Cherry Kearton: el hombre que nos enseñó a mirar a los animales sin dispararles
Mucho antes de los documentales de naturaleza y de los grandes fotógrafos de fauna salvaje, Cherry Kearton revolucionó nuestra forma de observar el mundo animal. Su cámara sustituyó al rifle y cambió para siempre la historia de la fotografía.
Hoy resulta difícil imaginar un mundo sin documentales de naturaleza.
Estamos acostumbrados a contemplar leones en la sabana, aves construyendo sus nidos o animales recorriendo paisajes remotos gracias a cámaras capaces de registrar hasta el más mínimo detalle.
La vida salvaje forma parte de nuestra cultura visual cotidiana.
Sin embargo, hubo un tiempo en que observar a los animales en libertad era algo extraordinario.
Y fotografiarlos parecía casi imposible.
Mucho antes de David Attenborough, National Geographic o las grandes producciones documentales, un hombre decidió que la mejor forma de acercarse a la naturaleza no era mediante un rifle, sino mediante una cámara.
Su nombre era Cherry Kearton.
Y aunque hoy no es tan conocido como otros pioneros de la fotografía, su trabajo ayudó a transformar para siempre la manera en que vemos el mundo animal.
Cuando la fotografía era una aventura

A finales del siglo XIX, la fotografía estaba muy lejos de la comodidad actual.
No existían teleobjetivos ligeros.
No había cámaras digitales.
Ni sistemas automáticos de enfoque.
Fotografiar animales salvajes implicaba transportar equipos pesados, trabajar durante horas en condiciones difíciles y enfrentarse a innumerables limitaciones técnicas.
Pero para Cherry Kearton, esas dificultades no eran un obstáculo.
Eran parte de la aventura.
Junto a su hermano Richard, desarrolló métodos insólitos para acercarse a los animales sin alterar su comportamiento. Llegaron a construir escondites camuflados y estructuras que les permitían permanecer invisibles durante horas mientras esperaban el momento adecuado para fotografiar aves y otros animales en su entorno natural.
Hoy estas técnicas pueden parecer normales.
En aquel momento eran revolucionarias.
El nacimiento de una nueva mirada
Lo interesante de Cherry Kearton no es únicamente que realizara algunas de las primeras fotografías de fauna salvaje.
Lo verdaderamente importante es la forma en que cambió nuestra relación con los animales.
Durante siglos, gran parte de la representación visual de la naturaleza estuvo ligada a la caza, la taxidermia o la ilustración artística.
Los animales eran observados como trofeos, recursos o curiosidades.
Kearton propuso algo distinto.
Observó a los animales como protagonistas.
Como seres dignos de ser contemplados en su propio entorno.
Sin necesidad de capturarlos.
Sin necesidad de alterar sus hábitos.
En cierto modo, ayudó a construir una sensibilidad que hoy damos por sentada.
La idea de que la naturaleza merece ser observada, comprendida y respetada.
La fotografía sustituyó al rifle
Existe una frase que suele asociarse a los primeros fotógrafos de naturaleza: cambiar el rifle por la cámara.
Aunque pueda parecer una metáfora sencilla, encierra una transformación cultural profunda.
A finales del siglo XIX y principios del XX, las expediciones a lugares remotos estaban frecuentemente vinculadas a la caza y a la colección de especímenes.
La fotografía ofrecía una alternativa.
Permitía regresar con una imagen en lugar de una piel.
Con un documento visual en lugar de un trofeo.
Cherry Kearton comprendió muy pronto el poder de esa idea.
Y la convirtió en el centro de su trabajo.
Un pionero de la imagen documental
La influencia de Kearton fue mucho más allá de la fotografía fija.
También participó en algunas de las primeras experiencias relacionadas con el cine de naturaleza.
Viajó por África, Asia y otros territorios registrando imágenes que para el público de la época resultaban absolutamente extraordinarias.
Muchos espectadores contemplaban por primera vez animales salvajes gracias a sus fotografías y películas.
Hoy vivimos rodeados de imágenes.
Precisamente por eso resulta difícil comprender el impacto que aquellas primeras filmaciones tuvieron sobre la imaginación colectiva.
Cada fotografía era una ventana a un mundo desconocido.
La herencia que sigue viva
Quizá lo más fascinante de Cherry Kearton sea que su legado continúa presente aunque muchas personas no conozcan su nombre.
Cada vez que vemos un documental sobre la vida salvaje.
Cada vez que un fotógrafo espera pacientemente durante horas para captar una imagen única.
Cada vez que una fotografía ayuda a despertar interés por la conservación de una especie.
Existe una pequeña parte de esa historia que comenzó con pioneros como él.
Su trabajo ayudó a definir una forma de mirar que todavía sigue vigente.
La importancia de aprender a observar
Vivimos en una época donde las imágenes aparecen y desaparecen con enorme rapidez.
Consumimos miles de fotografías sin detenernos demasiado en ellas.
Sin embargo, la obra de Cherry Kearton recuerda algo esencial.
Antes de fotografiar, hay que observar.
Antes de registrar una imagen, hay que comprender aquello que tenemos delante.
Sus mejores fotografías nacieron de la paciencia.
De la curiosidad.
Y de una profunda admiración por el mundo natural.
Más que un fotógrafo
Reducir a Cherry Kearton a la figura de un fotógrafo sería quedarse corto.
Fue explorador.
Naturalista.
Narrador visual.
Y, sobre todo, un observador extraordinario.
Perteneció a una generación que ayudó a transformar nuestra relación con la naturaleza a través de las imágenes.
Gracias a personas como él, la fotografía dejó de ser únicamente una herramienta técnica para convertirse en una forma de conocimiento.
Y quizá esa sea la razón por la que su historia sigue resultando tan relevante.
Porque en una época saturada de imágenes, nos recuerda que mirar sigue siendo un acto de descubrimiento.
Probablemente Richard Kearton (1862-1928) – Kearton, Cherry, 1923, Fotografías de la vida salvaje en todo el mundo. Cherry Kearton
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