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NO ME CONTROLARÉIS COMO A VUESTRAS MÁQUINAS
George Orwell imaginó en “1984” que todo era controlado y vigilado, hasta los momentos más íntimos. El amor, el contacto más hondo entre dos personas, estaba perseguido y castigado.
Y en un momento el protagonista torturado por las alimañas controladoras dice: La vida os derrotará. No podréis con ella.
Y ahora pretenden implantar lo mecánico y lo programado en todo. Que no tratemos nunca con personas vivas sino con máquinas muertas. Todo hay que hacerlo mecánicamente, comprar un billete, planear un viaje, abrir una puerta. Y casi todo el mundo está de acuerdo.
Por lo menos casi nadie se rebela. Me extraña que el inconsciente profundo no se rebele, que los sueños no se rebelen, que la vida más profunda no se rebele. Que el misterio o la libertad más íntima no se rebele. Que la inspiración (la conexión con los dioses o con la tierra, el tomar aire libre) no se rebele.
Pero no, el latido no cesará nunca. Querrán hacerlo todo mecánico, sujetar todo a un programa y matarlo, prefijarlo todo, reducirlo todo a la cantidad, medirlo todo, pero no podrán. No, no podrán. El latido de verdad no cesará, más allá del ruido estridente y muerto de las máquinas.
Se podrán usar máquinas para fabricar cosas, pero nunca me convencerán de que todo es mecánico, de que todo funciona mecánicamente. Y desde luego yo nunca funcionaré mecánicamente.
Yo siempre escaparé a sus mecanismos, a no ser que me maten. Pero si me matan mi espectro seguirá latiendo en secreto, como en la famosa obra teatral de Ibsen.
No, el latido no cesará nunca. Por detrás del ruido de la máquina muerte, se escuchará el latido de los seres vivos, con lirismo y con sueños.
El latido no cesará nunca. Aunque pretendan encerrarlo todo, el ciervo escapara, como en el cuadro de Frida Kahlo.
El latido no cesará. Ya lo dijo aquel personaje en el libro de George Orwell: La vida os derrotará, no podréis con ella. No podréis enjaularlo todo, programarlo todo. Meterlo todo en un puto algoritmo. Digitalizarlo todo.
La vida os derrotará. Y habrá gente que siga pagando dinero en efectivo aunque os parezca un crimen. Y habrá personas que latan con sus venas y no con los émbolos tontos y muertos de vuestras máquinas.
Seguirá el latido y el canto de los gorriones locos (suavemente locos, dulcemente apasionados) en las ventanas.
Y los programadores y los digitalizadores sentirán diarrea real (no digital) y tendrán que ir a un wáter real (no digital). Y cagarán en efectivo.
Qué horror para vosotros, para vuestro aburrimiento, pero el latido de las venas (y de los abedules, y de los nocturnos de Chopin) no cesará.
Y seguiremos amando en efectivo (no digitalmente) y tocando tetas en efectivo (no digitalmente). Aunque los gobiernos se cabreen. Y escuchando con el oído pegado a la piel los sonidos de los pulmones.
ANTONIO COSTA GÓMEZ
NO ME CONTROLARÉIS COMO A VUESTRAS MÁQUINAS
