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REID AHORA, GILIPOLLAS
Os reís con vuestra tecnología grandilocuente (que complica la vida y hace ricos a los fabricantes de artilugios) de los que viven de manera sencilla y concreta. Pero vuestra tecnología inflada os deja tirados de golpe en un segundo.
Y entonces palpáis las paredes en la oscuridad para orientaros y le pedís fósforos al vecino y buscáis un sencillo transistor para enteraros de lo que pasa.
Todo este gigantesco tinglado no es más que una gigantesca pompa de jabón. Y se desinfla en el momento menos pensado. Y entonces os quedáis inermes porque ya no sabéis hacer nada porque creéis que vuestras máquinas ya lo hacen todo. Os atrofiáis y camináis atrofiados por las calles cuando vuestras máquinas sofisticadas y sordas os dejan tirados.
Reíd ahora, gilipollas. Poned ahora vuestra arrogancia tecnológica en algún sitio. Os alejáis del ser humano y de la vida y cuando queréis reencontrarla ya no sabéis dónde está.
Una cosa es indiscutible: En un mundo analógico puede fallar algo aquí, algo allá. O pueden fallar muchas cosas en muchos sitios. Pero nunca se vendrá todo abajo de repente y os dejará a todos en pelotas.
Angustiados porque ya no sabéis quienes sois.
Un cartero puede ser tonto y otro despistado, pero las cartas con el tiempo llegan a sus lugares Un empleado puede ser antipático, pero te da un billete en papel en dos segundos para entrar en un sitio. Y no tiene que encender un programa, buscar un código, buscar si hay energía., buscar la aplicación, etc, etc, y tener a una cola esperando horas como yo experimenté.
Y nos dicen que es para ayudarnos, para facilitarnos la vida. Lo que quieren es que compremos y compremos sin fin, de manera agobiante, lo que sale en cada segundo, y nos hagamos cada vez más dependientes, y les hagamos más ricos y más ricos. Y nos alejemos de la vida real, de la respiración, de los ritmos, de la naturaleza.
Pretenden sustituir en todo lo natural por lo artificial, y lo abierto por lo programado, y lo inspirado por lo mecánico, y lo espontáneo por lo codificado. Y lo concreto por lo abstracto sin carne, y la infinita riqueza del mundo por cuatro dígitos. Y dar fórmulas para todo que lo hacen todo siempre del mismo modo, todo es la cantidad, la cantidad.
Y te acosan y te acosan, compra, compra, compra. Y Microsoft me dice continuamente: ”Problema con su cuenta de Microsoft”, porque no le doy mi cuenta corriente para comprar más y más. Y no le hago ni puto caso. De todos modos, a las máquinas tontas se las engaña muy fácilmente, no se salen de sus programas, en cuanto les digas algo chocante ya no saben qué hacer.
Reid ahora, gilipollas. Habéis olvidado quienes sois, vivís en el reino de la artificialidad absoluta, de la abstracción y los dígitos, de lo programado y cerrado, del subrayar como Word el subjuntivo porque no lo conoce. De subrayar tantas cosas porque no las conoce. En un mundo cada vez más pobre y sin alma. Y sin aire y sin tierra.
Reíd ahora, gilipollas. Id a pedirle una radio al vecino del que os burlabais porque no estaba en vuestra tecnología arrogante y desconectada de la vida, pedidle una cerillas para encender algo, pedidle una vela para hacer un poco de luz. Y así valorareis el milagro de la luz. Y el milagro de estar vivos. Y de poder hablar y de saber hablar, en el rellano de la escalera, y de abrir la ventana y notar el aire que viene.
Todo este mundo actual es un globo hinchado, ya lo dije una vez en una revista. Y de vez en cuando se cae y entonces la gente tiene que tomar contacto con la realidad. Y descubrir quién es, y conocerse a sí misma en el apagón. Y aprender a hacer las cosas más sencillas, que también son las más prodigiosas y no las inventó una puta máquina con sus fórmulas.
En lugar de fórmulas necesitamos inspiración, o sea, coger aire. Coger aire y todo lo que vine con el aire. Coger toda la vida imprevisible y misteriosa que viene a nosotros y que no cabe en vuestras putas fórmulas.
Siempre me ha asombrado que en muchas series aparezcan como frikis los expertos en ordenadores. Al contrario, ellos son los más aburridamente normales en este mundo actual, y los verdaderos frikis son los que desconfían de tanta máquina y todavía desean hacer cosas con sus manos. Esos son los frikis y los solitarios. Pero la masa llena de papanatismo adoradora de las máquinas tendrá que recurrir a ellos de cuando en cuando para tomar un poco de aire y de naturalidad.
Quieren destruir del todo a la naturaleza, pero la naturaleza hace falta. Quieren destruir su propia naturaleza y manosearlo todo, y diseñarlo todo, y convertirlo todo en rombos y triángulos, pero su propia naturaleza les alcanza. Sobre todo si todo este mundo digital abstracto y vacuo se viene abajo en un instante y tienen que mirar por la ventana sencillamente como luce el sol.
Reíd ahora, gilipollas. Pero pedidle al vecino un sencillo bocadillo de jamón que no es una tecnología sofisticada llena de tropecientas aplicaciones (y para activarlas hay que emplear un montón de tiempo que se podría emplear en leer a Shakespeare o escuchar a tu tía simpática que vive en el pueblo).
Os habéis olvidado de quienes sois y de vez en cuando vuestra tecnología estúpida se viene abajo en un segundo y lo descubrís de repente. Os quedáis en pelotas y lo descubrís otra vez.
Y el mundo de lo ultracomplicado y ultrasofisticado que os tiene acorralados (lo que se podía hacer en minutos con una persona, como la declaración de la renta, tenéis que hacerlo con cien mil procedimientos y códigos fríos y áridos; y encima te dicen que es por tu bien y es un progreso) vuelve a lo sencillo y prodigiosos. A la magia de una sonrisa que nunca podrá fabricar una máquina.
Reíd ahora, gilipollas.
ANTONIO COSTA GÓMEZ
