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Cuando el cine japonés tenía voz: los benshi y el arte de narrar las películas mudas

Cuando el cine japonés tenía voz: los benshi y el arte de narrar las películas mudas
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Cuando el cine japonés tenía voz: los benshi y el arte de narrar las películas mudas

Mucho antes de que el sonido quedara incorporado a las películas, los espectadores japoneses acudían a las salas para escuchar a unos intérpretes capaces de convertir una proyección cinematográfica en una representación irrepetible. La historia de los benshi obliga a reconsiderar qué entendemos por cine mudo.

A comienzos del siglo XX, asistir al cine en Japón podía resultar una experiencia considerablemente distinta de la que hoy asociamos con una película antigua. La pantalla mostraba imágenes en movimiento, pero las voces de los personajes procedían de otro lugar. Junto a ella, un narrador explicaba los acontecimientos, interpretaba los diálogos y modulaba su voz para expresar el carácter de quienes aparecían en escena. La música, ejecutada habitualmente en directo, acompañaba una representación que dependía tanto de la película proyectada como de las personas encargadas de presentarla.

Aquellos narradores recibieron el nombre de benshi, abreviación de katsudō benshi, y llegaron a ocupar una posición fundamental en la industria cinematográfica japonesa. Su presencia no constituía un recurso provisional destinado únicamente a facilitar la comprensión de unas imágenes todavía desprovistas de sonido grabado. Con el desarrollo del cine, adquirieron una técnica interpretativa propia, alcanzaron una notable popularidad y contribuyeron a establecer las convenciones mediante las cuales el público comprendía las películas. Algunos espectadores acudían a las salas atraídos por un narrador concreto, cuya reputación podía competir con la de los actores que aparecían en pantalla.

Esta tradición permite examinar una particularidad de la modernización cultural japonesa: la incorporación de una tecnología extranjera no supuso necesariamente la sustitución de las formas artísticas anteriores. Durante varias décadas, el cinematógrafo convivió con prácticas narrativas procedentes del teatro y de los espectáculos populares, hasta producir una modalidad de exhibición cuya historia difícilmente puede explicarse mediante la evolución técnica del cine occidental.

Una tecnología nueva para una cultura acostumbrada a escuchar

Las primeras proyecciones cinematográficas llegaron a Japón en las últimas décadas de la era Meiji (1868-1912), cuando el país atravesaba un profundo proceso de transformación institucional, económica y cultural. El ferrocarril, la prensa moderna, los nuevos sistemas educativos y la expansión de los espacios urbanos estaban modificando las condiciones de la vida cotidiana. El cinematógrafo participó de ese mismo movimiento: introducía una manera hasta entonces desconocida de registrar acontecimientos y representar acciones, aunque inicialmente necesitaba encontrar su lugar dentro de las prácticas de entretenimiento que el público conocía.

La sociedad japonesa poseía una extensa tradición de espectáculos en los que la palabra pronunciada desempeñaba una función indispensable. En el teatro de marionetas bunraku, por ejemplo, el narrador o tayū interpreta verbalmente los acontecimientos y las emociones de los personajes, acompañado por la música del shamisen. El kabuki también había desarrollado una relación compleja entre interpretación dramática, narración y acompañamiento musical. A estas prácticas se sumaban otras modalidades de recitación y entretenimiento popular que familiarizaban a los espectadores con la presencia de un intérprete situado entre la historia representada y quienes asistían a ella.

El nacimiento de los benshi no puede reducirse a una continuación directa de ninguna de estas tradiciones. La investigación histórica ha demostrado que su aparición respondió a la confluencia de procedimientos de explicación pública, recursos escénicos y necesidades propias de la exhibición cinematográfica. Sin embargo, aquel contexto cultural ayuda a comprender por qué la presencia de una voz junto a la pantalla no se percibía necesariamente como una interferencia. Para una parte importante del público, escuchar una historia mientras se contemplaban sus imágenes constituía una experiencia perfectamente reconocible.

La función de aquellos primeros explicadores era especialmente relevante cuando se proyectaban películas importadas. Los intertítulos podían presentar dificultades lingüísticas, mientras que las referencias a costumbres extranjeras requerían en ocasiones cierta contextualización. El narrador ayudaba a salvar esas distancias, pero también podía intervenir en el tono del relato, destacar determinadas acciones o proponer una interpretación de lo que estaba sucediendo.

No se limitaba, por tanto, a traducir palabras. Participaba en la transformación de un producto cinematográfico en un acontecimiento cultural comprensible para un público concreto.

