis manos ya tus rosas.
Mira: tu cuerpo cálido ya es mío,
ahora haz que me olvide de la triste
soledad que he dejado en la otra orilla.
Por fin estoy en tu orilla, en tu belleza.
El triste de antes vive en la alegría
y es mío el gozo pleno entre tus rosas.
II
Del deseo, ¿qué queda? Un son de piedra
o la sombra, no más, bajo la luna,
el ron y la mortaja de su cuerpo.
Y es vil escoria lo que creías alma,
sombra en la sombra y un golpe en el agua
con el dolor de no ser más que noche.
Las paredes del día y de la noche
en las olas que descubren la piedra;
en muros de cristal amores de agua
acarician la masa de la luna
como nosotros mismos, nuestra alma
a nuestro afán de carne. Nuestro cuerpo.
La ola indivisible de tu cuerpo
inclinando los frutos de la noche
que hay que nombrar para que llegue el alma
que bebe astillas de agua en una piedra.
Por eso canto al día y a la luna
con el fuego insensato y con el agua.
Si hago saltar guijarros sobre el agua
que atraviesas ansiosa con tu cuerpo,
el más hermoso imperio de la luna,
deja caer aviones en la noche.
Todo se va cayendo, todo es piedra
para que al fin pudieses tú ser alma.
Las escaleras gimen cuando el alma
de ademanes transparentes de agua
desciende por su sombra hacia la piedra.
Abatir su ternura bajo el cuerpo,
las murallas de espuma de la noche:
por él navegaré como una luna.
Se fue por un sendero de la luna
mi corazón; y los sentidos —alma—,
y desde entonces duermo con la noche,
cuerpo con cuerpo igual que agua con agua,
su contacto fundente cuerpo a cuerpo:
arrasados serán, piedra sin piedra.
La piedra humedecida aspira luna,
un cuerpo encadenado lleno de alma
sobre el agua tranquila de la noche.
Comentaba el poeta: Los versos de esta sextina pertenecen respectivamente a los siguientes poetas: Ricardo Molina, E. Cote, Carlos Jiménez, J.R.J., Juan Luis Panero, J. J. Cabanillas; P. Salinas, Juan Luis Panero, J. Gorostiza, J. M. Ullán, J. Gil-Albert, P. Salinas; Neruda, J. J. Cabanillas, J. L. Hidalgo, Carlos Pellicer, Neruda, Paz; Jesús Aguado, P. Salinas, Miguel Hernández, E. Cote, E. Cote, Pedro Salinas; Cirlot, Paz, Cirlot, M. Calvillo, Jesús Aguado, J. L. Hidalgo; J. Gorostiza, R. Bonifaz Nuño, Neruda, Pedro Salinas, R. Bonifaz Nuño, J. J. Cabanillas; Antonio Colinas, E. Cote, Alí Chumacero.
III
TEDIO
Despacio se consume tu vivir,
a ritmo perezoso marcha el tiempo
y aún tu vaso está todo vacío.
Persiste su cristal en el que nunca,
por mucho que lo observes, hallas nada
que abrace su pared y llene el hueco.
No mengua con los años ese hueco
que va dando su forma a tu vivir.
Tú ya sabes que no sirve de nada,
que sólo es una pérdida de tiempo,
quimera que no puede darse nunca,
cegar de alguna forma ese vacío.
Discurre por tus venas el vacío
y en medio de tu pecho late un hueco.
Así constantemente. Siempre. Nunca
conoces otro modo de vivir.
Al compás que tú mismo, al mismo tiempo,
se va espesando en ti, densa, la nada.
En tu mar solipsista boga y nada
un torpe cascarón, un pez vacío
que hace singladura y cruza el tiempo
como un grano rojizo por el hueco
de un reloj de arena: tu vivir
lento se encamina hacia tu nunca.
Pues esta es tu condena: que si nunca
quisiste el nacimiento, hoy ya nada
te es posible; solamente vivir,
plantando cara, heroico, a tu vacío,
que proeza es combatir con ese hueco
resistiendo sus embates algún tiempo.
Siempre el hastío es íntimo del tiempo,
la ansiada plenitud no llega nunca;
la felicidad es un vocablo hueco
cuya razón jamás responde a nada.
Debajo de la piel se abre el vacío,
la más propia sustancia del vivir.
No otra cosa es vivir: matar el tiempo.
Ama, pues tu vacío, porque nunca
nada será más tuyo ni más hueco.
En mi libro sobre la sextina se incluye esta última de Antonio, con este comentario previo:
“Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) publicó la una sextina, “Tedio” (Farewell to Poesy, Valencia, Pretextos, 2002, pp. 11-12), bastante pesimista de fondo, una reflexión sobre nuestra condena, la quimera del vivir, el paso del tiempo, con versos que pertenecen a un buen número de poeta (Ricardo Molina, Juan Luis Panero, P. Salinas, Neruda, Miguel Hernándes, Antonio Colinas, etc.) Es un juego dentro del juego, un reto en todo caso para el lector, que debe hallar estas referencias intertextuales”.
Larga memoria para Antonio Rivero Taravillo, a quien echa de menos el aire cultural y humano de Sevilla, ciudad donde vivía, y el ambiente cultural en general. Este año está finalista en el Premio de la Crítica de Andalucía. Le deseamos suerte y mucho ánimo a Teresa Merino, a quien agradecemos el ofrecimiento de fotos del poeta.
Fotos:
- Feria del Libros de Sevilla de 2019, firmando su libro Svarabhakti. Foto Teresa Merino.
- En casa.
- Del fotógrafo sevillano Pepe Morán, sentado junto al poeta Víctor Jiménez entre el público de un recital de poesía. Seguramente del año 2024.
- En el acto celebrado en su homenaje el 19 de febrero de 2025 en la Biblioteca Pública Infanta Elena de Sevilla, con su mujer a su lado. Foto de Felipe Rodríguez.
- Lectura de poesía en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, 2024.
- Foto de Toi Junco en casa en el otoño de 2023.
ANTONIO RIVERO TARAVILLO
