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Jorge Guillén: la poesía como celebración de la vida

Jorge Guillén: el poeta de la luz, la vida y la poesía pura
Sofia Lovelace
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Jorge Guillén: la poesía como celebración de la vida

Hay poetas que escriben contra el mundo y poetas que escriben para intentar comprenderlo. Jorge Guillén pertenece, en buena medida, a estos últimos.

Su poesía nació de una mirada extraordinariamente atenta hacia la realidad: la luz, las cosas, el paisaje, el cuerpo, el tiempo, la conciencia de estar vivo. Frente a la poesía entendida como confesión o desahogo, Guillén buscó una palabra depurada, precisa, capaz de convertir la experiencia cotidiana en conocimiento.

Fue uno de los grandes nombres de la Generación del 27 y también uno de sus poetas más singulares. Su obra atravesó buena parte del siglo XX y evolucionó desde la celebración luminosa de Cántico hasta la conciencia histórica y temporal de Clamor, para regresar después a una poesía más amplia y reflexiva.

Valladolid, Madrid y una formación europea

Jorge Guillén Álvarez nació en Valladolid el 18 de enero de 1893. Estudió Filosofía y Letras en Madrid y se licenció en Granada en 1913. Su formación estuvo marcada también por Europa: fue lector de español en la Sorbona entre 1917 y 1923 y posteriormente desarrolló actividad docente en Oxford.

Antes incluso de convertirse en uno de los grandes poetas españoles de su generación, Guillén estuvo relacionado con el ambiente intelectual de las revistas literarias. Colaboró en publicaciones como España, La Pluma, Índice y Revista de Occidente, espacios fundamentales para la renovación cultural española de las primeras décadas del siglo XX.

En 1925 obtuvo la cátedra de Literatura española en la Universidad de Murcia y, tres años después, pasó a la Universidad de Sevilla. La Guerra Civil cambiaría radicalmente su trayectoria. Tras ella se exilió en Estados Unidos, donde continuó su actividad como profesor de Literatura y Letras.

Pero hay una fecha que resulta especialmente importante para comprender su trayectoria poética: 1928.

Ese año apareció Cántico.

Cántico: descubrir que estar vivo es extraordinario

La primera edición de Cántico contenía 75 poemas. Pero el libro no quedó cerrado. Guillén volvió sobre él una y otra vez: 125 poemas en 1936, 270 en 1945 y finalmente 334 en 1950.

Ese proceso de ampliación dice mucho de su manera de entender la poesía.

Cántico no es simplemente un libro que Guillén escribió. Es, en cierto sentido, un libro que fue creciendo con él.

En sus páginas aparece una poesía fascinada por la existencia. La realidad no es únicamente aquello que tenemos delante: es algo que merece ser contemplado, nombrado y comprendido.

La luz ocupa un lugar esencial. También los objetos cotidianos, el paisaje, el cuerpo, el amanecer, la habitación, el mundo exterior.

Guillén quería llegar a la esencia de las cosas mediante una expresión rigurosa. El Instituto Cervantes define su poesía como una estilización de la realidad y destaca precisamente esa depuración que busca quedarse con lo esencial, mediante un lenguaje elaborado y cuidadosamente trabajado.

De ahí procede una de las características más reconocibles de su poesía: la sensación de que el poema no pretende adornar la realidad, sino revelarla.

La poesía pura no significa poesía sin vida

Durante mucho tiempo Guillén quedó asociado a la llamada poesía pura, una expresión que podía hacer pensar en una poesía distante, intelectual o incluso deshumanizada.

Pero esa interpretación resulta demasiado sencilla.

El propio Guillén defendió que su poesía tenía que ser humana. El hispanista Oreste Macrì, con quien mantuvo una intensa relación intelectual y epistolar, contribuyó precisamente a cuestionar esa etiqueta de poeta «puro» o «deshumanizado» y a mostrar la continuidad entre Cántico, Clamor y Homenaje.

Porque debajo de la precisión formal de Guillén existe una preocupación profundamente humana: cómo vivir, cómo mirar, cómo aceptar el paso del tiempo y cómo encontrar sentido dentro de una realidad que también puede ser dolorosa.

Y ahí empieza a cambiar su poesía.