Las voces que también eran protagonistas

Con la consolidación de la industria cinematográfica durante las eras Taishō (1912-1926) y los primeros años de Shōwa, los benshi desarrollaron repertorios interpretativos de considerable complejidad. Debían reconocer la estructura narrativa de las películas, ajustar sus intervenciones al ritmo de las escenas y diferenciar vocalmente a los personajes. Una interpretación podía incorporar descripciones, diálogos, comentarios y silencios deliberados. El resultado dependía de la coordinación entre la proyección, la narración y el acompañamiento musical.

La importancia de estos profesionales tuvo consecuencias que iban más allá del espectáculo. Su intervención condicionaba la recepción de las películas y participaba en los debates sobre la autonomía expresiva del nuevo medio. Si un narrador podía explicar una acción, anticipar sus consecuencias o comunicar verbalmente las emociones de un personaje, cabía discutir hasta qué punto correspondía a las imágenes asumir por sí mismas esas funciones.

La cuestión adquirió especial importancia entre los cineastas interesados en desarrollar un lenguaje cinematográfico capaz de narrar mediante recursos visuales. Para algunos reformadores, la dependencia de la explicación oral dificultaba la transformación del cine en un arte autónomo. Otros espectadores y profesionales, sin embargo, valoraban precisamente aquello que los narradores añadían a las imágenes.

La discusión no enfrentaba simplemente una tradición atrasada con una modernidad inevitable. Expresaba dos maneras de concebir la experiencia cinematográfica. En una de ellas, la película debía contener los elementos necesarios para construir su significado; en la otra, la narración se completaba mediante una interpretación realizada en presencia del público.

Conviene añadir que la voz del benshi tampoco era necesariamente neutral. Como cualquier mediador cultural, seleccionaba aspectos del relato y podía introducir valoraciones. Su actividad se desarrolló en un periodo marcado por la expansión imperial japonesa, el nacionalismo y la circulación internacional de imágenes. La explicación cinematográfica podía facilitar encuentros culturales, pero también participar en la difusión de determinadas representaciones políticas y sociales. La historia de estos narradores resulta más interesante cuando se reconocen tanto sus posibilidades artísticas como las circunstancias ideológicas en las que ejercieron su profesión.

El cine sonoro no acabó inmediatamente con los benshi

La aparición del sonido cinematográfico transformó las condiciones de producción y exhibición en numerosos países. Sin embargo, su implantación no siguió una cronología uniforme. En Japón, donde los narradores habían adquirido una posición profesional destacada, las películas mudas continuaron realizándose durante varios años después de que la tecnología sonora comenzara a difundirse internacionalmente.

En 1931 se estrenó Madamu to nyōbō (La vecina y la esposa), dirigida por Heinosuke Gosho y reconocida como un hito fundamental en la consolidación del largometraje sonoro japonés. La película incorporaba el sonido a la propia construcción de su argumento, mostrando las nuevas posibilidades expresivas de una tecnología que ya no necesitaba recurrir a un intérprete externo para proporcionar diálogos y efectos acústicos.

La transición, no obstante, fue gradual. En 1933, Kenji Mizoguchi todavía rodaba Taki no Shiraito (La maga del agua), una obra muda en la que el relato de sacrificio y adversidad conserva una estrecha relación con las tradiciones melodramáticas japonesas. Su exhibición acompañada por un benshi demuestra que la llegada del sonido grabado no hizo desaparecer inmediatamente las formas anteriores.

Para los narradores, el cambio significaba algo más que una transformación técnica. Afectaba a una profesión que había desarrollado sus propios métodos, jerarquías y vínculos con el público. Las voces registradas en la película comenzaron a asumir funciones que hasta entonces habían correspondido a personas presentes en la sala. También se modificó el lugar de la música, cuya interpretación en directo dejó de resultar indispensable para las nuevas producciones.

Pese al retroceso de esta actividad, las proyecciones con narración continuaron durante la década de 1930 y sobrevivieron en determinados contextos hasta los años cuarenta. Su desaparición como modalidad dominante no fue instantánea ni respondió exclusivamente a una supuesta superioridad artística del nuevo sistema. Intervinieron la reorganización industrial, los cambios en las preferencias de los espectadores y las posibilidades económicas de incorporar los nuevos equipos de sonido.

La historia de los benshi presenta una dificultad particular para quienes estudian el cine antiguo. Aunque se conserve una copia cinematográfica, no necesariamente conocemos la manera en que fue presentada a sus primeros espectadores. La película constituye solo una parte del acontecimiento original. Los gestos del narrador, la entonación de los diálogos y las variaciones introducidas durante una sesión no siempre dejaron registros que permitan reconstruirlos.

