EL CID Y CASTILLA. POESÍA, ROMANCE E HISTORIA

 EL CID Y CASTILLA. POESÍA, ROMANCE E HISTORIA

Luz Cultural

EL CID Y CASTILLA. POESÍA, ROMANCE E HISTORIA

 

 José Antonio López Rodríguez.

      

 Además de su Burgos natal, otras ciudades rinden homenaje al Cid como gran protagonista de la historia de España.

Entre ellas hay que citar en primer lugar a Valencia con su Avenida del Cid y la estatua dedicada al Campeador en la Plaza de España, que al igual que la de Sevilla, San Diego o San Francisco, son copia de la original de la Hispanic Society de Nueva York.

Estatua del Cid en Valencia
Estatua del Cid en Valencia

                            

                                         

Sevilla, reconquistada por el rey Fernando III que era descendiente del Cid, tiene una Avenida del Cid en la que está su escultura ecuestre desde la Exposición Iberoamericana de principios del siglo XX.

El Cid en la Plaza de España de Sevilla
El Cid en la Plaza de España de Sevilla

                 

                                      

También Salamanca tiene un medallón dedicado al Cid, en el llamado pabellón de San Martín de la Plaza Mayor dedicado a héroes nacionales. En la Catedral  se conserva además un documento original con la firma del Cid. Lo trajo el que fue su capellán en Valencia y luego primer obispo de Salamanca tras su repoblación, Jerónimo de Perigord.

Medallón del Cid. Plaza Mayor de Salamanca
Medallón del Cid. Plaza Mayor de Salamanca

                               

El Cantar de mio Cid es un cantar de gesta y una obra poética pionera en la literatura española. De una nación, España, que como dice el hispanista J. H. Elliot, a pesar de estar formada por una tierra seca, estéril y pobre, aislada y separada del continente europeo por los Pirineos, sin ninguna ruta fácil y diversa en paisaje y paisanaje, fue capaz de crear y administrar el mayor y mas disperso imperio conocido hasta entonces en el mundo.

Sin olvidar los muchos méritos y realizaciones de los restantes reinos hispanos de entonces, fueron Castilla y la lengua castellana quienes lideraron aquella sorprendente expansión, pues tal y como resumió el escritor y diplomático hispanoamericano Miguel Albornoz, en castellano se hizo la ley, la arenga, la plegaria, el relato y la poesía.

En el poema de Fernán González, afirma el mester de clerecía:

“Pero de toda España, Castilla es lo mejor,

Porque fue de los otros el comienzo mayor,

Guardando e teniendo siempre a su señor

Quiso acrecentarla así el nuestro Criador.

Aun Castilla la Vieja, al mi entendimiento

Mejor es que lo al, porque fue el cimiento;

Ca conquirieron mucho, magüer poco conviento,

Bien lo podedes ver en el acabamiento.”

Y Ortega y Gasset llegó a la conclusión de que España es una cosa hecha por Castilla, que acertó a superar su propio particularismo e invitó a los demás pueblos peninsulares para que colaborasen en un gigantesco proyecto de vida común.

Y luego está Zamora, que para Azorín entraña el problema más complejo de nuestra historia. Urraca, el cerco de Zamora por su hermano Sancho y un misterioso caballero llamado Bellido Dolfos.

Allí, en Zamora, se educó el Cid en la casa de Arias Gonzalo, de la vieja nobleza leonesa. La casa palacio de Arias Gonzalo es conocida como la Casa del Cid. Y en Zamora, en la Iglesia de Santiago de los Caballeros fue el Cid armado como tal y fue su madrina Urraca. Cuenta la leyenda que se enamoró de él y quedó despechada al no ser correspondida.

Y durante el famoso y prolongado cerco- no se ganó Zamora en una hora- cuenta también la leyenda que se produce la traición, la felonía de Bellido Dolfos que mata por la espalda al rey Sancho y escapa por una puerta de la muralla bautizada como portillo de la traición. Así dice el romance castellano:

Guarte, guarte, rey don Sancho,

no digas que no te aviso

que de dentro de Zamora

un alevoso ha salido;

llámase Bellido Dolfos,

hijo de Dolfos Bellido,

cuatro traiciones ha hecho,

y con esta serán cinco;

si gran traidor fue el padre,

mayor traidor es el hijo.

Gritos dan en el real:

Que a don Sancho han mal herido:

Muerto le ha Bellido Dolfos,

gran traición ha cometido.

Desque le tuviera muerto,

metióse por un postigo;

por las calles de Zamora

va dando voces y gritos:

-Tiempo era, doña Urraca,

de cumplir lo prometido.

