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LA RESISTENCIA DEL HUMANISMO
En el Renacimiento el Humanismo era la defensa de lo humano y terrestre contra lo abstracto y teológico. Ahora el Humanismo es la defensa de lo humano y terrestre contra lo abstracto y lo digital. Y del espíritu humano contra lo meramente instrumental y técnico.
No se crean, hay que atacar con los nombres. El lenguaje es un arma poderosa en manos de los poderosos. A los disidentes del tecno integrismo hay que ponernos como apestados, tapándonos con un nombre raro. Igual que los nazis ponían a los judíos como apestados colocándoles una estrella en el pecho. Porque los normales eran los nazis y los judíos eran muy raros. Simplemente quiero que el mundo sea un poco más cálido, qué raro es eso. Deberían ponerme un nombre todavía más raro.
Simplemente quiero que hable conmigo una persona vibrante y no una máquina. Que alguien me escuche de verdad y no una máquina me suelte datos muertos. Que algún funcionario vivo me atienda y no un programa que dice, pase lo que pase: opción 1, opción 2. Que alguien me hable de verdad en alguna parte, y no me suelte fórmulas. Qué raro es lo mío.
Solo quiero un mundo algo humano, y a ver qué palabra inventan para eso. Que ninguna máquina me diga lo que tengo que decirle a mi novia. Que ninguna máquina me simplifique lo que siente a veces al atardecer, Que ninguna me convierta en solo átomos y moléculas. Que me pongan un vino con una sonrisa en un bar y no haya un dispensador automático programado para los próximos seis meses. Joder ¿y eso les parece tan loco? ¿Y tienen que enjaularme con un nombrecito?
¿Hay que inventar un nombre raro para eso? Soy un neoludita o algo así. Joder con la palabreja. ¿Es que la normalidad se ha vuelto tan absurda? ¿Es que solo es normal actuar como un rinoceronte mecánico? Joder con la normalidad, qué cosas se han considerado normales a través de los tiempos. Y al que solo pide una sonrisa, un poco de aire, le pondrán nombres extraños. Cuando lo verdaderamente extraño es este mecanicismo muerto por todas partes. Es como en las pesadillas de Kafka. Lo más angustioso y absurdo es lo más normal, y lo raro es ser humano. Por eso Kafka las cuenta con un tono trivial. Kafka lo normaliza todo.
Solo quiero un mundo de seres humanos, qué cosa más rara. Qué neoludismo peligroso, que petición terrorista. Al final pedir seres humanos y libros se considerará terrorismo. Porque la normalidad es el mecanicismo a todas horas. Nada humano me es ajeno, decía el filósofo griego, pero ahora todo lo humano es ajeno.
Somos fantasmas en los centros comerciales. Somos números, somos seres abstractos, sin carne. Apenas tenemos ojos, si los tenemos solo sirven para exponer nuestra vaciedad. Nos pondrán en los balances anuales de los centros comerciales, nos meterán en estadísticas de esto o de lo otro, en que todos somos iguales e intercambiables, nos asesinarán con las matemáticas.
No eres más que un fantasma anónimo, una silueta errante por un centro comercial, que se parece tanto a otros, que acabará siendo el mismo centro comercial que todos los demás. Y tal vez entres a ver una película que te servirán como un producto cualquiera, igual que cualquier otro producto, a la que si eres como todos entrarás con una bandeja enorme de palomitas, porque cualquier película es como cualquier palomita y como cualquier lata de callos.
Tengo que tratar con máquina. Si quiero que una empresa me conteste a una pregunta. Y me contestará con la misma respuesta frecuente a la misma pregunta frecuente. Aunque yo no haga ninguna pregunta frecuente. Aunque yo les hable de mi abuela, la que escondía una botella de ginebra debajo de la abuela. Da igual lo que hiciera mi abuela. Da igual cuál sea mi problema, cuál sea la forma de mi melancolía. La puta máquina me dará siempre la misma puta respuesta.
Y me pasará siempre lo mismo. Toda mi vida quedará empobrecida y reducida a fórmulas de pregunta para encontrar fórmulas de respuesta. Me anularán completamente, anularán mi vida. Anularán mi temblor único de Antonio Costa al poner el código para entrar en el hotel, porque te pase lo que te pase solo tienes que marcar ese código. Porque da igual si eres Antonio Costa o si eres Santa María Goretti. Estás ante una máquina y las máquinas no distinguen.
