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La Biblia de Fausto: el tesoro perdido que revela los secretos del cine de Murnau

La Biblia de Fausto: el tesoro perdido de Murnau
Sofia Lovelace
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La Biblia de Fausto: el tesoro perdido que revela los secretos del cine de Murnau

Durante décadas, se creyó que un documento excepcional relacionado con una de las grandes películas del cine mudo había desaparecido para siempre. No era un guion perdido ni una colección de críticas olvidadas, sino una enorme Biblia de atrezo que escondía en sus páginas cientos de fotografías, dibujos y diseños originales. En ella había quedado registrado algo que el director Friedrich Wilhelm Murnau apenas permitía contemplar: cómo se construían las imágenes de su cine.

La llamada Biblia de Fausto ha sobrevivido a la dispersión de archivos, a los peligros de la guerra y a años de olvido. Ahora, cuando se cumple un siglo del estreno de Fausto (1926), este singular objeto vuelve a ocupar un lugar destacado en la historia del séptimo arte. Una edición facsimilar preparada por MUBI Editions en colaboración con la Cinémathèque française permitirá recorrer sus páginas y acercarse a los secretos técnicos de una película que convirtió la imaginación en una experiencia visual.

Una Biblia que escondía mucho más que una historia sagrada

La Biblia de Fausto: el tesoro perdido de Murnau

En Fausto, Murnau llevó a la pantalla la leyenda del erudito que pacta con el diablo, popularizada por Johann Wolfgang von Goethe. El protagonista, interpretado por el actor sueco Gösta Ekman, busca una salida a la desgracia que asola su mundo, mientras Mefistófeles, encarnado por Emil Jannings, representa la tentación y el poder de lo sobrenatural.

La película, estrenada en Alemania en octubre de 1926, fue una de las producciones más ambiciosas de los estudios UFA. Sus escenarios monumentales, sus contrastes de luz y sombra y sus efectos visuales exigieron una extraordinaria coordinación entre el director, los responsables de fotografía y los artistas encargados de construir los decorados.

Pero la historia de la Biblia comienza dentro de la propia película.

En una de sus escenas, el personaje de Fausto arroja sus libros al fuego, desesperado ante su incapacidad para detener una epidemia. Entre esos volúmenes se encontraba una Biblia utilizada como objeto de atrezo. Una vez terminada la filmación, los responsables artísticos Robert Herlth y Walter Röhrig recuperaron el libro y lo transformaron en algo muy distinto.

Junto con el director de fotografía Carl Hoffmann, reunieron fotografías del rodaje, dibujos preparatorios e imágenes de los decorados. Las páginas que habían servido para representar un libro religioso se convirtieron así en una memoria visual de la producción. El volumen fue entregado a Murnau como recuerdo de aquel trabajo colectivo, antes de que el director abandonara Alemania para continuar su carrera en Hollywood.

El documento que revelaba lo que Murnau no quería mostrar

Murnau era conocido por su reserva. No le gustaba recibir visitantes en el plató y protegía celosamente sus procedimientos de trabajo. Por eso, la Biblia constituye un testimonio especialmente valioso: no se limita a conservar imágenes de los actores, sino que permite comparar las ideas concebidas antes del rodaje con los resultados que finalmente aparecieron en pantalla.

En sus páginas, los dibujos de una escena pueden confrontarse con las fotografías correspondientes. Se aprecia cómo los decoradores organizaban los espacios, cómo distribuían los personajes y cómo concebían los volúmenes, las sombras y los movimientos que después debían traducirse en imágenes cinematográficas.

El documento también ayuda a comprender la importancia de los colaboradores de Murnau. Robert Herlth y Walter Röhrig, responsables de los diseños escenográficos, no se limitaban a construir fondos para que los actores interpretaran sus papeles. Sus propuestas definían la atmósfera visual de la película. Carl Hoffmann, desde la dirección de fotografía, debía convertir aquellas composiciones en imágenes mediante el encuadre, la iluminación y los movimientos de cámara.

La Biblia permite, por tanto, observar el cine como un trabajo compartido: una creación en la que la visión del director dependía de la imaginación y la destreza de numerosos profesionales.

Cómo se filmaba lo imposible

Uno de los aspectos más fascinantes del volumen es la información que aporta sobre los efectos especiales de la época. Mucho antes de la animación digital y de las imágenes generadas por ordenador, los cineastas debían producir la ilusión de lo sobrenatural mediante recursos físicos, trucos ópticos, maquetas, iluminación y una cuidadosa planificación.

