- Dos tesoros, siete kilómetros y 3.000 años: el hallazgo que puede revelar quién fabricaba el bronce en la antigua Escocia - 9 de octubre de 2026
- Viviane Sassen: cuando la fotografía deja de mirar el mundo y empieza a transformarlo - 8 de octubre de 2026
- Livraria Lello: historia, arquitectura y literatura en Oporto - 8 de octubre de 2026
Dos tesoros, siete kilómetros y 3.000 años: el hallazgo que puede revelar quién fabricaba el bronce en la antigua Escocia
Un nuevo depósito de la Edad del Bronce descubierto en los Scottish Borders contiene algo mucho más valioso que oro: los moldes y las materias primas que podrían permitir reconstruir cómo trabajaban los artesanos hace 3.000 años.
Hay descubrimientos arqueológicos que sorprenden por la riqueza de los objetos que aparecen bajo la tierra. Y hay otros que, a primera vista, parecen mucho más modestos, pero terminan planteando preguntas capaces de cambiar nuestra comprensión del pasado.
El Blyth Hoard, descubierto en los Scottish Borders, pertenece a esta segunda categoría.
El depósito contiene dos hachas de bronce, fragmentos de moldes de arcilla y un lingote completo de cobre. Los objetos fueron enterrados aproximadamente entre 1150 y 800 a. C., durante la Edad del Bronce Final. Pero lo verdaderamente extraordinario no está solamente en lo que se ha encontrado, sino en su relación con otro tesoro descubierto a apenas siete millas de distancia.
Y los dos hallazgos tienen algo más en común.
Los encontró la misma persona.
El hombre que volvió a encontrar el pasado
En 2020, el detectorista Mariusz Stępień descubrió en la zona el Peebles Hoard, un extraordinario conjunto de objetos de la Edad del Bronce que posteriormente fue adquirido para las colecciones nacionales de Escocia.
Dos años después, en 2022, Stępień regresó a la misma región.
Su detector señaló algo bajo tierra.
Era una cabeza de hacha.
Al continuar examinando el terreno aparecieron otros objetos de bronce. En lugar de extraerlos por su cuenta, comunicó inmediatamente el hallazgo a la unidad de Treasure Trove, que avisó a los arqueólogos de National Museums Scotland.
La excavación profesional reveló que los objetos estaban asociados a un antiguo túmulo de piedras. El conjunto fue trasladado posteriormente al National Museums Collection Centre de Edimburgo para su conservación y estudio.
Stępień no podía saber entonces que aquel segundo descubrimiento podía estar relacionado con el primero.
Hoy, los investigadores creen que esa posibilidad es precisamente lo que hace excepcional al hallazgo.
La pieza que puede cambiar la historia
Entre los objetos del Blyth Hoard hay algo especialmente raro: restos de moldes de arcilla.
Los moldes de este tipo apenas sobreviven durante miles de años porque la arcilla se degrada con facilidad. Sin embargo, en Blyth han sobrevivido restos de dos —posiblemente tres— moldes o núcleos de moldes.
Y aquí aparece la conexión.
Algunos de esos moldes parecen haber servido para fabricar piezas muy particulares encontradas en el anterior Peebles Hoard.
Si las investigaciones confirman esta relación, los arqueólogos podrían estar ante algo extraordinario: la posibilidad de identificar el lugar o, al menos, el proceso de fabricación de algunos objetos de aquel primer tesoro.
Es como encontrar no solamente una pieza arqueológica, sino una parte del taller que la produjo.
Durante décadas, los arqueólogos han podido estudiar objetos de bronce sin conocer exactamente dónde fueron fabricados ni quién los produjo.
Ahora tienen una nueva pista.
Un molde.
El lingote que llegó de lejos
Pero todavía hay otra pieza que puede contar una historia diferente.
El Blyth Hoard contiene un lingote completo de cobre, y es el primero de este tipo descubierto hasta ahora en Escocia.
Su importancia va mucho más allá de su tamaño.
El cobre era una materia prima fundamental para producir bronce. Los análisis químicos del lingote podrían revelar de dónde procedía el metal y permitir compararlo con el cobre utilizado en los objetos de ambos tesoros.
Los investigadores esperan así reconstruir parte de las antiguas rutas de circulación de materias primas.