El cajero me ofrece tarjeta sin contacto. Quieren un mundo tan abstracto que ni siquiera toque el cajero. Que no haya tacto en nada, que nada sea concreto. ¿Y qué mejoría me supone eso? No hay que tocar nada, todo lo carnal es pecado. Todo lo concreto y real es pecado.
Pero yo me pregunto en qué mejoran la vida tantos inventos inútiles que solo dan el coñazo. Que lo complican todo y complican hasta las operaciones más sencillas. Y luego se burlan del que dijo: que inventen ellos. Pero yo me digo que muchos inventores están ociosos y emplearían mejor su tiempo en no darnos la lata. Parece que todo en la vida es un problema técnico. Pero si le hablaste mal a tú tía Luisa no te lo resolverá ninguna máquina. Y si la saudade te corroe el corazón no creo que ningún invento te sirva.
Quieres ir de viaje y buscas un hotel. Ya casi no te aparece ningún hotel, te aparecen plataformas masivas de hoteles que tienes que reservar mecánicamente. Y si conectas con el hotel, no conectas con el dueño o el encargado, o con algún empleado vivo, te aparece una caja de datos muerta y mecánica que tienes que rellenar. Todo se hace ahora mecánicamente, y parece que ya no hubiera habitantes vivos en este planeta.
Te obligan a declarar a Hacienda, aunque no tengas nada,y te ponen delante procedimientos mecánicos, páginas de internet, formularios fríos y muertos. Ninguna persona aparece detrás, ningún rostro se manifiesta ante ti. Nadie siquiera te sonríe o te saluda con una mínima cortesía.
Cada poder define lo normal y lo extraño. En una serie sobre el FBI en Europa la jefa del FBI pone cara de condescendencia, como diciendo: estos europeos con sus rarezas. En un banco en Nueva York me pidieron mi identificación y les enseñé el DNI. Me pusieron cara de extrañeza y me preguntaron si tenía una identificación real. Allí la identificación es el carnet de conducir. Y si como yo no sabes conducir ni tienes coche, no existes.
En el banco quieren que pagues en las máquinas, ninguna persona quiere hablar contigo. Te insisten machaconamente en explicarte el procedimiento para hacerlo por teléfono móvil, por el cajero automático, qué sé yo, no quieren hablar contigo. El otro día hice algo en un banco y le dije al empleado: Feliz año nuevo. Acabará por decirlo una máquina mecánicamente.
En esta desolación de todo, en este mundo congelado, ¿dónde se esconden las personas? ¿En las cavernas profundas del sentido, que decía San Juan de la Cruz? Lo humano se vuelve clandestino. Cuando uno pide sencillamente algo inhumano lo ponen como algo chusco o pintoresco. Cuando todos se vuelven rinocerontes lo humano se convierte en pintoresquismo chocante.
Como en aquel chiste genial, no sé de quién, en que una araña le comentaba a otra mirando a una mujer muy atractiva: Pues no sé de qué presume, solo tiene dos patas y ninguna antena. Yo sigo necesitando lo humano, ponedme nombres raros. El mundo es de las arañas. Las normales son las arañas. Sigamos la filosofía de las arañas. Una sonrisa es algo anormal, lo normal es hacer clic, clic. El clic que el banco intenta enseñarte por encima de todo. Para que no tengas que mirar a ninguna persona, para que no tengas a nadie vivo delante de ti. El clic es lo normal y el saludo humano es algo chocante y raro.
A los humanistas, a los que no están de acuerdo con el tecno integrismo, les llaman luditas. Porque son gente tan rara, piden cosas tan raras. Son tan raros como los judíos cuando manda el nazismo. A ver si se les ocurre también una “solución final”.
Mientras tanto, que nos pongan etiquetas como a las mariposas y nos clasifiquen y maten como especie a estudiar. Como hay que matar al planeta entero para estudiarlo, es decir, para reducirlo a fórmulas. No se crean, hay que bombardear con las palabras. Hay que pulverizar a los disidentes con las palabras. Aunque solo añoren un mundo un poco más cálido.
ANTONIO COSTA GÓMEZ
FOTO: CONSUELO DE ARCO
LA RESISTENCIA DEL HUMANISMO