Entre los episodios más célebres de Fausto figura el vuelo de Mefistófeles con Fausto sobre su manto, una secuencia en la que el mundo parece desplazarse bajo los personajes. Los diagramas conservados en la Biblia explican el mecanismo empleado para simular aquel viaje: una estructura móvil que recorría una rampa construida para crear la ilusión de vuelo.

Otros documentos permiten apreciar el trabajo con maquetas, las soluciones para representar nubes y los procedimientos utilizados para construir escenarios de apariencia monumental. Lo extraordinario no reside únicamente en el resultado final, sino en comprobar cuánto ingenio había detrás de cada imagen.

Visto desde el presente, aquel proceso invita a reconsiderar los efectos especiales del cine mudo. La ausencia de tecnología digital no significaba una ausencia de sofisticación. Al contrario, obligaba a convertir la limitación material en un estímulo para inventar soluciones.

Una desaparición que duró décadas

La historia del documento estuvo a punto de terminar en el olvido. Cuando Murnau murió en un accidente de tráfico en 1931, sus pertenencias quedaron dispersas. Parte de sus archivos permaneció en Berlín, mientras otros materiales siguieron distintos caminos. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, las pérdidas y la destrucción de documentos hicieron temer que la Biblia hubiera desaparecido definitivamente.

La historiadora y archivista Lotte Eisner, vinculada a la recuperación y conservación del patrimonio del cine alemán, buscó pistas sobre los archivos de Murnau durante los años cincuenta. Sin embargo, no consiguió localizar el volumen.

La situación cambió en 1961. El conservador alemán Engelbert von Mallinckrodt había adquirido varios álbumes relacionados con el cineasta a un precio muy reducido. Entre ellos se encontraba la Biblia. Según la reconstrucción publicada por la prensa francesa, el objeto había llegado a manos de un restaurador con conexiones en la industria cinematográfica, aunque su recorrido anterior no está completamente esclarecido.

El documento permaneció después durante décadas bajo la custodia de una persona cercana al conservador. Finalmente, en 2017, la Cinémathèque française consiguió adquirirlo para sus colecciones. Desde entonces, la institución ha trabajado en su conservación y restauración.

La recuperación no ha resuelto todos los interrogantes sobre su historia. Sigue sin conocerse con certeza cómo llegó a manos de quienes lo conservaron tras la muerte de Murnau. Pero sí ha permitido rescatar una fuente documental de enorme interés para estudiar una de las etapas decisivas de la historia del cine.

Cien años después, las páginas vuelven a abrirse

La publicación de La Biblia de Fausto: la creación de la obra maestra de Murnau está prevista para el 17 de octubre de 2026, en una edición de MUBI Editions realizada en colaboración con la Cinémathèque française. El volumen tendrá 354 páginas e incluirá reproducciones del material original, ampliaciones, explicaciones y textos dedicados a la película y a su proceso de creación.

La fecha coincide con el centenario de Fausto, una ocasión que permite volver sobre una obra cuyo valor no depende únicamente de su argumento o de su lugar en la filmografía de Murnau. La película también representa un momento en el que el cine estaba descubriendo hasta dónde podía llegar la imagen en movimiento.

La Biblia recuperada aporta una perspectiva diferente: la del trabajo que normalmente desaparece cuando una película queda terminada. Detrás de cada sombra, cada decorado y cada efecto hubo dibujos, pruebas, decisiones y manos que rara vez aparecen en los créditos que el espectador recuerda.

Quizá ese sea su mayor interés. El documento no revela solamente cómo se filmó Fausto. También devuelve a la memoria a los artistas y técnicos que contribuyeron a hacer posible aquella visión.

Un libro utilizado para representar las escrituras sagradas terminó convertido en el archivo secreto de una película. Perdido durante décadas y recuperado para el patrimonio cinematográfico, conserva ahora algo que el paso del tiempo suele borrar: las huellas materiales de la imaginación antes de que se convierta en obra.

 

Para saber más: La Biblia de Fausto, presentación oficial de la Cinémathèque française.

Por Sofía

 

Historia y Cultura

Imagen portada: openai

La Biblia de Fausto: el tesoro perdido de Murnau

 La Biblia de Fausto, un álbum perdido con 400 fotografías y dibujos, revela los secretos del rodaje de la película de Murnau de 1926.

 

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