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El manuscrito Rohonc: el libro que escondió su propio idioma

El manuscrito Rohonc: el libro que escondió su propio idioma
Sofia Lovelace
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El manuscrito Rohonc: el libro que escondió su propio idioma

Durante casi dos siglos, nadie consiguió leer sus extraños signos. Después llegó una propuesta de desciframiento que cambió el misterio: quizá el manuscrito no está escrito en una lengua desconocida, sino en un sistema de códigos que convierte palabras e ideas en símbolos.

Hay libros que esconden una historia.

Y hay libros que parecen esconder incluso la forma de contarnos esa historia.

El manuscrito Rohonc pertenece a la segunda categoría.

Sus páginas están cubiertas por cientos de signos que no corresponden claramente a ningún alfabeto conocido. Junto a ellos aparecen escenas religiosas, personajes, animales, edificios, cruces y episodios que parecen pertenecer a un universo cristiano.

Durante mucho tiempo, nadie supo qué estaba leyendo.

Y eso convirtió al Rohonc en uno de los grandes enigmas de la historia de la escritura, junto a otros manuscritos y sistemas todavía problemáticos como el Voynich o la escritura Lineal A.

Pero hay una diferencia importante.

El Rohonc quizá no esté ya completamente en silencio.

Un libro que apareció en el siglo XIX

El manuscrito recibe su nombre de Rohonc, actualmente Rechnitz, en Austria, donde se encontraba en la biblioteca del conde húngaro Gusztáv Batthyány.

En 1839, el códice pasó a la colección de la Academia Húngara de Ciencias en Budapest. Allí comenzó su segunda vida: la de objeto imposible de leer.

El manuscrito es pequeño y grueso. Los investigadores Király y Tokai describen 448 páginas en la numeración tradicional, aunque físicamente existen 224 hojas, algunas de ellas desaparecidas o alteradas en su orden original. Sus páginas miden aproximadamente 10 × 12 centímetros y están acompañadas por 87 dibujos.

Y aquí aparece el primer detalle desconcertante.

El papel sí ofrece una pista.

La filigrana apunta hacia papel veneciano del siglo XVI, lo que permite establecer un límite temporal: el soporte no puede ser anterior a ese periodo. La propia Academia Húngara de Ciencias describe el códice como escrito sobre papel veneciano del siglo XVI.

Pero eso no demuestra exactamente cuándo fue escrito el texto.

Un escritor puede utilizar papel antiguo.

Un copista puede copiar una obra anterior.

Y, en teoría, incluso un falsificador puede utilizar papel auténtico antiguo.

Por eso el papel proporciona una pista, no una respuesta definitiva.

El misterio no estaba solamente en los símbolos

Si uno abre el manuscrito, lo primero que llama la atención son los signos.

Pero las ilustraciones son casi tan importantes como la escritura.

Aparecen escenas que recuerdan episodios bíblicos: la Anunciación, los Reyes Magos, Cristo ante Pilato, crucifixiones y otras escenas relacionadas con la tradición cristiana. Un estudio publicado en la Hungarian Historical Review ya señalaba que el análisis de las imágenes apuntaba hacia un contexto religioso y hacia influencias de Europa oriental.

Eso significaba que el manuscrito no parecía ser simplemente una colección de símbolos arbitrarios.

Las imágenes estaban dando pistas sobre el texto.

Y esa sería una de las claves del trabajo posterior de Gábor Tokai y Levente Zoltán Király.

El problema era que quizá no había que buscar un alfabeto

Durante mucho tiempo, uno de los grandes supuestos fue que cada símbolo debía corresponder a una letra.

Era una idea lógica.

Tenemos un signo.

Buscamos su equivalente.

Construimos un alfabeto.

Y finalmente leemos.

Pero el Rohonc se resistía.

Una y otra vez.

Hasta que los investigadores empezaron a considerar una posibilidad diferente.

¿Y si aquellos signos no representaban sonidos?

