M3

Amelia Earhart: la mujer que desapareció en mitad del océano

Amelia Earhart: la mujer que desapareció en mitad del océano
Sofia Lovelace
🎧 Audioguía Cultural (Beta)


♿ Accesibilidad y otras formas de escuchar este artículo

Amelia Earhart: la mujer que desapareció en mitad del océano

Una última transmisión de radio, una isla que nunca apareció y un avión que lleva casi noventa años escondido en algún lugar del Pacífico

Hay desapariciones que terminan cuando aparece el cuerpo.

Otras terminan cuando se encuentra el avión, el barco, la casa, la última fotografía.

Y después están las desapariciones como la de Amelia Earhart.

En ellas no hay cadáver.

No hay avión.

No hay una última imagen definitiva.

Solo queda una voz.

Una voz que, en la mañana del 2 de julio de 1937, hablaba desde algún lugar del Pacífico mientras buscaba una isla diminuta que debía aparecer delante de ella.

La isla se llamaba Howland.

Earhart nunca llegó.

Y casi noventa años después seguimos sin saber exactamente qué ocurrió.

El vuelo que debía convertirla en leyenda

Amelia Earhart ya era famosa.

En 1932 había cruzado sola el Atlántico sin escalas, convirtiéndose en la primera mujer en hacerlo.

Pero quería algo todavía más difícil.

Dar la vuelta al mundo.

El primer intento, iniciado en marzo de 1937, terminó con un accidente durante el despegue en Hawái. El avión sufrió graves daños y tuvo que regresar a California para ser reparado.

Earhart no abandonó.

El 1 de junio volvió a comenzar el proyecto, esta vez volando hacia el este.

Para finales de junio había recorrido unos 22.000 kilómetros.

Le quedaban aproximadamente 11.000.

Y entonces llegó el tramo que cambiaría para siempre la historia de la aviación.

Una isla demasiado pequeña

El siguiente destino era Howland Island.

Sobre el mapa parece casi una broma.

Un diminuto fragmento de tierra en mitad del Pacífico.

El avión de Earhart, un Lockheed Electra 10-E, tenía que recorrer unos 2.556 millas desde Lae, en Nueva Guinea, hasta aquella isla.

El problema era sencillo de explicar y terrible de resolver:

Howland era extremadamente difícil de encontrar desde el aire.

No había una gran ciudad.

No había montañas.

No había una referencia geográfica espectacular que pudiera aparecer en el horizonte.

Había una pequeña isla perdida en un océano gigantesco.

Y Earhart necesitaba localizarla antes de quedarse sin combustible.

Entonces apareció la voz

El barco estadounidense Itasca esperaba cerca de Howland para ayudar a guiar al avión.

Pero las comunicaciones no funcionaron como estaba previsto.

Earhart y el Itasca nunca consiguieron establecer una comunicación bidireccional normal por voz o telégrafo. Además, ni Earhart ni su navegante, Fred Noonan, dominaban el código Morse, algo que habría podido facilitar enormemente la localización.

Sin embargo, el Itasca sí recibió varias transmisiones de Earhart.

Y ahí comienza una de las partes más inquietantes de la historia.

El avión estaba cerca.

Pero no encontraba la isla.

En una de las últimas transmisiones, Earhart indicó que se encontraba sobre una línea de posición y que estaba volando de norte a sur.

Después volvió a emitir.

Y después…

silencio.

El Smithsonian sitúa la última transmisión recibida a las 8:43 de la mañana del 2 de julio de 1937.

Nadie volvió a escucharla.

¿Se estrellaron en el océano?

Esta es la explicación más sencilla.

Y quizá precisamente por eso resulta menos fascinante que las demás.

Si Earhart y Noonan no consiguieron localizar Howland, el combustible terminó agotándose.

El Electra habría tenido que caer al Pacífico.

El propio National Air and Space Museum considera que, basándose en los hechos conocidos, la explicación más razonable es que no pudieron localizar Howland, agotaron el combustible y terminaron en el océano.

Pero hay un problema.

No tenemos el avión.

Y mientras el avión no aparezca, la historia permanece incompleta.

La otra isla

Existe otra hipótesis que lleva décadas fascinando a investigadores.

Se llama Nikumaroro.

Es una isla deshabitada de la República de Kiribati, anteriormente conocida como Gardner Island.

La teoría sostiene que Earhart pudo desviarse de su ruta y alcanzar la isla, realizando allí un aterrizaje de emergencia.

La organización TIGHAR ha defendido durante décadas esta posibilidad y ha reunido diversos indicios, entre ellos objetos encontrados en la isla y antiguos informes sobre restos humanos descubiertos allí en 1940.

Pero aquí hay que detenerse.

Los huesos desaparecieron.

Y el médico que los examinó originalmente concluyó que pertenecían a un hombre.

Décadas después, investigadores revisaron sus mediciones y llegaron a una conclusión diferente: según esos análisis, las dimensiones podían ser compatibles con una mujer de la estatura de Earhart.

¿Prueba definitiva?

No.

Es una hipótesis con indicios discutidos.

Y eso es muy distinto.

El avión fantasma que resultó ser una roca

La historia volvió a estremecerse en 2024.

Una empresa de exploración submarina llamada Deep Sea Vision anunció que había localizado mediante sonar, a unos 5.000 metros de profundidad, un objeto que parecía tener la forma aproximada del Electra de Earhart.

