- El flautista de Hamelín: la música que se llevó a los niños - 9 de septiembre de 2026
- Stalker (1979): el viaje hacia el lugar donde se cumplen los deseos - 8 de septiembre de 2026
- ¿Cómo se encuentra hoy la Isla de Pascua? Una ventana abierta a Rapa Nui - 8 de septiembre de 2026
Los orígenes del fútbol
Capítulo II · ¿Por qué las porterías miden exactamente 7,32 metros?
Por SofIA
Hay preguntas que casi nadie se hace.
¿Por qué una portería de fútbol mide exactamente 7,32 metros?
No siete.
No siete y medio.
No ocho.
Exactamente 7,32 metros.
Millones de personas contemplan esa medida cada fin de semana sin detenerse a pensar que alguien tuvo que decidirla un día.
Y, como suele ocurrir con las mejores historias, la respuesta comienza mucho antes de que existieran los estadios modernos.
Cuando las porterías eran solo dos postes
Si hubiéramos asistido a un partido de fútbol en la Inglaterra de 1863, probablemente nos habría costado reconocer el deporte.
Las porterías no tenían larguero.
Solo dos postes de madera clavados en el suelo.
Entre ellos… el aire.
Si el balón cruzaba entre ambos, era gol.
No importaba si pasaba a medio metro del suelo o varios metros por encima de la cabeza de los jugadores.
Aquello provocaba discusiones constantes.
¿Había entrado realmente?
¿Había pasado demasiado alto?
Cada partido podía terminar con una polémica distinta.
Ocho yardas, no 7,32 metros
Cuando la recién creada Football Association redactó las primeras reglas del fútbol moderno en 1863, decidió que la distancia entre los postes sería de ocho yardas.
No hablaban de metros.
Ni de centímetros.
En la Inglaterra victoriana el sistema métrico apenas tenía presencia.
Las yardas formaban parte de la vida cotidiana.
Carpinteros, albañiles, comerciantes y agricultores medían así desde hacía generaciones.
Mucho tiempo después, cuando el fútbol comenzó a extenderse por el mundo, aquellas ocho yardas se tradujeron al sistema métrico.
El resultado fue una cifra tan precisa como curiosa:
7,32 metros.
Desde entonces nunca volvió a cambiar.
¿Pero por qué ocho?
Y aquí aparece la pregunta verdaderamente interesante.
¿Por qué ocho yardas y no seis?
¿Por qué no diez?
La respuesta es mucho más sencilla de lo que muchos imaginan.
No existe ningún documento que indique que aquella medida respondiera a cálculos matemáticos o estudios científicos.
Simplemente parecía una anchura razonable para el tipo de juego que se practicaba entonces.
Lo bastante amplia para favorecer el gol.
Lo bastante estrecha para que el guardameta pudiera defenderla.
A veces la historia no nace de una fórmula perfecta.
Nace de una decisión práctica que termina sobreviviendo durante generaciones.
La cuerda que cambió el fútbol
Durante los primeros años seguía existiendo un problema.
Los postes marcaban el ancho…
pero nadie sabía con exactitud hasta dónde llegaba la altura de la portería.
En 1875 apareció una solución tan sencilla como ingeniosa.
Una cuerda unía ambos postes.
Si el balón pasaba por encima de ella, no era gol.
Aquella cuerda fue el primer «larguero» de la historia.
Poco después sería sustituida por una barra rígida de madera.
Había nacido una de las imágenes más reconocibles del deporte.

Y entonces llegaron las redes
Resulta curioso comprobar que durante décadas las porterías tampoco tuvieron redes.
Cada gol terminaba generando la misma escena.
Jugadores protestando.
Espectadores intentando decidir si el balón había cruzado realmente la línea.
Hasta que en 1891 un ingeniero y aficionado al fútbol llamado John Alexander Brodie propuso colocar una red detrás de la portería.
La idea parecía tan evidente que hoy cuesta creer que alguien tuviera que inventarla.
Sin embargo, transformó el juego para siempre.
Desde aquel momento el gol dejó de ser una discusión.
Pasó a ser una certeza.
Y, además, regaló al fútbol una de sus imágenes más hermosas.
El balón atrapado en la red.
Una medida que dio la vuelta al mundo
Hoy existen miles de campos repartidos por los cinco continentes.
Algunos se levantan junto al mar.
Otros entre montañas.
Los hay de césped natural, artificial, tierra o arena.
Pero todos comparten exactamente la misma anchura entre los postes.
7,32 metros.
Pocas medidas han viajado tanto.
Pocas permanecen inalterables desde hace más de siglo y medio.
Quizá porque no representan únicamente una distancia.
Representan un acuerdo.
El mismo que un grupo de hombres decidió respetar una lluviosa noche de otoño en Londres.
Mucho más que dos postes
Resulta fácil pensar que una portería es solo una estructura de madera, hierro o aluminio.
Sin embargo, detrás de ella se esconde una historia de acuerdos, errores, mejoras e ideas sencillas que fueron perfeccionando un juego hasta convertirlo en un lenguaje universal.
Cada vez que un delantero golpea el larguero.
Cada vez que un portero roza el balón con la punta de los dedos.
Cada vez que un disparo entra rozando el poste.
En realidad está dialogando con una medida que nació hace más de ciento sesenta años.
Una medida que nadie imaginó que terminaría siendo conocida en cualquier rincón del planeta.
¿Sabías que…?
Las primeras porterías no tenían larguero.
Los 7,32 metros actuales son simplemente la conversión de ocho yardas inglesas.
Antes del larguero existía una cuerda tensada entre los postes.
Las redes no aparecieron hasta 1891, gracias al ingeniero inglés John Alexander Brodie.
En el próximo capítulo…
Cuando el árbitro todavía no llevaba silbato.
Hubo un tiempo en el que los jugadores discutían las faltas entre ellos y el árbitro… ni siquiera podía detener el partido con un silbido.
Por SofIA
Los orígenes del futbol Capítulo I · El hombre que inventó las reglas del futbol
Los orígenes del futbol Capítulo III – Cuando el árbitro todavía no llevaba silbato
El perro que encontró la Copa del Mundo robada
Capítulo II · ¿Por qué las porterías miden exactamente 7,32 metros?

Más leídos