La Academia de la historia incluye una biografía de Vellite Adaúlfiz, de la estirpe zamorana de los Beni Gómez y Alfonso y lo describe como un caballero muy cercano al conde Pedro Ansúrez. No obstante, su participación en la muerte del rey Sancho no figura en documento o crónica coetáneo alguno y  no murió en 1072 como quieren los romances castellanos, sino que continuó en la corte de Alfonso VI.

Por motivos políticos, – recontextualizar lo llaman-, el portillo de la traición ha sido rebautizado por el ayuntamiento zamorano como portillo de la lealtad, a pesar de aludir a un acontecimiento legendario. Y Bellido Dolfos ha pasado de traidor a héroe en un vano intento de reescribir no ya la historia, sino el romancero.

Gran osadía la del ayuntamiento atreviéndose a cambiar el sentido de una leyenda, de un antiguo romance castellano.

Pero además, ¿lealtad a quien? Desde luego al pueblo zamorano no.

El ahora héroe Bellido Dolfos habría sido leal a la sediciosa Urraca que se oponía a la política unificadora de su rey Sancho.

Y con Urraca, habría sido leal a la vieja nobleza leonesa que con la unificación temía perder privilegios frente a la pujanza castellana.

¿No resulta más acorde con la historia de España considerar como considera el romance, que el legendario y no documentado crimen supuso una traición al proyecto reunificador al que aspiraron desde el principio los reyes de Asturias y después los de León?

Inútil traición en todo caso, ya que la historia siguió su curso y Alfonso VI, Imperator totius Hispaniae, unificó Castilla y León igual que pretendía su hermano Sancho, viendo Castilla consolidada su hegemonía.

Finalmente, el romance de La jura de Santa Gadea, es un bello relato que tampoco se corresponde con la historia real, pues como se afirma en la Historia Roderici, muerto Sancho, Alfonso VI recibió como vasallo al Cid y lo casó con su sobrina

En Santa Gadea de Burgos

do juran los hijosdalgo,

allí toma juramento

el Cid al rey castellano,

sobre un cerrojo de hierro

y una ballesta de palo.

Las juras eran tan recias

que al buen rey ponen espanto.

Pero dejemos el mito para detenernos en hechos aceptados como ciertos sobre el Cid y su descendencia, recordando que en vida no fue conocido como el Cid, sino con el sobrenombre en lengua romance de campeador, del latín campidoctor.

Sus hijas no se llamaron Elvira y Sol y no se casaron con los infantes de Carrión. Rodrigo Díaz tuvo un hijo llamado Diego y dos hijas llamadas Cristina y María.

Las hijas del Cid. Dióscoro Teólfilo, Museo del Prado
Las hijas del Cid. Dióscoro Teólfilo, Museo del Prado

                    

María se casó con el conde de Barcelona Ramón Berenguer III y fueron padres de Ximena de Osona.

Cristina se casó con Ramiro Sánchez de Pamplona y fue madre de García Ramírez el Restaurador, rey de Pamplona y tatarabuela del rey Alfonso VIII el de las Navas de Tolosa.

Alfonso VIII y su mujer Isabel Plantagenet, están enterrados en Burgos, en el Monasterio de las Huelgas que ellos fundaron.

Nietos de Alfonso VIII el de las Navas y por tanto descendientes del Cid, son  dos santos: Luis IX de Francia (San Luis) y Fernando III el Santo.

Sepulcros del Cid y Jimena en San Pedro de Cardeña
Sepulcros del Cid y Jimena en San Pedro de Cardeña

                                             

En San Pedro de Cardeña, en Burgos están los sepulcros del Cid y de Jimena, pero no sus restos que fueron profanados por los franceses que también hicieron prácticas de tiro sobre la escultura ecuestre del Campeador existente en la fachada del monasterio del que el Cid fue gran protector.

Y volviendo a la leyenda, recordemos que este monasterio, cuyo origen mítico estaría en el año 537, está vinculado a la figura legendaria del infante Teodorico hijo de Doña Sancha, allí enterrado tras morir estando de caza en Burgos. Esto probaría que el monasterio se fundó en el siglo VI, que es de origen visigodo y que es el más antiguo de España.

Entre las estatuas que adornan la ciudad de Burgos que es conocida como la cabeza de Castilla, está la de San Sisebuto, que fue abad de Cardeña, pero también hay una de Teodorico. Y seguramente por error no es la del legendario Teodorico de San Pedro de Cardeña, sino como reza su pedestal, la de Teodorico I hijo de Alarico el del saco de Roma. Pero Teodorico I, que murió en la batalla de los Campos Cataláunicos en Francia en el año 451, nada tiene que ver con la historia de la ciudad del Cid.

 

Foto portada: Monumento al Cid. Burgos

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