En 2018, Király y Tokai publicaron en Cryptologia su investigación Cracking the code of the Rohonc Codex. Su propuesta era radical: el manuscrito no utilizaría un simple cifrado por sustitución ni un alfabeto desconocido, sino un sistema de códigos con características diferentes.

En otras palabras:

No habría que preguntar necesariamente:

“¿Qué letra representa este signo?”

Sino:

“¿Qué concepto o palabra representa esta combinación?”

Y eso cambia completamente el problema.

El extraño papel de los números

Para descifrar un texto desconocido necesitas encontrar algo cuyo significado puedas comprobar desde fuera.

Y los números pueden ser extraordinariamente útiles.

Antes del trabajo de Király y Tokai, otros investigadores habían detectado patrones numéricos en el manuscrito. Tokai encontró posteriormente secuencias que podían interpretarse como fechas y utilizó las escenas representadas en las ilustraciones para comprobar determinadas hipótesis.

Es una estrategia muy parecida a encontrar una pequeña ventana en una habitación cerrada.

No sabes qué dice el texto.

Pero ves una fecha.

Reconoces una escena.

Encuentras una referencia bíblica.

Y entonces puedes comparar.

Los investigadores utilizaron precisamente este tipo de elementos externos como puntos de apoyo para avanzar en la interpretación del código.

Y entonces apareció la Biblia

Esta es quizá una de las partes más fascinantes de la historia.

Si una imagen representa una escena del Evangelio y junto a ella aparece un texto desconocido, podemos buscar qué dice el pasaje correspondiente en una Biblia.

Tenemos entonces algo parecido a una pequeña piedra de Rosetta.

No una traducción completa.

Pero sí una coincidencia verificable.

Király y Tokai presentaron en su investigación ejemplos de pasajes que, según su propuesta, podían ser identificados mediante este procedimiento. Su hipótesis lleva a considerar que determinados grupos de signos representan palabras o conceptos completos y no sonidos individuales.

Y aquí el misterio empieza a cambiar de naturaleza.

Ya no estamos preguntándonos solamente quién escribió aquellos símbolos.

Estamos preguntándonos:

¿Qué clase de libro estaba escribiendo?

La respuesta apunta hacia un libro religioso

Los resultados publicados por Király y Tokai apuntan hacia un contenido fundamentalmente cristiano, con especial presencia de paráfrasis del Nuevo Testamento y escenas relacionadas con los Evangelios.

El estudio posterior de Király sobre el carácter teológico del manuscrito desarrolla todavía más esta interpretación.

Según ese trabajo, el contenido incluye paráfrasis bíblicas —principalmente del Nuevo Testamento—, escenas apócrifas relacionadas con la Virgen María, oraciones, recuerdos del Antiguo Testamento, exposiciones alegóricas y relatos de santos. También aparecen elementos relacionados con tradiciones de sermones y representaciones religiosas medievales.

Las imágenes parecen apoyar esa interpretación.

Pero todavía queda una pregunta enorme.

¿Quién escribió todo aquello?

El manuscrito tiene una fecha probable, pero no una identidad

La investigación de Király y Tokai sitúa el texto hacia finales del siglo XVI y ha propuesto una fecha concreta que aparece en su interpretación del contenido.

Pero fechar aproximadamente un manuscrito no equivale a identificar a su autor.

El estudio de Király de 2023 reconoce precisamente que todavía quedan muchas preguntas abiertas y plantea que el análisis de las particularidades teológicas y narrativas podría ayudar a aproximarse a la identidad del misterioso autor.

Y aquí aparece una de las cosas que más me interesan del Rohonc.

Puede que sepamos cada vez más sobre el libro y, sin embargo, sigamos sin saber quién decidió escribirlo de esa manera.

¿Y si no fuera una lengua?

Esta es otra de las posibilidades más interesantes.

Király y Tokai sostienen que el sistema no funciona como una escritura alfabética convencional. El propio artículo de 2018 explica que sus características son diferentes de las de un simple cifrado por sustitución.

Eso significa que quizá llevamos casi dos siglos intentando hacer la pregunta equivocada.

