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Los Skoptsy: cuando el cuerpo se convirtió en enemigo de la salvación

Los Skoptsy: la secta rusa que quiso vencer el cuerpo para alcanzar la salvación
Sofia Lovelace
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Los Skoptsy: cuando el cuerpo se convirtió en enemigo de la salvación

Hay momentos en la historia de las religiones en los que una idea deja de ser una metáfora y comienza a convertirse en una forma de vida.

Los Skoptsy llevaron esa transformación hasta uno de sus extremos más desconcertantes.

Para ellos, el problema no estaba únicamente en lo que una persona hacía, pensaba o deseaba.

Estaba en el propio cuerpo.

En aquello que recordaba constantemente al ser humano su condición terrenal.

Y precisamente por eso, durante más de un siglo, una comunidad religiosa nacida en la Rusia rural llegó a defender que la salvación exigía una separación radical entre el espíritu y aquello que consideraban la fuente de la corrupción humana.

Los Skoptsy —el nombre suele traducirse como «los castrados» o «los que se han hecho eunucos»— fueron una corriente religiosa cristiana surgida en la Rusia del siglo XVIII. Su historia está vinculada al complejo mundo de las sectas disidentes de la Iglesia ortodoxa rusa, especialmente a los Khlysty, y comenzó a llamar la atención de las autoridades alrededor de 1772.

Pero reducirlos a una comunidad que practicaba la castración sería perder precisamente lo más interesante de su historia.

Porque antes de preguntarnos qué hacían, conviene preguntarnos por qué llegaron a creer que debían hacerlo

Una Rusia llena de buscadores de Dios

La Rusia del siglo XVIII era un territorio donde la religión oficial convivía con numerosas corrientes espirituales disidentes.

Después del gran cisma religioso ruso del siglo XVII, conocido como Raskol, surgieron o se desarrollaron distintas comunidades que rechazaban determinados aspectos de la Iglesia oficial y buscaban recuperar, según su propia interpretación, una forma más auténtica del cristianismo. Algunas vivían al margen de las instituciones religiosas y desarrollaban sus propias tradiciones, textos y formas de organización.

En ese ambiente aparecieron los Khlysty, una corriente mística y ascética de la que los Skoptsy heredaron parte de su universo religioso.

Pero los futuros Skoptsy llevaron el ascetismo mucho más lejos.

La cuestión fundamental era la carne.

El cuerpo podía ser contemplado como el territorio donde se manifestaban las pasiones, el deseo y, en consecuencia, aquello que alejaba al ser humano de Dios.

Para alguien que pensara de esa manera, dominar el deseo no era simplemente una cuestión moral.

Podía convertirse en una cuestión de salvación.

El pecado que estaba dentro del cuerpo

Aquí encontramos el núcleo de la mentalidad Skoptsy.

Su interpretación del cristianismo situaba la sexualidad en el centro del problema del pecado. La salvación exigía vencer aquello que consideraban la raíz de la corrupción corporal.

De ahí nació la idea de la «purificación» mediante la eliminación de los órganos asociados al deseo sexual.

No era simplemente una mutilación entendida como castigo.

Para sus seguidores constituía un acto religioso.

Una transformación.

Una manera de dejar atrás una condición humana que consideraban imperfecta.

La historiadora Laura Engelstein, que ha estudiado extensamente a los Skoptsy, resume su concepción de una manera particularmente reveladora: estaban convencidos de que la salvación se alcanzaba mediante la eliminación literal de aquello que identificaban como los instrumentos del pecado.

Y aquí aparece una de las paradojas más profundas de su pensamiento.

No querían destruir el cuerpo porque despreciaran la vida.

Querían modificarlo porque creían que así podían acercarse a Dios.

El nombre de Selivanov

En la historia de los Skoptsy aparece una figura que terminaría adquiriendo una importancia extraordinaria: Kondrati Selivanov.

Selivanov fue uno de los primeros grandes líderes del movimiento y acabó convirtiéndose en mucho más que un predicador.

Para sus seguidores llegó a tener una condición mesiánica.

Las fuentes históricas lo sitúan en el núcleo del movimiento desde sus primeros años. Tras ser perseguido por las autoridades y enviado a Siberia, consiguió escapar y regresó posteriormente a la Rusia europea.

Pero Selivanov no regresó simplemente como un líder religioso.

Construyó alrededor de sí mismo una identidad extraordinaria.

Llegó a presentarse como una figura relacionada con Cristo y con el zar Pedro III, cuya muerte en 1762 había alimentado todo tipo de creencias y leyendas entre determinados sectores de la población.

La combinación era extraordinariamente poderosa:

un líder carismático,

una doctrina de salvación,

una comunidad secreta

y la convicción de que su dirigente poseía una misión sobrenatural.

La salvación no podía quedarse en una idea

Aquí es donde la historia de los Skoptsy adquiere su dimensión más inquietante.

