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EL ANTISEMITISMO COMO ZAFIEDAD
Netanyahu bombardea y lo paga un ciclista en una carretera de España. O un cantante en un festival O un tipo que se toma una cerveza en algún lugar del mundo. Solo porque son judíos.
Yo también tendré la culpa de lo que haga Sánchez, aunque me encuentre en Bagnkok criticando a Sánchez.
Es la mentalidad simplona y cerril, la simplificación del mundo. La mentalidad miserable. Como los que dicen: Todas las mujeres son putas. O los que dicen: Todos los negros son iguales.
Pero ellos son “progresistas” y eso les da bula para todo. Pueden hacer lo que quieran si dicen que son “progresistas”.
El propio concepto es absurdo y viene de la mentalidad ingenua del siglo XVIII: creer que la Historia va a mejor, y que todo lo nuevo es mejor. Aunque lo nuevo sea el fascismo. O que todo sea más caro y más pijo. Lo único que progresa es la tecnología que enriquece a los ricos, y nos complica la vida y nos obliga a comprar y comprar sin aliento. Lo que más progresa son los medios de dominación y de aplastamiento.
Pero ellos se creen la civilización y la cultura, los demás son la barbarie. Y son zafiedad e ignorancia. Su conducta no es ningún progreso.
El odio al judío es gratuito a veces, y otras veces se basa en las acusaciones más peregrinas. Las masas ignorantes se dejan llevar por esas acusaciones y por movimientos automáticos.
Hubo matanzas de judíos en todos los países y en todas las épocas. Y en todas las ideologías. Los nazis quisieron exterminarlos, pero los soviéticos los masacraron sin piedad. Lo cuenta Isaac Babel en sus “Reltatos de Odessa”. Asaltaban los trenes y preguntaban ¿eres judío o eres ruso? Una vez un bestia sintió algo y dejó que un niño judío asustado escapara.
Los progroms fueron innumerables. Pero la gente no sabe Historia, la han quitado de los planes de estudio. La enseñanza vaciada es lo que consideran progresista. Que la tengan todos, aunque no lleve nada dentro. Democratizan la ignorancia.
La gente aprende Historia en las novelas y en las series televisivas. Imaginen ustedes.
Los judíos fueron perseguidos en todas las épocas y en todos los países. Fueron los errantes, los apartados. Les indicaron barrios aparte, los humillaron de todas las maneras. Y a pesar de todo sobrevivieron, tal vez eso es lo que más les moleste. Su infinita obstinación en existir.
Las causas de ese odio nunca las tuve claras. Los nazis los odiaban porque eran nacionalistas y los judíos eran cosmopolitas e internacionales. Y porque eran en general intelectuales y cultos y los nazis defendían la fuerza bruta.
Los estalinistas también porque el estalinismo fue un nacionalismo. “El socialismo en un solo país”, decía Stalin. Por eso se empeñó en liquidar a Trotski a cualquier precio, porque defendía el internacionalismo y la revolución permanente en todas partes.
Ahora los judíos son odiados por los progres. El pretexto es su relación con los palestinos. En 1948 la ONU dividió Palestina en dos estados, adjudicó a los judíos un territorio minúsculo. Y a pesar de todo aceptaron. Pero los árabes atacaron y quisieron arrojar a los judíos al mar. Y los judíos cometieron el gran crimen de resistirse.
Y como son cultos y listos convirtieron un desierto en un vergel. Desarrollaron la tecnología, la agricultura, la cultura toda, en pocos años. Y ahora pretenden que los árabes de Palestina disfruten ese vergel.
Ahora Netanyahu se comporta de forma brutal y se pasa muchísimo. Y lo pagan los judíos de todas las esquinas del mundo.
Pero no hay manifestaciones contra el atentado salvaje y rabioso de Hamas. Con violaciones, torturas, muertes. Secuestro, deshumanización, sadismo. No hay manifestaciones contra eso.
En el Congreso español organizaron unos minutos de silencio por los palestinos masacrados de Gaza. Un partido pidió que el silencio fuera también por los asaltados salvajemente por Hamas. Y la jefa del Congreso dijo que no.