Queríamos saber:

¿En qué idioma está escrito?

Pero quizá deberíamos preguntar:

¿Qué sistema utilizó su autor para esconder un texto que ya existía en su cabeza?

Una diferencia aparentemente pequeña.

Pero enorme.

Porque una lengua tiene palabras que corresponden a sonidos.

Un código puede utilizar símbolos para representar conceptos, palabras o estructuras completas.

Y eso explicaría por qué tantos intentos anteriores fracasaron.

El gran misterio todavía no está resuelto

Aquí conviene detenerse.

Porque sería muy fácil escribir:

“El manuscrito Rohonc ha sido descifrado.”

Y no sería correcto presentarlo así.

Lo que existe es una propuesta de desciframiento parcial y una línea de investigación desarrollada por Király y Tokai, publicada en Cryptologia y ampliada posteriormente por Király. El propio trabajo de 2023 señala que las investigaciones gramaticales y literarias más amplias estaban todavía en preparación.

Por tanto, el misterio no ha desaparecido.

Ha cambiado.

Antes no sabíamos prácticamente nada.

Ahora tenemos una hipótesis coherente sobre su estructura y su contenido.

Pero todavía quedan por resolver preguntas fundamentales sobre el sistema, el autor, el origen exacto y la totalidad del texto.

Y quizá eso sea todavía más interesante.

El libro que sobrevivió a sus lectores

Durante casi doscientos años, generaciones de investigadores miraron aquellas páginas buscando una puerta.

Algunos intentaron encontrar un alfabeto.

Otros buscaron una lengua.

Otros sospecharon que podía tratarse de una falsificación.

El propio historiador Benedek Láng ha estudiado ampliamente la historia del manuscrito y las teorías que se han construido alrededor de él. Su investigación muestra hasta qué punto el Rohonc se convirtió en un auténtico enigma histórico.

Y mientras tanto, el manuscrito permaneció allí.

Pequeño.

Silencioso.

Lleno de figuras y signos.

Esperando.

Quizá lo más fascinante del Rohonc no sea que todavía existan símbolos que no comprendemos.

Quizá sea que un objeto creado hace siglos haya conseguido sobrevivir a todos los lectores que intentaron entenderlo.

Cada generación ha llegado con sus propias herramientas.

La filología.

La criptografía.

La historia del arte.

La informática.

El análisis estadístico.

Y cada una ha conseguido abrir una puerta diferente.

Pero ninguna ha llegado todavía hasta el final del pasillo.

Tal vez el verdadero misterio sea otro

Imaginemos por un momento al hombre —o la mujer— que escribió aquellas páginas.

Sabía exactamente qué significaban los signos.

Sabía qué historia estaba contando.

Sabía por qué había elegido determinadas imágenes.

Y sabía que, para cualquier lector que no conociera su sistema, aquellas páginas resultarían incomprensibles.

Después cerró el manuscrito.

Y desapareció de la historia.

Lo extraordinario es que su libro no desapareció con él.

Cinco siglos después, seguimos intentando escuchar su voz.

Quizá eso sea lo más fascinante de los manuscritos verdaderamente misteriosos.

No que estén escritos en una lengua imposible.

Sino que alguien, en algún momento, creyó que tenía algo que decir y encontró una manera de esconderlo dentro de un libro.

El Rohonc sigue ahí.

Y quizá algún día alguien termine de abrir esa puerta.

Pero entonces quedará una última pregunta.

Cuando por fin podamos leerlo todo, ¿descubriremos que el verdadero misterio estaba en el texto… o en la razón por la que alguien decidió escribirlo de aquella manera?

Por Sofía

Historia y Cultura
Imagen portada: openai


El manuscrito Rohonc: el libro que escondió su propio idioma


Durante casi dos siglos nadie consiguió leer sus extraños signos. Después llegó una propuesta de desciframiento que cambió el misterio.
El manuscrito Rohonc es uno de los grandes enigmas de la escritura. Una investigación propone que sus símbolos forman un sistema de códigos con contenido religioso.


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