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LA GUERRA CIVIL EN PASTILLITAS
Quieren convertir la Guerra Civil en pastillitas. Para dar a la gente en las escuelas donde no se enseña nada, solo se dan pastillitas.
Los progres solo quieren oírse a sí mismos. Las novelas de Pérez Reverte escuchan a todos y los han visto a todos. No tienen ningún simplismo ni se pueden convertir en pastillitas. Y si Reverte convoca una mesa redonda es porque quiere escuchar de verdad. Pero no le van a tomar el pelo, él ha visto demasiado.
Una vez, en Fuentidueña de Tajo, un tipo y yo comentábamos una novela de Hemingway, ya no recuerdo cual.
Hemingway conectó con España en “Por quién doblan las campanas”. Convirtió en héroes románticos a unos tipos que tenían que volar un puente contra los franquistas en las montañas de Aragón. El romanticismo se veía más en la película con Gary Cooper. Estaba muy claro, los republicanos representaban la libertad contra el fascismo.
Aunque Hemingway es un escritor de verdad y nos hace ver que hay personas en los dos lados. Que no todo son abstracciones.
Pero yo le dije que también amaba España John Doss Passos. Y que Dos Passos se cabreó con Hemingway porque los sectarios que Hemingway defendía mataron a un amigo suyo. Y es que hubo tantos sectarios en España, que no se escucharon ni a sí mismos.
Y sin embargo Manuel Azaña, presidente de uno de los bandos en la guerra civil, en su libro “La velada de Benicarló”, expresa sin tapujos todos los burocratismos cortantes y los fanatismos kafkianos que le impedían viajar incluso a él mismo por su España.
Por qué la gente de cualquier signo no lee “La vela de Benicarló”. No me van a decir que es un fascista. Para otros era un rojo demoníaco. Aquí nadie escucha nadie. Ni siquiera se escuchan a sí mismos.
Los dos bandos fueron feroces, porque las ideologías a menudo son feroces. Todas las abstracciones son feroces, lo escribió Camus en sus “Carnets”. Y Camus también estaba del bando republicano. Pero estaba más con las personas concretas que con las abstracciones.
Georges Bernanos en “Los grandes cementerios bajo la Luna” denunció las atrocidades de los franquistas en Mallorca, aunque él estaba con el bando franquista. André Malraux comentó algo así: Ojalá yo tuviera el coraje de denunciar las atrocidades que comete el bando republicano, aunque estoy con el bando republicano.
Porque en España casi nadie escucha. Solo escuchan cuando se quedan dormidos. O cuando leen a Antonio Machado, en lo cual están bastante de acuerdo.
Como cuando le decían a Unamuno que traicionaba al bando republicano cuando había pedido la República con todas sus fuerzas, cuando se había jugado la vida porque llegase. Pero la República la que lo había traicionado a él. Él había pedido la libertad y le daban sectarismo y saña.
Él siempre había dicho lo mismo. Pero lo que decía era demasiado complejo para los simplistas. No cabía en este bando ni en el otro. Y sobre todo no cabía en ferocidades simplonas.
Y no estaba con esta ideología ni con la otra. Entonces un autor de Salamanca, Luciado Egido, decía que no estaba con nada. Como si el mundo tan rico cupiese en esas ideologías simplistas. Y más allá de ellas no hubiera nada.
Al contrario, más allá de ellas está todo. Estaba la vida entera. El simplismo es un crimen, ya lo he dicho muchas veces. A menudo es un asesinato.
Y más allá de esos sonajeros y esas consignas está España. España susurra en mil esquinas. Toca la gaita o toca la guitarra. Se asoma en las siluetas de toros que aún campan por los montes y que los puritanos quieren eliminar. Se asoman en el vino tinto y en el chorizo de Burgos. Y en tantas vidas infinitas que laten en todos los bandos.
Y en las películas de Buñuel y en los embutidos que ponen los curas a veces en los bautizos.
Quieren convertir la Guerra Civil española en pastillitas para dar a los niños en las escuelas. Más o menos como la historia de Caín y Abel y unos dibujitos en los cuadernos.
Pero la vida es algo más que eso. Y nuestra Guerra Civil fue mucho más que eso. Fue una matanza sorda de este bando y del otro bando. Y fue la gente encerrada en bandos de los que no se podía disentir si vivías en Calatayud o vivías en Valencia. A la gente le gusta mucho encerrarse. Y encerrar a los demás con su ferocidad ideológica.
Quieren convertir la Guerra Civil en pastillitas. Pero la Historia no cabe en pastillitas. Y es algo más que consignas y gestos propagandísticos. Y la Literatura todavía más.
La literatura encuentra todo lo que vale la pena en la vida y los simplismos no valen la pena. Son el aburrimiento perpetuo. Igual que el asesinato es aburrido. Es mucho más aburrido matar a una persona que escucharla. Pero los simplismos matan siempre.
Y Perez Reverte es la negación fascinante de todo simplismo. Como lo fue en su momento Javier Marías. Y como lo fue de un modo apasionado e inasible Miguel de Unamuno.
ANTONIO COSTA GÓMEZ
LA GUERRA CIVIL EN PASTILLITAS
