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Claridad sobre Heidegger (reseña intempestiva)

Claridad sobre Heidegger (reseña intempestiva)
Oscar Sanchez
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Claridad sobre Heidegger (reseña intempestiva)

Dirigirse a una estrella, sólo eso.
Epitafio de Heidegger
Este estupendo texto del cual voy a hablar muy brevemente, y que me he atrevido a subtitular, por mi cuenta y riesgo, “Claridad sobre Heidegger” no es, como parece, lo que se llama exactamente una “obra fuente”. No obstante, su mismo autor niega enérgicamente ya en las primeras páginas la acusación implícita que hace el lector habitual de filosofía a aquellos escritores profesionalmente incapaces de ofrecer producciones originales e ir más allá del trabajo -honesto pero finalmente subsidiario- de un mero artesano de “segunda literatura” (queriendo con ello referirme a los que se conocen como libros que versan sobre otros libros primeros y principales, dedicándose exclusivamente a su glosa o comentario). Generalmente, esa acusación implícita a la que aludo convierte este género de textos en literatura de segunda división justamente por su carácter instrumental o meramente introductorio; sin embargo, nuestro autor en esta ocasión afirma desde el inicio que interrogar por la naturaleza de la filosofía es ya por lo pronto dar el primer paso dentro de ella, y que no hay introducción, noticia o preámbulo posible a la filosofía que -siempre que no esté desprovisto a sabiendas de toda seriedad con respecto al asunto de su incumbencia-, no represente también a su vez y por su propia esencia una inmersión o un salto absoluto al centro de su meollo problemático. Así, ponerse a pensar filosóficamente es ya desde el primer momento enfrentarse a un problema total que abarca a la filosofía misma, y para el que, por lo tanto, no caben aproximaciones más o menos relativas, vecindades más o menos cercanas, o etapas más o menos anteriores o posteriores. Cuidado, pues: o se es o no se es; la filosofía, como algunas naciones históricas, no paga traidores (o, como aquellas, eso dice…)
No voy a revelar ahora cual es ese problema liminar que según K. H. Volkmann-Schluck (acerca del responsable de este eficaz texto debo confesar que lo ignoro todo salvo lo que se deja adivinar en la presente obra) nos arrastra dogmáticamente hacia posiciones tan drásticas. Pero sí voy a comentar brevemente algo -forzosamente poco- del vigoroso pensador que está detrás de las bien trabadas meditaciones que estructuran este libro: se trata, efectivamente, de Martin Heidegger, posiblemente la luminaria filosófica más importante e influyente del siglo XX, y con toda seguridad una de las cabezas caviladoras o cavilantes más profundas de todos los tiempos. El nombre de Heidegger remueve y excita todo tipo de sentimientos, reacciones y controversias dentro y fuera de la filosofía, y hay que decir que a esta polvareda inicial que oscurece la exacta medida de su figura y obra se unen la niebla de su propia escritura filosófica y el hedor de ciertos episodios biográficos de cuestionable honra para hacer de la curiosidad por él una empresa ciertamente enojosa que muchas ilustres plumas del periodismo, las letras o la crítica política han abandonado visiblemente en el umbral. De este modo, y al contrario que otros filósofos (que, o bien sufren del desconocimiento general, o bien -viniendo a ser casi lo mismo- son arrojados automáticamente en la acrópolis mental donde acogemos sin discriminación alguna a todos los sabios que en el mundo han sido), parece a que al señor Heidegger su reputación le precede, y además ésta va lastrada de cierta ambigüedad y poblada de contrastes. Para resumir: se habla mucho de Heidegger, muchas veces mal, a veces con clara maldad, y en general puede asegurarse que quién menos lo hace es aquel que lo ha incorporado positivamente en su pensamiento.