Durante un tiempo, la imagen parecía extraordinaria.

Un avión perdido durante 87 años.

En el fondo del Pacífico.

¿Podía ser?

La fotografía dio la vuelta al mundo.

Pero la ciencia tiene una costumbre bastante menos espectacular que el misterio:

esperar.

Meses después se determinó que el objeto era una formación rocosa con una forma parecida a la de un avión.

Otra puerta se cerró.

Pero el misterio no.

Y entonces aparecieron los espías

Como ocurre con casi todas las grandes desapariciones, cuando faltan pruebas empiezan a aparecer historias.

Una de ellas afirma que Earhart realizaba una misión secreta de espionaje y que fue capturada por los japoneses.

Otras versiones aseguran que sobrevivió y regresó posteriormente a Estados Unidos con otra identidad.

El Smithsonian recoge estas teorías entre las numerosas explicaciones que han aparecido a lo largo de las décadas.

El problema es que una teoría puede ser fascinante sin ser verdadera.

Y aquí conviene separar dos cosas:

lo que podemos demostrar y lo que nos gustaría que hubiese ocurrido.

No tenemos pruebas concluyentes que permitan afirmar que Earhart fue espía, que fue capturada o que vivió posteriormente bajo otra identidad.

Lo que sí sabemos es mucho más sencillo.

Estaba intentando llegar a Howland.

No consiguió encontrar la isla.

Transmitió por radio.

Y desapareció.

Quizá el verdadero misterio sea la última transmisión

Hay algo extraordinariamente moderno en esta historia.

No desapareció sin dejar rastro.

Dejó una voz.

Durante horas hubo comunicaciones.

Los operadores escucharon a Earhart.

La intensidad de algunas señales incluso aumentó a medida que se acercaba a Howland. El Smithsonian señala que las transmisiones se hicieron progresivamente más fuertes antes de la desaparición.

Eso significa que, en algún momento, estuvieron suficientemente cerca.

Tan cerca que hoy podemos imaginar la escena.

Dos personas dentro de un avión.

Un océano infinito debajo.

Una isla que debería estar allí.

Un barco esperando.

Una radio funcionando de manera imperfecta.

Y un reloj avanzando.

Cada minuto que pasa consume combustible.

Cada minuto que pasa hace más pequeña la posibilidad de encontrar tierra.

Y entonces llega la última transmisión.

Después, nada.

Lo curioso es que buscamos a Amelia sin saber exactamente qué buscamos

Durante los primeros días posteriores a la desaparición se realizó una de las mayores operaciones de búsqueda de la época.

Participaron barcos y aviones y se rastreó una extensión del Pacífico comparable, según el Smithsonian, al tamaño de Texas.

No encontraron a Earhart.

Ni a Noonan.

Ni al Electra.

Y desde entonces se han sucedido nuevas expediciones.

Cada una intenta encontrar una pieza que cierre el círculo.

Un fragmento de metal.

Un resto humano.

Una fotografía.

Una señal.

Una anomalía en el fondo del océano.

Un objeto abandonado en una isla.

Pero ninguna ha conseguido proporcionar una respuesta definitiva.

Hay algo hermoso en que el misterio siga abierto

Quizá porque Amelia Earhart no desapareció simplemente de un lugar.

Desapareció entre dos puntos.

Entre Nueva Guinea y Howland.

Entre una transmisión y el silencio.

Entre lo que sabemos y lo que creemos.

Y ese espacio vacío ha permitido que durante generaciones la imaginación construya todo aquello que la evidencia no ha podido completar.

Pero quizá deberíamos resistirnos a rellenarlo demasiado deprisa.

Porque el misterio no necesita una respuesta inventada para ser fascinante.

Puede bastarnos con aceptar que, en ocasiones, la historia deja una puerta entreabierta.

El National Air and Space Museum sigue considerando la desaparición de Earhart uno de los grandes misterios no resueltos de la aviación, aunque señala que la explicación del agotamiento del combustible y la caída en el Pacífico es la más razonable a partir de los hechos conocidos.

Y eso nos deja con una imagen que resulta casi imposible de olvidar.

Un avión rojo y plateado avanzando sobre un océano azul.

Una mujer buscando una isla diminuta.

Una voz atravesando la estática.

Y debajo de ella, miles de metros de agua.

Quizá allí abajo siga estando la respuesta.

O quizá no.

Porque el verdadero misterio de Amelia Earhart no es solamente dónde terminó su avión.

Es cómo una desaparición ocurrida hace casi un siglo consiguió permanecer viva en nuestra imaginación.

Y quizá por eso seguimos buscando.

No solo a Amelia.

También buscamos el momento exacto en que una historia deja de ser historia y se convierte en leyenda.

Por Sofía

Historia y Cultura
Imagen portada: openai


Amelia Earhart desapareció en 1937 mientras intentaba dar la vuelta al mundo. Una última transmisión, una isla perdida y un avión que aún no ha aparecido mantienen vivo uno de los grandes misterios de la aviación.
Amelia Earhart, aviación, misterios, historia, Pacífico, Fred Noonan, Howland Island, Nikumaroro, Lockheed Electra, mujeres pioneras

Compartir

La cultura independiente necesita lectores que la sostengan.

45% del objetivo mensual alcanzado

Apoya este diario

Apóyanos aunque sea una sola vez. Dona desde 1€.