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Bershka ¿discriminación oculta hacia la mujer?

Bershka ¿discriminación oculta hacia la mujer
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Bershka ¿discriminación oculta hacia la mujer?

Por Iris Yuviana Hernández Robles

 No suelo espiar la sección de hombres cuando navego por la tienda digital de Bershka. Sin embargo, por mera curiosidad y con la intención de buscar opciones de camisetas más amplias, osé cruzar la barrera de género. Cuán grande fue mi sorpresa al advertir que en el escaparate masculino las prendas prescinden de los clichés habituales o de las frases extraídas de la elocuente jerga de TikTok. Descubrí allí una edición limitada de impresiones del gran Klimt, con un detalle peculiar: estaban concebidas exclusivamente para hombres, sin contemplar cortes unisex. No puedo negar que me sentí decepcionada y, en cierta medida, agraviada. Primero, debido a mi profunda admiración por la obra de Klimt y el simbolismo; segundo, por la existencia de un sesgo que resulta, cuando menos, evidente. En contraparte, la sección femenina de esta firma de fast fashion ofrece una gran variedad de modelos, aunque sus estampados tienden a resolverse de manera genérica y llanamente adocenada.

Parece presuponerse que las ediciones de arte se reservan para el público masculino, mientras que a nosotros nos corresponden los estampados de Shrek, Sonic, Hello Kitty y frases ligeras de corte “girl” o al estilo de Regina George, bajo la premisa comercial de que es lo que “habitualmente consumimos”. Cierto es que muchas mujeres disfrutamos de la cultura pop, y resulta emocionante encontrar colecciones inspiradas en fenómenos universales como Twilight, Friends, Sex and the City o Gossip Girl. No obstante, cabe preguntarse si detrás de estas decisiones la marca no estará asumiendo de forma implícita un estereotipo sobre los intereses femeninos. Este cuestionamiento no surge únicamente de mi experiencia: el debate se encendió con el revuelo en torno a aquella famosa camiseta lanzada este verano con el estampado “Six Seven”, diseñada exclusivamente para el público femenino a pesar de que el sector masculino puberto y prepuberto utilizaba mayoritariamente la frase. Aquel episodio se viralizó rápidamente, generando una mezcla de asombro e inconformidad en redes sociales. No obstante la camiseta quedó sold out pese a la polémica y hoy día ya no está en su catálogo femenino, particularmente porque estás últimas fechas fueron de rebajas.

Lejos de pretender la eliminación absoluta de los guiños divertidos en la indumentaria femenina —los cuales indudablemente aportan un toque estiloso y urbano—, llama la atención cómo las grandes marcas parecen reservar las temáticas artísticas o de mayor calado cultural casi de forma exclusiva para los varones, privando a las compradoras de esa alternativa. Nos queda, quizás, imaginar el matiz estético de portar una camiseta con un estampado de Klimt o Murakami. El arte, en su esencia, carece de género y posee la capacidad de enriquecer tanto a hombres como a mujeres; un principio que los equipos ejecutivos de firmas como Bershka harían bien en tener presente.

A lo largo de la historia moderna, la industria publicitaria, el cine y la moda han consolidado una narrativa binaria que tiende a categorizar los intereses humanos en función del género. Bajo esta estructura, el hombre ha sido sistemáticamente vinculado con el intelecto, la razón, la técnica y lo considerado «culto», en tanto que la mujer ha sido relegada con frecuencia al ámbito de la estética, la apariencia y la emoción superficial. Podría pensarse que esta división no es meramente accidental, sino que responde a un modelo económico que mercantiliza ciertos roles tradicionales para asegurar la rentabilidad.

Desde la consolidación de los medios masivos en el siglo XX, los productos culturales dirigidos a los varones se han comercializado a menudo como inversiones en intelecto o estatus, mientras que los orientados al mercado femenino se estructuran bajo la promesa de la complacencia o el cuidado estético. Al perpetuar este binarismo discursivo, las marcas corren el riesgo de limitar la complejidad humana y trivializar los intereses de sus consumidoras. Más que una condena absoluta, quizás el verdadero objetivo sea abrir la conversación sobre cómo el mercado actual sigue reproduciendo estos patrones y si las firmas de moda están dispuestas a evolucionar hacia una oferta verdaderamente igualitaria.

 

 

 

Pensamiento – Opinión

Imagen portada: openai

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