Antes que nada, podría decirse que existen en la conciencia culta dos clases de imágenes distorsionadas y entre sí contradictorias de Heidegger: en primer lugar, aquella que hace de él el padre más o menos ateo y morboso del existencialismo moderno tras Sören Kierkegaard, y, en segundo lugar, aquella que ve en él a un filósofo arcaizante de verbo y talante cuasi-presocráticos que habría propugnado la necesidad de un retorno casi maniático a las raíces fonéticas griegas. Pero ni una ni otra de estas imágenes van a merecen ahora respuesta o siquiera apostilla crítica alguna, porque precisamente el libro que estoy recomendando nos permite aplazar holgadamente este esfuerzo (cuando no hacerlo completamente innecesario, porque aquí se habla única y exclusivamente de ontología, como el propio interesado deseaba).
La mayoría de las obras que versan sobre el pensamiento de Martin Heidegger comienzan acentuando con grandes alharacas la novedad de su postura frente a la filosofía del pasado, para luego pasar sin transición al análisis minucioso del detalle de sus investigaciones fenomenológicas o filológicas (aunque ni unas ni otras, como es propio de un filósofo, se dan en  estado puro), y por último terminar concluyendo con un vago perfil general de la obra del filósofo y una ampulosa referencia a las perspectivas generales que abre su cultivo para el porvenir del pensamiento. Todo esto es cierto y por regla general bien planteado, ya que a Heidegger se le suele prestar la atención esmerada que merece, pero supone para mi gusto un enfoque excesivamente erudito o especializado del filósofo en el cual no termina de responderse nunca del todo al profano qué demonios dijo Heidegger acerca de problemas y situaciones concretas del mundo contemporáneo. En el libro de Volkmann-Sluck, en cambio, aun cuando el autor se muestra contaminado en cierto grado por el particular estilo lingüístico y expresivo del pensador (como no podía ser menos, ya que fue escrito en vida de este), lo que se presenta es un encadenamiento consecuente de sus tesis substantivas acerca del estado del pensamiento en que habitamos, lo que en Heidegger siempre es resultado de una revisión o relectura de los grandes clásicos de la filosofía, en los que halla o a los que otorga un sentido y un peso insólitos que renuevan para este menester nuestras caducas herramientas interpretativas. (Y lo que es más llamativo: Volkmann-Sluck desarrolla el asunto sin poner un pie en Ser y Tiempo, al contrario, por ejemplo, de el librito de introducción de Gianni Vattimo, que prácticamente acababa donde empieza este)
Sólo un tema de primordial importancia echo significativamente de menos en la didáctica y robusta reconstrucción realizada por V-S: se olvida, en efecto, de hacer mención del decisivo rol que Heidegger atribuía a la obra de arte, pero eso tampoco importa mucho estas alturas del siglo XXI, puesto que ni el mismo Heidegger continuó por esa senda al final de su vida. Por lo demás, la lectura de la Introducción al pensamiento filosófico, traducido en la editorial Gredos, resulta más satisfactoria conforme se avanza, y especialmente útil y luminosa cuanto trata los grandes problemas que constituyen el desentrañamiento de la esencia de la técnica moderna, el pensar más allá de la cuestión de la Representación (Vorstellung) y la elucidación de las causas del proceso de hundimiento de los grandes valores que el autor ha dado en llamar -acertadamente a mi juicio- “rescendencia metafísica”, por oposición a “trascendencia” y en un sentido nihilista pero no por ello negativo.
Espero, pues, que se obtenga un fruto tangible de la lectura paciente y reflexiva de este libro –que, por cierto, agotado desde hace ya unos cuantos años, no queda más remedio que pedir de segunda mano en tiendas de libros digitales, donde veo que aún se encuentra. No me reconocería a mí mismo y a mi condición de filosofante circunspecto si no advirtiera también que se rehuya decididamente el deshacerse en prisas por entenderlo todo a la primera ojeada, pues estamos frente a un texto corto y de presentación modesta que pretende englobar nada menos que una evaluación radical de lo que ha sido y continua siendo el pensamiento en Occidente. Festina lente, decía el más celebre eslogan del Renacimiento, viniendo a significar: apresúrate despacio…
Imagen portada: openai
Claridad sobre Heidegger (reseña intempestiva)
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