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Las Rosas y las Ideas
Charla con Platón en una playa
“Qué sorpresa, hablar con Platón en un rincón de la Historia”, le dije.
Él se puso un poco estupendo. “Yo vivía en la Atlántida, supongo que oíste hablar de ella. Era una gran ciudad en medio del Atlántico. Y era una gran cultura donde lo refinamos y lo pulimos todo. Llegamos a disfrutar de todos los pulimentos de la vida. Los violines llegaron a su máximo y las filosofías se parecían a los violines”.
Lo miré con gran interés.
“Pero al final decayó. Llegaron unos tipos que quisieron masificarlo todo y hacerlo todo según fórmulas. Cayeron en la tentación de la facilidad. Se perdió lo creativo y lo original. La gente quería recetas para todo enseguida. Lo que os está pasando a vosotros ahora. Cuando os están colonizando las máquinas. Y queréis hacerlo todo a la manera de las máquinas. Y así matarlo todo. Para que unos tipos en un valle de silicona se enriquezcan a costa de vuestro papanatismo. Y de vuestra inercia”.
“De modo que vivías en la Atlántida, le dije con añoranza. Como si yo mismo hubiera vivido en la Atlántida. Como si en una terraza de la Atlántida hubiera escuchado la canción “Bárbara” en la voz de Yves Montand. Como si hubiera visto la película “El año pasado en Marienbad” muchas veces en una filmoteca de la Atlántida.
“Sí, pero al final se acabó, me dijo Platón. Pero unos cuantos construimos tiempo antes la Cantábrida, una colonia o una sucursal. Y al final se salvó la sucursal y se perdió la ciudad. Unos cuantos nos quedamos allí y duramos unos cuantos siglos más. Como cuando se acabó Grecia en manos de los turcos, pero quedó Trebisonda con la misma cultura, de modo solitario, unos cuantos siglos más. Allí encajada entre los turcos y el mar Negro. Ensimismada y encantadora. El pintor Pisanello pintó con todo su encanto a la reina de Trebisonda. Y también la citó Cervantes”.
“Y allí soltabas ideas, le dije. Recuerdo que tú defendías las ideas”.
“La gente no se enteró de nada – me dijo Platón en la playa -, solo lo hicieron algunos románticos. Y Schopenhauer y Carl Gustav Jung”.
Le dije que sí sorbiendo Macallam.
“La gente cree que las ideas son los conceptos. Pero dijo Schopenhauer, mi gran discípulo: las ideas son concretas, ricas y vivas. Los conceptos son abstractos, pobres y muertos. Las ideas son las formas elementales de la Voluntad. De la vitalidad del mundo”.
“La gente no se entera de nada”, le dije.
“Sí, dijo Platón, recuerdo que en una terraza de Cantábrida, tomando whisky celta, hablábamos sabios y sabias sobre la sabiduría. Nos parecía tan sabrosa y alimenticia la sabiduría. Nunca la quisimos meter en cajas ni en sistemas. Siempre la quisimos viva y libre. Que hablase por sí misma”.
En un momento se quitó la ropa y se metió en el agua. Estuvo mucho tiempo en el agua, creí que ya no volvía. Pero al final volvió y por un momento me pareció que era un salmón. El salmón de la sabiduría del que hablaban los mitos celtas.
Infinidad de gotas le caían por la piel tan atenta. Y cada gota era una idea.
“Te comprendo, le dije. Y me encantaba el llegar solitario de cada ola a aquella playa solitaria. Donde uno podía escapar de los tópicos y los discursos.
“Pensamos que un día nosotros también acabaríamos. Y decidimos mandar las ideas por el mar a las costas de Asturias. Las ideas son la creatividad y la sabiduría. Son los sueños que le dan vitalidad a la vida. Y que le dan encanto”.
“Ahora hablan de ideologías, pero las ideologías son cajas, son encierros, Las ideologías no dejan ver nada, encierran a la gente. Lo que la gente necesita son ideas. Son sueños que animen y llenen la vida. Que impulsen a vivir. Y la vida es lo imprevisible, lo que no cabe en fórmulas. Lo único en cada instante, lo que solo Monet podría atisbar”.
“Tienes razón, la gente no se entera, le dije. Se encierra en ideologías y en cajas. No quiere escuchar el mar ni las ideas. Ni a su propia vida”.
“Nosotros convertimos las ideas en rosas de mar, como decía una canción de una cantante vuestra. Y esas rosas llegaban a las playas de Asturias e incitaban a la gente a vivir. Y provocaban imaginación y sueños. Y no cabían en fórmulas”.
“Tenéis que volver a las rosas y a las ideas, me dijo Platón. Y las ideas vienen del mar”.
“La gente no entendió aquello del mito de la caverna. Lo que yo decía era que había que salir de la caverna. Yo hablaba de lo abierto contra lo cerrado. De lo inmenso contra lo ilimitado. De lo intenso contra lo mediocre. Y de esos hombres que se atrevían a salir y luego volvían y en el encierro todo les parecía pálido”.
“No lo creerás, pero yo sentí algo parecido en algunos momentos. Me ha pasado en bares, en casa de mis tías. Y muchas veces al borde del mar”.
“Porque del mar vienen las ideas”, me repitió Platón.
ANTONIO COSTA GÓMEZ FOTO DE CONSUELO DE ARCO
Las Rosas y las Ideas
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