Y Hamas machaca a su propia población. La somete a su fanatismo y sus métodos bárbaros. Utiliza a la población y la humillan. Hamas comete un genocidio lento contra su propia población. Imponen una sociedad cerrada y brutal.
Los progres de aquí, que gozan de libertades, deberían ir allí y vivir bajo esa férula.
Pero es más progre atacar a Israel, el único país de la zona donde hay elecciones libres, con diversos partidos, y donde votan todos, incluidos los árabes.
El odio de las masas zafias a los judíos a través de la Historia debe de tener alguna motivación inconsciente. En “Moisés y la religión monoteísta” Sigmund Freud nos recuerda que Moisés trajo un Dios único que era puro espíritu, y eso dio origen a las grandes religiones monoteístas. Y trajo las leyes, que limitan el poder y la arbitrariedad de los tiranos. Para que la gente sepa a qué atenerse. Tal vez ese traer a un Dios único y espiritual es lo que molesta a los odiadores, que querrían un montón de dioses de distintas paciones. Y dioses nacionales de uso nacional, no un Dios que sirva para todos.
Los judíos también creían que Jehová era un Dios solo para judíos, y Jehová se muestra despiadado en muchas ocasiones. Pero un Dios que es puro espíritu fue el camino para que todos los humanos de todas partes tuvieran el mismo Dios. Eso abrió el camino al islam y al cristianismo. Y eso fue lo molesto.
En cierto modo, por eso, los judíos son los padres de todos nosotros. Pero también señala Sigmund Freud que todos queremos matar al Padre.
Ahora los progres se sienten legitimados para odiar a los judíos en general. Y esa zafiedad ignorante les parece “progresista”. Saul Bellow escribió en “Jerusalén, ida y vuelta” que atacar a Israel es el agua bendita con la que todos los progres del mundo se blanquean y se sienten a gusto. Es su ceremonia blanqueadora.
Pero los progres en general lo que quieren es igualar a todos por abajo, nivelar todo. Y que nadie destaque. Y como los judíos destacan en todos los ámbitos, siempre lo han hecho, por eso los odian. Por el mismo motivo los niños- masa en los colegios odian al niño que destaca por algo. Y la tropa del montón en un ejército odia al soldado que tiene estudios.
No pueden soportar al que destaca. En el fondo el antisemitismo zafio puede ser una forma de envidia. Una envidia metafísica y cósmica. Una envidia cerril y ciega.
Pero en todos los campos han destacado los judíos. Y yo no odio a los que destacan. Creo que me estimulan y me animan, me impulsan a mí también a destacar y a superarme. Pero la progresía es la cultura de la mediocridad y el marasmo. Del no esforzarse y que me den todo hecho. Del aprender inglés en quince días y aprender a ser progre en las escuelas.
Netanyahu es un bestia y está poniendo a su país en peligro. Está generando un odio a los suyos que estallará dentro de un tiempo, en los momentos menos pensados.
Pero yo no creo en la transferencia de la culpa. En qué me acusen a mí de lo que hizo mi padre o de lo que hizo un conquistador hace 500 años. Los que piensan así parecen copiar la idea cristiana de la “comunión de los santos”. Según esa creencia, las bondades que uno haga se transfieren a todos los demás. Pero ahora en el mundo progre sería más bien “la comunión de los demonios”. La culpa que tenga un judío se transfiere a todos los judíos. Esa mentalidad no es mágica, es de un simplismo atroz. De un cerrilismo atroz. De un paletismo atroz.
Los “progresistas” se creen la cultura y el humanismo frente a la barbarie de todos los demás. Pero fomentan esa actitud bárbara y brutal en sus masas. La masificación de las personas es atroz en todo. Puedes masacrar a un joven en A Coruña porque es gay y no lo esconde. O puedes violar en manada a una chica. O puedes odiar a los judíos y culparlos de todo.
