M3

Drácula y los castillos de Transilvania: entre la historia, la leyenda y la literatura

Drácula y los castillos de Transilvania: entre la historia, la leyenda y la literatura
Sofia Lovelace
🎧 Audioguía Cultural (Beta)


♿ Accesibilidad y otras formas de escuchar este artículo

Drácula y los castillos de Transilvania: entre la historia, la leyenda y la literatura

Hay lugares que parecen haber sido construidos para una novela.

Montañas cubiertas de niebla.

Bosques interminables.

Carreteras que serpentean entre los Cárpatos.

Pueblos medievales.

Torres.

Fortalezas.

Iglesias amuralladas.

Y castillos que, cuando cae la noche, parecen capaces de guardar cualquier secreto.

Transilvania es uno de esos lugares.

Pero existe una paradoja fascinante.

La Transilvania que conocemos a través de Drácula no nació exactamente allí.

Fue creada, en buena medida, en la imaginación de un escritor irlandés que jamás había pisado aquellas tierras.

En 1897, Bram Stoker publicó Dracula y convirtió para siempre a Transilvania en sinónimo de vampiros.

Desde entonces, millones de lectores han imaginado al conde atravesando bosques oscuros y viviendo en un castillo suspendido sobre una montaña.

Pero detrás del mito existe una historia real.

Y es todavía más interesante.

El hombre que se llamaba Drácula

Antes de convertirse en vampiro, Drácula fue un hombre.

Su nombre era Vlad III, príncipe de Valaquia en el siglo XV, conocido posteriormente como Vlad el Empalador.

También fue conocido como Vlad Dracula.

El nombre tenía un origen familiar y político.

Su padre, Vlad II, había pertenecido a la Orden del Dragón, creada para defender la cristiandad frente al Imperio otomano. De ahí surgió el sobrenombre Dracul y posteriormente Dracula.

El Vlad histórico no era un vampiro.

Pero sí fue un personaje extraordinariamente violento.

Su método de castigo más famoso consistía en empalar a sus enemigos.

Y esa reputación de crueldad terminaría convirtiéndose, siglos después, en uno de los ingredientes de la criatura imaginada por Stoker.

Pero Vlad no vivía en el castillo de Drácula

Aquí comienza una de las grandes confusiones.

El castillo que millones de turistas conocen como «el castillo de Drácula» es Bran Castle.

Y es espectacular.

Se encuentra en una posición elevada, entre montañas, y su aspecto gótico parece salido directamente de una película de terror.

Pero históricamente la relación con Vlad es mucho más débil de lo que su fama turística podría hacernos pensar.

Vlad nunca gobernó Bran Castle.

Existen referencias a que pudo haber pasado por allí o incluso haber sido retenido brevemente, pero la evidencia no permite afirmar que fuera su residencia.

Entonces, ¿por qué se convirtió en «el castillo de Drácula»?

Porque reúne algo irresistible:

se parece demasiado al castillo que nuestra imaginación espera encontrar.

El castillo perfecto para un vampiro

Bran se levanta sobre una posición rocosa y domina el paisaje.

Sus torres.

Sus muros.

Sus pasadizos.

Sus habitaciones.

Su aspecto medieval.

Todo parece diseñado para alimentar una leyenda.

Y la asociación con Drácula terminó convirtiéndolo en uno de los lugares más famosos de Rumanía.

Pero hay algo todavía más curioso.

Stoker tampoco estuvo allí.

El escritor construyó la Transilvania de su novela utilizando mapas, libros y materiales disponibles en las bibliotecas británicas.

Es decir:

el castillo que hoy millones de personas visitan buscando a Drácula está relacionado con una novela cuyo autor nunca conoció personalmente aquella región.

La leyenda ha terminado siendo más poderosa que la historia.

Entonces, ¿de dónde salió el castillo?

La respuesta no es completamente sencilla.

El castillo de Drácula descrito por Stoker parece ser una combinación literaria de diferentes referencias.

Algunos estudiosos han relacionado su descripción con Bran.

Otros elementos podrían proceder de grabados, libros de viajes y descripciones de fortalezas europeas.

Y existe otra posibilidad fascinante:

que el castillo de Drácula sea, en realidad, un castillo que nunca existió exactamente como Stoker lo describió.

Porque eso es lo que hace la literatura.

Toma lugares reales.

Los mezcla.

Los transforma.

Los convierte en otra cosa.

