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Conversación Apócrifa entre Tiziano e Isabel de Portugal

Conversación Apócrifa entre Tiziano e Isabel de Portugal
Antonio Costa Gómez
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Conversación Apócrifa

Entre Tiziano e Isabel de Portugal

   El atardecer se hacía leve e intenso, con colores alborotados. Como si alcanzara una desmaterialización completa. Era uno de esos atardeceres de los que decía Aretino: ¿Dónde está Tiziano para pintarlo? Atardeceres que eran la esencia de la pintura.

   Y entonces se le apareció la reina Isabel de Portugal. Tal vez fue una alucinación debida a la enfermedad que lo trastornaba totalmente, que acababa con él. Tal vez no. Isabel de Portugal con toda su delicadeza apareció en la terraza junto a él.

   “Sois vos”, dijo Tiziano, sin asombrarse. Ya casi no se asombraba de nada. Pero se asombraba de todo.

    “He venido a veros”, dijo la reina, que había muerto casi veinte años antes. “Deseaba acompañaros en estos momentos. Vos habéis hecho tanto con vuestra pintura”.

   Tiziano nunca conoció a la reina. La pintó de memoria, por las indicaciones de Carlos V. Le dieron un cuadro para que se fijara en los datos externos, un cuadro mediocre según el Aretino. Pero el espíritu se lo susurró Carlos V en varias ocasiones.

   “Quiero que pintéis un recuerdo – le dijo el emperador – Solo vos sois capaz de eso.” “Gracias, majestad”, dijo el pintor. Tiziano hizo un cuadro y se lo enseñó al emperador en Augsburgo. Pero el emperador le dijo que acortara un poco la nariz. “Quiero que la pintéis como yo la recuerdo, como está en mi cabeza”, le dijo el emperador. “Quiere que pinte una idea”, pensó Tiziano. Y él era muy capaz de pintar ideas. Ideas encarnadas, ideas vivas.

   “Teníais una idea de mí – le dijo la reina en aquel atardecer-  Vos sois el pintor ideal para pintar ideas”. “Pero vos erais una idea viva, una idea para ver de cerca. Una idea llena de encanto”, dijo el pintor. “Me asombra vuestra devoción – dijo la reina- A pesar de que no me conocisteis en persona”. “Os he conocido en la mente, en el sueño, que es el mejor lugar. En la memoria de un emperador. La memoria es una gran artista”.

  “Se nota que habéis leído a los filósofos neoplatónicos. Que habéis leído sobre el gran sabio Platón de la Antigüedad. Yo también leí Diálogos de Amor, de Leon Hebreo. Y El Cortesano de Castiglione. El duque de Béjar me los trajo muy bellamente encuadernados cuando vino a recogerme a la frontera de Portugal. Era muy elegante ese duque, tenía libros muy elegantes en su palacio de Béjar”.

Conversación Apócrifa entre Tiziano e Isabel de Portugal   “Sí, señora. También he leído a Marsilio Ficino. Y a Pico della Miranola. Pero cuando mejor comprendí el platonismo fue cuando os vi a través de los ojos del emperador”.

   “¿Cómo es eso?”, preguntó la reina. “Vos erais la belleza viva, la idea encarnada. La luz de las ideas alumbrando el mundo. El mundo se alejaba de toda vulgaridad y se enaltecía. Y se abría a espacios más vastos. A través de vuestros ojos, de vuestro semblante, yo comprendí como nunca a Platón. Yo lo viví”.

   “Sois muy galante – dijo la reina – Con razón el emperador os encargó mi retrato. Yo os debo mucho a vos, solo vos podríais captarme para la posteridad de ese modo”. “También vos me enaltecéis a mí con vuestra belleza. Ese cuadro fue la culminación de mi arte”.

   El cuadro seguiría mucho después de ese atardecer. El emperador lo miró con devoción toda su vida. Se lo llevó consigo a Bruselas, lo trasladó al monasterio de Yuste cuando se retiró de todo.  Más tarde estuvo en las colecciones reales, estuvo a punto de quemarse cuando se incendió el alcázar de Madrid. Pero no podía perderse esa obra. Y en aquel atardecer en Venecia parecía presentirse todo eso.

   “Vos hacéis que el emperador sea abierto, sensible a la cultura-, dijo Tiziano – Contemplando vuestro semblante no se puede ser rígido. Sois la sensibilidad y la vida y me la contagiáis a mí”.

   “Os debo mucho a vos, dijo la reina. Si alguien en el futuro me ama será gracias a vos”. “Muchas personas os amarán y tendrán el espíritu más abierto y flexible gracias a vos”, dijo el pintor.  Aquel atardecer intenso en Venecia le daba confianza y osadía. Y la cercanía de la muerte, cuando todo se seleccionaba.

   Tampoco sabía bien si la reina era una alucinación o estaba allí de verdad. Él había aprendido que en la naturaleza hay muchas cosas que no sospechan los supuestos sabios. Y que tal vez captan con más libertad los artistas.

   “El emperador también os debe tanto – dijo el pintor con la libertad del anochecer- Se casó con vos por motivos políticos. Pensaba dejaros la regencia de España y marcharse a Europa a luchar en sus guerras. Iba a veros solo un poco para cumplir. Pero quedó prendado de vuestra belleza. No pudo esperar y se casó con vos a medianoche en el alcázar de Sevilla. Y luego vivió con vos asombrado vuestra luna de miel en la Alhambra de Granada. Con vuestra belleza y aquellas estancias fantásticas se hizo más tolerante y más vivo. Vos le enseñasteis con vuestra belleza imposible, con vuestro encanto sin fin”.

   “No os acusaré de adulación – dijo la reina- No tendríais por qué adularme en estos momentos”. “Gracias a vos el emperador dejó entrar toda la cultura de Europa. Abrió España a lo mejor del mundo”. “¿Y habéis leído a Erasmo?”, preguntó la reina. “Sí, majestad, Erasmo de Rotterdam defiende un cristianismo más interior, más espiritual. Algo más auténtico, que no sean solo ceremonias externas”. “Algo menos pesado”, dijo la reina inspirada, porque estaba muerta.

   “Pero eso no se contradice con las ideas platónicas- dijo Tiziano– Más bien se conjuga con ellas. Y con vuestra belleza que también es espíritu”. “Habláis como pintáis”, dijo la reina.

   “El que se opone a las ideas platónicas y a toda la cultura antigua es ese monje alemán, Lutero. Para él el hombre está condenado al pecado, es una fiera que hay que dominar. Dice que el hombre es un esclavo sin albedrío condenado a hacer el mal. En cambio, Erasmo defiende el libre albedrío y la libertad. Uno defiende la rigidez, otro la libertad”.

   “Y aún hay otros más rígidos”, dijo la reina, que veía mejor porque estaba muerta. “Ya veis en Ginebra, hay  un ser que dice que el teatro el pecado, que toda la cultura es pecado. Que toda la belleza es pecado. Solo no es pecado acumular dinero. Dice que la gloria de Dios es acumular dinero, qué horror”.

   “Pero yo me concentro con vos en este atardecer.  Las ideas se asoman vivas a través de las nubes”, dijo Tiziano. “Y de vuestro pincel”, dijo la reina. “Y nada puede ser rígido en este momento – dijo Tiziano- Vuestra sutileza y la sutileza del mundo lo atraviesan todo. Y nadie podrá evitarlo”.

ANTONIO COSTA GÓMEZ

TIZIANO: RETRATO DE ISABEL DE PORTUGAL

 

Pensamiento

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