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La Loba de Francia: Isabel, la reina que derrocó a su marido y gobernó Inglaterra
Por Sofía
La llamaron la Loba de Francia.
Una mujer ambiciosa, manipuladora, cruel y capaz de cualquier cosa para conseguir el poder. Una reina que habría conspirado contra su propio marido, se habría convertido en amante de uno de sus enemigos y habría terminado provocando la caída y la muerte del rey de Inglaterra.
Durante siglos, esa fue la imagen de Isabel de Francia.
Pero la realidad es bastante más interesante.
Porque Isabel no fue simplemente una mujer ambiciosa que conspiró desde las sombras. Fue una reina que se encontró atrapada en un matrimonio desastroso, en una corte dominada por favoritos, en un conflicto entre el rey y sus nobles y en una guerra política que terminó destruyendo a la propia familia real.
Y sí: finalmente se rebeló contra su marido.
En 1326 regresó a Inglaterra al frente de un ejército junto a Roger Mortimer, uno de los enemigos más poderosos del rey Eduardo II.
En pocos meses, Eduardo II perdió el trono.
Y su hijo, un adolescente llamado Eduardo, se convirtió en Eduardo III.
La historia de Isabel de Francia es la historia de una reina que pasó de ser una princesa extranjera a convertirse en una de las mujeres más poderosas de Europa.
Y también es la historia de cómo el poder que consiguió acabó escapándosele de las manos.
Una princesa francesa para un rey inglés
Isabel nació alrededor de 1295, hija del poderoso rey francés Felipe IV, conocido como Felipe el Hermoso, y de Juana I de Navarra.
No era una princesa cualquiera.
Pertenecía a una de las familias más poderosas de Europa y creció en una corte en la que la política, los matrimonios y las alianzas internacionales formaban parte de la vida cotidiana.
Su futuro estaba decidido desde muy joven.
Debía casarse con el rey de Inglaterra.
El elegido fue Eduardo II.
El matrimonio se celebró en 1308 y aquel enlace debía servir para mejorar las relaciones entre Francia e Inglaterra.
Isabel tenía apenas doce o trece años.
Eduardo era bastante mayor.
Lo que nadie podía imaginar era que aquel matrimonio acabaría convirtiéndose en uno de los grandes dramas políticos de la Inglaterra medieval.
Un matrimonio condenado
Eduardo II tenía un problema que su padre, Eduardo I, había intentado evitar durante toda su vida: no sabía controlar a sus favoritos.
Uno de ellos fue Piers Gaveston.
Gaveston tenía una relación extraordinariamente cercana con el rey. Recibía honores, tierras y títulos que provocaban la indignación de buena parte de la nobleza.
Los barones llegaron a considerarlo una especie de segundo rey.
Isabel tuvo que soportar aquella situación desde el comienzo de su matrimonio.
El conflicto no era solamente sentimental.
Era político.
El rey estaba entregando poder y riquezas a hombres de su confianza, mientras una parte de la aristocracia consideraba que la Corona estaba siendo utilizada en beneficio de unos pocos favoritos.
Finalmente, Gaveston fue capturado y ejecutado en 1312.
Pero Eduardo II no aprendió la lección.
Apareció un nuevo favorito.
Y este sería mucho más peligroso.
Hugh Despenser: el hombre que terminó enfrentando a la reina
Su nombre era Hugh Despenser el Joven.
Despenser llegó a disfrutar de una influencia extraordinaria sobre Eduardo II. El rey le concedió tierras, cargos y privilegios.
La situación se volvió especialmente grave para Isabel cuando Despenser comenzó a actuar contra los intereses de la propia reina.
En 1324 se produjo una ruptura decisiva.
Despenser confiscó propiedades de Isabel y contribuyó a separarla de sus hijos y de personas de su entorno francés.
La reina dejó de ser simplemente una esposa descontenta.
Se convirtió en una enemiga política.
Y había algo que hacía que la situación fuese todavía más peligrosa:
Isabel era hija del rey de Francia.
La reina que viajó a Francia
En 1325 Isabel fue enviada a Francia en una misión diplomática relacionada con las tensiones entre ambos países.
Fue entonces cuando apareció Roger Mortimer.
Mortimer era un poderoso noble inglés que había sido enemigo de Eduardo II y de los Despenser.
Había participado en una rebelión contra el rey y había terminado escapando a Francia.
Isabel y Mortimer se encontraron allí.
Y poco después comenzaron los rumores.
¿Eran amantes?
La relación entre ambos es uno de los aspectos más conocidos de la historia de Isabel, pero también uno de los que más ha alimentado la leyenda.
Lo que sí sabemos es que se convirtieron en aliados políticos.
Y que ambos tenían un enemigo común:
Eduardo II.
La invasión de Inglaterra
En septiembre de 1326, Isabel y Mortimer regresaron a Inglaterra con un ejército.
No era una simple protesta.
Era una invasión.
La situación política del rey era tan mala que la resistencia se desmoronó rápidamente.
Muchos nobles se unieron a Isabel.
El rey huyó.
Los Despenser fueron capturados.
Hugh Despenser el Joven sufrió una ejecución brutal en Hereford.
Y Eduardo II terminó prisionero.
En apenas unos meses, Isabel había conseguido algo extraordinario:
había derribado a su propio marido.
La caída de Eduardo II
Eduardo II fue obligado a renunci
Imagen portada: openai
La historia de Isabel de Francia, la Loba de Francia: la reina que conspiró contra Eduardo II, se alió con Roger Mortimer y gobernó Inglaterra.
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