Poenari: el castillo que sí estuvo relacionado con Vlad

Si buscamos una fortaleza realmente vinculada a Vlad, tenemos que alejarnos de la imagen turística de Bran.

Tenemos que mirar hacia Poenari.

La fortaleza se encuentra sobre un promontorio rocoso en los Cárpatos y estuvo directamente relacionada con Vlad III.

Según las fuentes históricas y arqueológicas, Vlad ordenó reparar y reforzar la fortaleza durante su gobierno y la convirtió en uno de sus principales bastiones.

Y aquí aparece una imagen mucho más cercana al Vlad histórico.

No un conde elegante vestido de negro.

No un aristócrata inmortal.

Sino un príncipe medieval en una fortaleza militar prácticamente suspendida sobre una montaña.

Poenari es, quizá, mucho más «Drácula» históricamente que Bran.

Una fortaleza en lo alto de la montaña

Llegar a Poenari tampoco es exactamente lo mismo que visitar un castillo turístico.

La fortaleza está situada en un lugar extraordinariamente escarpado.

Durante siglos, su posición constituyó precisamente su principal defensa.

El acceso exige ascender una larga escalinata de más de mil cuatrocientos escalones.

Cuando finalmente se alcanza la cima, la recompensa es un paisaje impresionante sobre los Cárpatos.

Y entonces resulta fácil comprender por qué una fortaleza semejante pudo alimentar tantas historias.

Allí arriba, aislado del mundo, el visitante no necesita demasiada imaginación.

La montaña ya hace buena parte del trabajo.

Sighişoara: donde nació Vlad

Hay otro lugar fundamental.

Sighişoara.

La ciudad medieval es una de las joyas históricas de Transilvania.

Sus calles empedradas, sus torres y sus casas de colores parecen pertenecer a otra época.

Y allí existe una casa tradicionalmente identificada como el lugar donde nació Vlad III.

No estamos ante un castillo.

Estamos ante algo quizá más interesante:

el lugar donde comienza la historia del hombre que acabaría convirtiéndose en Drácula.

La paradoja resulta magnífica.

El castillo más famoso de Drácula no está directamente relacionado con él.

Mientras que la ciudad donde nació el personaje histórico sí existe.

Y sigue siendo perfectamente reconocible.

El castillo de Corvin

Y después está uno de los castillos más impresionantes de toda Transilvania:

el Castillo de Corvin, en Hunedoara.

Sus torres, puentes, patios y arquitectura gótica lo convierten en uno de esos lugares que parecen diseñados para una historia de vampiros.

Pero su historia pertenece a otra familia y a otra tradición medieval.

El castillo fue transformado en una gran residencia fortificada por Ioan de Hunedoara a partir de la década de 1440 y se convirtió en uno de los grandes monumentos de la arquitectura medieval de Transilvania.

La relación con Drácula es principalmente moderna y cinematográfica.

El propio castillo ha servido como escenario para diversas producciones audiovisuales, algunas relacionadas directamente con Vlad y con el imaginario medieval.

Y quizá eso explique otra cosa:

un castillo no necesita haber sido escenario de un vampiro para parecerlo.

Transilvania antes de Drácula

Quizá lo más injusto de la leyenda sea que ha conseguido ocultar durante mucho tiempo la verdadera riqueza histórica de Transilvania.

Mucho antes de Stoker ya existían allí ciudades medievales, comunidades sajonas, fortalezas, iglesias fortificadas y rutas comerciales.

Sighişoara es un ejemplo extraordinario.

Sibiu.

Braşov.

Cluj.

Hunedoara.

Son nombres que pertenecen a una historia muchísimo más compleja que la del vampiro.

Transilvania fue durante siglos un territorio de contacto entre diferentes pueblos, lenguas, religiones y poderes políticos.

Drácula llegó después.

Pero terminó ocupándolo todo.

El escritor que nunca vio Transilvania

Hay algo casi irónico en todo esto.

Bram Stoker consiguió convertir un territorio que no conocía personalmente en uno de los lugares literarios más reconocibles del planeta.

No necesitó viajar.

Necesitó libros.

Mapas.

Nombres.

Descripciones.

Y una imaginación extraordinaria.

La Transilvania de Drácula es, por tanto, una construcción literaria.

No es exactamente la Transilvania real.

Es una Transilvania filtrada por la mirada de un escritor victoriano que quería crear un espacio remoto, misterioso y amenazante.