Eso significa que un pequeño bloque de cobre puede convertirse en una especie de mapa.
Un mapa de hace 3.000 años.
Porque si el metal procedía de una región distante, significaría que las comunidades que vivían en esta parte de Escocia estaban integradas en redes de intercambio mucho más amplias de lo que podría parecer.
No era un mundo aislado.
El metal viajaba.
Las técnicas viajaban.
Las ideas también.
Un tesoro que no parece un tesoro
Quizá lo más fascinante del Blyth Hoard sea precisamente que no responde a nuestra imagen tradicional de un tesoro.
No hay una corona de oro.
No hay joyas espectaculares.
No hay un objeto que, por sí solo, parezca extraordinario.
Hay hachas, fragmentos de arcilla, metal y restos de un antiguo depósito.
Pero esos objetos humildes pueden contar algo que una pieza de lujo difícilmente podría explicar: cómo trabajaban las personas que vivieron allí.
National Museums Scotland señala que los restos de moldes son excepcionalmente raros y que el conjunto puede aportar nueva información sobre la fabricación de objetos de bronce en Escocia.
Y hay otra sorpresa.
Los estudios realizados sobre el anterior Peebles Hoard revelaron que algunas piezas de bronce tenían una superficie inesperadamente plateada. Los investigadores creen que los antiguos artesanos habían utilizado deliberadamente una técnica de enriquecimiento con estaño para modificar su apariencia.
Eso apunta a una metalurgia mucho más sofisticada de lo que la imagen popular de la Edad del Bronce suele sugerir.
¿Por qué fueron enterrados?
Todavía no tenemos la respuesta.
Los arqueólogos descubrieron que los objetos habían sido colocados deliberadamente dentro de un antiguo túmulo de piedras. Algunas piedras parecen haber sido retiradas para introducir los objetos antes de volver a cubrir el lugar.
¿Era un almacén?
¿Un depósito de materias primas?
¿Una ofrenda?
¿Pertenecían los objetos a un artesano?
¿Fue escondido todo aquello con la intención de recuperarlo algún día?
La arqueología todavía no puede responder.
Y quizá esa sea precisamente la parte más fascinante de la historia.
Porque el tesoro ha regresado al mundo, pero todavía no sabemos por qué alguien decidió ocultarlo.
Dos tesoros y una historia que comienza ahora
El Peebles Hoard y el Blyth Hoard están separados por unos siete kilómetros.
Uno fue descubierto en 2020.
El otro, en 2022.
Los dos permanecieron ocultos durante unos 3.000 años.
Y ahora los científicos disponen de la oportunidad de compararlos.
El cobre podría revelar de dónde procedían las materias primas. Los moldes podrían explicar cómo se fabricaron determinadas piezas. El análisis de los metales puede ayudar a reconstruir las técnicas de los artesanos. Y el contexto arqueológico puede aportar nuevas pistas sobre las personas que vivieron en aquel paisaje durante la Edad del Bronce.
El detectorista que encontró ambos tesoros ha dicho que encontrar algo es solo el principio y que lo realmente interesante llega después, cuando comienza el trabajo de conservación, investigación y reconstrucción de la historia.
Quizá tenga razón.
Porque a veces un tesoro no es aquello que brilla.
A veces es una pequeña pieza de arcilla que sobrevivió tres mil años para decirnos quién fabricó algo que creíamos que nunca podríamos explicar.
Y quizá, enterrado bajo una tierra que durante siglos se convirtió en campo de cultivo, haya quedado todavía otro fragmento de aquella historia esperando a que alguien vuelva a encontrarlo.
Por Sofía
Dos tesoros, siete kilómetros y 3.000 años: el hallazgo que puede revelar quién fabricaba el bronce en la antigua Escocia
Sobre el contador
El contador registra los artículos que lees en este navegador durante un periodo de 12 meses. No utilizamos tu dirección IP ni identificamos quién eres. Si quieres desactivar el contador, activa Funcionales.
Puedes gestionar esta funcionalidad desde Configurar cookies.
Luz Cultural es un proyecto cultural independiente. Si quieres ayudarnos a seguir creciendo, puedes apoyar el proyecto.
APOYAR LUZ CULTURAL

Más leídos