De la celebración al conflicto: Clamor

Después de la Guerra Civil y durante su exilio, el mundo que había celebrado en Cántico ya no podía contemplarse exactamente de la misma manera.

En 1957 apareció Maremagnum, primera parte de Clamor. Le seguirían Que van a dar en la mar (1960) y A la altura de las circunstancias (1963).

El título Clamor ya anuncia otra actitud.

Si Cántico había sido una afirmación de la existencia, Clamor introduce con mayor fuerza la historia, el conflicto, la pérdida y la conciencia de un mundo herido.

No significa que Guillén abandonara su manera de mirar. Al contrario: su poesía se hace más compleja porque aquella realidad que antes podía ser contemplada como plenitud ahora incorpora también la experiencia histórica.

La poesía ya no puede limitarse a celebrar.

Tiene que responder también a su tiempo.

El tiempo empieza a pesar

Otro de los grandes temas de Guillén es el paso del tiempo.

La nostalgia del pasado, la vejez y la conciencia de que toda existencia está sometida a transformación aparecen de manera recurrente en su obra.

Es una evolución especialmente interesante.

El poeta que en Cántico había contemplado con asombro la existencia termina enfrentándose a una evidencia inevitable: todo aquello que celebramos está destinado a cambiar.

La luz del comienzo contiene ya, aunque sea silenciosamente, la sombra del final.

Por eso su poesía no puede reducirse a optimismo.

Es más profunda que eso.

Es una poesía que intenta mantener la afirmación de la vida a pesar de conocer perfectamente su fragilidad.

Homenaje: volver a la poesía y a la cultura

En 1967 publicó Homenaje, una obra en la que recuperó en buena medida el enfoque de su primera etapa. Posteriormente aparecerían Y otros poemas (1973) y Final (1982).

El propio recorrido de sus libros permite entender su obra como un gran movimiento:

Cántico → Clamor → Homenaje → Final.

Primero, la celebración de la realidad.

Después, el choque con la historia.

Más tarde, el diálogo con la cultura, la memoria y la tradición.

Finalmente, la conciencia del tiempo y de la propia existencia.

No es una ruptura entre etapas, sino una conversación permanente entre ellas.

Un poeta entre la tradición y la modernidad

Guillén perteneció a una generación extraordinaria. A su alrededor estaban Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y tantos otros.

Pero su poesía tenía una personalidad propia.

Su relación con la tradición fue especialmente importante. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes conserva estudios dedicados, entre otros aspectos, a su lectura de Góngora, una figura fundamental para comprender la renovación poética de los autores del 27.

Guillén no necesitó romper con el pasado para ser moderno.

Lo incorporó.

Y quizá ahí reside una de las claves de su poesía: modernizar la mirada sin destruir la memoria.

El poeta que hizo de la realidad una pregunta

Jorge Guillén murió en Málaga el 6 de febrero de 1984, después de una vida marcada por la literatura, la enseñanza, el exilio y una incesante búsqueda poética.

En 1976 había recibido el Premio Miguel de Cervantes, y en 1978 fue nombrado académico de honor de la Real Academia Española.

Pero quizá su legado no pueda resumirse en premios ni en etiquetas generacionales.

Lo esencial está en aquella mirada que intentó descubrir cuánto puede contener una cosa aparentemente sencilla.

Una luz.

Una habitación.

Un paisaje.

Una mañana.

El paso de los años.

La presencia de otro ser humano.

Guillén comprendió que la poesía no tenía necesariamente que escapar de la realidad para alcanzar lo esencial. Podía hacer justamente lo contrario: mirarla con tanta intensidad que lo cotidiano dejara de parecer cotidiano.

Y esa quizá sea la gran lección de Cántico.

Que estar vivos puede parecer una experiencia ordinaria hasta que alguien encuentra las palabras capaces de mostrarnos, de nuevo, su extraordinaria rareza.

Por Sofía

PoesíaLiteratura

Imagen portada: openai


Jorge Guillén: el poeta de la luz, la vida y la poesía pura

Jorge Guillén, poeta de la Generación del 27: vida y obra, Cántico, Clamor, el exilio y una poesía dedicada a descubrir la belleza y el sentido de la realidad.

Jorge Guillén · Generación del 27 · poesía española · Cántico · Clamor · literatura española · poesía del siglo XX

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