Y funcionó.

Demasiado bien.

La noche convirtió la geografía en leyenda

Durante el día, un castillo es piedra.

Por la noche puede convertirse en otra cosa.

La misma torre que bajo el sol parece una construcción medieval puede adquirir un aspecto completamente diferente cuando desaparece la luz.

Stoker comprendió perfectamente el poder de esa transformación.

El paisaje no era simplemente decorado.

Era parte de la historia.

Los bosques.

Las montañas.

Los lobos.

La niebla.

Los caminos.

Las fortalezas.

Todo contribuía a crear una sensación de aislamiento.

Y el aislamiento es uno de los grandes ingredientes del terror.

¿Por qué seguimos necesitando castillos?

Quizá porque los castillos representan algo que hemos perdido.

Son lugares construidos para durar.

Muros gruesos.

Torres.

Puertas.

Pasadizos.

Habitaciones ocultas.

Hoy vivimos rodeados de edificios transparentes, cristales, ascensores y cámaras.

Los castillos representan lo contrario.

El secreto.

Un castillo puede esconder una habitación que no conocemos.

Una escalera que no hemos visto.

Un sótano.

Una puerta.

Una historia.

Y eso los convierte en escenarios perfectos para la imaginación.

El verdadero Drácula

Quizá el mayor error sea intentar decidir cuál de los dos Dráculas es el verdadero.

El histórico y el literario son personajes diferentes.

Vlad III fue un príncipe medieval.

El conde Drácula es una criatura literaria.

Uno gobernó Valaquia.

El otro vive en un castillo imaginario de Transilvania.

Uno murió en el siglo XV.

El otro sigue regresando cada noche desde las páginas de una novela publicada en 1897.

Y, sin embargo, ambos terminaron unidos para siempre.

Stoker tomó el nombre de Drácula y algunos elementos relacionados con Vlad, pero construyó un personaje completamente nuevo.

El vampiro no es una biografía de Vlad.

Es una transformación literaria de su leyenda.

Una región condenada a ser misteriosa

Desde la publicación de Drácula, Transilvania ha tenido que convivir con una identidad que no eligió.

Es una región real.

Pero también es un lugar imaginario.

Es historia.

Pero también es ficción.

Es geografía.

Pero también es literatura.

Y quizá esa mezcla sea precisamente lo que la hace tan fascinante.

Porque cuando alguien contempla Bran entre la niebla puede saber perfectamente que allí no vivió el conde Drácula.

Puede saber que Stoker nunca estuvo allí.

Puede saber que Vlad nunca gobernó aquella fortaleza.

Y aun así…

puede sentir un escalofrío.

Y eso demuestra el enorme poder de la literatura.

Cuando la ficción conquista la realidad

Quizá esa sea la verdadera historia de Drácula.

No la de un vampiro.

No la de un príncipe.

Sino la de una ficción que consiguió modificar nuestra percepción de un lugar real.

Hoy millones de personas escuchan «Transilvania» y piensan inmediatamente en Drácula.

No en sus ciudades medievales.

No en su arquitectura.

No en su historia política.

No en sus paisajes.

En Drácula.

Un personaje que nunca existió consiguió conquistar una región que sí existe.

Y quizá no haya una demostración más poderosa del poder de la literatura.

Porque los castillos siguen ahí.

Las montañas siguen ahí.

Sighişoara sigue ahí.

Poenari sigue contando la historia de Vlad.

Y Bran sigue elevándose sobre el paisaje.

Pero cuando cae la noche y la niebla comienza a cubrir los Cárpatos, resulta difícil no pensar que, en algún lugar entre la historia y la imaginación, el conde sigue esperando.

 

 

 

 

  • Literatura / Historia y Cultura
  • Imagen portada: openai
  • Drácula y los castillos de Transilvania: entre la historia, la leyenda y la literatura
  •  Drácula, Bram Stoker, Transilvania, Vlad el Empalador, Vlad Dracula, Castillo de Bran, Castillo de Poenari, Castillo de Corvin, Sighişoara, literatura gótica
  •  Drácula, Vlad el Empalador y los castillos de Transilvania: la historia real detrás de Bran, Poenari, Corvin y Sighişoara y la leyenda creada por Bram Stoker.
Compartir

La cultura independiente necesita lectores que la sostengan.

45% del objetivo mensual alcanzado

Apoya este diario

Apóyanos aunque sea una sola vez. Dona desde 1€.