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La Vacuidad del Ser

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La Vacuidad del Ser

Con asombro he notado que “sentirse vacío” es una constante social. Antes, al percibirse “vacío” o “ausente” inmediatamente uno se colocaba en un grupo aparte, particular, dentro

El Vacío del Alma”
Escultura por Albert Gyorgy “El Vacío del Alma”

del mundo en sociedad. Y era casi una obviedad ya que bastaba con levantar la cabeza para ver gente riendo en el parque o bus, platicando alegremente con amigos o conocidos. Y esa no es la imagen clásica de un ente vacío. En cambio, ahora gracias a las redes sociales podemos conectar a distancia, abrirnos o abrir y ver distintas consciencias o almas agazapadas antiguamente en la obscuridad. Por ejemplo, el fenómeno de la depresión asociado a la suciedad. Probablemente también lo viviste pero no sabías que tenían relación. Cuando adolecía de lapsus de tristeza dejaba de acicalarme y de la misma manera de no arreglar y organizar mi habitación. Mi caos mental se reflejaba en un caos físico y espacial. Pero siempre lo creí un contexto único y singular. Y no es hasta ahora que leyendo comentarios en Tiktok al ver videos de recamaras desorganizadas o llanamente sucias que es conocimiento de calle o comunal que la razón del hecho de abandono de limpieza sea francamente depresión, como algo consabido y que muchos viven y vivieron. Los usuarios explican y coinciden en determinarla como causa natural de desorden. Igualmente los usuarios son francos con su depresión. “A veces no tengo por qué levantarme” “No sé si acabe fin de año” expresan como si fuera un comentario más. Y los demás lo toman de la misma forma como algo habitual. No es raro que quienes comentan, y entienden, este tipo de expresiones sean chicos de entre 19 a 24 años. No son adolescentes ya buscando el sentido de la vida sino adultos jóvenes decepcionados. Decepcionados por ilusiones rotas vendidas socialmente como posibles. Es la etapa “limbo”. Particularmente en los jóvenes de clase media y trabajadora. Barbie enferma, Barbie no puede ser lo que quiera ser. A veces no solo por falta de recursos, también de talento y oportunidades o contactos. Es una realidad latinoamericana que tras graduarse de preparatoria se esté más cerca de ingresar al mercado laboral que a la educación superior. Es sencillo que aparezca el cuestionamiento sobre lo ilógico de nuestro sistema ¿Para qué me acucian a estudiar si precisamente no voy a estudiar? Un sin sentido que pervive pero que de alguna manera funciona cíclicamente y permitió que las clases medias y bajas sobrevivieran tranquilas hasta ahora. No obstante, en la actualidad no solo los recursos frenan. En más de una ocasión chicas y chicos han expresado en redes populares como Tiktok su frustración por ver que sus sueños no se cumplen, sentirse atrapados y atrasados con respecto a sus coetáneos. Llanamente obstaculizados por sí mismos, por una depresión que los anquilosa y obliga a procrastinar. Detectar su depresión no les da ninguna ventaja puesto que no saben cómo solucionarla. Enloquecen en sus cuartos y se sienten perdidos. Confiesan que ellos mismos se sabotean. Incluso los que crecieron con buenas calificaciones o cumpliendo los estándares de adolescentes modelos. Y llegan a la conclusión que hasta parece irónico como los bien portados quedan frustrados en sus metas y quiénes vivieron a tope la adolescencia pudieron desarrollarse mejor. Tal vez porque al vivir sin freno pudieron gozar de muchas experiencias y llegar a la etapa adulta con serenidad. Por el contrario, las personas que se resguardaron mucho en la adolescencia, me incluyo, crecen con poco contacto y recursos para enfrentar la realidad. Por algo reclaman muchas chicas en la citada plataforma “mi madre me sobreprotegió por años y hoy de la nada quiere que sea adulta y consiga trabajo” y exactamente estos sin sentido son los que consumen y llevan al ser a la vacuidad.

La esencia humana es en sí contradictoria. Cómo dijera Heidegger tiene una intención, un intendere, siempre va a un fin. O sea siempre estará llena y vacía a la vez. Persigue un sueño y entonces está vacío. Pero luego lo cumple y está lleno. Pero lo terrible es que nuestra sociedad vive con un sueño crónico y prolongado. Imaginemos entonces cuán vacía y enferma está esa alma. Persiguiendo lo sueños imposibles, esos sin sentidos que mencioné antes. Es por ello que es urgente restructurar el sistema, nuestro sistema. Sobre todo por el bien de la juventud. Crear bases que sostengan nuestra anacrónica retórica como “es menester estudiar” con lógica y coherencia, es decir, que de verdad se le de importancia a la educación superior y el acceso general a ella. O en su defecto, que se derrumben esos anacronismos que funcionan casi como axiomas en nuestras cabezas. Que proliferen y se propaguen nuevas cosmogonías más ad-hoc a nuestra economía y clase. Para así evitar esos vacíos, esos sueños rotos muchas veces impuestos.

A veces basta con vivir para ser feliz y estar “lleno”. Cumplir el instinto más intrínseco de supervivencia. Agradecer por el hoy y seguir siendo miembro activo de la cadena alimenticia. Es gracioso cómo para los ínclitos humanos puede ser el suicidio el único problema verdaderamente serio y para una oveja el más inútil de los tópicos. Porque el fin de la vida no es uno impuesto o uno que haya que buscar, sino un personal que se inventa y construye. Y eso reafirma nuestra libertad, la confirma.

 

Por Yuviana Hernández

Pensamiento

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