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Iván el Terrible: ¿cuánto hay de verdad detrás del hombre que convirtió el miedo en poder?
Fue el primer zar de todas las Rusias, conquistó Kazán, expandió su territorio y reformó el Estado. También creó la opríchnina, sembró el terror entre sus enemigos y quedó asociado para siempre a la muerte de su propio hijo. Pero cuando apartamos la leyenda, aparece un personaje mucho más complejo.
Hay un cuadro que parece haber decidido por nosotros quién fue Iván el Terrible.
En él, un hombre abraza desesperadamente a otro.
Los ojos están abiertos de par en par.
Las manos intentan detener una herida que ya no puede detenerse.
El padre mira al hijo.
Y parece comprender, demasiado tarde, lo que acaba de hacer.
La pintura de Iliá Repin, Iván el Terrible y su hijo Iván, el 16 de noviembre de 1581, se convirtió en una de las imágenes más poderosas de la historia rusa.
Y también en una de las más peligrosas.
Porque a fuerza de contemplarla hemos terminado creyendo que conocemos la escena.
Pero la historia tiene una costumbre incómoda:
no siempre coincide con el cuadro.
El niño que llegó demasiado pronto al poder
Iván nació en 1530.
Su padre, Basilio III, murió cuando él tenía apenas tres años. Su madre, Elena Glínskaya, murió cuando tenía siete.
El futuro zar creció en medio de luchas entre familias nobles por el poder.
Cuando tenía apenas dieciséis años fue coronado zar, en 1547.
Fue el primero en adoptar oficialmente el título de zar de todas las Rusias.
Pero el joven que recibió la corona no era todavía el hombre que acabaría entrando en la historia como Iván el Terrible.
Durante la década de 1550 emprendió reformas administrativas y militares y se rodeó de un reducido grupo de colaboradores.
Su gobierno consiguió además algunas victorias extraordinarias.
En 1552 cayó Kazán.
En 1556, Astracán.
Aquellas conquistas ampliaron enormemente el territorio controlado por Moscú y consolidaron su posición sobre el Volga.
Por un momento, parecía que Iván podía convertirse en el gran constructor de un nuevo Estado.
Pero entonces comenzó otra historia.
Cuando el zar empezó a desconfiar de todos
La muerte de su primera esposa, Anastasia Románovna, en 1560 fue un punto de inflexión importante.
Iván sospechó que había sido envenenada.
Y su desconfianza hacia los boyardos —la aristocracia que había disputado el poder durante su infancia— fue creciendo.
En 1564 abandonó Moscú.
Llevó consigo a su familia y sus bienes.
Y entonces ocurrió algo extraordinario.
Iván anunció que abdicaba.
No quería seguir gobernando un Estado cuyos nobles, según su propia acusación, conspiraban contra él.
La población pidió su regreso.
Y regresó.
Pero con condiciones.
La opríchnina
En 1565 creó la oprichnina.
El territorio quedó parcialmente dividido y determinadas tierras y recursos quedaron bajo el control directo del zar y de sus hombres.
Aquello permitió a Iván construir un aparato de poder personal destinado a combatir lo que consideraba traición.
El Museo Ruso describe la opríchnina como una medida destinada a aplastar a las antiguas familias boyardas y a centralizar todavía más el poder.
Y entonces el miedo dejó de ser solamente una característica del zar.
Se convirtió en un instrumento de gobierno.
Llegaron las ejecuciones, confiscaciones y persecuciones.
En 1570, Iván marchó contra Nóvgorod, convencido de que la ciudad estaba conspirando con sus enemigos.
Las cifras de víctimas que aparecen en las fuentes varían enormemente, lo que recuerda hasta qué punto la historia de aquel periodo está rodeada de relatos posteriores y testimonios contradictorios.
Pero no hace falta aceptar una cifra concreta para entender lo esencial:
la violencia política formaba parte ya del sistema de poder de Iván.
El zar que también construyó
Y aquí aparece la contradicción.
Porque el mismo hombre que pasó a la historia por su crueldad fue también responsable de transformaciones importantes.
Durante su reinado se fortaleció la administración.
Se reorganizó el ejército.
Se produjeron reformas legales y religiosas.
Y las conquistas de Kazán y Astracán cambiaron profundamente la posición de Moscovia.
La historia resulta menos cómoda cuando dejamos de dividir a los personajes entre monstruos y héroes.
Iván podía ser constructor y destructor.
Reformador y represor.
Un gobernante capaz de ampliar el Estado y, al mismo tiempo, destruir la confianza dentro de él.
Quizá precisamente por eso su figura ha sobrevivido durante siglos.
La guerra que no terminó como esperaba
Iván quería también alcanzar el Báltico.
En 1558 comenzó la Guerra de Livonia.
El conflicto terminó convirtiéndose en una larga guerra contra diferentes adversarios, entre ellos Polonia-Lituania y Suecia.
Lo que inicialmente parecía una expansión relativamente sencilla se convirtió en un desastre prolongado.
