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Cuando un divorcio terminó creando una de las mayores subastas de arte de la historia

Cuando un divorcio terminó creando una de las mayores subastas de arte de la historia
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Cuando un divorcio terminó creando una de las mayores subastas de arte de la historia

¿Qué valor tiene realmente una obra de arte?

Es una pregunta que ha generado debates durante siglos. Algunos ven el arte como una expresión cultural imposible de cuantificar. Otros lo consideran una inversión. Y para las grandes fortunas del mundo, muchas veces es ambas cosas a la vez.

En 2022 ocurrió un acontecimiento que volvió a demostrar hasta qué punto el mercado del arte puede mover cifras difíciles de imaginar. La colección privada de Harry y Linda Macklowe, una de las más importantes del arte contemporáneo, fue subastada por Sotheby’s y alcanzó un total de 922 millones de dólares.

La cifra no solo sorprendió por su magnitud. También por la historia que había detrás.

Una colección construida durante más de medio siglo

Harry Macklowe es un conocido promotor inmobiliario estadounidense que acumuló una gran fortuna a través del sector inmobiliario de lujo en Nueva York. Junto a su entonces esposa Linda Burg, desarrolló durante décadas una de las colecciones privadas más prestigiosas del mundo.

Durante más de cincuenta años adquirieron obras de algunos de los artistas más influyentes de los siglos XX y XXI:

No se trataba simplemente de comprar arte caro.

La colección fue construida con una visión muy selectiva. Los Macklowe buscaban piezas emblemáticas, obras capaces de representar momentos clave en la evolución del arte moderno y contemporáneo.

Con el paso de los años, la colección adquirió una relevancia comparable a la de muchos museos.

Cuando la vida personal cambia el destino de una colección histórica

Sin embargo, el detonante de la venta no fue una decisión estratégica de inversión.

Fue un divorcio.

Tras la ruptura matrimonial, los tribunales determinaron que la colección debía valorarse y repartirse entre ambas partes. Al no existir acuerdo sobre cómo dividir las obras, se tomó una decisión extraordinaria: vender la colección completa mediante subasta pública.

Lo que comenzó como un conflicto patrimonial terminó convirtiéndose en uno de los acontecimientos más importantes del mercado artístico internacional.

La historia demuestra cómo factores completamente ajenos al mercado pueden acabar generando operaciones multimillonarias.

En muchas ocasiones, las mayores ventas de activos no surgen porque alguien quiera vender, sino porque determinadas circunstancias obligan a hacerlo.

Sucede con empresas familiares.

Sucede con inmuebles.

Sucede con colecciones de arte.

Y, en este caso, sucedió a una escala histórica.

Dos subastas que paralizaron al mercado del arte

Sotheby’s organizó la venta en dos fases.

La primera tuvo lugar en noviembre de 2021.

La segunda se celebró en mayo de 2022.

Desde el principio quedó claro que no se trataba de una subasta convencional.

Coleccionistas privados, asesores patrimoniales, fondos especializados, museos y compradores internacionales siguieron el proceso con enorme atención.

La razón era sencilla:

Muchas de las obras llevaban décadas fuera del mercado.

Y cuando piezas de esta categoría aparecen disponibles, la competencia entre compradores suele ser feroz.

Los resultados fueron extraordinarios.

Numerosas obras superaron ampliamente sus estimaciones iniciales.

Varias establecieron récords para sus respectivos artistas.

Y el conjunto de las dos subastas alcanzó los 922 millones de dólares.

En ese momento, se convirtió en la colección privada más valiosa jamás vendida en una subasta.

Más allá del arte: una lección sobre escasez

Uno de los factores que explican estas cifras es la escasez.

En economía, la escasez es uno de los motores fundamentales del valor.

Y pocas cosas son más escasas que una obra maestra.

No se pueden fabricar más.

No se pueden replicar.

No existe una nueva producción capaz de aumentar la oferta.

Si un Rothko histórico está en manos privadas durante décadas y reaparece en el mercado, los compradores saben que tal vez no vuelvan a tener una oportunidad similar durante años.

Esta dinámica es la misma que impulsa el valor de otros activos excepcionales:

  • Propiedades únicas.
  • Vehículos históricos.
  • Joyas irrepetibles.
  • Objetos de colección de relevancia mundial.

La diferencia es que el arte combina escasez con prestigio cultural, reconocimiento internacional y una demanda global extremadamente sólida.

El arte como reserva de valor

Cuando un divorcio terminó creando una de las mayores subastas de arte de la historia
Willem de Kooning (1904-1997)

Durante mucho tiempo se consideró que el arte era un mercado reservado únicamente para coleccionistas apasionados.

Hoy la realidad es distinta.

Las grandes fortunas suelen incorporar arte dentro de sus estrategias de preservación patrimonial.

No porque garantice beneficios.

No porque sea inmune a los ciclos económicos.

Sino porque aporta características difíciles de encontrar en otros activos.

Entre ellas:

✔ Diversificación patrimonial.

✔ Oferta limitada.

✔ Reconocimiento global.

✔ Capacidad de conservación a largo plazo.

✔ Valor cultural y simbólico.

Por supuesto, el mercado del arte también implica riesgos.

La liquidez es menor que en otros mercados.

Las valoraciones pueden variar.

Y la calidad de las obras resulta determinante.

Sin embargo, los acontecimientos como la venta de la colección Macklowe demuestran que existe una demanda internacional muy potente para las piezas más importantes.

Una venta que refleja el comportamiento de las grandes fortunas

Existe otro aspecto especialmente interesante.

Mientras gran parte de la conversación económica gira en torno a acciones, bonos, criptomonedas o bienes inmuebles, las personas con mayores patrimonios del mundo suelen construir carteras mucho más diversificadas.

Arte.

Coleccionismo.

Vino.

Relojes.

Joyas.

Automóviles históricos.

Activos que, en muchos casos, cumplen una función patrimonial además de financiera.

La colección Macklowe es un ejemplo perfecto de esta realidad.

Lo que comenzó como una pasión personal terminó convirtiéndose en un patrimonio valorado en cientos de millones de dólares.

Y cuando llegó el momento de vender, el mercado respondió con cifras récord.

La gran enseñanza

Quizá la lección más interesante de esta historia no sea el récord alcanzado.

Ni siquiera los 922 millones de dólares.

La verdadera enseñanza es que el valor no siempre está donde la mayoría mira.

Durante décadas, Harry y Linda Macklowe fueron construyendo una colección guiados por una visión de largo plazo, seleccionando piezas excepcionales cuando todavía no existía la atención mediática actual sobre el mercado del arte.

Años después, esa visión terminó convirtiéndose en una de las colecciones privadas más valiosas de la historia.

Porque los activos extraordinarios suelen compartir una característica común:

Son difíciles de conseguir.

Requieren paciencia.

Exigen conocimiento.

Y muchas veces pasan desapercibidos para la mayoría hasta que el mercado les pone una cifra imposible de ignorar.

La colección Macklowe es uno de esos casos.

Una historia donde el arte, el patrimonio, la estrategia y las circunstancias personales terminaron convergiendo en una operación que quedará para siempre en la historia del mercado internacional.

¿Crees que el arte debe considerarse una inversión más dentro de una cartera patrimonial o su valor va mucho más allá de la rentabilidad económica?

Nota del editor: Artículo revisado, ampliado y actualizado en 2026 para incorporar nueva información y ofrecer una visión más completa de esta historia.

Foto Willem de Kooning (1904-1997)

Pintura

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