Una creencia religiosa puede permanecer en el terreno de la reflexión.

Puede discutirse.

Puede interpretarse.

Puede convertirse incluso en una forma de disciplina espiritual.

Pero los Skoptsy llevaron la creencia al cuerpo.

La transformación física se convirtió en una prueba visible de pertenencia y de compromiso.

El cuerpo dejaba de ser solamente algo que se poseía.

Se convertía en una declaración de fe.

Los estudios históricos señalan que la práctica afectó tanto a hombres como a mujeres, aunque las formas concretas de intervención variaron. No todos los miembros de la comunidad necesariamente fueron sometidos a las mismas prácticas, y las estimaciones históricas sobre su número y composición son muy variables.

Esto es importante porque durante mucho tiempo las descripciones externas de los Skoptsy estuvieron cargadas de horror, fascinación y propaganda.

La propia historiografía moderna ha estudiado no solo a los Skoptsy, sino también cómo fueron descritos por sacerdotes, funcionarios, médicos y observadores externos. Engelstein dedica buena parte de su investigación precisamente a esas representaciones.

Y eso nos obliga a ser prudentes.

Una cosa es la doctrina que conocemos.

Otra, las acusaciones que sus enemigos formularon contra ellos.

El cuerpo como frontera

Hay algo profundamente humano en la lógica que condujo hasta allí, aunque sus consecuencias fueran extremas.

Desde tiempos antiguos, numerosas tradiciones religiosas han considerado que el deseo puede convertirse en un obstáculo para la vida espiritual.

Ayuno.

Celibato.

Vigilia.

Silencio.

Renuncia.

Mortificación.

Todas estas prácticas aparecen, con diferentes significados y grados, en diversas tradiciones religiosas.

Los Skoptsy llevaron esa lógica hasta una conclusión radical:

si el deseo nace del cuerpo, ¿por qué no eliminar aquello que lo hace posible?

La pregunta parece sencilla.

La respuesta cambió sus vidas para siempre.

Y es precisamente aquí donde el fenómeno deja de ser una simple curiosidad histórica.

Porque muestra hasta qué punto una idea puede modificar la percepción que una persona tiene de sí misma.

El cuerpo deja de ser hogar.

Se convierte en obstáculo.

Una comunidad secreta

Los Skoptsy no fueron únicamente individuos aislados unidos por una creencia.

Construyeron comunidades.

Y esas comunidades desarrollaron mecanismos propios de confianza, cooperación y apoyo mutuo.

Esto resulta especialmente interesante porque vivían bajo la presión de un Estado que consideraba ilegal su práctica religiosa.

Un estudio publicado en European Economic Review ha analizado precisamente cómo la persecución y la condición de grupo clandestino llevaron a los Skoptsy a desarrollar mecanismos informales de cooperación y castigo social, incluido el boicot a quienes incumplían las normas comunitarias. El trabajo sitúa la actividad del movimiento aproximadamente entre 1772 y 1930.

Es decir, detrás de la imagen del asceta aislado existía algo mucho más complejo:

una sociedad dentro de la sociedad.

Una comunidad capaz de sobrevivir porque sus miembros confiaban entre sí.

Y esa confianza tenía incluso consecuencias económicas.

Algunos estudios han señalado que los Skoptsy alcanzaron una notable eficacia comercial y económica pese a las persecuciones y desplazamientos a los que fueron sometidos.

El Estado contra los que querían desaparecer del mundo

Las autoridades rusas descubrieron pronto que no estaban ante una simple rareza religiosa.

En 1772 comenzó una investigación contra miembros del movimiento en la provincia de Orel.

Algunos de sus dirigentes fueron castigados y Selivanov fue perseguido y enviado a Siberia.

Pero la represión no consiguió hacer desaparecer la secta.

Al contrario.

El movimiento continuó extendiéndose.

Durante el siglo XIX las estimaciones sobre su número llegaron a ser extraordinariamente altas, aunque varían mucho según la fuente. Un estudio académico recoge cifras que van desde unos 10.000 hasta 100.000 miembros a mediados del siglo XIX, con una cifra considerablemente menor de hombres que habían sido castrados.

La amplitud de estas estimaciones vuelve a recordarnos algo importante:

la historia de los Skoptsy está llena de cifras difíciles de verificar.

Las autoridades tenían interés en medir el peligro.

Los adversarios religiosos tenían interés en denunciarlo.

Los propios miembros mantenían el secreto.

Y los investigadores posteriores tuvieron que reconstruir una historia fragmentada.

Cuando la persecución también construye identidad

Hay una paradoja que aparece repetidamente en la historia de los movimientos religiosos perseguidos.

Cuanto mayor es la presión exterior, mayor puede ser la cohesión interior.

Los Skoptsy desarrollaron precisamente ese tipo de identidad.

El mundo exterior era impuro.

La comunidad era el refugio.

