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Celebrar a Giordano Bruno en la Noche
Giordano Bruno defendió en el Ranacimiento que existían infinitos mundos cuando todos creían por obligación que solo existía este mundo. Y lo quemaron por eso.
Ahora ni siquiera existe este mundo, solo existe la pantalla del teléfono móvil. Y si hablamos de lenguaje, solo existe el programa de Word, que no conoce el subjuntivo. Y si hablamos de Literatura solo existe lo políticamente correcto con que unos editores ferozmente buenos reeditaron a Roald Dahl.
Giordano Bruno nos quiso hacer libres y abrirnos las ventanas. Pero la gente no quiere salir del patio de su casa. Y aún eso le parece grande. Y no quiere ser libre sino que el Word le diga como tiene que escribir y el editor buenecito le diga como tiene que hacer novelas.
Admiré durante varias noches a Giordano Bruno. Tomaba cerveza en la plaza Campo dei Fiori y miraba su estatua con el rostro en la sombra de la capucha. En su sombra escapando de todos los controladores.
Lo admiré porque habló de los “heroicos furores” en el entusiasmo del Renacimiento en contra de los puritanos ladrones de la vida y de los teólogos rígidos.
Porque dijo que la tierra se movía en el cosmos y que había infinidad de mundos habitados. Y vivió física y mentalmente, vivió, mal que les pese a los que quieren programarlo todo y cortarlo todo. Lo quemaron en su tiempo y ahora lo ridiculizarían y lo quemarían de otro modo.
Como nos que no estamos de acuerdo con este robo y esta miseria progresiva. Con que nos roben el espíritu y el encanto y la vida. Y el aliento y el entusiasmo.
Admiré a Giordano Bruno durante varias noches y la noche es buen momento para admirarlo. Cuando callan las predicaciones del día y habla lo que no escuchábamos durante el día con nuestra charla, y se manifiesta lo que estaba escondido. Y se muestra el secreto al cesar un poco la policía mental.
Y la teología mental. Cuando se puede vivir y temblar más y en las sombras nos explayamos fuera de las iluminaciones agresivas de comisaría y podemos susurrar más sinceros.
Entonces es muy buen momento para admirar a Giordano con su osadía y su rebeldía en su sombra. Atrevíéndose a vivir más allá de los programas teológicas.
Afirmando el infinito para salir de lo finito que encierra. Llevándonos a su sombra cósmica y vertiginosamente libre. Bruno que no cabe en los programas, que no puede mecanizarse. Bruno que no produce sino que vive torrencialmente en sus libros. Y lleva el entusiasmo, es decir, a los dioses, en su cuerpo y sus palabras. Dejadme celebrar a Bruno en la noche y que os jodan a vuestros con vuestras máquinas paletas para todo. Como palurdos tecnológicos diciendo sí a este robo de toda vida.
Gracias, Giordano Bruno.
Gracias por ayudarme a creer en un mundo que no cabe en códigos y fórmulas. Por recordarme que hay mucho más que tecnología. Por liberarme de esta miseria actual de los códigos y los algoritmos.
Como ese otro Giordano Bruno más reciente, Ernesto Sábato, que no era ningún filósofo profesional, ni falta que hace, pero nos hizo conocer tantas cosas. En su libro “Hombres y engranajes” y en tantos otros libros.
Gracias, Giordano en la noche. En esa noche de van Gogh apasionada de estrellas, donde tú yo vivimos y sabemos.
En esa noche que es la verdadera filosofía. Porque el verdadero saber, ya lo dijo Schopenhauer, está en el arte. Y sobre todo en la música.
Giordano Bruno nos ofreció muchos mundos. Pero la gente solo quiso una doctrina, tuvo miedo de salir al mundo. Y ahora solo quiere el programa del ordenador.
Un día saldré de copas con Giordano Bruno en un planeta lejano. Sin programas de ordenador ni putos algoritmos.
En la noche tan lúcida es cuando se percibe el “infinito universo y los mundos de los que Bruno hablaba. Cuando los ojos se llenan de infinitud y de estrellas. Y los oídos se llenan de lo que hay secreto debajo de los discursos y los ruidos ramplones.
Por eso yo lo celebré lleno de entusiasmo en la noche en aquella placita encantadora de Roma.
ANTONIO COSTA GÓMEZ
FOTO DE CONSUELO DE ARCO
Celebrar a Giordano Bruno en la Noche
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