La ignorancia del hombre -masa multiplica los prejuicios y los extiende de una manera ciega. La realidad no importa. En Marruecos un árabe nos decía que los judíos huelen mal. Un amigo mío ingenuo les dijo: Yo estuve junto a judíos y no olían mal. Pero qué importa la realidad. La zafiedad y el cerrilismo no quieren la realidad.Además la realidad es incómoda, varía tanto y se muestra tan compleja. Para qué saber cosas. Es más sencillo ignorar todo. Y para qué ser libre y pensar por uno mismo, qué cansado es eso. Mejor que nos guíen unos pocos prejuicios.
Albert Cohen en “Bella del señor” dice que los judíos trajeron la ética y así superaron el salvajismo y la prepotencia. Así pusieron coto a la fuerza bruta. Pero los brutos quieren seguir con sus simplismos y no cuestionar nada. Si hay que odiar a todos los judíos en general, se los odia y basta. Para qué ponerse a pensar.
Albert Cohen criticó duramente la burocracia. Funcionarios de la Unesco en Ginebra afilando lápices toda la mañana. Y Kafka criticó con angustia la burocracia. Te pueden acusar sin decirte de qué, te pueden contratar para un castillo y que no entres nunca. La burocracia es el peor de los poderes, fue un gran progreso para los poderes que llegara la burocracia. Pero para los “progresistas” el mayor progreso es aumentar sin fin la burocracia. Y bloquearlo todo y matarlo todo con burocracias. Y hacernos a todos grises y mediocres con burocracias. Y tardar años en aprobar un medicamento mientras la gente muere, o tardar años en homologar a médicos de otros países mientras faltan médicos en los hospitales.
Pero los judíos emprendedores y animados, siempre moviéndose, siempre con recursos, siempre superándose y sobreviviendo a matanzas, siempre obstinados en existir, les molestan. Les molesta que brillen porque ellos son grises y burocratizados. En pocos años levantaron un gran país democrático y próspero, lo que a otras culturas les costó siglos y revoluciones. Ese dinamismo es lo que produce envidia.
Y en España contribuyeron tanto a la cultura española. Pero los progres españoles tienen ahora bula contra los judíos. Claro, como son “progresistas”…Y los judíos sefarditas sueñan con España y la llaman con nostalgia Sefarad. Ellos aman España y España responde así.
Pienso en Elías Canetti, un gran sefardita. Fue el típico judío, vivió en muchos países y no paró nunca quieto. Y vivió más en los libros que en terrenos cerrados. Eso es lo que les jode a los aldeanos. Los que piensan en la tierra como elemento único suelen ser paletos que no salen de su finca. Los hombres no son árboles, decía un escritor bosnio que creía en Yugoslavia. El país multinacional donde cabían los judíos como todos los demás.
Pienso en tantos judíos que destacaron en todos los ámbitos. Ese es tal vez su peor crimen: destacar. Igual que en un cuartel donde la tropa desconfía de quien estuvo en la universidad. O el colegio donde los alumnos de la masa (esa masa que quieren los progres, que nadie tenga personalidad) odian al que tiene hábitos diferentes, lee libros, se levanta al amanecer, tiene una mancha azul, piensa demasiado, qué sé yo. El ideal de las masas zafias es el simplismo monocorde y que todos sean iguales. Y decir unos cuántos tópicos cada día y moverse todos por los mismos automatismos. Destacar es un crimen.
Un país diminuto, pero increíblemente próspero, que enseña tecnología al mundo y muestra más cultura que nadie. Y critica a sus propios gobiernos. Es un crimen.
Porque tienen mucho dinero, dicen. También los jeques del petróleo tienen mucho dinero y no hacen eso. Más que nada hacen que sus mujeres se tapen y les impiden conducir coches.
Pero estos “progresistas” son tan “progresistas”. Este producto lava más blanco, dice el anuncio. La lejía lava muy bien, aunque lo queme todo. Y qué santos se sienten cuando se miran al espejo. Es un chollo. Si eres “progresista” puedes odiar a los judíos y no pasa nada.
ANTONIO COSTA GÓMEZ

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