MOTAMID Y EL MITO DEL MILENARIO

MOTAMID Y EL MITO DEL MILENARIO

MOTAMID Y EL MITO DEL MILENARIO

José Antonio López Rodríguez.

 

 Obra de teatro de Blas Infante, edición de 1920

Cuando Hispalis hacía tiempo que se llamaba Ishbiliya y el nombre de Sevilla aún no existía, cuando se hablaban allí otras lenguas y cuando la convivencia se regía por otras normas distintas a las que habían regido en tiempos de San Isidoro y volvieron a regir en tiempos de Fernando III, hubo en Ishbiliya una Taifa independiente de Córdoba cuya fecha de inicio han tomado algunos como referencia para la celebración del llamado “milenario del reino de Sevilla”.

En el otoño del año 1023 el Cadí Abú-al-Cásim rompió la dependencia de Córdoba que aún mantenía la Taifa de Ishbiliya que pasó a ser Taifa independiente. Era un abadí o Banu Abbad que se decía descendiente de Ibn Abbad, yemení de la tribu Lajm llegado a Hispania en el año 743, según la Real Academia de la Historia.

A Abú-al-Cásim le siguió su hijo el emir Al-Mutadid entre 1042 y 1060 y después el hijo de este, el emir Al-Mutamid entre 1069 y 1090.

Mutamid fue el sobrenombre de Abadd ibn Muhammad, que nació en Beja (Portugal) en 1039 y murió en Agmat (Marruecos) en 1095.

No fue rey de Sevilla sino emir de Ishbiliya, y también fue poeta. Cuando los almorávides lo desterraron, aquella taifa dejó de ser emirato y pasó a ser una provincia más del Imperio africano con capital en Marraquech gobernado por Yussuf-ben-Tasfchín, rudo bererber que como el resto de almorávides desconocía el árabe.

Mutamid, previamente fue Valí del Algarbe y su padre lo nombró heredero en lugar de un hermano mayor al que ejecutó por rebelión.

En ese tiempo conoció al también poeta Ibn Ammar, nacido en Silves (Portugal) al que después nombraría Visir de Ishbiliya. Con él tuvo gran amistad y una relación sentimental y política, que tendría un trágico desenlace. Claudio Sánchez Albornoz escribió sobre el particular “Ben Ammar de Sevilla, una tragedia en la España de las Taifas”

Don Juan Manuel, nieto de Fernando III el Santo, dedicó uno de sus cuentos moralizantes incluidos en El Conde Lucanor, el número XXX, a Mutamid al que llama Abenabet, y a Rumaykiyya la esclava con la que se casó, que aparece con el nombre de Ramaiquía. Es una bonita historia de amor en la que ella llora por ver la nieve y él, para satisfacer su deseo, manda plantar almendros para que al florecer el suelo parezca cubierto de nieve.

Pero los antojos continúan y Ramaiquía llora en cada uno de ellos olvidando los esfuerzos de Abenabet en satisfacer sus caprichos anteriores. La moraleja final es que “por quien no agradece tus favores, no abandones tus labores”.

Dos poetas, Motamid y Ben Ammar, nacidos en la península y cuyas biografías están entre las publicadas por la Real Academia de la Historia y que han sido idealizados por parte de la historiografía actual.

No obstante, el gran medievalista Claudio Sánchez Albornoz, publicó en 1981, con casi 90 años, un libro titulado Postrimerías, uno de cuyos capítulos lleva por título “Veleidades islamizantes en Andalucía”, e incluyó algunas actitudes que le desagradaban y planteamientos de los que discrepaba.

Afirmó que nunca conoció la España musulmana el sentido y el valor de la libertad política que los cristianos lograron. Insistió en que nunca las ciudades moras soñaron en organizarse en municipios libres y limitar la autoridad de sus gobernantes, a diferencia de lo que ocurrió en las ciudades y villas cristianas del norte, articuladas en comunidades de villa y tierra y otras fórmulas y dotadas de fueros y cartas pueblas.

Con seguridad habría incluido entre las noticias sorprendentes para él, la reciente celebración de algo tan discutible como el “milenario del reino de Sevilla”.

Poco o nada tuvo que ver la Ishbiliya de Motamid con la anterior Hispalis de San Isidoro o la posterior Sevilla cuya repoblación con gentes del norte inicia Fernando III el Santo. Como sabemos a través del ilustre humanista Benito Arias Montano, en su juventud aun se hablaba en Sevilla con acento castellano, ya que hasta mediados del siglo XVI no apareció el fenómeno del ceceo y el seseo. Por eso Ramón Menéndez Pidal llamó Castilla la Novísima a Andalucía.

Pero los mitos del nacionalismo periférico vienen de atrás.

Blas Infante escribió en 1920 la obra de teatro “Motamid, último rey de Sevilla” sobre el destino de este gobernante que fue vencido por los almorávides y desterrado a África donde estaba la capital de aquel imperio bereber. En su delirio identitario que renegaba de la idea de Europa, Blas Infante buscó las raíces de Andalucía en una época en que Andalucía no existía y mitificó a este gobernante de la efímera taifa independiente.

Nada tenía que ver la Ishbiliya de Motamid del siglo XI, ni la Ishbiliya del siglo XIII gobernada por el Caid Axataf cuando capitula y entrega las llaves a Fernando III el Santo, con la Sevilla posterior integrada en la Corona de Castilla desde el año 1248.

Sevilla, con anterioridad a su reconquista no era un reino aunque se suela denominar así a las taifas, y desde 1238 fue parte del Imperio Almohade con obediencia al Califa Arraxid hasta su muerte en 1242. Después, como otras taifas, llegó a depender del Sultán de Túnez.

Sin embargo, hace dos años, en 2023, hubo celebraciones por el llamado “milenario del reino de Sevilla”, y la Fundación Blas Infante junto al Centro de Estudios Andaluces conmemoraron el milenario de la fundación del reino de Sevilla y de su rey Al-Mutamid. Ya en 1983 se había producido otro anacronismo carente de rigor cuando con motivo de la reedición de la obra de teatro de Blas Infante se proclamó aquel año como año del “andalucismo histórico” identificando erróneamente Andalucía con Al-Ándalus.

Pero como afirma el profesor Polo Blanco, la Andalucía que hoy conocemos, con su actual morfología etnográfica, antropológica, lingüística, religiosa, consuetudinaria y sociológica, empieza a fraguarse históricamente precisamente cuando al-Ándalus es derrotada. Por ende, dice el profesor, restaurar al-Ándalus implicaría retornar a una realidad pre-andaluza. No había “ciudadanos andaluces” o “gentes andaluzas” en el califato de Córdoba. Y quien diga lo contrario estará incurriendo en un gigantesco anacronismo.

FUENTES

https://www.cepc.gob.es/publicaciones/revistas/revista-de-estudios-politicos/numero-193-julioseptiembre-2021/romanticismo-y-etnicismo-en-los-origenes-del-andalucismo-y-del-nacionalismo-canario-0

https://www.museodelaautonomia.es/noticias/motamid-y-los-mil-anos-del-reino-de-sevilla

 https://yosocche.com/wp-content/uploads/2023/11/Los-almoravides-el-idioma-romance-y-los-valencianos-Antonio-Ubieto-Arteta.pdf

 

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