Esta circunstancia obliga a reconsiderar la propia noción de conservación cinematográfica. Restaurar las imágenes permite recuperar aspectos esenciales de una obra, pero no restituye automáticamente todas las prácticas culturales que intervinieron en su recepción. La dimensión escénica de aquellas proyecciones recuerda que el cine también fue una experiencia colectiva, condicionada por el lugar y por los intérpretes que participaban en cada representación.

Afortunadamente, la tradición no se ha extinguido. Intérpretes contemporáneos continúan realizando narraciones en directo, tanto en Japón como en festivales internacionales. Estas actuaciones no reproducen sin cambios las condiciones sociales del primer tercio del siglo XX, pero permiten conocer una modalidad de expresión que había quedado desplazada de la experiencia cinematográfica habitual.

España ha tenido recientemente la oportunidad de acercarse a ella. En marzo de 2026, la Fundación Japón de Madrid dedicó una de sus conferencias sobre cine japonés a los benshi, con la participación de la investigadora Nieves Moreno Redondo, autora del estudio Narradores del silencio. La figura de los benshi en el cine japonés de los orígenes, publicado por Prensas de la Universidad de Zaragoza en 2024.

Pocas semanas después, el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria acogió las actuaciones de Kataoka Ichirō, uno de los intérpretes actuales de esta tradición. Su programa incluyó Kurutta ippēji (Una página de locura, 1926), de Teinosuke Kinugasa, y Orochi (La serpiente, 1925), de Buntarō Futagawa, con acompañamiento musical del pianista Cristóbal Montesdeoca. La primera película, vinculada a las búsquedas estéticas de la vanguardia japonesa, celebraba entonces el centenario de su estreno.

La recuperación de este repertorio permite al espectador contemporáneo aproximarse a películas conocidas desde una perspectiva diferente. Una página de locura, por ejemplo, posee una construcción visual especialmente exigente, en la que la percepción subjetiva y la discontinuidad narrativa desempeñan un papel destacado. La intervención del narrador introduce otra dimensión interpretativa y plantea una cuestión histórica relevante: hasta qué punto nuestra lectura de esas imágenes se parece a la de quienes pudieron contemplarlas acompañadas por una explicación oral.

No existe una respuesta única, pues tampoco hubo una manera uniforme de ejercer el oficio. Precisamente por eso, el estudio de los benshi permite comprender que el cine de los orígenes estuvo formado por experiencias de exhibición diversas, algunas de las cuales quedaron oscurecidas por las historias centradas exclusivamente en directores, películas y avances tecnológicos.

La permanencia de esta tradición tampoco debe entenderse únicamente como una curiosidad del pasado. Su recuperación invita a examinar las relaciones entre las imágenes y las voces que las interpretan, especialmente en una cultura audiovisual contemporánea acostumbrada al doblaje, la narración documental y las múltiples formas de comentario sobre contenidos visuales. Aquellos intérpretes japoneses desarrollaron su actividad en circunstancias históricas muy diferentes, pero sus actuaciones muestran hasta qué punto la comprensión de una imagen puede depender de las palabras que la acompañan.

El interés histórico de los benshi reside, en definitiva, en haber formado parte de una concepción del espectáculo cinematográfico en la que la película no era todavía un objeto completamente independiente de su exhibición. Reconstruir esa experiencia permite ampliar nuestra comprensión del cine japonés anterior a la Segunda Guerra Mundial y recuperar el protagonismo de unos profesionales cuya contribución quedó durante demasiado tiempo fuera de los relatos convencionales de la historia cinematográfica.

Documentación de referencia
  • Moreno Redondo, María Nieves (2024). Narradores del silencio. La figura de los benshi en el cine japonés de los orígenes. Prensas de la Universidad de Zaragoza.
  • National Film Archive of Japan. Nihon Eiga: The History of Japanese Film.
  • Fundación Japón, Madrid (2026). Narradores del Silencio: 15 años de cine japonés en Fundación Japón, Madrid.
  • Fundación Japón, Madrid (2026). El benshi Kataoka Ichirô en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.
  • Library of Congress (2020). Exploring Prewar Japanese Film Periodicals in the B-Collection.

Jon Inazio García de las Peñas Otero
Doctor en Filosofía

Escena – Cine

Imagen portada: openai

Descubre la historia de los benshi, los narradores japoneses que dieron voz al cine mudo y transformaron la experiencia cinematográfica en Japón a comienzos del siglo XX.

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