La guerra duró hasta 1583 y terminó sin conseguir el objetivo que Iván había perseguido.
El zar había ganado territorios en el este.
Pero en el oeste había encontrado un muro.
Y mientras tanto, el Estado se había agotado.
Y entonces llegamos al hijo
Aquí comienza la historia que conocemos.
En 1581 murió el hijo del zar, también llamado Iván.
La versión tradicional dice que el padre lo golpeó durante una discusión y que el golpe terminó provocando su muerte.
Durante siglos esa versión se convirtió en una de las imágenes centrales de la figura de Iván el Terrible.
Fue precisamente la historia que inspiró a Repin.
Pero aquí debemos detenernos.
Porque no sabemos con absoluta certeza que ocurriera exactamente así.
La Galería Tretiakov explica que Repin consultó las obras de historiadores del siglo XIX como Karamzín, Soloviov, Kliuchevski y Bestúzhev-Riumin, todos los cuales aceptaban en distintas formulaciones que Iván había causado la muerte de su hijo.
Sin embargo, la historiografía posterior ha señalado problemas con las fuentes.
Un estudio académico sobre Antonio Possevino, uno de los testimonios fundamentales, destaca que la versión sobre el asesinato del hijo procede de una fuente problemática y que la propia correspondencia de Possevino muestra que él consideraba el relato un rumor y no estaba convencido de que fuera cierto.
Eso no demuestra que Iván no matara a su hijo.
Pero tampoco permite afirmarlo con la seguridad con que suele repetirse.
Y esa diferencia importa.
Entonces, ¿qué pintó realmente Repin?
Repin no estaba intentando hacer una fotografía del pasado.
La propia Galería Tretiakov explica que el pintor estudiaba cuidadosamente las fuentes históricas, pero utilizaba esos materiales para explorar los caracteres y los estados emocionales de sus protagonistas.
Eso cambia nuestra manera de mirar el cuadro.
Quizá Repin no estaba diciendo:
«Esto ocurrió exactamente así».
Quizá estaba preguntando:
«¿Qué aspecto tendría un hombre que acaba de comprender que ha destruido aquello que más quería?»
Y eso es mucho más poderoso.
Porque el cuadro deja de ser únicamente sobre Iván.
Pasa a hablar de culpa.
De poder.
De violencia.
Del instante en que ya no existe vuelta atrás.
El significado de «Terrible»
Hay además una pequeña trampa en su nombre.
El sobrenombre ruso Grozny no equivale exactamente a nuestro «terrible» en el sentido de monstruoso o malvado.
Tiene también connotaciones de severidad, autoridad, temor e imposición.
La traducción ha contribuido a construir una imagen particularmente extrema del personaje.
Pero tampoco debemos utilizar esto para blanquear su reinado.
Iván ejerció una violencia política real.
Lo interesante es otra cosa:
el nombre no basta para explicar al hombre.
El último día
Iván murió en 1584.
Tenía 53 años.
Había gobernado durante casi cuatro décadas.
Dejó un Estado territorialmente mucho mayor que el que había heredado, pero también profundamente marcado por la violencia, las guerras y las tensiones internas.
Y dejó una imagen que continuaría creciendo después de su muerte.
El zar.
El tirano.
El reformador.
El conquistador.
El hombre que mató a su hijo.
El hombre que quizá no lo mató.
Dependiendo de quién cuente la historia, aparece uno u otro.
Y quizá ahí esté el verdadero misterio de Iván el Terrible.
No sabemos exactamente dónde termina el hombre y dónde empieza la leyenda.
El cuadro que terminó convirtiéndose en historia
Cuando volvemos a mirar el cuadro de Repin después de conocer todo esto, algo cambia.
Ya no vemos solamente a un padre abrazando a su hijo.
Vemos también cómo funciona la memoria histórica.
Un acontecimiento discutido por historiadores se convierte en una escena.
La escena se convierte en una pintura.
La pintura se convierte en un icono.
Y el icono termina convirtiéndose en nuestra idea del personaje.
A veces no recordamos la historia.
Recordamos la imagen que alguien pintó de ella.
Y quizá esa sea la razón por la que Iván el Terrible continúa mirándonos desde el lienzo de Repin.
No porque sepamos exactamente qué ocurrió aquel día de 1581.
Sino porque, frente a aquella mirada desesperada, todos entendemos algo que no necesita traducción:
hay decisiones que, una vez tomadas, ya no pueden deshacerse.
Por Sofía
Iván el Terrible: ¿cuánto hay de verdad detrás del hombre que convirtió el miedo en poder?
Fue zar, conquistador, reformador y represor. Pero la imagen que ha sobrevivido de él quizá deba más a la pintura de Repin que a lo que realmente sabemos de su vida.
Historia y Cultura
Imagen portada: openai
Iván el Terrible fue el primer zar de todas las Rusias. Su reinado estuvo marcado por reformas, conquistas, violencia y una muerte de su hijo cuya historia quizá no sea tan segura como creemos.
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