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La mirada como medio de dominación

La mirada como medio de denominación
Antonio Costa Gómez
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La mirada como medio de dominación

  El que mira cosifica al mirado. Y lo clasifica y lo simplifica. Lo coloca en un cajón de su cerebro con una etiqueta.

   Ver es otra cosa, es algo más abierto y más receptivo. Ver es que llegan las cosas y las personas sin que tú las domines.

   El que mira paraliza al mirado, lo convierte en piedra. El mito de Medusa se cumple en todas partes.

   En otras épocas no se podía mirar directamente a los señores. Había que mantener los ojos bajos. Mirar era desafiar. Y aún ahora ocurre a menudo en muchos ámbitos. Tienes que dejar que te miren, pero no puedes mirar. Incluso el otro te mira, pero se extraña de que tú lo mires.

   Y hay otra forma de mirar, que es el vigilar. El almacenar datos sobre las personas, quieran o no. Los espionajes internos y externos. Los poderes miran sin cesar a todas las esquinas. Lanzan sus reflectores, no quieren que nada se escape. Te ubican en cualquier momento, te sitúan para dominarte.

   La digitalización forzosa y salvaje es otra forma del mirar dominador. Te quieren digital para verte y dominarte. Que todo lo que hagas sea visible. Que no exista la intimidad, como denuncia el filósofo coreano. Que nada se les escape.

   Incluso las concepciones autoritarias de Dios lo simbolizan con un ojo gigantesco. Alguien que todo lo mira. . Del que no puedes escapar. Que te persigue y te castiga sin fin, en la concepción calvinista. Que te ha clasificado ya para toda la eternidad. Para ese Dios eres un malvado de nacimiento y tiene que mantenerte a raya con su mirada todopoderosa.

    A mí me gusta otra concepción de Dios y creo que es la de san Francisco y otros. Dios es un Dedo que te toca, una Mano que te levanta. Dios está debajo para sostenerte, no encima para aplastarte. Dios no es el Vigilante cósmico, es el Origen que da vida y que inspira.  Está ahí si te hace falta, sin garrote y sin anteojos.

   Pero la mirada es el mayor medio de dominación. Almacenan datos sobre ti. Te clasifican, te etiquetan. Pero en realidad los poderes con su mirada no saben nada. Los datos no son nada, no son tu atmósfera, tu alma. Lo esencial de ti no está en los datos, ni en millones de datos.

   Por eso los poderes en realidad no te ven. No saben nada de ti.

   Con sus máquinas te miran, pero solo miran lo externo. Ni siquiera lo externo, solo polvo de datos. Millones de datos como pedruscos. Y en ellos no estás tú para nada.

   También la pintura llamada realista clasificaba todo y encerraba todo. Lo estructuraba con rigidez y lo encerraba en líneas. En cambio, los pintores chinos como Li Cheng captaban la atmósfera, la vida de las montañas. También lo hacían un poco los impresionistas.

    Los poderes son los grandes comisarios para los cuales eres un delincuente de antemano y te atacan con sus focos en la cara. Y no te ven a ti, ven la escayola de tu cara. Ven tus formas externas sin vida. Y vigilan y vigilan, pero no se enteran.

   Lo mismo si vas por la calle y te paralizan con la mirada. Te meten en una etiqueta, te dominan. Te clasifican de manera inamovible para siempre. Porque son perezosos, no quieren revisar su visión. Hacen de una vez una etiqueta y es para siempre. Aun que todo el mundo fluye sin fin y tú fluyes sin fin.

   La mirada es una forma de atraparte. Es una jaula, una forma de tenerte a raya. El que mira domesticar a los demás y domesticar el cosmos. No te ven, pero te miran. Con una mirada te colocan en un estante, cambiar ese estante puede llevar miles de años.  Así miran también los países, las obras, los fenómenos.

    En el mirar hay una intencionalidad, como decía el filósofo Franz Brentano. Y por tanto un dominio. Así hizo gran parte de la filosofía académica occidental. Petrificar el mundo en lugar de verlo. Si lo ves es él mismo llegando, si lo miras le pones un lazo.

   En el ver está la libertad de las personas y de las cosas. Está el respeto de los demás. Entonces los conoces de verdad. Pero el poder no quiere ver, quiere mirar. Y todo el mundo quiere poder.

  Si no miras, te puedes llevar muchas sorpresas, el mundo es independiente y autónomo. Está vivo y fluye sin cesar. Así lo indicaba Bergson. Hacemos un montón de cortes en el mundo que no existen. Imponemos nuestro criterio a la vida. Y con los demás hacemos lo mismo.

   Ver puede ser que llegue el caballo a tu cuarto en la noche. Mirarlo es ponerle las bridas y meterlo en su establo. Los poderes con su mirada hacen establos sin fin.

  La mirada incluso es un acto de arrogancia, de prepotencia. Es una agresión y una forma de ponerte en un sitio. De clavarte como a la mariposa con su clavo. Como hace la ciencia. La ciencia moderna es el paradigma de la mirada clasificadora y dominadora. La que dice que no encuentra el alma y por tanto el alma  no existe.

   Todos buscan el dominio. Buscan petrificarse unos a otros. La gente no quiere sorpresas, quiere cada cosa en su sitio para siempre. El mito de Medusa se cumple a cada momento. Y en todas las sociedades.

    Es preciso escapar de Medusa, conseguir que te dejen vivo. Libre de todas las miradas clasificadoras.

   Las miradas son una lucha sin fin, unos contra otros intentando clasificarse. Y ganan los poderosos. Pero seguirá en los escondrijos lo que no puede mirarse. También en las novelas de Bradbury o de Aldous lHuxley el poder lo miraba todo. Pero en las esquinas las personas leían libros o se amaban.

   El foco de la comisaría no llega a todas las esquinas. La digitalización agobiante y brutal no lo codifica todo.

ANTONIO COSTA GÓMEZ

ODILON REDON: EL OJO

Pensamiento

 

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