La doctrina proporcionaba sentido.

El sacrificio demostraba compromiso.

Y la persecución confirmaba, desde su propia perspectiva, que estaban caminando por un camino diferente al de la sociedad que los rodeaba.

Esta dinámica no era exclusiva de ellos. El mundo religioso disidente ruso estuvo marcado durante siglos por la tensión entre comunidades que afirmaban conservar una verdad espiritual y un Estado que pretendía controlar la vida religiosa.

Pero en los Skoptsy esa separación adquirió una dimensión especialmente extrema:

su diferencia no estaba solamente en sus ideas.

Estaba escrita en sus cuerpos.

Mujeres y hombres

Una de las cuestiones que suele quedar oscurecida por las descripciones más sensacionalistas es que la comunidad estaba formada también por mujeres.

Las fuentes históricas describen prácticas de modificación corporal aplicadas a ambos sexos, aunque no fueron idénticas ni necesariamente universales.

Esto resulta importante porque la doctrina Skoptsy no puede entenderse simplemente como una obsesión masculina.

Su objetivo último era más amplio:

la neutralización del sexo como principio de reproducción y de deseo.

El ideal era imaginar un ser humano liberado de la pulsión sexual.

Un ser humano que pudiera aproximarse a una condición espiritual distinta.

Una especie de humanidad purificada.

La paradoja era que, para alcanzar esa pureza espiritual, tenían que intervenir físicamente sobre aquello que constituía una parte esencial de su propia naturaleza.

¿Una secta de fanáticos o algo más complejo?

La palabra «secta» suele cerrar una conversación antes de empezarla.

Permite colocar a un grupo dentro de una categoría y continuar adelante.

Pero la historia de los Skoptsy merece algo más.

Fueron, sin duda, un movimiento religioso radical.

Sus prácticas fueron extremas.

Su doctrina produjo consecuencias físicas irreversibles.

Y algunos de sus líderes ejercieron una autoridad extraordinaria sobre sus seguidores.

Pero también fueron una comunidad formada por personas que buscaban responder a preguntas que han acompañado a la humanidad durante siglos:

¿Por qué sufrimos?

¿Por qué deseamos?

¿Qué nos separa de Dios?

¿Puede el ser humano alcanzar la pureza?

¿Es posible vencer la naturaleza?

¿Dónde termina el cuerpo y empieza el espíritu?

Las respuestas de los Skoptsy fueron radicales.

Pero las preguntas no lo eran.

El último capítulo

El movimiento sobrevivió al Imperio ruso.

Sobrevivió a los cambios políticos.

Sobrevivió a la caída de los zares.

Pero no sobreviviría a la nueva relación que el Estado soviético estableció con las comunidades religiosas.

La investigación histórica sitúa la actividad del movimiento aproximadamente hasta 1930, y otros trabajos señalan que su destrucción definitiva tuvo lugar durante el periodo soviético, especialmente bajo la represión estalinista.

Una comunidad que durante más de un siglo había logrado esconderse, organizarse y sobrevivir terminó prácticamente desapareciendo.

El mundo que la había visto nacer también había desaparecido.

Y con él desapareció buena parte de aquella Rusia rural y religiosa en la que un campesino podía convertirse en profeta, un grupo clandestino en comunidad y una interpretación de un texto sagrado en una transformación irreversible del cuerpo.

Cuando una idea entra en la carne

Quizá lo más fascinante de los Skoptsy no sea aquello que hicieron.

Es el momento anterior.

El instante en que una persona llega a convencerse de que su cuerpo constituye un obstáculo para aquello que considera la verdad.

Porque entonces la religión deja de ser solamente una cuestión de creencias.

Entra en la carne.

Se convierte en disciplina.

En identidad.

En sacrificio.

En pertenencia.

Los Skoptsy llevaron esa lógica hasta un límite que hoy nos resulta difícil comprender.

Pero precisamente por eso su historia merece ser recordada sin convertirla en espectáculo.

No fueron simplemente «los castrados de Rusia».

Fueron hombres y mujeres que intentaron resolver, mediante una interpretación extrema de la fe, uno de los conflictos más antiguos de la humanidad:

cómo reconciliar lo que somos con aquello que creemos que deberíamos ser.

Y quizá ahí se encuentre la verdadera inquietud que dejan tras de sí.

Porque el cuerpo puede ser contemplado como una prisión.

Pero también puede ser contemplado como la única casa que tenemos.

Los Skoptsy eligieron la primera posibilidad.

Y dedicaron sus vidas a intentar escapar de ella.


Los Skoptsy: la secta rusa que quiso vencer el cuerpo para alcanzar la salvación

Quiénes fueron los Skoptsy, la comunidad religiosa rusa que convirtió la renuncia al deseo y al cuerpo en un camino radical hacia la salvación.

Imagen portada: openai

Historia / Religión y pensamiento

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