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La verdadera cuestión de los “bebés a la carta”

La verdadera cuestión de los “bebes a la carta”
Oscar Sanchez
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La verdadera cuestión de los “bebés a la carta”

Por Óscar Sánchez
Usted, lector, que ha tenido la bondad de ponerse en la amable disposición de leer estas líneas, debe saber que a partir del 26 de Noviembre de 2018 ha quedado usted obsoleto. Un laboratorio de genética chino ha anunciado que tiene entre sus manos dos gemelas recién nacidas que han sido modificadas genéticamente para ser inmunes al virus del SIDA, lo que, aunque no se vea a simple vista, significa que desde este momento su nacimiento de usted y el mío propio van a ser declarados errores garrafales. Porque seguro que usted, al igual que yo, está repleto de defectos genómicos que le hacen ser lo que es, y que de no haber sido usted concebido por sus padres tan inaceptablemente pronto, la ciencia hubiera aprendido a subsanar. Así que hoy no sólo es un día histórico, como hay tantos y tan triviales, es también la fecha de una línea divisoria que nos afecta como especie por primera vez tras millones de años. Ya mismo, los bebés humanos no son engendrados únicamente por la pura naturaleza, sino que pueden ser diseñados de antemano a la carta. Es cierto que ya los hombres éramos objeto de una cierta selección artificial semejante a la que aplican los criadores de animales, de tal manera que resultaba casi imposible que los genes de Isabel Preysler, por ejemplo, se combinasen con los de su chófer, pero esto que ha ocurrido hoy es muy distinto. Lo que ha ocurrido concretamente es que los seres humanos hemos pasado a ser planificables, calculables, de la misma manera que cualquier obra de la técnica, sea un edificio o sea un microchip. Y ya sabe usted lo que se hace con un edificio mal construido o con un microchip que no funciona como es debido: que se reemplazan indefectiblemente por otros que cumplan perfectamente con su función. Eso, es, pues, lo que ha ocurrido ya, realmente. No que un laboratorio chino haya descubierto el modo de prevenir la aparición de una enfermedad en un bebé, lo cual sería muy loable (y aunque sean siempre dudosos los intereses del responsable de este proyecto, que es empresario), sino que un laboratorio chino ha abierto la veda para que en el futuro próximo los seres humanos seamos juzgados por el grado de satisfacción con que cumplamos la función para la cual hemos sido diseñados, planificados y calculados, lo cual, por su parte, y si usted lo piensa bien, es ciertamente escalofriante…
De ahora en adelante, a los nacidos antes de la edición genómica se les considerara fruto del Azar, o “hijos de Dios”, como decían en la película Gattaca. Existe poca diferencia entre el Azar o Dios en este caso, puesto que ambos eran unos soberanos chapuceros. Nos fabricaban de cualquier manera, sin consideración por nada, o eso es al menos lo que nos van a repetir machaconamente el día en que la práctica eugenésica se comercialice mundialmente aunque publicitada con otro título de mejor reputación. Claro está que la mayoría de los nacimientos en la Tierra seguirán siendo fruto del Azar, y que sólo una minoría rica va a poder permitirse escoger el genotipo y fenotipo de su descendencia (un apartheid de tales dimensiones entre acomodados y desposeídos que hará palidecer la desigualdad económica o la actual Brecha Digital). La verdadera cuestión bioética no es, por tanto, si la manipulación genética sirve para curar o para mejorar, para el bien o para el mal, sino que ahora echar un ser humano a este mundo va a ser echar un conjunto de pautas que alguien externo y previo a él ha establecido para que tal ser humano lleve a cabo inexorablemente en su existencia. Justamente en los tiempos en que, al menos en Occidente, toda identidad (de género, de nacionalidad, de estamento social, etc.) había sido ya puesta en duda a favor de la pura libertad de elegir quién se quiere ser, aparece esta noticia que pone fin radicalmente con todo eso, en nombre de la ciencia. ¿Quién podrá ya impedir que allí donde estos pioneros chinos se han limitado a eliminar un gen dañino, otros más avanzados, o más avariciosos, o más pérfidos, prefieran alterar otros segmentos de la secuencia genómica humana a fin de que obliguen congénitamente -o sea, desde el embrión- a un bebé a ser una joven promesa del ajedrez, o a desarrollar los rasgos de Brad Pitt? Se acabó la gratuidad de la vida, vamos a ser lo que otros deseen que seamos…
Más que Aldous Huxley, fue Martín Heidegger quien anticipo todo esto. En La pregunta por la técnica, escrito en los años cincuenta, Heidegger decía que la técnica consiste en aquella instancia que sustituye el libre curso de la naturaleza por el mandato regulativo de la voluntad. Heidegger no entendía que este fuera un fenómeno positivo o negativo, simplemente era, manifestaba una condición del mundo que no se podía evitar pero tampoco disimular. Lo que sucedió en primera plana de los informativos ya se sabía que era viable, inminente e incluso inevitable; lo nuevo es que cierta barrera ha sido traspasada, y ahora a usted y a mí lo que nos toca es no confundir cuál es el verdadero problema…
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